Apologetica-Teologia-Ciencias Biblicas

Filipenses 1:27 Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,

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martes, 4 de octubre de 2022

La Teología Cristiana V

El triunfo de la divina providencia.
Fresco del palacio Barberini. Roma.

Divina providencia
concepto religioso
La Divina Providencia (pro "antes" videncia "ver/conducir un fin") es el concepto religioso por el cual una divinidad gobierna e influye en el universo, en especial la Tierra para el socorro de la humanidad. Es el dogma del teísmo, en oposición al deísmo que cree en un dios que solo es creador.

Sus seguidores suelen utilizar el término Espíritu Santo, definido como 'realidad divina ' siendo el intermediario entre Dios y la humanidad.

La Divina providencia por lo general viene acompañada con la idea que Dios mismo se quiere dar a conocer a través de un registro histórico donde realiza sus proezas el Tanaj, la Biblia , el Corán por ejemplo.

Etimología
La palabra 'Divina' viene del latín 'divus' y significa procedente de Dios. Divus fue muy conocida en la época romana, los emperadores se veían a sí mismos como la herramienta de Deus (Dios) que hacen su voluntad en la Tierra, inclusive algunos llevaban el título Divi filius (Divino Hijo). La palabra 'Providencia' viene del latín 'providentia' posiblemente acuñada por Cicerón, esta a su vez viene de 'providens' que es el participio presente de prōvideō (antes de lo visto). El prefijo griego 'pro' (πρό) viene de próoida (πρόοιδᾰ “saber de antemano”) y en sánscrito pravindati (प्रविन्दति “anticipar, inventar”), tales como pronóstico o profeta .

En la antigüedad
Ya Platón en el décimo libro de las Leyes afirma la existencia de una idea similar a la divina providencia (Leyes X, 903 b-d): ...el que cuida el universo tiene todas las cosas ordenadas para la salvación y virtud del conjunto, de modo que también cada parte de la multiplicidad padece y hace en lo posible lo que le es conveniente. A cada una de ellas se le han establecido jefes que dirigen continuamente lo que deben sufrir y hacer hasta en el mínimo detalle y hacen cumplir la finalidad del universo hasta en el último rincón...
Aunque con ello el filósofo de Atenas, como fue propio del mundo griego precristiano, no expresa la idea de la providencia, sino del Destino: una instancia suprema impersonal, cuyo designio irrevocable pesa sobre todo lo que existe, incluidos los dioses y los hombres.

De todos modos, el paganismo en la Antigüedad clásica fue gradualmente asumiendo la idea de una providencia o cuidado que los dioses ejercerían sobre las personas; concepto ya presente en los estoicos y que culminará en las Meditaciones de Marco Aurelio. En los siglos II y III, y bajo el influjo de las doctrinas orientales, esta creencia se generaliza: las monedas del Imperio romano en esta época solían incluir el lema Providentia deorum («los dioses tienen cuidado de nosotros»). La postura opuesta la representó el epicureísmo: El filósofo de Samos sostenía que la divinidad, en caso de existir, no intervenía en los asuntos humanos.

Ya en una clave cristiana, afirma San Agustín en el libro octavo de La Ciudad de Dios la existencia de la providencia divina.

En el cristianismo
Una típica definición es la de Juan Damasceno, en Exposiciones de la Fe Ortodoxa, 2,29: "La providencia consiste en la curación ejercitada de Dios en las comparaciones de eso que existe. Representa, por otra parte, divina gracia de esa voluntad a los cuales cada cosa es recta de un justo mandamiento".

Iconografía
Los antiguos pintaban la providencia bajo la figura de una mujer venerable, ya muy entrada en edad, teniendo en una mano el cuerno de la abundancia y en la otra una vara con que marcaba un globo que representaba el mundo en el cual tenía fija su vista.

En el hinduismo
Hay ciertas ramas del hinduismo que enseñan la divina providencia a través del Trimurti (Trinidad hindú) , en ella hay un dios creador (Brahma) , un dios que gobierna y protege (Vishnu) y el dios de la destrucción (Shiva).

África
El pueblo Himba de Namibia practica una forma de panenteísmo monoteísta y adora al dios Mukuru (creador Supremo). Los antepasados fallecidos de los Himba están subordinados a él, actuando como intermediarios entre Dios y la humanidad.

El pueblo igbo practica una forma de monoteísmo llamada Odinani. El odinanismo tiene atributos monoteístas y panenteístas, teniendo un solo Dios como la fuente de todas las cosas. Aunque existe un panteón de espíritus, estos son espíritus menores que prevalecen en Odinani (ángeles).

Uso del término en literatura
El término no solo tiene uso en el campo religioso o teológico, sino también en el campo literario. De hecho en algunos autores la divina providencia actúa como un auténtico personaje que influye en los acontecimientos. Desde el punto de vista de las soluciones narrativas es posible compararla al "Deus ex machina" del teatro griego, pero generalmente el impacto que tiene sobre el desarrollo de la narración es menos específico e inmediato.

Teodicea
rama de la filosofía cuyo objetivo es la demostración racional de la existencia de Dios mediante razonamientos, así como la descripción análoga de su naturaleza y atributos
La teodicea (del griego θεός -dios- + δίκη -justicia-) es la rama de la teología natural que se centra en la cuestión del problema del mal; esto es, en buscar y proporcionar una explicación racional al hecho de que Dios permita el mal en el mundo.

Objetivo
Estudia el problema que resulta al considerar la compatibilidad entre la presencia del mal y el sufrimiento en el mundo con la existencia de Dios. Es estudiada en teología natural o filosofía de la religión.

Historia
En el período 1600 - 900 a. C. de la Antigua Babilonia, la «Teodicea babilónica» fue escrita en arcilla.

En Grecia alrededor de 271 a. C. se planteaba la «Paradoja de Epicuro»: ¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente.
¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces el mal? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? Entonces, ¿por qué llamarlo Dios?

En el siglo XVIII el término «teodicea» fue utilizado por el filósofo alemán Gottfried Leibniz como título de una de sus obras, Ensayo de Teodicea. Acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal, si bien Leibniz se refería con «teodicea» a cualquier investigación cuyo fin fuera explicar la existencia del mal y justificar la bondad de Dios. Leibniz, con este ensayo, no justifica la existencia de un Dios filosófico aconfesional, sino del Dios de los cristianos, con su visión del hombre, del mal y del mundo.

Hamartiología
rama de la teología cristiana que se ocupa del estudio de los pecados
La hamartiología (en griego antiguo: ἁμαρτία, Hamartia, que significa «errar al blanco» y -λογια, -Logia Iesu) o doctrina del pecado, es una rama de la teología cristiana que se ocupa del estudio de los pecados eternos o pecados imperdonables.

Suscriben la doctrina del pecado original ramas sustanciales de entendimiento hamartiological, incluyendo la Iglesia católica, la presbiteriana, la continental reformada, la reformada bautista y las iglesias pentecostales.

Origen de Hamartiología
Hamartiología se deriva de la palabra griega: hamartía, que significa “errar al blanco, pecado.” De modo que, hamartiología es la doctrina del pecado o estudio del pecado. (Cambron, 2020) En griego, el grupo de palabras relacionado con hamartía es el que lleva en sí el concepto genérico de pecado en el Nuevo Testamento. Con el significado básico de “no dar en el blanco” (como jatta’ חֲטִֽאJuces 20:16 en hebreo que significa Pecado), es un término de amplio significado, que originalmente no tuvo connotación moral alguna.

Otro término que se utiliza para identificar el pecado es ‘’adikía’’ que desde el griego se suele traducir literalmente como “injusticia”, y comprende desde una simple equivocación hasta las violaciones más notables de la ley (Horton, 1996, p. 287). El estudio del pecado abarca diferentes tipos de conceptos que son rescatados del contexto bíblico. Conceptos a los que la teología siempre busca dar respuesta a través de la Hamartiología (Horton, 1996, p 287). Se puede ver que humanidad le da suma importancia a esta área de estudio, ya que se entiende que el pecar, sea cual sea el tamaño del pecado para nosotros, lleva a una consecuencia seria y profunda, muchas veces mayor de la que se puede comprender, partiendo desde la base de que el pecado siempre traerá separación con Dios. La idea del pecado como quebrantamiento de la ley o desorden, se enfrenta en un fuerte contrasta la idea de un Dios personal que trajo orden con su palabra, a existencia un mundo ordenado y bueno. No siempre a las personas les gusta hablar de pecado y tampoco de muerte. Nadie quiere ser llamado una persona mala o malvada, pero bíblicamente se dice que es nuestra naturaleza (Erickson, 1998, p. 578). Podemos decir que en general la humanidad no utiliza este concepto, ya que es más fácil culpar al resto de la humanidad por sucesos sociales, culturales o cualquiera sea el motivo para no sentirse culpable o responsable de sus actos. El estudio del pecado se puede enfocar en variadas metodologías, una de las más importantes es la manera práctica o empírica, donde se busca tomar un grupo de personas contemporáneas o de carácter bíblicos y observar el comportamiento de éstos. (Erickson, 1998, p. 578). La segunda manera de enfocar el estudio del pecado es el método de paradigma, seleccionando un tipo de pecado y establecerlo como un modelo simple y luego ir derivando más pecados. (Erickson, 1998, p. 579). Y la tercera manera de estudiar el pecado es en base de terminología bíblica, donde la mayoría se enfoca en diversos textos de teología, buscando dar mayor concepto y su naturaleza. (Erickson, 1998, p 579).

Concepto de Pecado
Existen diversos conceptos de pecado y se basan generalmente en su causa o naturaleza, ahora bien, podemos rescatar los conceptos más conocidos que son los que abarcaremos a continuación (Erickson, 1998, p 578). Ignorancia γνοια: proviene de un verbo griego que significa “conocer” y del alpha primitiva que juntas dan la palabra ‘’agnóstico’’ que básicamente significa errar. La Biblia enfatiza que se puede pecar siendo ignorante (Erickson, 1998, p 579). Error: en la biblia tenemos varias referencias de que pecar es un error o en su forma literal significa ‘’salirse del camino’’. La frase “errar el blanco” normalmente sugiere un error más que un pecado que se escoge realizar voluntariamente. Pero en la Biblia la palabra sugiere no solo fracaso, sino una decisión de fracasar, un error voluntario y culpable. (Erickson, 1998, p 580) La palabra Pecado aparece aproximadamente seiscientas veces en el Antiguo Testamento. Significa literalmente “atravesar” o “pasar”; en casi todos los casos se utiliza en sentido literal. Sin embargo, en algunos pasajes, la palabra conlleva la idea de transgredir una orden o ir más allá de un límite establecido. En Ester 3:3 se utiliza con una orden terrenal de un rey. Sin embargo, en la mayoría de los casos paralelos, se utiliza para transgresiones a la ley moral de Dios y sus mandamientos.

Las características del pecado
El pecado en cualquiera de sus formas, términos, causas, carácter, resultado y naturaleza; es preferir nuestras propias ideas a la verdad de Dios. Términos que enfatizan el carácter del pecado: errar el blanco, irreligiosidad, transgresión, iniquidad o falta de integridad, rebelión, traición, perversión, abominación.

Términos que enfatizan las causas del pecado: Ignorancia, Error, Falta de atención Términos que enfatizan los resultados del pecado: Agitación o inquietud, Malo o malvado, Culpa, Problema etc La naturaleza esencial del pecado: Sensualidad, Egoísmo, Sustitución de Dios (Erickson, 1998, p 575)

Relación con otras doctrinas bíblicas
La Cristología (doctrina sobre Cristo), se enfrenta a la pregunta de cómo la naturaleza plenamente humana del Hijo de Dios nacido de una virgen, puede estar totalmente libre de pecado. La Soteriología (doctrina de la salvación) debe señalar no solo para qué fue salvada la humanidad, sino también de qué fue salvada. La Pneumatología (doctrina sobre el Espíritu Santo) debe tener en cuenta la convicción y la santificación a la luz de una carne pecaminosa. La Eclesiología (doctrina sobre la Iglesia) debe modelar un ministerio a una humanidad distorsionada por el pecado, tanto dentro como fuera de la Iglesia. El Escatología (estudio de los últimos tiempos) debe describir, y hasta cierto punto defender, el juicio de Dios sobre los pecadores, al mismo tiempo que proclama el final del pecado. Por último, la teología práctica debe tratar de evangelizar, aconsejar, educar, gobernar a la Iglesia, afectar a la sociedad y animar a la santidad a pesar del pecado (Horton, 1996, p. 277).

La Naturaleza de Pecado
Naturaleza de pecado: es una disposición interna inherente que nos inclina hacia los actos y pensamientos equivocados. “No somos pecadores simplemente porque pecamos; pecamos porque somos pecadores”(Erickson, 1998, p 592). Reconocer adecuadamente a Dios es primordial, ya que la idolatría en cualquiera de sus formas es la esencia del pecado que apunta a la sustitución de Dios, en algo o alguien en el lugar supremo que le corresponde, incluyendo escogerse uno mismo. Este concepto se ve apoyado por importantes textos del A.T y N. T. Los Diez mandamientos comienzan con el mandamiento de dar a Dios el lugar que le corresponde.

“No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éx.20:3) es la primera prohibición de la ley. De igual manera, Jesús afirmó que el primer y gran mandamiento es: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mr. 12:30) (ReinaValera, 1960).

El Origen del Pecado
Para brindar respuesta a estas preguntas de cómo y por qué somos pecadores, tenemos como base bíblica donde podemos extraer de la declaración de Pablo en Romanos 5:12-19. “Cuando Adán pecó, el pecado entró en el mundo. El pecado de Adán introdujo la muerte, de modo que la muerte se extendió a todos, porque todos pecaron. 13 Es cierto, la gente ya pecaba aun antes de que se entregara la ley; pero no se le tomaba en cuenta como pecado, porque todavía no existía ninguna ley para violar. 14 Sin embargo, desde los tiempos de Adán hasta los de Moisés, todos murieron, incluso los que no desobedecieron un mandamiento explícito de Dios como lo hizo Adán. Ahora bien, Adán es un símbolo, una representación de Cristo, quien aún tenía que venir; 15 pero hay una gran diferencia entre el pecado de Adán y el regalo del favor inmerecido de Dios. Pues el pecado de un solo hombre, Adán, trajo muerte a muchos; pero aún más grande es la gracia maravillosa de Dios y el regalo de su perdón para muchos por medio de otro hombre, Jesucristo; 16 y el resultado del regalo del favor inmerecido de Dios es muy diferente de la consecuencia del pecado de ese primer hombre. Pues el pecado de Adán llevó a la condenación, pero el regalo de Dios nos lleva a ser declarados justos a los ojos de Dios, a pesar de que somos culpables de muchos pecados. 17 Pues el pecado de un solo hombre, Adán, hizo que la muerte reinara sobre muchos; pero aún más grande es la gracia maravillosa de Dios y el regalo de su justicia, porque todos los que lo reciben vivirán en victoria sobre el pecado y la muerte por medio de un solo hombre, Jesucristo.18 Así es, un solo pecado de Adán trae condenación para todos, pero un solo acto de justicia de Cristo trae una relación correcta con Dios y vida nueva para todos. 19 Por uno solo que desobedeció a Dios, muchos pasaron a ser pecadores; pero por uno solo que obedeció a Dios, muchos serán declarados justos.” (NTV, 2010)

El origen del pecado radica en el hecho que entró en el mundo a través de Adán por medio de la trasgresión moral de sobra la ley de Dios, al desobedecer, pudiendo escoger no hacerlo como resultado entró la muerte a través de ese pecado, y así la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron. Mediante el pecado de una persona todos nos convertimos en pecadores. Se ha sugerido que en la frase final del versículo 12 Pablo está hablando del pecado personal de todos. Todos nosotros pecamos individualmente y por lo tanto contraemos con nuestra propia acción la misma culpa personal que Adán contrajo con su acción. La frase que se podría traducir es: “de esta manera la muerte entró en todos los hombres, porque todos pecaron.” De acuerdo con el principio de que somos responsables de nuestras propias acciones, el significado sería que todos moriremos porque todos somos culpables, y todos somos culpables porque cada uno de nosotros ha pecado por sí mismo. Para resumir los puntos principales, hemos argumentado que la Biblia, en particular en los escritos de Pablo, sostiene que por el pecado de Adán todas las personas reciben una naturaleza corrupta y que también son culpables a los ojos de Dios. Porque hemos violado la ley moral de Dios. Todos estábamos presentes de forma indiferenciada en la persona de Adán dado que él actuaba como representante de la humanidad junto a Eva. Por lo tanto, no pecó únicamente Adán, sino toda la raza humana. La teoría federal indica que todos estábamos implicados, aunque no de forma personal somos responsables del pecado.

Otras posturas Teológicas del origen del pecado
EL Pelagianismo; Plagiom Monje siglo IV (360-420): Desarrolla la idea creacionista del alma y la idea del libre albedrío niega la existencia del pecado original, falta que habría afectado solo a Adán, por tanto, la humanidad nacía libre de culpa y una de las funciones del bautismo, es limpiar ese supuesto pecado, (quedaba así sin sentido). Además, defendía que la gracia no tenía ningún papel en la salvación, solo era importante obrar bien siguiendo el ejemplo de Jesús.

El Arminianismo: Jacobo Arminio Teólogo (1560 al 1609) y Pastor reformado holandés: sostiene que recibimos de Adán una naturaleza corrupta. Comenzamos la vida sin rectitud. Por lo tanto, todos los humanos somos incapaces, sin ayuda divina especial, de cumplir los mandamientos espirituales de Dios. Esta incapacidad es física e intelectual, pero no volitiva.

El Calvinismo: Juan Calvino, Teólogo, Ministro y Escritor Reformador protestante Pastor y Abogado (1509 al 1564): En términos generales, la posición calvinista sobre este tema es la de que hay una conexión definida entre el pecado de Adán y todas las personas de todos los tiempos. En cierta manera, su pecado no es simplemente el pecado de un individuo aislado, sino también nuestro pecado.

Por tanto, mientras que desde el punto de vista de Pelagio, Dios no atribuía a los humanos ni una naturaleza corrupta ni culpa, y desde el punto de vista arminiano Dios les atribuía una conducta corrupta pero no de culpabilidad (Erickson, 1998 p 646)

Los Resultados del Pecado
El pecado trae consigo efectos importantes en la relación entre el pecador y los pecadores y Dios entre las cuales están: la desaprobación de parte de Dios, la culpabilidad, la muerte (física, espiritual y eterna). Además es importante considerar que el pecado trae esclavitud, huida de la realidad, la negociación del pegado, el autoengaño, insensibilidad, el egoísmo y la inquietud. (Erickson, 1998, p 590-591) Podemos comprender que es inherente a Dios oponerse en forma rotunda al pecado y que al igual que en principio con Adán y Eva, la introducción del pecado produjo un quiebre en la relación cercana entre el hombre y Dios como consecuencia de que el Hombre escogiera estar del lado opuesto a Dios con la desobediencia provocando con esto la Ira de Dios como expresa en Romanos 1:18 ‘’Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad’’. El pecado no es solamente algo malo, si no también algo equivocado que viola los estándares que Dios quiere y que por esto merece un castigo. Trae culpa el irrumpir en la creación con actos que desaprueba el creador mismo, que nos puso como administradores sobre la creación. Algunos concluyen que al ser hechos a imagen de Dios, el pecado en el hombre corrompe esa  imagen de Dios, por lo que es merecedor de castigo.

Otra consecuencia es la muerte como señala Romanos 6:23 ‘’Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro’’. Pero ¿a qué muerte se refiere? ¿Muerte física, muerte espiritual o muerte eterna?. En realidad son las tres distintas pero se relacionan entre sí. En cuanto a la muerte física algunas corrientes postulan que nuestra naturaleza en realidad fue creada para ser eterna, sin muerte física, pero que esta se introdujo luego del pecado basándose en génesis 2:17. Otros creen que nuestra naturaleza física siempre fue diseñada para perecer al igual que las demás criaturas. Siendo la muerte espiritual a la que hace referencia este versículo tras ver que Adán y Eva no murieron inmediatamente luego de pecar. El pecado era algo posible, pero luego de la introducción del pecado se convirtió en algo real.

En cuanto a la muerte espiritual, entendemos que dice relación con esta separación con Dios como consecuencia de que un Dios perfectamente santo no puede relacionarse con el pecado. Es así que el pecado se transforma en el motivo o muralla que nos aleja de Dios. La muerte eterna por otra parte, se considera como la extensión de la vida espiritual, es decir si una persona llega a su muerte física, pero vivo espiritualmente (según la explicación antes mencionada), esa condición espiritual se hace permanente para ambos resultados: vida eterna o muerte eterna. Al reunir todas las características de estos tres tipos de muerte comprendemos que se relacionan entre sí. Cristo venció la muerte física con su resurrección física, venció la muerte espiritual al no cometer pecado y al limpiar los pecados que nos separaban de Dios (el pago del pecado de la humanidad), eliminando el distanciamiento y nos aseguró que luego de la muerte física, la vida espiritual continúa eternamente junto a él cuando creemos que Jesús cumplió el propósito designado.

El pecado siempre afectará nuestra relación con Dios y otros, simplemente por ser opuesto a su santidad. Otra de las consecuencias del pecado es la esclavitud: El pecado tiende a convertirse en un hábito que trae como efecto el cometer otro pecado, como por ejemplo cuando Caín mató a Abel, luego mintió diciendo que no sabía dónde estaba y así tantos otros. Se produce junto con la esclavitud la búsqueda de huir de la realidad, pasar por alto u omitir las consecuencias, se busca huir de la conciencia del pecado para no enfrentarlo. Comúnmente el pecado viene acompañado de negación del mismo y se puede manifestar en búsqueda de evadir responsabilidades, siendo una de las forma el admitir el pecado pero responsabilizar a otro como Adán culpó a Eva por haberlo hecho comer del fruto a pesar de ambos haber sido advertido. Otras formas de negar el pecado es cambiándole el nombre a términos como enfermedad, ignorancia, entre otros.

Toda forma de justificación del pecado o culpar a otro, nos aleja del arrepentimiento genuino convirtiéndonos en negociadores comenzando a creer realmente que es lo correcto. A lo que se le llama Autoengaño, volviéndonos cada vez menos sensibles a nuestra conciencia del pecado y haciéndonos más egoístas. Pero esta pérdida de conciencia del pecado. Termina en un punto en donde el pecado ya no logra saciarnos o mantenernos tranquilos, el pecado nunca logra la paz. Y así como poco a poco vamos admitiendo nuevas formas de pecado en nuestra vida hasta que podemos convertirnos vez tras vez en personas en que el pecado pasó de ser separación entre el hombre y Dios a afectarnos en nuestra vida social. A nivel social se manifiesta como: competitividad, dificultad para identificarse con los demás, el rechazo de la autoridad y la incapacidad para amar. El efecto del egoísmo causado por el pecado trae consigo el individualismo y la pérdida de capacidad de ponernos en el lugar de la otra persona, poner nuestros intereses por sobre el bienestar común, nos volvemos vanagloriosos porque pasamos a hacer las cosas por conseguir bienestar o metas propias. Cuesta ver a los demás como superiores por lo tanto incluso se pierde el sentido de autoridad. Finalmente nuestro centro que pertenecía a Dios, el Dios de amor, fue ocupado por uno mismo, dificultando o incluso perdiendo la capacidad de amar. El pecado al poseer una extensión tan amplia que acapara cada espacio de nuestra existencia.

Solución para el Pecado
Para abordar la solución al pecado es importante considerar la visión que se tenga sobre cuál es la causa el pecado. De esta manera la solución al pecado estará dada por la eliminación o negación de esto que lo causa. Si eliminamos el gatillante, eliminamos el resultado que es en este caso el pecado. La mirada evangélica según Erickson radica en que los seres humanos somos pecadores por naturaleza y el mundo en que nos desenvolvemos nos induce a pecar. El ser humano es incapaz de escapar al pecado por sí mismo. Por lo tanto, la solución solo se produce gracias a una alteración sobrenatural que contrarresta el poder de la tentación, esto gracias a la intervención divina que permitirá una conversión personal y regeneración del ser humano que hará posible una relación con Dios y por consecuencia inherente una vida cristiana plena. (Erickson, 1998 pp 612 y 613)

Esto tiene total cumplimiento en la expiación de la humanidad a través de la muerte de Jesucristo en la cruz relatado en la Biblia. “quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte. ¡y muerte de cruz!’’ (Filipenses 2:6-8) (NVI, 2010)

“Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados.’’ (1 Pedro 2:24) (NVI, 2010)

Existen varios postulados que buscan resolver la interrogante de la solución al pecado según lo que entendemos que lo origina:

1-. Idea de Tennant y la Naturaleza animal: A partir de la Teoría del origen de las especies de Charles Darwin surgió con especial fuerza la influencia en el posible origen del pecado y su posterior desarrollo gradual de conciencia moral a través del proceso de la evolución. Si consideramos que partimos la evolución siendo animales con impulsos más fuertes que hemos ido controlando a medida que evolucionamos, la causa del pecado son los instintos y el comportamiento de herencia animal dada en un período de responsabilidad moral, la solución sería la negación y control de estos impulsos y su canalización adecuada. Esto nos indicaría que la evolución de nuestra raza iría por el camino correcto.
2-. Idea de Niebuhr y la Ansiedad por la finitud: si la causa del pecado surge por la ansiedad o vértigo que produce el ser finitos y querer aspirar a más, a través de la libertad. Refiere que hay dos dimensiones en este ámbito, uno es religioso, manifestado como rebelión contra Dios y el otro es moral, manifestada en injusticia humana para con los demás. Algunos de los argumentos de esta idea es el relato de Isaías 14:12-15 que habla sobre la ambición de Lucifer que lo llevó al pecado, al igual que Adán en el relato de Génesis 3:5. Ambos como factor común el querer ir más allá. La solución en este caso sería aceptar nuestras limitaciones y poner nuestra confianza en Dios, pero esta conversión no sería totalmente genuina porque busca modificar una actitud innata del ser por nuestros propios medios.
3-. Idea del Tillich y el Alejamiento existencial: si la causa del pecado proviene de un alejamiento existencial que pareciera estar en las criaturas, la solución sería"cambiar de actitud", buscaríamos ser más conscientes de nuestra existencia y la de otros seres creados, lo que no implica necesariamente una conversión verdadera.
4-. Idea de la Teología de la liberación: si la causa del pecado está dada por la opresión y desigualdades en cuanto a posesiones y poder. Esta teoría elimina la idea del pecado como rompimiento de relación personal con Dios sino más bien, visualiza el pecado a partir de una estructura social y económica, es la negación de humanidad al otro a partir de injusticias, la solución sería eliminarlas a través de la realización de acciones políticas y económicas para cambiar este orden de la sociedad y eliminar el pecado. 5-. Idea de Elliot: si la causa del pecado es provocada por la competitividad individualista que nos enseña la sociedad, la solución está dada por la educación, para conseguir aprendizaje no competitivo del desarrollo en sociedad. (Erickson, 1998, p. 596 -610) y (Horton 1996 pág. 271)

Conclusiones
La hamartiología, o estudio del pecado, ha sido un tema presente en la mayoría de las generaciones y culturas en la humanidad, acogiendo diversos significados. Dentro del mundo cristiano se ha estudiado en profundidad no tan solo para comprender el plan creado por Dios para rescatarnos de las consecuencias del pecado, sino también para comprender su origen, significado e implicancias y poder entender nuestra responsabilidad frente a él y buscar así evitarlo. Si en algo coincidimos en el desarrollo del documento es que independiente de sus diversos significados, consecuencias y naturaleza, para nosotros significa escoger la opción diferente a la verdad de Dios o sustituirlo por nuestros deseos. Dios conoce nuestra naturaleza y es así como se preocupa de revelarse a sí mismo a través de la Biblia, y que recordemos constantemente que debemos amarlo por sobre todas las cosas. Sabiendo que significará un trabajo para nosotros. Existen diversas posturas del origen del pecado en la humanidad e independiente de la discusión de si heredamos simplemente el pecado de Adán o si somos pecadores desde nuestras propias responsabilidades, es bueno considerar que debemos buscar la santidad de todas maneras, y esto como necesidad de afinarnos con la naturaleza santa de Dios que rechaza inherentemente el pecado, evitando también las transformaciones negativas que este trae en nosotros en cadena como negación o evasión del mismo, egoísmo, mentira, entre tantos otros. Lo más maravilloso de estudiar el pecado, es recordar que el amor suficiente de Dios trae solución a algo que nos separa de él. No solo nos revela lo que agrada o no su corazón, sino que también nos entregó la solución que ninguno de nosotros pudo conseguir por sí mismo.

Espiritualidad
término filosófico y teológico
El término espiritualidad (del latín spiritus, espíritu), depende de la doctrina, escuela filosófica o ideología que la trate, así como del contexto en que se utilice.

En un sentido amplio, significa la condición espiritual. Hay autores que lo consideran una dimensión más de la persona, como la dimensión biológica o social. Referido a una persona, es la disposición principalmente moral, psíquica o cultural, que posee quien tiende a investigar y desarrollar las características de su espíritu.​ Esta decisión implica habitualmente la intención de experimentar estados especiales de bienestar, como la salvación o la liberación. Se relaciona asimismo con la práctica de la virtud.

Prácticas espirituales
En cierto sentido es posible hablar de prácticas espirituales sin estar específicamente bajo lo que habitualmente consideramos una religión organizada, aunque generalmente no dejan de ser prácticas tradicionales.

En el occidente se relacionó habitualmente el término con doctrinas y prácticas religiosas, especialmente en la perspectiva de la relación entre el ser humano y un ser superior (Dios), así como con las doctrinas relacionadas con la salvación del alma, aunque actualmente se ha ampliado mucho su uso, y no son éstas las únicas formas en que se hace uso del término.

Se dice también de estilos o formas de vida que incluyen perspectivas relacionadas con el ámbito espiritual y sus prácticas, buscando, por ejemplo, la liberación. Otros enfoques diferentes también son posibles: (iniciación, rito).​

Igualmente, puede entenderse sin referencia alguna a ningún ser superior o exterior al ser humano, utilizándose el término para referirse a una "espiritualidad atea", o "sin dios".​

En la filosofía
Lo aquí reseñado no tiene ninguna relación entre filosofía y espiritualidad, en especial lo de budismo Zen. Algunos puntos de vista filosóficos, utilizan el término para hacer referencia a la oposición entre materia y espíritu, o entre interioridad y exterioridad.

Sin embargo, por el contrario, la postura filosófica de los practicantes del budismo Zen concibe la "unidad" de los opuestos: Un filósofo, Nishida Kitaro (...) también se entregó a la práctica Zen, de la que destiló su concepción filosófica de la "unidad" de los opuestos (espacio y tiempo, espíritu y materia, autoconciencia y conciencia objetiva, individuo y mundo). Michiko Yusa, Religiones de Japón, 2006

En las artes
A veces también, en el ámbito literario, el término obedece sólo a aspectos estéticos y estilísticos.

Desarrollo del sentido de la espiritualidad
Períodos clásico, medieval y moderno temprano
Bergomi detecta "una forma ilustrada de espiritualidad no religiosa" en la antigüedad tardía.

Las palabras traducibles como "espiritualidad" empezaron a surgir en el siglo V y solo entraron en uso común hacia el final de la Edad Media.​ En un contexto bíblico el término significa estar animado por Dios. El Nuevo Testamento ofrece el concepto de ser impulsado por el Espíritu Santo, en contraposición a vivir una vida en la que se rechaza esta influencia.

En el siglo XI este significado cambió. "Espiritualidad" comenzó a denotar el aspecto mental de la vida, en oposición a los aspectos materiales y sensuales de la vida, "la esfera eclesiástica de la luz contra el mundo oscuro de la materia".​ En el siglo XIII, la "espiritualidad" adquirió un significado social y psicológico. Socialmente denotaba el territorio del clero: "lo eclesiástico contra las posesiones temporales, lo eclesiástico contra la autoridad secular, la clase clerical contra la clase secular".​ Psicológicamente, denotaba el ámbito de la vida interior: "la pureza de los motivos, los afectos, las intenciones, las disposiciones interiores, la psicología de la vida espiritual, el análisis de los sentimientos". ​En los siglos XVII y XVIII se distinguía entre formas superiores e inferiores de espiritualidad: "Un hombre espiritual es aquel que es cristiano 'más abundante y profundo que los demás'".​ La palabra también se asoció con el misticismo y el quietismo, y adquirió un significado negativo.

Espiritualidad moderna
Las nociones modernas de espiritualidad se desarrollaron a lo largo de los siglos XIX y XX, mezclando las ideas cristianas con las tradiciones del esotérico occidental y elementos de las religiones asiáticas, especialmente de la India, cuyo gran impulso lo dio el movimiento Hippie en los años 60 mezclando creencias tradicionales y sustancias como la ayahuasca (usado en la actualidad en la New Age) y otros alucinógenos. La espiritualidad se desvinculó cada vez más de las organizaciones e instituciones religiosas tradicionales. A veces se asocia hoy con movimientos filosóficos, sociales o políticos como el liberalismo, la teología feminista y la política verde.

Trascendentalismo y universalismo unitario
Ralph Waldo Emerson fue un pionero de la idea de la espiritualidad como un campo distinto.​ Fue una de las principales figuras del trascendentalismo, un movimiento del protestante liberal de principios del siglo XIX, que tenía sus raíces en el romanticismo inglés y alemán, la crítica bíblica de Johann Gottfried Herder y Friedrich Schleiermacher, el escepticismo de Hume, y neoplatonismo. ​Los trascendentalistas hacían hincapié en un enfoque intuitivo y experiencial de la religión. Siguiendo a Schleiermacher, se tomó como criterio de verdad la intuición individual de la verdad. A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, aparecieron las primeras traducciones de textos hindúes, que también fueron leídos por los trascendentalistas, e influyeron en su pensamiento. También apoyaron las ideas del universalista y del unitarista, lo que condujo al universalismo unitario, la idea de que también debe haber verdad en otras religiones, ya que un Dios amoroso redimiría a todos los seres vivos, no sólo a los cristianos.

Teosofía, antroposofía y filosofía perenne
Una de las principales influencias en la espiritualidad moderna fue la Sociedad Teosófica, que buscaba "enseñanzas secretas" en las religiones asiáticas.​ Ha influido en las corrientes modernistas de varias religiones asiáticas, sobre todo en el Neo-Vedanta, el renacimiento del Budismo Theravada y el modernismo budista, que han asumido las nociones occidentales modernas de experiencia personal y universalismo y las han integrado en sus conceptos religiosos.​ Una segunda influencia relacionada fue la antroposofía, cuyo fundador, Rudolf Steiner, estaba especialmente interesado en desarrollar una genuina espiritualidad occidental, y en las formas en que dicha espiritualidad podría transformar instituciones prácticas como la educación, la agricultura y la medicina. De forma más independiente, la ciencia espiritual de Martinus fue una influencia, especialmente en Escandinavia.​

La influencia de la tradiciones asiáticas en la espiritualidad moderna occidental también fue fomentada por la filosofía perenne, cuyo principal proponente Aldous Huxley estaba profundamente influenciado por Swami Vivekananda, el neohinduismo y el universalismo,​ y la difusión del bienestar social, la educación y los viajes en masa después de la Segunda Guerra Mundial.

Neo-Vedanta
Una importante influencia en la espiritualidad occidental fue el Neo-Vedanta, también llamado neo-hinduismo​ y el Universalismo Hindú,​ una interpretación moderna del hinduismo que se desarrolló en respuesta al colonialismo occidental y al orientalismo. Pretende presentar el hinduismo como un "ideal homogeneizado del hinduismo"​ con el Vedanta Advaita como doctrina central. Debido a la colonización de Asia por el mundo occidental, desde el siglo XIX se produjo un intercambio de ideas entre el mundo occidental y Asia, que también influyó en la religiosidad occidental. El unitarismo, y la idea del universalismo, fueron llevados a la India por los misioneros, y tuvieron una gran influencia en el neohinduismo a través del Brahmo Samaj de Ram Mohan Roy y el Brahmoismo. Roy intentó modernizar y reformar el hinduismo, a partir de la idea del universalismo. Este universalismo fue popularizado, y llevado a occidente como neo-Vedanta, por Swami Vivekananda.

"Espiritual pero no religioso"
Después de la Segunda Guerra Mundial, la espiritualidad y la religión teísta se desconectaron cada vez más,​ y la espiritualidad se orientó más hacia la experiencia subjetiva, en lugar de "los intentos de situar el yo en un contexto ontológico más amplio". Se ha desarrollado un nuevo discurso en el que se mezclan la psicología (humanista), las tradiciones místicas y esotéricas y las religiones orientales, para alcanzar el verdadero yo mediante la auto-revelación, la libre expresión y la meditación.

La distinción entre lo espiritual y lo religioso se hizo más común en la mente popular a finales del siglo XX con el auge del secularismo y el advenimiento del movimiento New Age. Autores como Chris Griscom y Shirley MacLaine lo exploraron de numerosas maneras en sus libros. Paul Heelas señaló el desarrollo dentro de los círculos de la Nueva Era de lo que denominó "espiritualidad de seminario":​ ofertas estructuradas que complementan la elección del consumidor con opciones espirituales.

Entre otros factores, la disminución del número de miembros de las religiones organizadas y el crecimiento del secularismo en la mundo occidental han dado lugar a esta visión más amplia de la espiritualidad. El término "espiritual" se utiliza ahora con frecuencia en contextos en los que antes se empleaba el término "religioso". Tanto los teístas como los ateos han criticado esta evolución.

Teología mística cristiana
desarrollo de prácticas y teorías místicas en la fe cristiana
La teología mística cristiana es una de las ramas de la teología cristiana caracterizada por la búsqueda apofática de una experiencia personal, unitiva y amorosa con Dios.​ También comprende el conjunto de disciplinas ascéticas y meditativas encaminadas a tal fin. También se la conoce como teología negativa.

Hasta el siglo VI, la práctica de lo que hoy se denomina misticismo se designaba con el término contemplatio, c.q. theoria, de Contemplación] (Latín; Griego θεωρία, theoria), "mirar", "contemplar", "ser consciente de" Dios o lo Divino. El cristianismo adoptó el uso de la terminología griega (theoria) y latina (contemplatio, contemplación) para describir diversas formas de oración y el proceso de llegar a conocer a Dios.

Las prácticas contemplativas abarcan desde la simple meditación orante de las Sagradas Escrituras (es decir, la Lectio Divina) hasta la contemplación de la presencia de Dios, que da lugar a la Theosis (unión espiritual con Dios) y a las visiones extáticas de la unión mística del alma con Dios. En la práctica contemplativa se distinguen tres etapas, a saber, la catarsis (purificación), la contemplación propiamente dicha y la visión de Dios.

Las prácticas contemplativas ocupan un lugar destacado en la Ortodoxia oriental y la Ortodoxia oriental, y han cobrado un renovado interés en el cristianismo occidental.

Etimología
Theoria
El Griego theoria (θεωρία) significaba "contemplación, especulación, un mirar, cosas miradas", de theorein (θεωρεῖν) "considerar, especular, mirar", de theoros (θεωρός) "espectador", de thea (θέα) "una vista" + horan (ὁρᾶν) "ver". Expresaba el estado de ser un espectador. Tanto el griego θεωρία como el latín contemplatio significaban principalmente mirar las cosas, ya fuera con los ojos o con la mente​.

Según William Johnston, hasta el siglo VI la práctica de lo que hoy se denomina misticismo se designaba con el término contemplatio, c.q. theoria.[4]​ Según Johnston, "[t]anto la contemplación como el misticismo hablan del ojo del amor que está mirando, contemplando, consciente de las realidades divinas."

Varios estudiosos han demostrado similitudes entre la idea griega de theoria y la idea indian de darśana (darshan), entre ellos Ian Rutherford​ y Gregory Grieve.

Misticismo
"Misticismo" deriva del griego μυω, que significa "ocultar", y su derivado μυστικός, mystikos', que significa "un iniciado". En el mundo helenístico, un "mystikos" era un iniciado de una religión mistérica. "Místico" se refería a rituales religiosos secretos y el uso de la palabra carecía de referencias directas a lo trascendental.

En el cristianismo primitivo, el término mystikos se refería a tres dimensiones, que pronto se entrelazaron, a saber, la bíblica, la litúrgica y la espiritual o contemplativa. La dimensión bíblica se refiere a la interpretación "oculta" o alegórica de las Escrituras.​ La dimensión litúrgica se refiere al misterio litúrgico de la Eucaristía, la presencia de Cristo en la Eucaristía​. La tercera dimensión es el conocimiento contemplativo o experiencial de Dios.

Definición de misticismo
El teólogo Bernard McGinn define el misticismo cristiano como: [L]a parte, o elemento, de la creencia y la práctica cristianas que concierne a la preparación para, la conciencia de, y el efecto de [...] una presencia directa y transformadora de Dios.

McGinn sostiene que "presencia" es más exacto que "unión", ya que no todos los místicos hablaban de unión con Dios, y puesto que muchas visiones y milagros no estaban necesariamente relacionados con la unión.

Presencia frente a experiencia
McGinn también argumenta que deberíamos hablar de "conciencia" de la presencia de Dios, en lugar de "experiencia", ya que la actividad mística no trata simplemente de la sensación de Dios como un objeto externo, sino más ampliamente de

...nuevas formas de conocer y amar basadas en estados de conciencia en los que Dios se hace presente en nuestros actos interiores.

William James popularizó el uso del término "experiencia religiosa" en su libro de 1902 Las variedades de la experiencia religiosa. También ha influido en la comprensión del misticismo como una experiencia distintiva que suministra conocimiento.

Wayne Proudfoot remonta las raíces de la noción de experiencia religiosa al teólogo alemán Friedrich Schleiermacher (1768-1834), quien sostenía que la religión se basa en un sentimiento de lo infinito. Schleiermacher utilizó la noción de experiencia religiosa para defender la religión de la creciente crítica científica y laica. Fue adoptada por muchos estudiosos de la religión, de los cuales William James fue el más influyente.

Transformación interpersonal
El énfasis de McGinn en la transformación que se produce a través de la actividad mística se relaciona con esta idea de "presencia" en lugar de "experiencia":

Es por ello que la única prueba que el cristianismo ha conocido para determinar la autenticidad de un místico y su mensaje ha sido la transformación personal, tanto por parte del místico como -especialmente- por parte de aquellos a los que el místico ha afectado.

Parsons señala que el énfasis en la "experiencia" va acompañado de un favorecimiento del individuo atómico, en lugar de la vida compartida en la comunidad. Tampoco distingue entre la experiencia episódica y el misticismo como proceso que se inserta en una matriz religiosa total de liturgia, escritura, culto, virtudes, teología, rituales y prácticas.

Richard King también señala la disyuntiva entre "experiencia mística" y justicia social: La privatización del misticismo -es decir, la creciente tendencia a situar lo místico en el ámbito psicológico de las experiencias personales- sirve para excluirlo de cuestiones políticas como la justicia social. El misticismo se ve así como una cuestión personal de cultivo de estados interiores de tranquilidad y ecuanimidad que, en lugar de buscar la transformación del mundo, sirven para acomodar al individuo al statu quo mediante el alivio de la ansiedad y el estrés.

Construcción social
La experiencia mística no es simplemente una cuestión entre el místico y Dios, sino que a menudo está determinada por cuestiones culturales. Por ejemplo, Caroline Bynum ha demostrado cómo, a finales de la Edad Media, los milagros que asistían a la toma de la Eucaristía no eran simplemente simbólicos de la historia de la Pasión sino que servían para reivindicar la ortodoxia teológica del místico, al demostrar que éste no había caído presa de ideas heréticas, como el rechazo del mundo material por parte del catarismo, contrario a la enseñanza ortodoxa de que Dios se encarnó y permaneció sin pecado. Así, la naturaleza de la experiencia mística podía adaptarse a las cuestiones culturales y teológicas particulares de la época.

La vía mística
En la explicación de la vía mística hay diferencias entre los distintos autores que pueden atribuirse a la dispersión geográfica y temporal de los místicos, la variedad personal de la experiencia mística y el grado de formación teológico de los mismos. Para esta parte se sigue fundamentalmente a San Juan de la Cruz, por ofrecer una de las exposiciones más completas y claras.

Presencia transformadora de Dios
El teólogo Bernard McGinn define el misticismo cristiano como: [L]a parte, o elemento, de la creencia y la práctica cristianas que concierne a la preparación para, la conciencia de, y el efecto de [...] una presencia directa y transformadora de Dios.

McGinn sostiene que "presencia" es más exacto que "unión", ya que no todos los místicos hablaban de unión con Dios, y puesto que muchas visiones y milagros no estaban necesariamente relacionados con la unión.

Presencia frente a experiencia
McGinn también argumenta que deberíamos hablar de "conciencia" de la presencia de Dios, en lugar de "experiencia", ya que la actividad mística no se trata simplemente de la sensación de Dios como un objeto externo, sino más ampliamente de

...nuevas formas de conocer y amar basadas en estados de conciencia en los que Dios se hace presente en nuestros actos interiores.

William James popularizó el uso del término "experiencia religiosa" en su libro de 1902 Las variedades de la experiencia religiosa.​ También ha influido en la comprensión del misticismo como una experiencia distintiva que suministra conocimiento.

Wayne Proudfoot remonta las raíces de la noción de experiencia religiosa al teólogo alemán Friedrich Schleiermacher (1768-1834), quien sostenía que la religión se basa en un sentimiento de lo infinito. Schleiermacher utilizó la noción de experiencia religiosa para defender la religión de la creciente crítica científica y laica. Fue adoptada por muchos estudiosos de la religión, de los cuales William James fue el más influyente.

Transformación interpersonal
Resurrección de Jesús, Matthias Grünewald
El énfasis de McGinn en la transformación que se produce a través de la actividad mística se relaciona con esta idea de "presencia" en lugar de "experiencia":

Es por ello que la única prueba que el cristianismo ha conocido para determinar la autenticidad de un místico y su mensaje ha sido la transformación personal, tanto por parte del místico como -especialmente- por parte de aquellos a los que el místico ha afectado.

Parsons señala que el énfasis en la "experiencia" va acompañado de un favorecimiento del individuo atómico, en lugar de la vida compartida en la comunidad. Tampoco distingue entre la experiencia episódica y el misticismo como proceso que se inserta en una matriz religiosa total de liturgia, escritura, culto, virtudes, teología, rituales y prácticas.

Tradicionalmente, la mística es un camino de tres vías o etapas: la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva.

Vía purgativa
La vía purgativa consiste en la purgación de la memoria, entendida como potencia del alma, para limpiarla de los apegos sensitivos que provienen del cuerpo. En palabras de San Juan de la Cruz:

Hay que perder el gusto por el apetito de las cosas.
El apetito como tal no tiene por qué ser malo pero sí lo es el apego o gusto que provoca en la memoria, porque la impide orientarse plenamente hacia Dios. La privación corporal y la oración son los principales medios purgativos. El estado en que se sume la memoria se llama esperanza.

Vía iluminativa
La vía iluminativa consiste en la elevación del entendimiento hacia Dios, entendido como potencia del alma. Una vez limpio el entendimiento de toda relación con las criaturas queda vacío para entregarse a la sabiduría oscura o sabiduría secreta que se sabe sin necesidad de entender, experiencia que en la mística se llama Fe.

Vía unitiva
La vía unitiva consiste en la purificación de la voluntad, entendida como potencia del alma. En ella el alma alcanza el grado más perfecto de la unión con Dios, ya que ha vaciado su propia voluntad, lo más suyo para entregarla a Dios. Es el grado más perfecto de la caridad.

Orígenes
La idea de las realidades místicas se ha mantenido ampliamente en el cristianismo desde el siglo II d. C., refiriéndose no simplemente a las prácticas espirituales, sino también a la creencia de que sus rituales e incluso sus escrituras tienen significados ocultos ("místicos").

El vínculo entre misticismo y visión de la Divinidad fue introducido por los primeros Padres de la Iglesia, que utilizaron el término como adjetivo, como en teología mística y contemplación mística. En siglos posteriores, especialmente cuando la apologética cristiana comenzó a utilizar la filosofía griega para explicar las ideas cristianas, el neoplatonismo se convirtió en una influencia en el pensamiento y la práctica mística cristiana a través de autores como Agustín de Hipona y Orígenes.

Antecedentes judíos
La espiritualidad judía en el período anterior a Jesús era muy corporativa y pública, basada sobre todo en los servicios de culto de las sinagogas, que incluían la lectura e interpretación de las Escrituras hebreas y la recitación de oraciones, y en las fiestas principales. Así, la espiritualidad privada estaba fuertemente influenciada por las liturgias y por las Escrituras (por ejemplo, el uso de los Salmos para la oración), y las oraciones individuales a menudo recordaban acontecimientos históricos tanto como sus propias necesidades inmediatas.

De especial importancia son los siguientes conceptos:
  • Biná (entendimiento), y Chokhmah (sabiduría), que provienen de años de lectura, oración y meditación de las escrituras;
  • Shejiná, la presencia de Dios en nuestra vida diaria, la superioridad de esa presencia sobre la riqueza terrenal, el dolor y la nostalgia que surgen cuando Dios está ausente; y el aspecto femenino y nutritivo de Dios;
  • la ocultación de Dios, que proviene de nuestra incapacidad para sobrevivir a la revelación plena de la gloria de Dios y que nos obliga a buscar conocer a Dios a través de la fe y la obediencia;
  • el "misticismo de la Torá", una visión de las leyes de Dios como la expresión central de la voluntad de Dios y, por tanto, como objeto digno no sólo de obediencia, sino también de meditación amorosa y estudio de la Torá; y
  • pobreza, un valor ascético, basado en la expectativa apocalíptica de la inminente llegada de Dios, que caracterizó la reacción del pueblo judío al verse oprimido por una serie de imperios extranjeros.
En la mística cristiana, Shejiná se convirtió en misterio, Dáat (conocimiento) pasó a ser gnosis, y la pobreza se convirtió en un componente importante del monacato.

Influencias griegas
El término theoria fue utilizado por los antiguos griegos para referirse al acto de experimentar u observar, y luego comprender a través del nous'.

Las influencias del pensamiento griego son evidentes en los primeros místicos cristianos y en sus escritos. Platón (428-348 a. C.) es considerado el más importante de los filósofos antiguos, y su sistema filosófico proporciona la base de la mayoría de las formas místicas posteriores. Plotino (c. 205 - 270 d. C.) proporcionó la base no cristiana del neo-platónico para gran parte del misticismo cristiano, judío e islámico.

Platón
Para Platón, lo que el contemplativo (theoros) contempla (theorei) son las Formas, las realidades subyacentes a las apariencias individuales, y quien contempla estas realidades atemporales y espaciales se enriquece con una perspectiva de las cosas ordinarias superior a la de la gente corriente. Felipe de Opus veía la theoria como la contemplación de los astros, con efectos prácticos en la vida cotidiana similares a los que Platón veía que se derivaban de la contemplación de las Formas.

Plotino
En las Enéadas de Plotino (c.204 /5-270 EC), fundador del neoplatonismo, todo es contemplación (theoria) y todo se deriva de la contemplación.​ La primera hipóstasis, el Uno, es la contemplación​ (por el nous, o segunda hipóstasis) en que "se vuelve sobre sí mismo en el sentido más simple, sin implicar complejidad o necesidad"; este reflejarse sobre sí mismo emana (no crea) la segunda hipóstasis, el Intelecto (en griego Νοῦς, Nous), que Plotino describe como "contemplación viva", siendo "actividad autorreflexiva y contemplativa por excelencia", y el tercer nivel hipostático tiene theoria.​ El conocimiento de Lo Uno se alcanza a través de la experiencia de su poder, una experiencia que es contemplación (theoria) de la fuente de todas las cosas.

Plotino estaba de acuerdo con la distinción sistemática de Aristóteles entre contemplación (theoria) y práctica (praxis): la dedicación a la vida superior de la theoria requiere abstenerse de la vida práctica, activa. Plotino explicó: "El punto de la acción es la contemplación. ... La contemplación es, pues, el fin de la acción" y "Tal es la vida de la divinidad y de los hombres divinos y bienaventurados: desprendimiento de todas las cosas de aquí abajo, desprecio de todos los placeres terrenales, huida de los solitarios hacia lo Único."

Iglesia primitiva
Escritos neotestamentarios
Las Escrituras cristianas, en la medida en que son la narrativa fundacional de la Iglesia cristiana, proporcionan muchas historias y conceptos clave que adquieren importancia para los místicos cristianos de todas las generaciones posteriores: prácticas como la Eucaristía, el bautismo y el Padre Nuestro se convierten en actividades que adquieren importancia tanto por sus valores rituales como simbólicos. Otros relatos de las Escrituras presentan escenas que se convierten en el centro de la meditación: la Crucifixión de Jesús y sus apariciones tras su Resurrección son dos de las más centrales para la teología cristiana; pero la concepción de Jesús, en la que el Espíritu Santo eclipsa a María, y su Transfiguración, en la que se revela brevemente en su gloria celestial, también se convierten en imágenes importantes para la meditación. Además, muchos de los textos cristianos se basan en fundamentos espirituales judíos, como chokhmah, shekhinah.

Pero los distintos escritores presentan imágenes e ideas diferentes. Los Evangelios sinópticos (a pesar de sus muchas diferencias) introducen varias ideas importantes, dos de las cuales están relacionadas con las nociones greco-judaicas de conocimiento, gnosis, por ser actos mentales: la pureza de corazón, en la que queremos ver a la luz de Dios; y la arrepentimiento, que implica permitir que Dios nos juzgue y luego nos transforme. Otra idea clave que presentan los sinópticos es el desierto, que se utiliza como metáfora del lugar donde nos encontramos con Dios en la pobreza de nuestro espíritu.

El Evangelio de Juan se centra en la gloria de Dios en su uso de la imaginería de la luz y en su presentación de la Cruz como un momento de exaltación; también ve la Cruz como el ejemplo del amor ágape, un amor que no es tanto una emoción como una voluntad de servir y cuidar a los demás. Pero al hacer hincapié en el amor, Juan desplaza el objetivo del crecimiento espiritual del conocimiento/gnosis, que presenta más en términos de las ideas del Estoico sobre el papel de la razón como principio subyacente del universo y como principio espiritual dentro de todas las personas. Aunque Juan no sigue la noción estoica de que este principio hace posible la unión con lo divino para la humanidad, es una idea que desarrollan escritores cristianos posteriores. Las generaciones posteriores también oscilarán entre seguir a los sinópticos en su énfasis en el conocimiento o a Juan en su énfasis en el amor.

En sus cartas, Paul también se centra en las actividades mentales, pero no de la misma manera que los sinópticos, que equiparan la renovación de la mente con el arrepentimiento. En cambio, Pablo ve la renovación de nuestras mentes como algo que ocurre cuando contemplamos lo que Jesús hizo en la Cruz, lo que nos abre a la gracia y al movimiento del Espíritu Santo en nuestros corazones. Como Juan, Pablo está menos interesado en el conocimiento, prefiriendo enfatizar lo oculto, el "misterio" del plan de Dios revelado a través de Cristo. Pero el debate de Pablo sobre la Cruz difiere del de Juan en que trata menos de cómo revela la gloria de Dios y más de cómo se convierte en la piedra de tropiezo que hace que nuestras mentes vuelvan a Dios. Pablo también describe la vida cristiana como la de un atleta, que exige práctica y entrenamiento para conseguir el premio; escritores posteriores verán en esta imagen una llamada al prácticas ascéticas.

Padres apostólicos
Los textos atribuidos a los Padres apostólicos, los primeros textos posbíblicos de que disponemos, comparten varios temas clave, en particular la llamada a la unidad frente a las divisiones internas y la percepción de la persecución, la realidad de los carismas, especialmente la profecía, las visiones y la gnosis cristiana, entendida como "un don del Espíritu Santo que nos permite conocer a Cristo" a través de la meditación de las Escrituras y de la Cruz de Cristo.​ (Esta comprensión de la gnosis no es la misma que la desarrollada por los gnósticos, que se centraban en el conocimiento esotérico que sólo está al alcance de unas pocas personas pero que les permite liberarse del mundo maligno.​) Estos autores también discuten la noción de los "dos caminos", es decir, el camino de la vida y el camino de la muerte; esta idea tiene raíces bíblicas, encontrándose tanto en el Sermón de la Montaña como en la Torá. Los dos caminos se relacionan entonces con la noción de pureza de corazón, que se desarrolla contraponiéndola al corazón dividido o doble y vinculándola a la necesidad de ascetismo, que mantiene el corazón íntegro/puro. La pureza de corazón era especialmente importante dada la percepción del martirio, que muchos escritores discutían en términos teológicos, viéndolo no como un mal, sino como una oportunidad de morir de verdad por amor a Dios, el ejemplo supremo de la práctica ascética. El martirio también podía verse como algo simbólico en sus conexiones con la Eucaristía y con el bautismo.

La Theoria permitió a los Padres percibir profundidades de significado en los escritos bíblicos que escapan a un enfoque puramente científico o empírico de la interpretación. Los Padres antioquenos, en particular, veían en cada pasaje de las Escrituras un doble sentido, literal y espiritual. Como señala Frances Margaret Young, "Mejor traducido en este contexto como un tipo de " insight", theoria era el acto de percibir en la redacción y la "historia" de las Escrituras un significado moral y espiritual," y puede considerarse una forma de alegoría.

Mística alejandrina
La contribución alejandrina a la mística cristiana se centra en Orígenes (c. 185 - c. 253) y Clemente de Alejandría (150-215 d. C.). Clemente fue uno de los primeros humanista cristiano que defendió que la razón es el aspecto más importante de la existencia humana y que la gnosis (no algo que podamos alcanzar por nosotros mismos, sino el don de Cristo) nos ayuda a encontrar las realidades espirituales que se ocultan tras el mundo natural y dentro de las escrituras. Dada la importancia de la razón, Clemente subraya la apatheia como una ordenación razonable de nuestras pasiones para vivir dentro del amor de Dios, que se ve como una forma de verdad. Orígenes, que ejerció una influencia duradera en el pensamiento cristiano oriental, desarrolla aún más la idea de que las realidades espirituales pueden encontrarse a través de lecturas alegóricas de las Escrituras (en la línea de la tradición aggadah judía), pero centra su atención en la Cruz y en la importancia de imitar a Cristo a través de la Cruz, especialmente mediante el combate espiritual y el ascetismo. Orígenes subraya la importancia de combinar intelecto y virtud (theoria y praxis) en nuestros ejercicios espirituales, recurriendo a la imagen de Moisés y Aarón guiando a los israelitas por el desierto, y describe nuestra unión con Dios como el matrimonio de nuestras almas con Cristo el Logos, utilizando la imaginería nupcial del Cantar de los Cantares.​ El misticismo alejandrino se desarrolló junto al Hermetismo y el Neoplatonismo, por lo que comparten algunas de las mismas ideas, imágenes, etc. a pesar de sus diferencias.

Filón de Alejandría (20 AEC - c. 50 EC) fue un filósofo helenístico judío que fue importante para conectar las Escrituras hebreas con el pensamiento griego, y por tanto con los cristianos griegos, que luchaban por comprender su conexión con la historia judía. En particular, Filón enseñó que la interpretación alegórica de las Escrituras hebreas proporciona acceso a los verdaderos significados de los textos. Filón también enseñó la necesidad de unir el enfoque contemplativo de los estoicos y esenios con las vidas activas de virtud y adoración comunitaria que se encuentran en el platonismo y los terapéuticos. Utilizando términos que recuerdan a los platónicos, Filón describió el componente intelectual de la fe como una especie de éxtasis espiritual en el que nuestro nous (mente) se suspende y el Espíritu de Dios ocupa su lugar. Las ideas de Filón influyeron en los cristianos de la escuela alejandrina Cristianos, Clemente, y Orígenes, y a través de ellos, a Gregorio de Nisa.

Monasticismo
Padres del Desierto
Inspirados por las enseñanzas y el ejemplo de Cristo, hombres y mujeres se retiraron a los desiertos de Uadi Natrun donde, bien como individuos solitarios o como comunidades, vivieron vidas de austera sencillez orientadas a la oración contemplativa. Estas comunidades constituyeron la base de lo que más tarde se conocería como monacato cristiano.

Antropología espiritual de la mística
La mística se basa en la idea de las tres potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad. Esta idea que ya se encuentra en Platón pasa al cristianismo donde es enriquecida, relacionándola con las tres personas de la Trinidad. San Buenaventura en el Itinerario de la mente hacia Dios considera la memoria como facultad imagen del Padre, el entendimiento como facultad imagen del Hijo y la voluntad como facultad imagen del Espíritu Santo.

Historia
Los primeros místicos
Los primeros místicos van en paralelo con el Neoplatonismo, influyendo y tirando unos de otros. Esta sinergia encuentra una primera cima en la obra del Pseudo Dionisio, cuyos tratados: De los nombres de Dios, Las jerarquías y Teología Mística establecen las diferencias entre la vía afirmativa o catafática y la vía negativa o apofática.

La mística centroeuropea

La mística española del siglo XVI
La mística franciscana
La mística carmelita
La mística jesuita

Grandes místicos
  • San Pablo de Tarso (siglo I)
  • San Juan Apóstol y Evangelista (siglo I)
  • Padres del Desierto (siglo IV)
  • Pseudo Dionisio (siglo V/VI)
  • Santa Hildegarda (1098-1179)
  • San Buenaventura (1218-1274)
  • Santa Ángela de Foligno (1248-1309)
  • Maestro Eckhart (1260-1328)
  • Gregorio Palamás (1296-1359)
  • Juan Taulero (1300-1361)
  • Enrique Susón (1300-1366)
  • Brígida de Suecia (1303-1373)
  • Santa Catalina de Siena (1347-1380)
  • San Ignacio de Loyola (1491-1556)
  • Santa Teresa de Jesús (1515-1582)
  • San Juan de la Cruz (1542-1591)
  • Angelus Silesius (1624–1677)
  • Miguel de Molinos (1628–1697)
  • Emanuel Swedenborg (1688–1772)
  • Santa Bernadette Soubirous (1844-1879)
  • San Carlos de Foucauld (1858-1916)
  • Beata Concepción Cabrera de Armida (1862-1937)
  • Santa Teresita del Niño Jesús (1873-1897)
  • Beata María del Divino Corazón Droste zu Vischering (1863-1899)
  • Beata Alejandrina de Balazar (1904-1955)
  • Padre Pío de Pietrelcina (1887-1968)
Prácticas

Hesicasmo

Herejías místicas
Quietismo

Continua en La Teología Cristiana VI










martes, 13 de septiembre de 2022

La Teología Cristiana IV

Representación de la Santísima Trinidad hacia 1489.

Santísima Trinidad
característica de Dios en el cristianismo
La Santísima Trinidad es el dogma central sobre las personas que conforman al único Dios en la mayoría de las iglesias cristianas. Esta creencia afirma que Dios es un ser único en tres personas distintas o hipóstasis: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Algunas confesiones minoritarias, como las iglesias unitarias (solamente hay una persona), los testigos de Jehová (arrianos) y los pentecostales unicitarios (una persona en tres manifestaciones) así como las iglesias binitarias (hay dos personas únicamente), rechazan esta creencia. Los mormones afirman creer en la Trinidad pero tienen una interpretación específica, indicando que Dios Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo son seres completamente separados que trabajan juntos en completa unidad, bajo el mismo propósito (triteísmo).

Fuera del ámbito del cristianismo, pero en otra fe también monoteísta, el Corán menciona la Trinidad y se muestra contrario a ella.

Perspectivas históricas
En el año 215 d. C., Tertuliano fue el primero en usar el término «Trinidad» (Trinitas). Anteriormente Teófilo de Antioquía ya había usado la palabra griega τριάς trias (tríada) en su obra A Autólico (c. 180) para referirse a Dios, su Verbo (Logos) y su Sabiduría (Sophia). Tertuliano, en uno de sus escritos polémicos dirigidos contra Práxeas, un seguidor de la doctrina cristiana conocida como «monarquianismo», Adversus Praxeam II, diría que «los tres son uno, por el hecho de que los tres proceden de uno, por unidad de substancia». 

La fórmula fue adquiriendo forma con el paso de los años y no fue establecida definitivamente hasta el siglo IV: La definición del Concilio de Nicea (325), sostenida desde entonces con mínimos cambios por las principales denominaciones cristianas, fue la de afirmar que el Hijo era consustancial (ὁμοούσιον, homousion, literalmente ‘de la misma sustancia’) al Padre. Esta fórmula fue cuestionada y la Iglesia pasó por una generación de debates y conflictos hasta que la «fe de Nicea» fue reafirmada en Constantinopla en 381.

Concilios
En el Primer Concilio de Nicea (325) toda la atención se concentró en la relación entre el Padre y el Hijo, y fue redactado el credo niceno incluso mediante el rechazo de algunas frases típicas arrianas mediante algunos anatemas anexados al credo; sin hacer ninguna afirmación similar acerca del Espíritu Santo.

Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de todas las cosas visibles e invisibles; y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; unigénito nacido del Padre, es decir, de la sustancia del Padre; Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; de la misma naturaleza del Padre; por quien todo fue hecho: tanto lo que hay en el cielo como en la tierra; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó y se encarnó, se hizo hombre, padeció y resucitó al tercer día, (y) subió a los cielos, vendrá a juzgar a vivos y muertos; y [creemos] en el Espíritu Santo. Y a los que dicen: hubo un tiempo en que no existió [el Hijo]; antes de ser engendrado no existió; fue hecho de la nada o de otra hipóstasis o naturaleza, pretendiendo que el Hijo de Dios es creado y sujeto de cambio y alteración, a éstos los anatematiza la santa Iglesia católica apostólica.

Credo Niceno
Pero, en el Primer Concilio de Constantinopla (381) se indicó que el Espíritu Santo es adorado y glorificado junto con Padre y el Hijo (συμπροσκυνούμενον καὶ συνδοξαζόμενον), sugiriendo que era también consustancial a ellos redactando así el Credo niceno-constantinopolitano.

Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible; y en un solo Señor, Jesucristo, el unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo y de María la Virgen y se hizo hombre; por nuestra causa fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato y padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras y subió al cielo; y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, que habló por los profetas. En una Iglesia santa, católica y apostólica. Confesamos un solo bautismo para la remisión de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Credo Niceno-Constantinopolitano
Esta doctrina fue posteriormente ratificada por el Concilio de Calcedonia (451), sin alterar la sustancia de la doctrina aprobada en Nicea.

A finales del siglo VI, algunas iglesias de habla latina agregaron las palabras "y del Hijo" (Filioque) en la descripción de la procesión del Espíritu Santo, ya que las palabras no fueron incluidas en el texto del credo ni por el Concilio de Nicea ni por el de Constantinopla. Esto se incorporó a la práctica litúrgica de Roma en 1014. Con el tiempo, la cláusula Filioque se convirtió en una de las principales causas del Cisma de Oriente y Occidente en 1054 y en los fracasos de los repetidos intentos de unión. 

Según el XI Concilio de Toledo (675) el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en cuanto a su naturaleza o sustancia, pero son distintas en cuanto a la distinción de personas: Porque cuando decimos: el que es el Padre no es el Hijo, nos referimos a la distinción de personas, pero cuando decimos: el Padre es lo que el Hijo es, el Hijo, lo que es el Padre, y el Espíritu Santo lo que es el Padre y el Hijo, esto se refiere claramente a la naturaleza o sustancia.

El Cuarto Concilio de Letrán (1215) agrega: En Dios solo hay una Trinidad, ya que cada una de las tres personas es esa realidad, es decir, sustancia, esencia o naturaleza divina. Esta realidad no engendra ni se origina; el Padre engendra, el Hijo es engendrado y el Espíritu Santo procede. Por lo tanto, hay una distinción de personas pero una unidad de naturaleza. Aunque, por lo tanto, el Padre es una persona, el Hijo otra persona y el Espíritu Santo otra persona, no son realidades diferentes, sino que lo que es el Padre es el Hijo y el Espíritu Santo, todos iguales, por lo tanto, según la fe ortodoxa y católica, se cree que son consustanciales.

Antecedentes bíblicos
En la Biblia se encuentran alusiones tanto al Padre como al Hijo y al Espíritu Santo que se han presentado como menciones implícitas de la naturaleza de Dios.

Hay diversas citas del Antiguo Testamento en las que aparecen referencias a Dios en plural.

Fórmula trinitaria
La fórmula trinitaria aparece en el bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:19). El apóstol Pablo cerró una de sus epístolas diciendo: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2 Co 13:14). La Primera epístola de Juan (en versiones bíblicas que contienen la coma joánica) afirma: «Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno». (1 Juan 5:7).

Fuentes posteriores
Fuera de los libros considerados canónicos, la fórmula trinitaria está presente en la Didaché, documento cristiano datado del siglo I por la mayoría de los estudiosos contemporáneos: «Os bautizaréis en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva (corriente). Pero si no tienes agua corriente, entonces bautízate en otra agua […]. Pero si no tienes ni una ni otra, entonces derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Did 7,1-3).

Además de la controversia sobre la naturaleza de Jesús —si era humano, divino, o ambas cosas a la vez— y su origen —si era eterno o temporal—, así como otras cuestiones similares relativas al Espíritu Santo, el problema central del dogma trinitario radica en justificar la distinción entre una “sustancia” única y una triple “personalidad”. La mayoría de las iglesias protestantes, al igual que las ortodoxas y la Iglesia católica, sostienen que este es un misterio inaccesible para la inteligencia humana.

Santísima Trinidad, titular de la Hermandad de la Trinidad (Sevilla), que procesiona por las calles de Sevilla en la tarde del Sábado Santo.

La Iglesia católica
La Iglesia católica dice: “La Trinidad es el término con que se designa la doctrina central de la religión cristiana […] Así, en las palabras del Símbolo Quicumque: ‘el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, y sin embargo no hay tres dioses, sino un solo Dios’. En esta Trinidad […] las Personas son co-eternas y co-iguales: todas, igualmente, son increadas y omnipotentes […]”. Así, Dios se revela a sí mismo como una comunión de personas.

Dios es una substancia (traducido a veces también por "esencia" o por "naturaleza") en tres personas o hipóstasis distintas, las tres personas son consubstanciales (de la misma substancia). Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: "El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza" "Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la substancia, la esencia o la naturaleza divina", sin embargo, las Personas divinas son realmente distintas entre sí: "El que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el que es el Padre o el Hijo". Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: "El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede". La Unidad divina es Trina. La Iglesia católica recuerda que este dogma fundamental de su fe fue definido en concilios ecuménicos celebrados en Oriente, lo cual es motivo de comunión con las Iglesias orientales.

La Iglesia ortodoxa griega
 La Iglesia ortodoxa griega dice de la Trinidad lo siguiente: «Dios es trino y uno. […] El Padre es totalmente Dios. El Hijo es totalmente Dios. El Espíritu Santo es totalmente Dios».[16]​The Catholic Encyclopedia afirma que es un dogma y a la vez un misterio como sigue: «Un dogma tan misterioso presupone una revelación divina».

Las iglesias protestantes / evangélicas
Las iglesias protestantes / evangélicas definen que dentro de la unidad de Dios existen tres distintas personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los tres comparten los mismos atributos y la misma naturaleza; por lo tanto, estos tres constituyen el único Dios.

Personas de la Trinidad
Según esta doctrina:
  • El Padre. Es increado y no engendrado.
  • El Hijo. No es creado sino engendrado eternamente por el Padre.
  • El Espíritu Santo. No es creado, ni engendrado, sino que procede eternamente del Padre (según las Iglesias ortodoxas y otras Iglesias orientales) o del Padre y del Hijo (según la Iglesia católica y en la cristiandad occidental en general).
Según el dogma católico definido en el Primer Concilio de Constantinopla (381), las tres personas de la Trinidad son realmente distintas pero son un solo Dios verdadero. Esto es algo posible de formular pero inaccesible a la razón humana, por lo que se le considera un dogma de fe. Para explicar este misterio, en ocasiones los teólogos cristianos han recurrido a símiles. Así, Agustín de Hipona comparó la Trinidad con la mente, el pensamiento que surge de ella y el amor que las une. Por otro lado, otros teólogos clásicos, como Guillermo de Occam, afirman la imposibilidad de la comprensión intelectual de la naturaleza divina y postulan su simple aceptación a través de la fe.

Perspectiva de santo Tomás de Aquino
  • Todo ungido presupone por lo menos tres elementos: El que unge, el ungido y la unción.
  • Siendo Jesús el Cristo (es decir, el ungido de Dios), se puede hacer referencia a tres personas:
  1. El que unge: sería Dios Padre.
  2. El ungido: sería Dios Hijo.
  3. La unción: sería Dios Espíritu Santo.[cita requerida]
En el cristianismo no trinitario
Dentro del cristianismo, existen varias denominaciones cristianas que consideran que la Trinidad no es una doctrina que se encuentre en los textos bíblicos. Ellos se basan en que la Trinidad fue producto del desarrollo teológico en siglos posteriores, bajo influencia del pensamiento filosófico griego, Estas son:
  1. El unitarismo o Iglesias unitarias.
  2. Los Testigos de Jehová.
  3. El Pentecostalismo unicitario.
  4. Los Cristadelfianos y grupos como la Iglesia de Dios de la fe en Abraham.
Otros grupos cristianos no trinitarios, como el judaísmo mesiánico y corrientes derivadas del Nuevo Pensamiento.

Unitarismo o Iglesias unitarias
Las Iglesias y congregaciones unitarias surgieron en el siglo XVI como parte del ala radical de la Reforma protestante y su teología ha evolucionado, desde variantes de sabelianismo y arrianismo en sus orígenes, como las defendidas por autores tales como Miguel Servet y Fausto Socino, a un cristianismo ético y racional que evitaba todo tipo de dogmas. La primera formulación estructurada del credo sociniano se estableció en el Catecismo Racoviano (1605) polaco. Asimismo, el lema tradicional de las Iglesias unitarias de Europa Central de lengua húngara sigue siendo desde su fundación el de "Dios es Uno" (Egy az Isten en húngaro), en alusión a su rechazo de la idea trinitaria.

Perspectiva griega
Existen tríadas de dioses desde la antigüedad histórica, tal vez por el carácter místico que algunas culturas tienen del número tres.

Las tríadas presentes en religiones o visiones filosóficas corresponden a fuerzas primordiales hipostasiadas o a aspectos del dios supremo. Aunque las relaciones entre los diferentes términos de estas tríadas no sean siempre fáciles de discernir, parece claro que no han sido concebidas en ningún caso partiendo de un modelo como el de la Trinidad cristiana.

En algunas corrientes platónicas, se distinguen varios niveles de realidad, entre las que encontramos tres de gran importancia:
  • Dios, ser absoluto y causa primera.
  • Logos, o razón universal.
  • Anima mundi, alma universal emanada de Dios que anima y gobierna el mundo visible.
En otras ocasiones, la trinidad platónica es descrita como las ideas de Bien, el resto de ideas inteligibles que proceden del Bien, y las ideas materializadas o mundo visible.

Revelación divina
revelación en base a la fe religiosa
En religión y teología, la revelación divina consiste en revelar, descubrir o hacer algo obvio a través de comunicación activa o pasiva con alguna entidad sobrenatural. Según la tradición judeocristiana la revelación puede originarse directamente a partir de una deidad o a través de algún agente de la misma, como un ángel. A quien ha experimentado ese tipo de comunicación divina se le suele llamar profeta. Según J.F. Rowny, catedrático de la Universidad de California y presidente de la Academia Estadounidense de Religión, un término más propio y amplio para este tipo de encuentro sería mística, convirtiendo la persona que lo experimente en un místico. El encuentro de los profetas tendría un fin más concreto, con lo que todos los profetas serían místicos, pero no todos los místicos serían profetas.

Algunas religiones, como el judaísmo, cristianismo, el islam y el hinduismo cuentan con libros sagrados que se ven como revelados o inspirados de manera sobrenatural. La revelación desde una fuente sobrenatural es mucho menos importante en otras tradiciones religiosas, como el taoísmo o el confucianismo, aunque se han encontrado similitudes entre la visión de la revelación en el Antiguo Testamento y el principio de bodhi del budismo.

En el cristianismo
Para los cristianos, especialmente para los católicos, la revelación es un acto por el cual Dios se da a conocer a los hombres, ya sea de manera natural o sobrenatural. La revelación natural es una manifestación a partir de la realidad del universo, la naturaleza, el mismo ser humano, o sea, toda la creación; el hombre puede, por analogía y con el solo uso de la luz natural de la razón, llegar al conocimiento y certeza de la existencia de un Dios creador. La revelación sobrenatural es una acción más específica y directa de Dios para manifestarse por una libre iniciativa suya de modo que trascienda las realidades naturales.

En el cristianismo la revelación divina sobrenatural consiste específicamente en las verdades teológicas transmitidas por la Sagrada Tradición y las Sagradas Escrituras. Según enseña la Iglesia católica, el Magisterio de la Iglesia es el encargado de interpretar la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, entendiendo estas últimas como un solo depósito de la fe. Otras iglesias cristianas difieren de este último punto. De acuerdo con la doctrina católica, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras haciendo uso de la razón natural. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la revelación divina.​ Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre. Entre sus revelaciones dentro del credo cristiano, destacan aquellas que hablan del envío de su hijo encarnado, Jesucristo, y del Espíritu Santo.

Dios, que «habita una luz inaccesible» quiere comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por él, para hacer de ellos, en su hijo, hijos adoptivos. Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas. El designio divino de la revelación se realiza a la vez «mediante acciones y palabras», íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente (DV 2). Este designio comporta una «pedagogía divina» particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo.

Ireneo de Lyon habla en varias ocasiones de esta pedagogía divina bajo la imagen de un mutuo acostumbrarse entre Dios y el hombre: «El Verbo de Dios ha habitado en el hombre y se ha hecho Hijo del hombre para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, según la voluntad del Padre Dios».

En el judaísmo
Maimónides enumeró diferentes niveles de profecía, indicando también la meramente intelectual, cuyo propósito es conocer la verdad de la Torá especificando que su revelación tuvo lugar para Moisés a través de la palabra divina dirigida a él 'cara a cara' con Dios, lo que se refiere a la visión y revelación de la palabra de Dios a través de los ángeles como fue el caso de Abraham y Jacob, finalmente con visiones de sueño veraz​ (el Talmud especifica sin embargo, que en los sueños algunas partes pueden no ser totalmente ciertas debido a múltiples mensajes, para esto pueden ser interpretadas por el Jajam o por los propios profetas como sucedió con el patriarca José).

«Nuestros Sabios (midrash Beret rabba 70,8) enseñan: ¿Por qué se llama: 'Beit haShoeva'? Esto se debe a que el espíritu profético (el ruaj hakodesh fue extraído de allí). La Guemará (Sota 3a) nos enseña que una persona comete una falta solo cuando 'un espíritu de locura' se apodera de ella. Por otro lado, si una persona tiene cuidado de no cometer errores o de hacer Teshuvá sobre sus faltas, acerca de él, está escrito: en él descansará el espíritu de Hashem: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fuerza, espíritu de ciencia y temor de Dios (Yeshayahu 11,2). Este era el espíritu profético que descansaba sobre las personas que estaban presentes en el Beit haShoeva = un espíritu que era el resultado de la Teshuvá y el hecho de vaciar la culpa»

Es obvio que la profecía debe ser absolutamente reconocida como real y verdadera, ya que deriva de Dios,​ si se trata de la Torá en su conjunto como una revelación divina o si se refiere a eventos pasados, presentes y futuros, aunque el propósito no es usar el espíritu profético para un propósito simple, sino precisamente para el conocimiento de toda la verdad; no es coincidencia que este aspecto, es decir, el del espíritu profético o el Ruaj haKodesh, se correlaciona necesariamente con la paz, la inteligencia, el juicio, la verdad bíblica, además de la evaluación veraz de cada tema puesto ante la persona elegida por Dios. Los textos religiosos judíos tradicionales, en la Cabalá y en los textos de Jasidut afirman que nadie puede igualar a Moisés, en el Pirkei Avot Líder de los profetas: se distingue por su habilidad profética como a través de una superficie clara, mientras que todos los demás profetas usan parábolas que solo son accesibles para aquellos que pueden ver la verdad, hasta el punto de ser acusados de mentir (José Alb​o da el ejemplo de Isaías).

En el futuro, con el Mashiaj,​ será posible​ decir 'un profeta Moisés': esto está en oposición al falso profeta mencionado incluso en el Pentateuco,​ donde está escrito que será asesinado (es cierto que el Mesías tendrá que enfrentar la muerte, precisamente en la era mesiánica, sin negar su veracidad divina); también se sabe que los textos de la Biblia hebrea no dudan en citar eventos mesiánicos que darán testimonio de cómo la profecía también afectará a los bebés, 'siervos' y no judíos, los Goyim.

Porque Dios da la sabiduría, De Su boca viene el conocimiento y el discernimiento. De esta manera la Torá de Dios será perfecta en cada generación y libre de cualquier deficiencia. José Albo, Sefer HaIkkarim

No se puede excluir que incluso la exégesis de la Torá derive de la revelación de la palabra divina. Jajam significa 'sabio': se deduce que un Jajam puede ser investido con el Ruaj haKodesh y así comentar verdaderamente los textos de la Biblia.

Esta es la concepción de Maimónides sobre el conocimiento de Dios, dice, como no podemos comparar su esencia con nuestra esencia, tampoco podemos comparar su conocimiento con nuestro conocimiento, porque el término conocimiento se aplica a Dios ya nosotros como un puro homónimo. Maimónides no quiere decir que el término aplicado a nosotros signifique conocimiento y aplicado a Dios signifique ignorancia, o viceversa, como significaría la homonimia absoluta. Sin sentido. Lo que quiere decir es esto. El término existencia se aplica a Dios y a nosotros mismos de manera absolutamente homónima. Sin embargo, no hay duda de que aunque la existencia de Dios es absolutamente diferente de la existencia de cualquier otra cosa, el término no denota existencia en un caso e inexistencia en el otro. En cuanto al significado negativo, la negación de la no-existencia, el término tiene el mismo significado en ambos casos, como se explica en el Libro Segundo, capítulo 30. El término existencia denota la negación de la no-existencia, tanto aplicada a nosotros como a Dios. El término se aplica a su significado positivo, porque no hay comparación entre la existencia de Dios y la existencia de cualquier otra cosa. De manera similar, el término conocimiento, ya sea que se aplique a Dios o se aplique a nosotros, significa la negación de la ignorancia. En este sentido, con respecto a su significado negativo, la relación de las dos aplicaciones, para Dios y para nosotros, es de prioridad y de posterioridad y no de absoluta homonimia. Sin embargo, con respecto al significado positivo, el término conocimiento se aplica a Dios ya nosotros como un puro homónimo y el conocimiento de Dios es absolutamente desconocido como su esencia es absolutamente desconocida. José Albo, Sefer HaYikkarim

Así, Dios, siempre existente, siempre ha sabido lo que entonces pasó en el Mundo y lo que habrá de volver a pasar; en cuanto al conocimiento, Dios es inmensamente sabio y su sabiduría es infinita y siempre tal como es perfecta: el conocimiento del ser humano, como recuerda Maimónides, aunque se complace con las verdades conocidas cada vez, precisamente por su 'fragmentación' incluso en un razonamiento amplio, completo y lógico, nunca podrá alcanzar ese conocimiento divino que deriva de un pasado eterno en el tiempo, lo 'abarca todo' en el presente y 'se proyecta' infinitamente en el futuro.

En el hinduismo
De acuerdo con la tradición hinduista los textos shruti o śruti (en sánscrito ‘lo que se oye’) son lo que los sabios o rishis escucharon directamente de los dioses , y por tanto, no fueron escritos como creaciones del hombre, por lo que no son obras de origen intelectual, sino revelaciones directas de los dioses a los hombres. Los rishis (sabios o videntes) fueron los intermediarios que captaron esas revelaciones divinas. Estos textos que de acuerdo a la tradición hinduista son universales y eternos. No pueden ser interpretados, sino sólo seguidos al pie de la letra.

Hermenéutica bíblica
estudio de interpretación bíblica
Hermenéutica bíblica es la ciencia de la interpretación aplicada a los libros y epístolas de la Biblia, es decir, la interpretación de los documentos bíblicos o exégesis bíblica.

Además de los términos “exégeta” y “hermeneuta”, también se utiliza el término biblista para denominar al experto en las Sagradas Escrituras. El proceso de interpretación de los textos bíblicos debe ser de índole científico crítico, no un ejercicio de justificación del criterio teológico propio, por lo que la hermenéutica bíblica no debe ser una excusa, sino una sincera búsqueda racional del sentido y alcance de los textos en cuestión. Para este fin, se aplica especialmente el método gramático-histórico, que tiene en cuenta tanto la crítica filológica como el impacto del contexto sobre el texto y la crítica histórica de los hechos relatados. Hermenéutica (del griego ερμηνευτική τέχνη [ermeneutiké tejne], ‘interpretar’, ‘traducir’, ‘explicar’), es el conocimiento y arte de la interpretación de los textos para determinar el significado exacto de las palabras mediante las cuales se ha expresado un pensamiento. Exégesis (del griego ἐξήγησις [exéguesis], de ἐξηγεομαι [exegueomai], ‘explicar’)​ implica la interpretación crítica y completa de un texto. La distinción entre exégesis y hermenéutica es muy sutil, pues no son términos que tengan necesariamente un significado idéntico, aunque se utilizan de forma intercambiable en la mayor parte de los casos. Según la intención del que use dichos términos se puede dar a “hermenéutica” el rasgo de búsqueda de significados espirituales, y a “exégesis” el de una interpretación bíblica centrada en la literalidad del texto y en la reconstrucción de su significado original en el momento de su redacción; pero también puede darse a entender que “exégesis” sea la explicación de la Biblia y “hermenéutica” el conjunto de reglas que se siguen para llegar a tal explicación.

Historia
Interpretación de los libros bíblicos desde ellos mismos.
Se presume y da por hecho que los libros que componen la Biblia son la "revelación del único Dios verdadero" que se dio a conocer al pueblo de Israel. Este es uno de los presupuestos dogmáticos fundamentales de la fe judía y cristiana en general sobre la que se fundamenta el dogma: "La Biblia es la Palabra de Dios". Acorde con este supuesto de fe, el trabajo hermenéutico pretende, ya sea mediante el sistema judío (PaRDeS) de exégesis de la Torá, la yuxtaposición de la tradición católica con los textos bíblicos, o la total aceptación de los escritos bíblicos como la única regla de fe y conducta para el creyente cristiano, promulgada por los reformadores del siglo XVI, "sacar" de los textos presuntamente inspirados, su contenido preciso y cabal.

Hay evidencia documental de la interpretación bíblica en el Antiguo Testamento cuando Esdras, fiel sacerdote judío, leyó públicamente al pueblo reunido en asamblea, “en el libro de la ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido para que comprendieran la escritura”. Según la tradición, los judíos que retornaron del cautiverio babilónico hablaban arameo, y se vieron en la necesidad de acceder a los textos que constituían las Sagradas Escrituras de su religión, conocidas como Halajá (la Ley de Moisés), que estaban escritas en hebreo; de modo que los levitas (que cumplían la función sacerdotal) hacían la traducción e interpretación del hebreo al arameo, procurando conservar el sentido correcto de la ley.

En adición, en el Nuevo Testamento aparecen numerosos ejemplos de interpretación del Antiguo Testamento, algunos supuestamente realizados por el propio Jesús, al que se requiere explícitamente para ello; otras por los redactores de los Evangelios, para encontrar el “cumplimiento de las Escrituras” en los hechos de la vida de Jesús; y otras por los redactores de las Epístolas, para dar orientaciones a las primeras comunidades cristianas. Es necesario señalar que los grados del enfoque de la interpretación de los textos bíblicos varía, ya sea éste desde el punto de vista de la religión judía, católica o protestante. La fe judía entiende que la revelación divina se realizó mediante dos vertientes complementarias: la escrita, la Tanaj, y la oral. Es, se podría decir, una revelación que fluye articuladamente en función del propio sentido orgánico de una revelación a la que se le puede realizar una hermenéutica abierta. El caso católico es distinto porque aparte de que la religión católica no tiene el sentido étnico judío, sino universalista, con lo que esto repercute en su apreciación del significado de los textos bíblicos, el catolicismo hace de la tradición de la Iglesia ("doctores tiene la Santa Madre Iglesia") el árbitro y maestro del sentido de las Sagradas Escrituras, que serán, en definitiva, complemento de las decisiones finales de los prelados católicos, con el papa a la cabeza, a quien se le reserva la prerrogativa de la infalibilidad. Es, la católica, una hermenéutica bíblica complementaria a la tradición de la Iglesia. Los protestantes, por el contrario, ciñen la interpretación de los documentos bíblicos exclusivamente a los propios textos que componen la Biblia. "Scriptura Scripturae Interpres" (La Biblia se interpreta a sí misma) es su punto de partida hermenéutico del que las iglesias protestantes, en general, dependen ya que entienden, como dogma de fe, que la revelación divina del Dios de Israel en Cristo, está compendiada exclusivamente en los sesenta y seis textos que componen sus biblias.

Hermenéutica bíblica judía
Las formas tradicionales de hermenéutica o exégesis en el judaísmo aparecen a través de la literatura rabínica, que incluye el Mishná, los dos Talmudes y la literatura midrash.

Los exégetas o hermeneutas judíos reciben el título de mefarshim (comentadores). El Midrash forma una exposición de la exégesis bíblica del Torá y sus párrafos relacionados con la Ley, que también es un objeto de análisis. La Halajá comprende una exégesis de la Ley escrita. La Agadá es una exégesis de partes del Torá no conectadas a la Ley. El Mikra comprende el estudio exegético de la Torá, los Nevi'im (“profetas”) y los Ketuvim (“escritos”), las tres divisiones de la Biblia hebrea (no idéntica a lo que los cristianos llaman Antiguo Testamento). La Mesorá es la exégesis que determinó las reglas y principios que gobiernan los textos bíblicos. La redacción del Talmud resulta de estudios exegéticos, y el Talmud en sí se ha convertido en objeto de estudio y análisis. La exégesis judía no terminó con la redacción del Talmud; continuó durante el resto de la Edad Antigua, la Edad Media y el Renacimiento. En el siglo XVII Baruch Spinoza (que fue expulsado de la comunidad judía de Ámsterdam por su racionalismo filosófico) fue uno de los precursores de la hermenéutica bíblica moderna.

En el judaísmo la hermenéutica o exégesis sigue siendo objeto de estudio hoy en día, pues se considera una herramienta importante en el entendimiento de las Escrituras. En cada comunidad judía de cualquier parte del mundo hay centros para estudios exegéticos.

Hermenéutica bíblica cristiana
Edad Antigua
Entre los exégetas antiguos se cita a:
  • Orígenes (185-254),
  • Juan Crisóstomo (347-407),
  • Teodoreto de Ciro (393-458),
  • Hilario (c. 410-468),
  • Ambrosio de Milán (340-397) y, principalmente,
  • Jerónimo de Estridón (340-420).
Estos nos dan una idea de la interpretación bíblica durante el primer medio siglo después de la muerte del apóstol Juan. Las fuentes de ese período son los escritos de los primeros líderes de la iglesia como Clemente de Roma, Ignacio, Policarpo y un escritor seudónimo que se llama a sí mismo Bernabé. ​Los padres apostólicos usaron varios métodos de interpretación. En ocasiones utilizaron la tipología para relacionar el Antiguo con el Nuevo Testamento.​ Por ejemplo: en la Epístola de Bernabé se mencionan dos pasajes del Antiguo Testamento como tipos de la cruz de Cristo, los brazos extendidos de Moisés, que dieron la victoria de Israel sobre Amalec (Éx. 17.8ss) y la serpiente de bronce (Nm. 21, comparar con Jn. 3.14). El escritor trata de mostrar que ambos tipos enseñan que no hay ninguna esperanza de salvación fuera de Jesús.​

Edad Media
En la Edad Media, la exégesis estuvo representada por:
  • Gregorio Magno (540-604),
  • Bernardo de Claraval (1090-1153),
  • Buenaventura de Fidanza (1218-1274),
  • Alberto Magno (1193/1206–1280) y
  • Tomás de Aquino (1225-1274).
Edad Moderna
En la Edad Moderna, con el humanismo del Renacimiento y, sobre todo desde el siglo XVI a ejemplo de Lutero, salieron a la palestra infinidad de intérpretes racionalistas de la Biblia que fueron contrarrestados entre otros por los católicos Cornelio a Lapide (1567-1637) y Dom Calmet (1672-1757). Desde los siglos XVII y XVIII se aplica la hermenéutica a una interpretación objetiva y comprensible de la Biblia. Esta pretende indagar en el contexto histórico bíblico, y en su connotación, pertinencia y relevancia, teniendo en cuenta el ámbito actual. Esta rama de la hermenéutica intenta trazar un puente de comprensión entre el pasaje bíblico (palabra escrita) y la realidad presente. La hermenéutica bíblica siempre respeta el sentido histórico y literario del texto, pero abre las puertas para una interpretación sólida y pertinente, sin violentar lo que se quiso decir inicialmente.

Pero el origen de los estudios hermenéuticos se encuentra realmente en la teología cristiana, donde la hermenéutica tiene por objeto fijar los principios y normas que han de aplicarse en la interpretación de los libros sagrados de la Biblia, que, como revelados por Dios pero compuestos por hombres, poseían dos significados distintos: el literal y el espiritual, este último dividido en tres: el anagógico, el alegórico y el moral: 
  1. El sentido literal es el significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis filológica que sigue las reglas de la justa interpretación. Todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el sentido literal. 
  2. El sentido espiritual, infuso por Dios en el hombre según la creencia cristiana, da un sentido religioso suplementario a los signos, dividido en tres tipos diferentes:
      1. El sentido alegórico, por el que es posible a los cristianos adquirir una comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significación en Cristo; de esa manera el paso del mar Rojo simboliza la victoria de Cristo y el bautismo.
      2. El sentido moral, por el cual los acontecimientos narrados en la Escritura pueden conducir a un obrar justo; su fin es la instrucción.
     3. El sentido anagógico (o sentido místico) por el cual los santos pueden ver realidades y acontecimientos de una significación eterna, que conduce (en griego anagogue) a los cristianos hacia la patria celestial. Así, la Iglesia en la tierra (Iglesia militante) es signo de la Jerusalén celeste (Iglesia triunfante).

El paso del siglo XVIII al XIX ofrece en las "Ciencias Eclesiásticas" de Juan Andrés, en el marco de la tardía Ilustración cristiana, la síntesis madura de la Hermenéutica bíblica junto a la Teología.

Edad Contemporánea
En la Edad Contemporánea, dentro del catolicismo el Concilio Vaticano II indicó criterios para una interpretación de la Sagrada Escritura conforme al Espíritu que la ha inspirado:
  • Unidad de toda la Escritura.
  • Leer la Escritura en el contexto de la tradición viva de toda la Iglesia.
  • La analogía de la fe, es decir, la cohesión de las verdades de fe individuales entre ellas y con el plano completo de la Revelación.
Narración de la creación del Génesis
mito de la creación tanto del judaísmo como del cristianismo
La narración de la creación del Génesis es la cosmogonía tanto del judaísmo como del cristianismo. Dos historias de creación se encuentran en los primeros dos capítulos del Libro del Génesis, en la primera (Génesis 1:1-2:3), Elohim, palabra hebrea genérica para Dios, crea los cielos y la tierra en seis días, luego descansa, bendice y santifica el séptimo; en la segunda historia (Génesis 2:4-2:24), Dios, al que ahora se hace referencia por el nombre propio YHWH, crea a Adán, el primer humano, del polvo y lo coloca en el Jardín del Edén, donde se le da el dominio sobre los animales. Eva, la primera mujer, es creada de Adán y es su compañera.

Expone temas paralelos a los de la mitología mesopotámica, pero enfatizándolos a la creencia del pueblo israelita en un solo Dios. El primer gran borrador completo del Pentateuco (la serie de cinco libros que comienza con Génesis y termina con el Deuteronomio) fue compuesto a finales del siglo VII a. C. o en del siglo VI a. C. (la fuente yahvista) y luego fue expandido por otros autores (la fuente sacerdotal) en una obra muy similar a la que tenemos hoy.​ Las dos fuentes se pueden identificar en la narrativa de la creación: Génesis 1:1-2:3 es sacerdotal y Génesis 2:4-2:24 es yahvista.​ La narrativa combinada es una crítica de la teología mesopotámica de la creación: el Génesis afirma el monoteísmo y niega el politeísmo.​ Robert Alter describió la narración combinada como «convincente en su carácter arquetípico, su adaptación del mito a fines monoteístas».

El malentendido del género de la narración de la creación del Génesis, es decir, la intención de los autores y la cultura dentro de la cual escribieron, puede dar como resultado una lectura incorrecta. Bruce Waltke, un conocido erudito evangélico, advierte contra la que considera una de esas lecturas erróneas, el enfoque que lo lee como historia en lugar de teología y por lo tanto conduce al creacionismo y la negación de la evolución.​ Como señaló el experto en estudios judíos, Jon D. Levenson:

¿Cuánta historia hay detrás de la narración del Génesis? Porque la acción de la narración primitiva no se representa como si tuviera lugar en el plano de la historia humana ordinaria y tiene tantas afinidades con la mitología antigua, es muy exagerado hablar de sus narrativas como históricas en absoluto.

Con todo, es de notar que los primeros cristianos y los judíos contemporáneos eran creacionistas. Como escribió Orígenes de Alejandría: [Celso] presta fe a las historias de los bárbaros y de los griegos, respetando la historia antigua de aquellas naciones cuando habla de ellas. Pero juzga como falsa la historia de únicamente esta nación [Israel]. ... Observen pronto, pues, el proceder arbitrario de este hombre, quien cree las historias de aquellas naciones a base de su erudición, y condena a otras como ignorantes. ... Parece, pues, no ser del amor a la verdad, sino de un espíritu de odio, que Celso hace estas declaraciones, su propósito siendo el despreciar el origen del cristianismo, el cual se relaciona con el judaísmo. ... Los egipcios cuando cuentan jactanciosamente sus relatos de la divinidad de los animales, se deben considerar sabios. Pero si algún judío, quien ha dado a entender su amor a la ley y al Legislador, atribuye todo al Creador del universo—y al único Dios—a él, en la opinión de Celso y sus semejantes, se le tiene por inferior. Orígenes, Against celso, tomo 1, capítulos 14-20.

Composición
Creación por palabra versus creación por combate
Las narraciones en Génesis 1 y 2 no fueron los únicos mitos de creación en el antiguo Israel, y la evidencia bíblica completa sugiere dos modelos contrastantes.​ El primero es el modelo de «logos» (que significa palabra), donde un Dios supremo «habla» a la materia dormida en existencia. El segundo es el modelo «agón» (que significa lucha o combate), en el cual es la victoria de Dios en la batalla sobre los monstruos del mar lo que marca su soberanía y poder. Génesis 1 es un ejemplo de creación por palabra, mientras que Salmos 74 e Isaías 51:9-10 son ejemplos de la mitología «agón», que recuerda un mito cananeo en el que Dios crea el mundo al vencer a las deidades del agua: «Despiértate, despiértate [...] ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón? ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos?».

Génesis 1:1-2:3
Fondo
El cosmos creado en Génesis 1:1-2:3 tiene un parecido sorprendente con el Tabernáculo en Éxodo 35-40, que fue el prototipo del Templo en Jerusalén y el centro de la adoración sacerdotal de YHWH; por esta razón, y debido a que otras historias de la creación de Oriente Medio también culminan con la construcción de un templo/casa para el dios creador, Génesis 1 puede interpretarse como una descripción de la construcción del cosmos como la casa de Dios, para lo cual el Templo en Jerusalén sirvió como representante terrenal.

La palabra bara se traduce como «creó» en español, y los eruditos generalmente aceptan que ese era el significado del término hebreo. No obstante, John Walton afirma que el concepto que encarnaba no era el mismo que el término moderno: en el mundo del antiguo Oriente Próximo, los dioses demostraban su poder sobre el mundo no creando materia sino fijando destinos, de modo que la esencia del bara que Dios realiza en Génesis concierne a traer «los cielos y la tierra» (una frase establecida que significa «todo») a la existencia organizando y asignando roles y funciones.

El uso de los números en los textos antiguos era a menudo numerológico más que fáctico, es decir, los números se usaban porque tenían algún valor simbólico para el autor. El número 7, que denota la terminación divina, impregna Génesis 1: el versículo 1:1 consta de 7 palabras; el versículo 1:2, de 14; 2:1-3 tiene 35 palabras (5x7); Elohim se menciona 35 veces; «cielos/expansión» y «tierra», 21 veces cada uno; y las frases «y fue así» y «vio Dios que era bueno» ocurren 7 veces cada una.

Pre-creación: Génesis 1:1–2
1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. –Génesis 1:1-2

Aunque la frase inicial de Génesis 1:1 se traduce comúnmente como está escrito arriba, el hebreo es ambiguo y se puede traducir al menos de tres maneras:
  1. como una declaración de que el cosmos tuvo un comienzo absoluto («En el principio creó Dios los cielos y la tierra»),
  2. como una declaración que describe la condición del mundo cuando Dios comenzó a crear («Cuando en el principio creó Dios los cielos y la tierra, la tierra era indomable e informe»); y
  3. tomando todo Génesis 1:2 como información de fondo («Cuando en el principio creó Dios los cielos y la tierra, siendo la tierra indomable e informe, Dios dijo: ¡Hágase la luz!»).
Según Walton, el segundo parece ser el significado pretendido por el autor sacerdotal original: el verbo bara se usa solo para Dios (la gente no participa en el bara), y se refiere a la asignación de roles, como en la creación de las primeras personas como «masculino» y «femenino» (es decir, les asigna sexos): en otras palabras, el poder de Dios se muestra no por la creación de la materia, sino por la fijación de los destinos. Otros eruditos, como John Day, consideran que Génesis 1:1 describe la creación inicial del cosmos.

Los cielos y la tierra son una expresión idiomática que significa «todo», es decir, el cosmos. En las cosmogonías del antiguo Oriente Próximo, éste estaba compuesto de tres niveles: la tierra habitable en el medio, los cielos arriba, un inframundo abajo, todo rodeado por un «océano» acuoso de caos como el Tiamat babilónico.​ La tierra misma era un disco plano, rodeado de montañas o mar. Sobre ella estaba el firmamento o expansión, una cúpula transparente pero sólida que descansaba sobre las montañas, permitiendo a los hombres ver el azul de las aguas de arriba, con «ventanas» para permitir la entrada de la lluvia, y que contenía el sol, la luna y las estrellas. Las aguas se extendían debajo de la tierra, que descansaba sobre pilares hundidos en las aguas, y en el inframundo estaba el Seol, la morada de los muertos.

La apertura de Génesis 1 continúa: «Y la tierra estaba desordenada y vacía [...]». La frase «desordenada y vacía» es una traducción del hebreo tohu va-bohu, (hebreo: תֹהוּ וָבוה), caos; la condición que bara, ordenamiento, remedia. Tohu en sí mismo significa «vacío, inutilidad», se usa para describir el desierto del desierto; bohu no tiene ningún significado conocido, aunque parece estar relacionado con la palabra árabe bahiya («estar vacío»), y aparentemente fue acuñado para rimar con y fortalecer a tohu.​ La frase también aparece en Jeremías 4:23, donde el profeta advierte a Israel que la rebelión contra Dios conducirá al regreso de la oscuridad y el caos, «la tierra [...] que estaba asolada y vacía».

La apertura de Génesis 1 concluye con una declaración de que «las tinieblas estaban sobre la faz del abismo» (hebreo: תְהוֹםk tehôm); las «tinieblas» y el «abismo» son dos de los tres elementos del caos representado en tohu va-bohu (el tercero es la «tierra desordenada»). En el Enuma Elish, el «abismo» se personifica como la diosa Tiamat, la enemiga de Marduk;​ aquí está el cuerpo sin forma de agua primitiva que rodea el mundo habitable, que luego será liberado durante el Diluvio, cuando «fueron rotas todas las fuentes del grande abismo» de las aguas debajo de la tierra y de las «cataratas» del cielo.

La ruaj de Elohim se mueve sobre la faz del abismo antes de que comience la creación. Ruaj (רוּחַ) tiene los significados «viento, espíritu, aliento», y elohim puede significar «grande» como también «dios»: la ruaj elohim puede significar el «viento/aliento de Dios» (el viento de la tormenta es el aliento de Dios en Salmos 18:16 y en otros lugares, y el viento de Dios regresa en la historia del Diluvio como el medio por el cual Dios restaura la tierra), o el «espíritu» de Dios, un concepto que es algo vago en la Biblia hebrea, o simplemente significa un gran viento de tormenta.

Seis días de la Creación: Génesis 1:3–2:3
El primer acto de Dios fue la creación de luz indiferenciada; la oscuridad y la luz se separaron en noche y día, su orden (antes de la mañana) significaba que ese era el día litúrgico; y luego se crearon el sol, la luna y las estrellas para marcar los tiempos adecuados para los festivales de la semana y el año. Solo cuando esto se hace Dios crea al hombre y la mujer y los medios para sostenerlos (plantas y animales). Al final del sexto día, cuando se completa la creación, el mundo es un templo cósmico en el cual el papel de la humanidad es la adoración a Dios. Esto es paralelo al mito mesopotámico (el Enuma Elish) y también se hace eco del capítulo 38 del Libro de Job, donde Dios recuerda cómo cantaban las estrellas, los «hijos de Dios», cuando se colocaba la piedra angular de la creación.

Primer día
3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. –Génesis 1:3-5

El día 1 comienza con la creación de la luz (y, por implicación, el tiempo). Dios crea mediante un comando hablado y nombra los elementos del mundo a medida que los crea. En el antiguo Oriente Próximo, el acto de nombrar estaba ligado al acto de crear: así, en la literatura egipcia, el dios creador pronunció los nombres de todo, y el Enûma Elish comienza en el punto donde nada ha sido nombrado aún. La creación de Dios mediante la palabra también sugiere que se lo compara con un rey, que simplemente tiene que hablar para que las cosas sucedan.

Segundo día
6 Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. 8 Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo. –Génesis 1:6-8

Rāqîa, la palabra traducida como expansión, proviene de rāqa, el verbo utilizado para el acto de golpear el metal en placas delgadas. Creado en el segundo día de la creación y poblado por luminarias en el cuarto, es una cúpula sólida que separa la tierra debajo del cielo y sus aguas arriba, como en la creencia egipcia y mesopotámica de ese mismo tiempo. En Génesis 1:17, las estrellas se establecen en la raqia'; en la mitología babilónica, los cielos estaban hechos de varias piedras preciosas (compare con Éxodo 24:10, donde los ancianos de Israel ven a Dios en el embaldosado de zafiro del cielo), con las estrellas incrustadas en su superficie. Según la leyenda judía, el segundo día es también el día de la creación del infierno. Por lo tanto, no se podía decir del día como de los demás, que «vio Dios que era bueno».

Tercer día
9 Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. 10 Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. 11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. 12 Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. 13 Y fue la tarde y la mañana el día tercero. –Génesis 1:9-13

En el tercer día, las aguas se retiran, creando un anillo de océano que rodea un único continente circular. Al final del tercer día, Dios ha creado un ambiente fundacional de luz, cielos, mar y tierra.​ Luego, los tres niveles del cosmos se pueblan en el mismo orden en el que fueron creados: cielos, mar, tierra. Dios no crea ni hace árboles y plantas, sino que ordena a la tierra que los produzca. El significado teológico subyacente parece ser que Dios le ha dado a la tierra previamente estéril la capacidad de producir vegetación, y ahora lo hace a su orden. «Según su género» parece esperar las leyes que se encuentran más adelante en el Pentateuco, que ponen gran énfasis en la santidad a través de la separación.

Cuarto día
14 Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, 15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. 16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. 17 Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, 18 y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. 19 Y fue la tarde y la mañana el día cuarto. –Génesis 1:14-19

El cuarto día se introduce el lenguaje de «señorío»: los cuerpos celestes «señorearán» día y noche y marcarán las estaciones, años y días (una cuestión de crucial importancia para los autores sacerdotales, ya que las festividades religiosas se organizaron en torno a los ciclos del sol y luna); más tarde, el hombre será creado para gobernar sobre toda la creación como el regente de Dios. Dios pone «lumbreras» en el firmamento para «señorear» el día y la noche. Específicamente, Dios crea la «lumbrera mayor», la «lumbrera menor» y las estrellas. Según Victor Hamilton, la mayoría de los estudiosos coinciden en que la elección de «lumbrera mayor» y «lumbrera menor», en lugar de los más explícitos «sol» y «luna», es una retórica antimitológica destinada a contradecir las creencias contemporáneas generalizadas de que el sol y la luna eran deidades en sí mismas.

Quinto día
20 Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. 21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. 22 Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. 23 Y fue la tarde y la mañana el día quinto. –Génesis 1:20-23

En las mitologías egipcia y mesopotámica, el dios creador tiene que luchar con los monstruos marinos antes de poder construir el cielo y la tierra; en Génesis 1:21, la palabra tannin, a veces traducida como «monstruos marinos» o «grandes criaturas», es paralela a los llamados monstruos del caos Rahab y Leviatán de Salmos 74:13, Isaías 27:1 e Isaías 51:9, pero no hay ninguna pista (en Génesis) de combate, y los tannin son simplemente criaturas creadas por Dios.

Sexto día
24 Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. 25 E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. 26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. 30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. 31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. –Génesis 1:24-31

Cuando en Génesis 1:26 Dios dice «hagamos al hombre», la palabra hebrea que se usa es adam; de esta forma es un sustantivo genérico, «humanidad», y no implica que esta creación sea masculina. Después de esta primera mención, la palabra siempre aparece como ha-adam, «el hombre», pero como Génesis 1:27 muestra («Y creó Dios al hombre a su [propia] imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó»), la palabra todavía no es exclusivamente masculina.

El hombre fue creado a la «imagen de Dios». El significado de esto no está claro; las sugerencias incluyen:
  1. Tener las cualidades espirituales de Dios tales como el intelecto, la voluntad, etc.;
  2. Tener la forma física de Dios;
  3. Una combinación de estos dos;
  4. Siendo la contraparte de Dios en la tierra y capaz de entrar en una relación con él;
  5. Ser representante de Dios o virrey en la tierra.
El hecho de que Dios diga «Hagamos al hombre [...]» ha dado lugar a varias teorías, de las cuales las dos más importantes son que «Hagamos» es plural mayestático,​ o que refleja un escenario en un concilio divino con Dios entronizado como rey y proponía la creación de la humanidad a los seres divinos inferiores.

Dios le dice a los animales y a los humanos que les ha dado «toda planta verde [...] para comer»; la creación es ser vegetariano. Solo más tarde, después del Diluvio, el hombre recibe permiso para comer carne. El autor sacerdotal del Génesis parece mirar hacia atrás a un pasado ideal en el que la humanidad vivía en paz tanto consigo misma como con el reino animal, y que podía ser re-lograda a través de una vida sacrificial adecuada en armonía con Dios.

Al finalizar, Dios ve que «todo lo que había hecho [...] era bueno en gran manera» (Génesis 1:31). Esto implica que los materiales que existían antes de la Creación («tohu va-bohu», «oscuridad», «tehom») no eran «buenos en gran manera». Israel Knohl hipotetizó que la fuente sacerdotal estableció esta dicotomía para mitigar el problema del mal.

Séptimo día: descanso divino
1 Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. 2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. 3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. –Génesis 2:1-3

La creación es seguida de descanso. En la antigua literatura del Cercano Oriente, el descanso divino se logra en un templo como resultado de haber llevado al orden el caos. El descanso es a la vez desvinculación, ya que el trabajo de la creación ha terminado, pero también el compromiso, ya que la deidad está ahora presente en su templo para mantener un cosmos seguro y ordenado.​ Compárese con Éxodo 20:8-11: «Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Dios tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Dios los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Dios bendijo el día de reposo y lo santificó». 

Génesis 2:4–2:25
Génesis 2–3, la historia del Jardín del Edén, probablemente fue escrita alrededor del año 500 a. C. como «un discurso sobre los ideales en la vida, el peligro en la gloria humana y la naturaleza fundamentalmente ambigua de la humanidad, especialmente las facultades mentales humanas».​ El Jardín en el que tiene lugar la acción se encuentra en la frontera mitológica entre los mundos humano y divino, probablemente al otro lado del océano cósmico, cerca del borde del mundo; siguiéndome encantan los un concepto antiguo tradicional del Cercano Oriente, el río Edén primero forma ese océano y luego se divide en cuatro ríos que corren desde los cuatro rincones de la tierra hacia su centro.​ Inicia «en el día en que YHWH Elohim hizo la tierra y los cielos», una introducción similar a las que se encuentran en los mitos babilónicos.​ Antes de que el hombre sea creado, la tierra es un desperdicio estéril regado por un ’êḏ (אד); la versión Reina–Valera de Génesis 2:6 tradujo esto como «vapor» siguiendo la práctica judía pero, desde mediados del siglo XX, los hebraístas generalmente han aceptado que el verdadero significado es «manantial de agua subterránea».

En Génesis 1, la palabra característica para la actividad de Dios es bara, «crear»; en Génesis 2 la palabra usada cuando crea al hombre es yatsar (ייצר, yîṣer), que significa «formar», una palabra usada en contextos tales como un alfarero que forma una olla de barro.[53]​ Dios respira su propio aliento en el barro y se convierte en nefesh (נֶ֫פֶשׁ), una palabra que significa «vida», «vitalidad», «la personalidad viva»; el hombre comparte nefesh con todas las criaturas, pero el texto describe este acto vivificante de Dios solo en relación con el hombre. Edén, donde Dios pone su Jardín del Edén, proviene de una raíz que significa «fertilidad»: el primer hombre debe trabajar en el jardín milagrosamente fértil de Dios.​ El «árbol de la vida» es un motivo del mito mesopotámico: en la Epopeya de Gilgamesh (c. 1800 a. C.) al héroe se le da una planta cuyo nombre es «el hombre se vuelve joven en la vejez», pero una serpiente le roba la planta. Existe mucha discusión académica sobre el tipo de conocimiento dado por el segundo árbol. Las sugerencias incluyen: cualidades humanas, conciencia sexual, conocimiento ético o conocimiento universal; siendo el último el más aceptado.​ En el Edén, la humanidad tiene la opción de elegir entre la sabiduría y la vida, y elige la primera, aunque Dios le propuso para la segunda.

El mítico Edén y sus ríos pueden representar la verdadera Jerusalén, el Templo y la Tierra Prometida. Edén puede representar el jardín divino en Sion, la montaña de Dios, que también era Jerusalén; mientras que el verdadero Gihón era un manantial fuera de la ciudad (reflejando el manantial que riega el Edén); y las imágenes del Jardín, con su serpiente y sus querubines, se han visto como un reflejo de las imágenes reales del Templo de Salomón con su serpiente de cobre (el nehushtán) y sus querubines guardianes. Génesis 2 es el único lugar en la Biblia donde el Edén aparece como una ubicación geográfica: en otros lugares (especialmente en el Libro de Ezequiel) es un lugar mitológico ubicado en la montaña sagrada de Dios, con ecos de un mito mesopotámico del rey como hombre primordial colocado en un jardín divino para proteger el árbol de la vida.

«Bien y mal» es un merismo, en este caso significa simplemente «todo», pero también puede tener una connotación moral. Cuando Dios prohíbe al hombre comer del árbol del conocimiento, dice que si lo hace está «condenado a morir»: el hebreo detrás de esto está en la forma utilizada en la Biblia para emitir sentencias de muerte.

La primera mujer fue creada para ser ezer kenegdo (עזר כנגדו ‘êzer kəneḡdō), un término notablemente difícil de traducir, para el hombre. Kəneḡdō significa «al lado, opuesto, una contraparte de él», y ‘êzer significa intervención activa en nombre de la otra persona.​ El nombramiento de Dios de los elementos del cosmos en Génesis 1 ilustra su autoridad sobre la creación; ahora el nombramiento del hombre de los animales (y de Mujer) ilustra la autoridad de Adán dentro de la creación. La mujer es llamada ishah (אשה ’iš-šāh), «Mujer (Varona)», con una explicación de que esto se debe a que fue tomada de ish (אִישׁ, ’îš), que significa «Varón»; aunque en realidad, las dos palabras no están conectadas. Más tarde, una vez completada la historia del Jardín, recibe un nombre: Ḥawwāh (חוה, Eva). Esto significa «vivir» en hebreo, de una raíz que también puede significar «serpiente».​ La palabra traducida tradicionalmente como «costilla» también puede significar «lado», «aposento» o «viga».[66]​ Una antigua tradición exegética sostiene que el uso de una costilla del lado del hombre enfatiza que tanto el varón como la mujer tienen la misma dignidad, ya que la mujer fue creada del mismo material que el varón, moldeada y dotada de vida por los mismos procesos.

Creacionismo y el género de la narrativa de la creación
El significado que se derivará de la narrativa de la creación del Génesis dependerá de la comprensión del lector de su género, el «tipo» literario al que pertenece: «hace una enorme diferencia si los primeros capítulos del Génesis se leen como cosmología científica, mito de la creación o saga histórica». La mala interpretación del género del texto, es decir, la intención del autor/autores y la cultura dentro de la cual escribieron, dará lugar a una lectura errónea. El erudito evangélico reformado Bruce Waltke advierte contra uno de esos malentendidos, el enfoque «literal rígido» que conduce a la «ciencia de la creación» y tales «interpretaciones inverosímiles» como la «teoría de la brecha», la presunción de una «tierra joven» y la negación de evolución.​ Otro erudito, Conrad Hyers, resume el mismo pensamiento en estas palabras: «Una interpretación literal de los relatos del Génesis es inapropiada, engañosa e inviable [porque] presupone e insiste en un tipo de literatura e intención que no existe».

Sea lo que sea, Génesis 1 es un «relato», ya que presenta el personaje y su caracterización, un narrador y una tensión dramática expresada a través de una serie de incidentes organizados en el tiempo. El autor sacerdotal de Génesis 1 tuvo que enfrentar dos dificultades principales. Primero, está el hecho de que dado que solo Dios existe en este punto, nadie estaba disponible para ser el narrador; el narrador resolvió esto presentando un discreto «narrador en tercera persona». En segundo lugar, estaba el problema del conflicto: el conflicto es necesario para despertar el interés del lector en la historia, pero sin nada más existente, ni un monstruo del caos ni otro dios, no puede haber ningún conflicto. Esto se resolvió creando una tensión muy mínima: a Dios se le opone la nada misma, el espacio en blanco de la tierra «sin forma y vacía». Contar la historia de esta manera fue una elección deliberada: hay una serie de historias de creación en la Biblia, pero tienden a ser contados en primera persona: por Sabiduría, el instrumento por medio del cual Dios creó el mundo; la elección de un narrador omnisciente en tercera persona en la narrativa del Génesis permite al narrador crear la impresión de que todo se está contando y que nada se detiene. También puede considerarse como historia antigua, «parte de un espectro más amplio de narraciones antiguas del Oriente Próximo originalmente anónimas, similares a la historia». Frecuentemente se le denomina mito en los escritos académicos, pero no hay acuerdo sobre cómo se debe definir el «mito»: Brevard Childs sugirió que el autor de Génesis 1–11 «desmitificó» su narrativa, lo que significa que eliminó de sus fuentes (los mitos babilónicos) aquellos elementos que no encajaban con su propia fe; otros autores señalan que la narrativa es completamente mítica.

Génesis 1–2 puede analizarse como ciencia antigua: en palabras de E.A. Speiser, «sobre el tema de la creación, la tradición bíblica se alineó con los principios tradicionales de la ciencia babilónica». Las palabras iniciales de Génesis 1, «En el principio Dios creó los cielos y la tierra», resumen la creencia del autor de que YHWH, el dios de Israel, era el único responsable de la creación y no tenía opositores. Los pensadores judíos posteriores, adoptando ideas de la filosofía griega, concluyeron que la Sabiduría, la Palabra y el Espíritu de Dios penetraron todas las cosas y les dieron unidad.​ El cristianismo a su vez adoptó estas ideas e identificó a Jesús como la palabra creadora: «En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios».

Cuando los judíos entraron en contacto con el pensamiento griego, esto condujo a una importante reinterpretación de la cosmología subyacente de la narrativa del Génesis. Los autores bíblicos concibieron el cosmos como una Tierra plana en forma de disco en el centro, un inframundo para los muertos de abajo y el cielo de arriba.​ Debajo de la Tierra estaban las «aguas del caos», el mar cósmico, hogar de monstruos míticos derrotados y muertos por Dios; en Éxodo 20:4, Dios advierte contra hacer una imagen de cualquier cosa ubicada «en las aguas debajo de la tierra». También había aguas sobre la Tierra, por lo que la raqia (firmamento), un cuenco sólido, era necesario para evitar que inundaran el mundo.[80]​ Durante el período helenístico, esto fue reemplazado en gran medida por un modelo más «científico» como lo imaginaban los filósofos griegos, según el cual la Tierra era una esfera en el centro de las capas concéntricas de esferas celestes que contienen el sol, la luna, las estrellas y los planetas.

La idea de que Dios creó el mundo de la nada (creatio ex nihilo) es fundamental hoy en día para el judaísmo, el cristianismo y el islam; de hecho, el filósofo judío medieval Maimónides sintió que era el único concepto que las tres religiones compartían,​ pero no se encuentra directamente en Génesis, ni en toda la Biblia hebrea. Según Walton, los autores sacerdotales de Génesis 1 no estaban interesados en los orígenes de la materia (el material que Dios formó en el cosmos habitable), sino en la asignación de roles para que el cosmos funcionara.​ John Day, sin embargo, considera que Génesis 1 proporciona claramente un relato de la creación del universo material.​ Aun así, la doctrina todavía no había sido plenamente desarrollada a principios del siglo II, aunque los primeros eruditos cristianos comenzaban a ver una tensión entre la idea de la formación del mundo y la omnipotencia de Dios; a principios del siglo III se resolvió esta tensión: la formación del mundo fue superada y la creación ex nihilo se convirtió en un principio fundamental de la teología cristiana. ​Es interesante también advertir que dichos relatos bien pudieron ser gestados en épocas muy disímiles. El primer relato llamado anteriormente "del logos" por la creación de la nada del mundo a través de la palabra, pertenece a una época más reciente que el segundo relato caracterizado por la creación de materia preexistente (barro) y que con el aliento le otorga el hálito vital (al hombre). Este último relato posiblemente es más antiguo que el primero. Es interesante advertir que en este ùltimo la imagen de un Dios-alfarero, propia de la época patriarcal, nómades por el desierto. En cambio el primer relato corresponde a un Dios-Rey Monarca, propio de la época en donde el pueblo de Israel tuvo experiencia histórica de la monarquía con Saúl, David y Salomón.

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