Apologetica-Teologia-Ciencias Biblicas

Filipenses 1:27 Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,

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lunes, 10 de junio de 2019

El Luteranismo I: Origen

La Rosa de Lutero, símbolo del luteranismo

Luteranismo
movimiento religioso del protestantismo, basado en las enseñanzas de Martín Lutero

El luteranismo es una de las principales ramas del cristianismo, que se identifica con la teología de Martín Lutero (1483-1546), un reformador doctrinario, teólogo y fraile alemán.

Los intentos de Lutero de reformar la teología y las prácticas de la Iglesia católica dieron pie a la reforma luterana en las zonas germanoparlantes del Sacro Imperio Romano. Tras la publicación de las 95 tesis en 1517, los escritos de Lutero se difundieron a escala internacional gracias a la recién inventada imprenta, al margen de la influencia y control de la curia romana ni del Sacro Emperador. Tras la Dieta de Worms de 1521, la separación absoluta entre luteranos y católicos se hizo pública y clara: los edictos de la Dieta condenaron a Lutero y a sus ideas y prohibieron a los ciudadanos del Sacro Imperio Romano la propagación o defensa de las ideas luteranas.​ Los principales temas de disensión eran dos: el origen de la autoridad en la iglesia (el principio formal), y la doctrina de la justificación, frecuentemente llamada el principio material.

El luteranismo cree en la justificación solamente por la gracia, que se obtiene solamente mediante la fe. Los luteranos creen que el cristianismo, en cuestiones de fe y doctrina (no así de liturgia u otros asuntos, en los que apela a la Tradición) se basa solamente en la Escritura, es decir, que la Biblia es la autoridad suprema en todas las cuestiones relativas a la doctrina cristiana, dejando a la sagrada Tradición sujeta a la Escritura. A diferencia de los luteranos, la Iglesia católica define que la autoridad doctrinal proviene tanto de la Biblia como de la Sagrada Tradición.​ El luteranismo acepta las resoluciones de los siete primeros concilios ecuménicos. Según las Confesiones de Augsburgo, uno de los principales credos luteranos, «la fe confesada por Lutero y sus seguidores no es nada nuevo, sino que es la verdadera fe católica, y sus iglesias representan la verdadera iglesia católica o universal». Los luteranos que presentaron las Confesiones de Augsburgo al emperador Carlos V creían que todos sus artículos de fe y prácticas litúrgicas eran fieles a la Biblia, pero también a las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y a los concilios ecuménicos.

La Federación Mundial Luterana es la principal comunión de iglesias luteranas y representa a más de 74 millones de personas. También existen otras organizaciones internacionales, como el Concilio Luterano Internacional, el cual es un sínodo formado por iglesias meramente confesionales y conservadoras, o la Conferencia Luterana Evangélica Confesional. Además, algunas iglesias luteranas se organizan de forma independiente y autónoma.

Surgimiento
Algunos luteranos consideran el 31 de octubre de 1517 como el día de surgimiento de esta rama del cristianismo, fecha en la que se colocaron las noventa y cinco tesis sobre las indulgencias en la puerta de la "Iglesia de Todos los Santos" en Wittenberg, Alemania.

No obstante, cabe destacar que Lutero, personalmente, no fundó la Iglesia luterana como una institución, ni planeaba que sus enseñanzas derivaran en una nueva confesión cristiana. Por el contrario, expresó, con sus propias palabras, su deseo de que eso no ocurriera, cuando declaró: «Ruego por que dejen mi nombre en paz. No se llamen así mismos 'luteranos', sino Cristianos. ¿Quién es Lutero?, mi doctrina no es mía. Yo no he sido crucificado por nadie . ¿Cómo podría, pues, beneficiarme a mí, una bolsa miserable de polvo y cenizas, dar mi nombre a los hijos de Cristo?. Dejen, mis queridos amigos, de aferrarse a estos nombres de partidos y distinciones; fuera a todos ellos, y dejen que nos llamemos a nosotros mismos solamente cristianos, según aquel de quien nuestra doctrina viene.»
A pesar de ello, en la historicidad de la reforma luterana, se designó el apelativo "luterano" y "luteranismo" para referirse a la doctrina interpretativa y enseñanzas que Lutero hizo acerca del cristianismo. Este término fue usado de igual forma por la Iglesia católica para apelar a los simpatizantes de las interpretaciones cristianas que tenía Lutero, hasta que paulatinamente, fueron consolidándose diversas Iglesias autodenominadas luteranas, y con ello se fue formando una confesión cristiana propiamente dicha.

Creencias
Los luteranos creen en Jesucristo como su fundador espiritual, y comparten la creencia de que Dios es uno y trino (Santa Trinidad), es decir: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Además, se comparte la interpretación bíblica que hizo Lutero de que Dios no justifica a los hombres por sus obras buenas, sino más bien por su fe, lo que representa una creencia base fundamental del pensamiento luterano.

El pensamiento de Lutero se basa en el concepto de la justificación por la fe, que negaba cualquier teoría católica, ortodoxa o copta respecto a los méritos personales aplicables a la salvación, además de rechazar completamente la mediación de los santos y la virgen María, además de la veneración de las imágenes. Lutero denunció la venta de indulgencias y la obtención de los perdones a cambio de bienes, así como la venta de cargos eclesiásticos, prácticas que por lo tanto son rechazadas en la Iglesia luterana.

El luteranismo rechaza la primacía y autoridad universal del papado como institución divina. Niega la doctrina católica de la existencia del purgatorio y la oración a María y los santos. El movimiento de reforma iniciado por Lutero afirma el valor único de las Escrituras y la supremacía de la fe en Jesucristo. Lutero desarrolla la doctrina del Sacerdocio Universal, en donde afirma que cada creyente puede acudir a Dios sin necesidad de un mediador, no quitando la importancia de los pastores como los encargados de administrar la palabra y los sacramentos. Según Lutero, todos los creyentes son sacerdotes en virtud de los sacrificios espirituales de un corazón arrepentido en oración.

En sentido estricto, no se puede hablar de una sola Iglesia luterana, pues son varias las Iglesias o subramas que surgen del movimiento luterano. Actualmente una rama del luteranismo está empezando a incorporarse progresivamente al resto del evangelicalismo (protestantismo), mientras que hay un movimiento luterano (emparentado con la tradición de la High Church anglicana) que se acerca al catolicismo, como lo fue desde un principio. También existen movimientos de avivamiento carismáticos en el luteranismo, especialmente en África.

Biblia
Biblia de Lutero, traducida al alemán, edición de 1534.
Tradicionalmente, los luteranos creen que la Biblia es el único libro escrito bajo inspiración divina y, por tanto, es la única fuente del conocimiento divino y el fundamento y base del pensamiento cristiano.​ Solo la Biblia es el principio formal de la fe, y la autoridad suprema para todas las materias relacionadas con la doctrina y fe cristiana. En el luteranismo, la Biblia se caracteriza por su autoridad, claridad, eficacia y suficiencia.​

Trinidad
Los luteranos creen en la Trinidad. Los luteranos son trinitarios. Los luteranos rechazan la idea de que Dios Padre y Dios Hijo son simplemente caras de la misma persona, sino que son dos entidades diferentes. Creen que esta afirmación se comprueba tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento.​ Asimismo, creen que el Espíritu Santo procede tanto del Padre como del Hijo.

Postulados
Las ideas básicas de la teología luterana, que suelen concordar en su gran mayoría con la fe evangélica, se sintetizan en tres fórmulas latinas:

Sola gratia (solo por la Gracia): Cristo es el único que puede justificarnos. Las obras, incluidos los ritos eclesiales y cualquier otro tipo de esfuerzo humano, no son la causa de la salvación del hombre. Cristo murió por nosotros y a través de Él, por medio de la fe, somos salvos, para que nadie crea que fue salvo por su propio mérito, ni para que se glorifique de sus propias obras. Por lo tanto, la salvación es obra de la sola gracia de Dios (Efesios 2:8-10)

Sola Scriptura (solo por la Escritura): La única fuente de revelación y base de la doctrina cristiana son las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento.

Sola fide (solo por la fe): La fe es lo único que, mediante la gracia de Dios, nos salva. Ninguna obra puede salvarnos, sino solo la fe. Dice el apóstol Pablo: "Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: mas el justo por la fe vivirá." (Romanos 1:16-17)

También basan su enseñanza en algo llamado teología de la cruz. Por tanto, enseñan que Cristo y su cruz es el principal fundamento de la fe. "Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo" (I Corintios, 3:11). "Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (I Timoteo, 2:5). "Y, estando entre ustedes, no quise saber de otra cosa sino de Jesucristo y, más estrictamente, de Jesucristo crucificado." (I Corintios, 2:2)

Doctrina luterana
Es importante señalar que la doctrina del luteranismo es esencialmente distinta y contrastante al catolicismo, y que a su vez, guarda algunas diferencias con las otras confesiones evangélicas.

Sacramentos: Para los luteranos, Cristo instituyó dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía o Santa Cena (con la concepción de la unión sacramental). Sin embargo, los luteranos practican los otros cuatro ritos, como la confirmación, la unción de los enfermos, el matrimonio y las sagradas órdenes, los cuales, según la Apología de la Confesión de Augsburgo, pueden ser llamados sacramentos pero entendiéndolos de una manera un tanto distinta a los sacramentos instituidos por Cristo mismo.

Imágenes: Los luteranos permiten las imágenes como medio de enseñanza y no tienen ningún problema con ella, pero no les rinden culto alguno. (Arte luterano)

Liturgia: Los luteranos tienen una liturgia histórica proveniente de la misa pretridentina y en casi todos los casos es más conservadora que la católica. En algunos casos, no obstante, en los sectores con mayor influencia del pietismo, el protestantismo y el movimiento prusiano se puede apreciar cierta similitud en los cultos con las formas contemporáneas de adoración de otras Iglesias evangélicas de hoy en día.

Vestimentas y costumbres: Los ministros pueden contraer matrimonio y pueden ejercer actividades económicas lucrativas en favor propio o de la Iglesia. Una característica que se conserva del catolicismo es la vestimenta que emplean algunos pastores, tales como albas, estolas, casullas, sotanas, etc.
A diferencia de los sacerdotes católicos, los pastores luteranos pueden contraer matrimonio y tener familia. Los luteranos confesionales siguen preservando, bajo la interpretación tradicional de las Sagradas Escrituras y la Sagrada Tradición, la ordenación pastoral estrictamente masculina. Sin embargo, otros sectores luteranos, más inclinados al movimiento progresista y a la teología liberal, ordenan mujeres como clérigos de sus instituciones.

Principales ramas Cristianas Luteranas en la actualidad

Federación Luterana Mundial
Las iglesias más grandes de la federación, por número de miembros, son (se indica el número de miembros):

-Iglesia de Suecia (6,700,792)
-Iglesia Evangélica Luterana en Tanzania (5,601,271)
-Iglesia Evangélica Etíope Mekane Yesus, Etiopía (5,576,156)
-Iglesia Evangélica Luterana en América, Estados Unidos de América (4,543,037)
-Iglesia Evangélica Luterana de Dinamarca (4,479,214)
-Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia (4,387,085)
-Iglesia Cristiana Protestante Batak, Indonesia (4,178,256)
-Iglesia de Noruega (3,992,295)
-Iglesia Luterana Malgache, Madagascar (3,000,000)
-Iglesia Evangélica Luterana de Hannover, Alemania (2,899,432)
-Iglesia Carismática Luterana en Ecuador. Misiones Luteranas New Global Misión.

Concilio Luterano Internacional:
Ordenadas alfabéticamente por país:

(m/a = cantidad aproximada de miembros)
PaísIglesiam/a​Sitio oficial
AlemaniaIglesia Evangélica Luterana Independiente36 900
ArgentinaIglesia Evangélica Luterana Argentina28 100
ArgentinaIglesia Evangélica Luterana Unida18 000
AustraliaIglesia Luterana de Australia (miembro asociado de la FLM)75 000
BélgicaIglesia Evangélica Luterana en Bélgica150---
BoliviaIglesia Cristiana Evangélica Luterana de Bolivia------
BrasilIglesia Evangélica Luterana de Brasil233 400
CanadáIglesia Luterana - Canadá79 200
ColombiaIglesia Evangélica Luterana de Colombia (también miembro de la FLM)------
ChileIglesia Luterana en Chile (miembro asociado de la FLM)10 000
ChileIglesia Evangélica Luterana en Chile (miembro asociado de la FLM)---
Costa RicaIglesia Luterana Costarricense---
EcuadorIglesia Evangélica Luterana en el Ecuador (congregación) (miembro asociado de la FLM)520
República de ChinaIglesia Evangélica Luterana China2000---
República de CoreaIglesia Luterana en Corea (también miembro de la FLM)5800
DinamarcaIglesia Evangélica Luterana Libre en Dinamarca140
EspañaIglesia evangélica luterana española
Estados UnidosEvangelical Lutheran Church in America4 543 037
FilipinasIglesia Luterana en Filipinas (también miembro de la FLM)24 600---
FranciaIglesia Evangélica Luterana Sínodo de Francia y Bélgica820
GhanaIglesia Evangélica Luterana de Ghana (también miembro de la FLM)28 000---

Guatemala Evangélica Luterana de Haití9000
IndiaIglesia Evangélica Luterana de India (también miembro de la FLM)56 400---
JapónIglesia Luterana de Japón (miembro asociado de la FLM)3000
MéxicoSínodo Luterano de México1200
NigeriaIglesia Luterana de Nigeria80 000---
Papúa Nueva GuineaIglesia Luterana Gutnius de Papúa Nueva Guinea (también miembro de la FLM)140 000---
ParaguayIglesia Evangélica Luterana del Paraguay4000
Reino UnidoIglesia Evangélica Luterana de Inglaterra1600
RusiaIglesia Evangélica Luterana de Ingria en Rusia (también miembro de la FLM)18 000
SudáfricaSínodo Evangélico Luterano Libre en Sudáfrica2800
Iglesia Luterana en África del Sur20 000---
SuizaIglesia Luterana Confesional de Suiza
Sri LankaIglesia Luterana Lanka (también miembro de la FLM)5300---
VenezuelaIglesia Luterana de Venezuela1600

Concilio Luterano Internacional
El Concilio Luterano Internacional (CLI) (en inglés International Lutheran Council - ILC) es una asociación mundial de iglesias cristianas de confesión luterana, es decir, de congregaciones que adhieren a las confesiones históricas del Luteranismo: ...tal como están expresadas en el Libro de Concordia de 1580, el cual reconocemos como una fiel y verdadera exposición de la fe cristiana, en consonancia con las Sagradas Escrituras.

La organización fue constituida oficialmente en 1993 en una conferencia celebrado en la ciudad de Antigua, Guatemala. No obstante, las iglesias integrantes del CLI remontan los orígenes de su comunión hasta la reunión de líderes luteranos confesionales realizada en la ciudad alemana de Uelzen, en julio de 1952. Asimismo, una segunda reunión fue efectuada en 1959 en Oakland, California y una tercera en 1963, en Cambridge, Inglaterra. En esta última, acordaron seguir realizando conferencias teológicas informales. Durante las tres décadas siguientes efectuaron otras once reuniones informales, hasta su constitución definitiva en 1993. con representantes de los 5 continentes.

El Concilio tenía treinta iglesias participantes a principios de 2007. Entre sus miembros con más integrantes se encuentran la Iglesia Luterana Sínodo de Misuri, la Iglesia Evangélica Luterana de Brasil, y la Iglesia Luterana - Canadá, en conjunto, las iglesias del CLI suman aproximadamente 3.450.000 miembros en todo el mundo, siendo así la segunda comunión luterana más numerosa. Las iglesias miembro del CLI abarcan aproximadamente el 5% de los luteranos afiliados a una iglesia en el mundo.

Desde 1996, el presidente del Concilio es el Rev. Dr. Ralph Mayan, también presidente de la Iglesia Luterana - Canadá. Su Secretario Ejecutivo es el Rev. Dr. Samuel H. Nafzger, director ejecutivo de la Comisión de Teología y Relaciones Eclesiales de la Iglesia Luterana - Sínodo de Misuri. Los delegados del CLI se reúnen en Conferencia (máxima instancia resolutiva de la organización) cada dos años.

Iglesia de Suecia
iglesia evangélica luterana

La Iglesia de Suecia (en sueco: Svenska kyrkan) es una Iglesia evangélica luterana de episcopado histórico. Abandonó su obediencia a la Santa Sede tras adherirse a los postulados de la Reforma protestante, decidida en Suecia por un Riksdag o Consejo de Gobierno que tuvo lugar en Västerås en 1527.

Hasta el siglo XIX estaba prohibido para un sueco dejar la Iglesia de Suecia. En el año 2000, la Iglesia de Suecia se separó definitivamente del Estado sueco, pero siguió conservando su estatus de iglesia nacional por tradición. Una gran mayoría de los suecos siguen siendo miembros de la Iglesia de Suecia. El arzobispo de la Iglesia de Suecia reside, desde 1164, en Uppsala, siendo la Catedral de Uppsala el Santuario Nacional de la Iglesia de Suecia. En la actualidad, la arzobispa de Suecia es Antje Jackelén, la primera mujer en ocupar este puesto.

Teología

El Rey Gustavo I de Suecia (también llamado Gustavo Vasa) instauró la Iglesia de Suecia en 1536 durante su reinado como Rey de Suecia. Este acto separó a su país de la Iglesia católica y su ley canónica. En 1571, la Ordenanza de la Iglesia Sueca se convirtió en el cuerpo doctrinal de la iglesia en Suecia tras la Reforma protestante. Esta ordenanza contenía todas las doctrinas luteranas fundamentales.

La Iglesia de Suecia se convirtió oficialmente en luterana en el Sínodo de Uppsala en 1593, cuando adoptó la Confesión de Augsburgo a la que se adhieren la mayoría de los luteranos. En este sínodo, se decidió que la Iglesia conservaría los tres credos cristianos originales: el Credo de los Apóstoles, el Credo de San Atanasio y el Credo Niceno.

En 1686, el Riksdag de los estados adoptó el Libro de la Concordia, aunque solamente ciertas partes etiquetadas como Confessio fidei se consideraron obligatorias y otros textos meramente explicativos. Confessio dei incluía los tres credos mencionados, la Confesión de Augsburgo y dos decisiones del Sínodo de Uppsala de 1572 y 1593.

Durante los siglos XIX y XX, se aprobaron oficialmente una serie de enseñanzas, la mayoría dirigidas hacia el ecumenismo:

1878: desarrollo del Catecismo.
El Credo de Uppsala de 1909: preparándose para la comunión eucarística con la Iglesia de Inglaterra.
Las constituciones del Consejo Mundial de Iglesias (CMI).
Las constituciones de la Federación Luterana Mundial (FLM).
Respuesta oficial de la Iglesia de Suecia al "Documento de Lima".
Una Carta del Concilio de los Obispos en Importantes Preguntas Teológicas.
El Tratado de Comunión de 1995 con la Iglesia filipina independiente.

En la práctica, sin embargo, los textos de credo luterano desempeñan un papel secundario, y en su lugar las parroquias dependen de la tradición luterana en coexistencia con influencias de otras denominaciones cristianas y diversos movimientos eclesiales como la Iglesia baja, la Iglesia alta, el Pietismo (Iglesia vieja) y el Laestadianismo, que localmente pueden estar fuertemente establecidos, pero tienen poca influencia nacional.

Durante el siglo XX la Iglesia de Suecia se orientó fuertemente hacia un cristianismo liberal y los derechos humanos. En 1957, la asamblea de la Iglesia rechazó una propuesta para la ordenación de mujeres, pero luego el Riksdag cambió la ley en la primavera del mismo año y obligó a la asamblea de la Iglesia a aceptar la nueva ley en el otoño de 1958. Desde 1960, las mujeres han sido ordenadas pastoras. Desde 1994, los hombres que se oponen a la colaboración con las mujeres pastoras no han sido autorizados a la ordenación. Una propuesta para realizar bodas homosexuales fue aprobada el 22 de octubre de 2009 con 176 votos a favor de los 249 miembros votantes del Sínodo de la Iglesia de Suecia.

Historia
Período católico (830-1448)
Suecia fue originalmente evangelizada dentro de la Iglesia católica, la cual se impuso al Paganismo nórdico que adoraba a dioses como Thor, Odín, Freír, etc. El cristianismo llegó a Suecia de la mano del misionero San Óscar que fundó una misión en Birka en el año 829. En 1008, el rey Olaf III Skötkonung se hizo bautizar por el obispo benedictino inglés San Sigfrido. Fue el primer rey sueco en mantenerse cristiano hasta su muerte, en 1022, aunque la mayoría de su pueblo, en aquellos días, siguió siendo pagano.

El catolicismo sueco medieval dio a luz varios santos, entre los cuales la más destacada es Santa Brígida de Suecia, franciscana, reformadora y fundadora de las brigidinas. Actualmente es una de los Santos Patronos de Europa.

La iglesia cristiana en Escandinavia fue gobernada originalmente por la archidiócesis de Bremen (Alemania). En 1104 se ordenó un arzobispo para toda Escandinavia con sede en Lund, en el sur de Suecia. La ciudad de Uppsala, que ya había sido un importante lugar sagrado para el paganismo nórdico y donde se encontraba el célebre Templo de Uppsala, se convirtió en la archidiócesis de Suecia en 1164, y lo sigue siendo hoy. El diplomático papal Guillermo de Módena asistió a una reunión de la iglesia en Skänninge en marzo de 1248, donde se fortalecieron los lazos con la Iglesia católica.

Posteriormente en la gran conferencia en Strengnas (1305), los prelados se aliaron con los nobles contra la corona, comenzando el dominio de los señores feudales y con ello se consolidó la jerarquía católica en el poder. La batalla entre el rey Birger y sus hermanos acabó en una completa revolución que resultó en el ascenso al trono de Magnus II Eriksson, el hijo de tres años del duque Eric. El gobierno dirigido por señores laicos espirituales no fue ventajoso para el reino.

Reforma protestante (1520-1611)
El considerado reformador de Suecia, Olaus Petri (nacido en Oerebro el 6 de enero de 1493 y muerto en Estocolmo el 19 de abril de 1552), estudió en Upsala, Leipzig y Wittenberg con Martín Lutero y Philipp Melanchthon, entre 1516-1518. Petri fue diácono en la catedral de Strengnas en 1520.

Olaus Petri se ganó al archidiácono Lorenz Andreä, el eclesiástico político más grande de la reforma sueca, quien presentó las nuevas enseñanzas a Gustavo Vasa y fue nombrado secretario del rey y consejero. Durante un corto período, cuando la política feudal y unionista cosechó sus frutos en la masacre de Estocolmo en 1520, todo el país parecía estar hundido y perdido; pero los campesinos de Dalecarlia se levantaron bajo Gustavo Vasa para luchar por la libertad nacional. El danés Cristián II había ejecutado a los antiguos líderes, entre ellos a muchos de los obispos; en 1522 solo dos obispados estaban ocupados. El levantamiento popular resultó en el establecimiento del gobierno nacional, en 1523, en Strengnas, y el rey, según escogió el pueblo, fue investido con autoridad personal únicamente. Sin embargo, en todos los aspectos la Iglesia católica, que formaba un Estado dentro del Estado, aparecía como un obstáculo, particularmente en el lado económico, ya que después de la guerra, Suecia quedó como un país empobrecido e indefenso, a menos que pudiera hacerse con la riqueza de las iglesias y monasterios.

El rey inmediatamente reconoció el valor de las nuevas enseñanzas como medio de regeneración nacional popular, cuyo principio era unir a toda la población en la obligación común de rescatar y defender a su patria y en la responsabilidad común para la ejecución de las necesarias medidas y sus consecuencias. El rey fue la personificación de esta unión; el pueblo entero compartía ahora su empresa y por tanto era responsable ante él, en tanto mantuviera la defensa y prosperidad del país. La vida religiosa del pueblo no constituía una excepción y el rey se vio obligado personalmente a dirigir la Reforma, mientras se ajustara a los intereses del Estado.

Fue Gustav Vasa quien decidió la manera de introducir la Reforma, al aparecer en la decisiva dieta que se reunió en Västerås (1527). Él impuso la decisión de la dieta ayudado por la nobleza y la facción militar. Por esta decisión, la Iglesia fue separada de Roma y del gobierno del derecho canónico; sus posesiones quedaron a disposición del rey (salvo las casas parroquiales) y los nobles quedaron comprometidos con el trono mediante la adquisición por su parte de la propiedad eclesiástica. Se decretó que "la palabra de Dios sería predicada pura y claramente"; formalmente, se introdujo la libertad religiosa únicamente para el protestantismo. No hubo fuertes demandas de cambios religiosos. De hecho, el protestantismo continuaría como sucesor de la abolida Roma. Todos los estamentos suscribieron las resoluciones y de esta manera el gobierno, a través del rey, mantuvo el derecho de supervisar el desarrollo de la Iglesia.

Época moderna
En 1617 en la Dieta de Örebro el Parlamento sueco prohíbe a todos los suecos profesar o practicar cualquier religión que no sea la luterana oficial del Estado. Se prohíbe la entrada de cualquier sacerdote católico. Los suecos que aún mantengan fe o prácticas católicas serán despojados de sus bienes y expulsados del país. Quien se convierta al catolicismo puede ser considerado traidor al rey y ejecutado.

Hasta 1860 todos los ciudadanos luteranos suecos debían pertenecer a la Iglesia de Suecia, pues el cambiarse de religión era ilegal. En el siglo XIX llegaron a Suecia varias Iglesias evangélicas y, hacia el final del siglo, el secularismo, lo cual condujo a muchas personas a renunciar de la religión. Abandonar la Iglesia de Suecia se tornó legal en la llamada «Ley de Deserción de 1860», pero solo con la condición de pasar a pertenecer a otra religión. El derecho a permanecer fuera de cualquier congregación religiosa fue establecido en la Ley de Libertad de culto de 1951​

En la actualidad
Hoy en día la Iglesia de Suecia es una Iglesia evangélica y luterana. Evangélica debido a que abandonó su obediencia al papa tras adherirse a los postulados de la reforma protestante, su fundamento es el evangelio de la Biblia, o sea el relato sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús. Luterana porque surge de la Reforma del religioso alemán Martín Lutero en 1517. La Iglesia de Suecia es la denominación luterana más grande de Europa y la segunda más grande del mundo después de la Iglesia Evangélica Etíope Mekane Yesus, así como el tercer cuerpo protestante más grande de Europa después de la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia Evangélica en Alemania. Actualmente 5,6 millones de personas son miembros de la Iglesia de Suecia. A diferencia de otras iglesias protestantes, incluyendo la mayoría de las iglesias luteranas, la Iglesia de Suecia y su rama, la Iglesia Evangélica Luterana de Finlandia continúan manteniendo el episcopado histórico. Es litúrgicamente y teológicamente "Iglesia alta", habiendo retenido el ministerio del sacerdocio, vestimentas litúrgicas y la celebración de la misa durante la Reforma Sueca.

La Iglesia de Suecia es conocida por su posición liberal en cuestiones teológicas, particularmente la cuestión de la homosexualidad. Cuando la Obispa Eva Brunne fue consagrada como Obispa de Estocolmo en 2009, se convirtió en la primera obispa abiertamente lesbiana del mundo.

A pesar de una pérdida anual significativa de miembros (más del 1% anual), su membresía es de 5 563 351 personas y representa el 52,8% de la población sueca.​ Hasta el año 2000 ocupaba el cargo de iglesia estatal. Los relativamente altos números de miembros son porque hasta 1996 todos los niños que nacían se convertían automáticamente en miembros si alguno de sus padres lo era. Aproximadamente el 2% de los miembros de la Iglesia asisten regularmente a los servicios dominicales. Según una encuesta realizada en 2009, el 17% de la población sueca considera la religión como una parte importante de su vida cotidiana.

Sin embargo, los datos revelan que cada año más miembros abandonan la Iglesia Sueca. En 2013, por primera vez desde la Reforma, los bebés bautizados en esta Iglesia no llegaron a la mitad del total de nacimientos y se producen más fallecimientos que nuevos ingresos.


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domingo, 2 de junio de 2019

Los Padres Dogmaticos V

Cirilo Obispo de Alejandria

Osio de Córdoba
obispo español
Hosius, Osius u Ossius de Córdoba (Córdoba, 256-Sirmio, en la actual Serbia, 357) fue obispo y Padre de la Iglesia hispano, así como consejero del emperador Constantino I el Grande. En 316, bajo su influencia,[1]​ Constantino concedió a los obispos la manumissio in Ecclesia, que creó la facultad de emancipar esclavos en las iglesias, un proceso más simple y directo que la compleja emancipación por juzgado que se empleaba desde tiempos republicanos.

Biografía
Nació en Córdoba en una importante familia hispano-romana. Aunque el historiador bizantino Zósimo le atribuya origen egipcio esta palabra debe ser entendida como mago, sacerdote o sabio. Fue elegido obispo de su ciudad natal en 294. Durante la persecución de Diocleciano y de Maximiano padeció tormento por la fe y fue enviado al destierro. Asistió al Concilio de Elvira en Hispania, entre cuyas firmas aparece en undécimo lugar. Famoso por su prudencia y dotes políticas, acompañó al emperador Constantino a Milán en el año 313, y parece ser que influyó en la redacción del Edicto de tolerancia religiosa que el Emperador proclamó en ese lugar. La relación con Constantino fue muy profunda y se considera que fue Osio quien lo catequizó y llevó al bautismo, celebrado, curiosamente, por el antiguo obispo arriano Eusebio de Nicomedia en el momento de su muerte.

La principal actividad por la que es conocido es su lucha contra la herejía de Arrio, que negaba la divinidad del Hijo y su consubstancialidad con el Padre, y que comenzaba a florecer en Alejandría. Osio fue enviado por el emperador para mediar en las disputas entre Arrio y san Atanasio. Llevó consigo cartas del Emperador para cada uno de ellos. Lamentablemente, la discusión entre Alejandro y Arrio era peor que lo que esperaba Constantino, y Osio no logró la paz, ya que las posiciones de ambos eran irreductibles. El conflicto conduciría al famoso Concilio de Nicea convocado por San Osio, con una orden de Constantino, en 325. Participaron 318 obispos presididos por el mismo Osio, que firmó el primero tras los delegados del papa. Osio mismo redactó el Símbolo de la Fe, el llamado Credo Niceno.

En 343 convocó el Concilio de Sárdica, al que acudieron 300 obispos griegos y 76 latinos, para fijar las líneas de organización eclesiástica y reafirmar la condena del arrianismo. De vuelta a Hispania, reunió en Córdoba un concilio provincial, en el cual hizo aprobar las decisiones de Sárdica.

El año 355 el emperador proarriano Constancio II decidió terminar con la gran influencia de Osio y obligarle a que condene a san Atanasio. Ante las insidias imperiales, el obispo cordobés le respondió en una epístola en 356: Yo fui confesor de la fe cuando la persecución de tu abuelo Maximiano. Si tú la reiteras, estoy dispuesto a padecerlo todo antes que a derramar sangre inocente ni ser traidor a la verdad. Haces mal en escribir tales cosas y en amenazarme (...) Dios te confió el Imperio, a nosotros las cosas de la Iglesia (...) Ni a nosotros es lícito tener potestad en la tierra, ni tú, Emperador, la tienes en lo sagrado...

Es el primer texto en el que aparece la figura de la separación entre autoridad eclesiástica y autoridad civil. Constancio obligó a comparecer a Osio, ya centenario, ante un concilio arriano, donde se le presionó, azotó y atormentó, negándose rotundamente a firmar la condenación de Atanasio. Osio fue desterrado a Sirmio, en Panonia, y murió, con 101 años, lejos de su tierra y de su diócesis en 357. Es falso[cita requerida] lo que escribe San Isidoro[3]​ en el sentido de que, casi centenario y sometido a todo tipo de presiones, cayó pocos años antes de su muerte en el arrianismo, dato que repite Atanasio de Alejandría el Grande en el sentido de que habría aceptado una fórmula de fe arriana en 357; en todo caso habría perseverado siempre en su rechazo a condenar a Atanasio. Aparte de la Carta a Constancio (Cordubensis episcopi epistola ad Constantium Augustum imperatorem), escribió otras dos: Epistula ad Iulium papam y De laude virginitatis y un Tratado sobre la interpretación de las vestiduras de los sacerdotes en la ley antigua, según noticia conservada por San Isidoro. Sus obras aparecen recogidas en la Patrología latina de Jacques-Paul Migne.

La Iglesia ortodoxa y la Iglesia católica de rito Oriental lo veneran como santo confesor, y celebran su fiesta el día 27 de agosto.

El Concilio de Antioquía
En 325, durante el intervalo entre la reunión con las facciones arrianas y ortodoxas en Egipto y el Concilio de Nicea, Osio presidió un concilio regional en Antioquía. Asistieron 55 obispos orientales que redactaron un credo trinitario, el primer credo en la historia de la Iglesia para el clero en lugar de los catecúmenos. Rebatió las afirmaciones de Eusebio de Cesarea y los otros arrianos que sostuvieron que hubo un tiempo en que Cristo no existía y que era mutable.[6]​ Esos fueron excomulgados temporalmente por ir en contra de las decisiones unánimes del consejo, aunque se entendió que la decisión podía anularse dependiendo de los veredictos del concilio Ecuménico de Nicea.

Dídimo el Ciego
Dídimo el Ciego (Alejandría, h. 313 - ibíd., 398) fue un escritor eclesiástico del s. IV, jefe de la escuela catequética de Alejandría y, no obstante su ceguera, guía doctrinal y espiritual de mucho renombre.

Biografía
Nació hacia el año 313 en Alejandría y murió hacia 398. A la edad de cuatro o cinco años quedó ciego para toda su vida, pese a lo cual sobresalió como uno de los hombres más eruditos de su tiempo. Rufino de Aquilea describe lo que fue su dura vida de trabajo diciendo que: entremezclaba la oración con el estudio y el trabajo y se dedicaba durante noches ininterrumpidas no a leer, sino a oír, para que, lo que a otros les era proporcionado mediante la vista, le fuese a él mediante el oído. Y como suele suceder que después de un trabajo de estudio llega el sueño a los que leen, Dídimo, en cambio, aprovechaba dicho silencio no para el descanso o desocupación, sino que, como una especie de animal rumiante, consideraba de nuevo el alimento recibido y lo que había llegado a conocer mediante una ligera lectura hecha por otros, lo retenía de tal modo en su memoria y en su mente que parecía que no sólo había escuchado todo lo leído, sino, más bien, que lo había grabado en las páginas de su mente. De este modo, en breve espacio de tiempo, alcanzó tal acervo de ciencia y erudición que llegó a ser doctor de la escuela eclesiástica... Rufino, Historia Ecclesiastica, 11,7: PL 21,516

Dídimo residió siempre en Alejandría, de cuya Escuela fue presidente a petición de Atanasio. Cuenta entre sus alumnos de más renombre a Rufino y a san Jerónimo. Durante el medio siglo que estuvo al frente de la Escuela, hizo revivir la ideología de Orígenes procurando explicar las frases de doble sentido y corregirle en otras ocasiones. A pesar de ser ferviente entusiasta de la doctrina de Nicea, no fue objeto de persecución por parte de los arrianos. Existe una doble opinión en lo que a su estado de vida se refiere: la de los que afirman que Dídimo quedó siempre seglar, casado y padre de familia, basados en el De Trinitate, 3,1​ y la que sostiene que vivió una vida casi eremítica, retirado a las puertas de Alejandría con otros numerosos anacoretas. En su vida de soledad contó con las visitas de Paladio y de San Antonio Abad. Murió a la edad de 85 años. El origenismo de Dídimo, que le llevó a defender el De Principiis de Orígenes como totalmente ortodoxo, fue la causa que empañó su fama después de su muerte. La Iglesia lo anatematizó en el quinto Concilio ecuménico, II de Constantinopla (553), por defender, como Orígenes, la preexistencia de las almas y la Apocatástasis.

Obras
Grande fue la producción literaria de Dídimo, tanto en el campo exegético como en el dogmático. Muchas de ellas desaparecieron a raíz de la condenación como origenista, otras están atribuidas a escritor distinto y de la mayor parte solo se conservan fragmentos.

Exegéticas
La llamada "cadena de Nicéforo" y algunos de los papiros descubiertos en Toura (Egipto) contienen fragmentos de interpretación de Dídimo al Génesis; la misma cadena de Nicéforo​ contiene algunos fragmentos sobre el Éxodo. San Jerónimo atribuye a Dídimo un comentario a Isaías 40-66 y que constaba de dieciocho volúmenes. Quedan fragmentos de esta obra en el florilegio de Leoncio y de Juan​ y en los Sacra Parallela.​ Existen asimismo cuatro fragmentos sobre Jeremías y dos sobre Daniel 2,34.​ Dídimo compuso un comentario en cinco libros al libro de Zacarías​ y otro al profeta Oseas.​ El mismo San Jerónimo afirma que Dídimo comentó el libro de Job. Casiodoro afirma que Dídimo comentó el libro de los Proverbios,​ de lo que solo se conservan fragmentos.​ Se conservan igualmente algunos fragmentos sobre el Eclesiastés y uno tan solo al Cantar de los Cantares. Asimismo se tiene noticia por San Jerónimo de que comentó el libro de los Salmos, del que se conservan numerosos pasajes.

De sus comentarios al Nuevo Testamento se han conservado: unos fragmentos de Mateo y del de Juan.​ También se conservan parcialmente​ los fragmentos del comentario de Dídimo a los Hechos de los Apóstoles. Existe un fragmento sobre Romanos 7,20 que según K. Staab​ más que comentario propiamente tal, pertenece probablemente a su tratado contra los maniqueos. Solamente quedaba un fragmento del comentario de Dídimo a 1 Cor hasta que Staab publicó 38 fragmentos más; los fragmentos de su comentario a 2 Cor están en el Códice Vaticano 762. San Jerónimo, en el prólogo a su comentario a los Gálatas, nombra a Dídimo como uno de los autores que ha seguido; Dídimo comentó también la Carta a los Efesios​ de la que no existe un solo fragmento. Finalmente, se tiene noticia por Casiodoro​ de que Dídimo compuso una Expositio septem canonicarum epistolarum y que traducida al latín por Epifanio el Escolástico ha llegado hasta hoy; el original, en cambio, se conserva muy fragmentariamente.

Dogmáticas
El original griego del libro De Spiritu Sancto​ se ha perdido, quedando solamente la versión latina hecha por San Jerónimo. Se ha fijado como fecha de su composición entre el 355-358; en cambio, los tres libros sobre la Trinidad (hacia 381-392) se han conservado;​ en el primero trata del Hijo y, en el segundo, del Espíritu Santo; el tercero lo dedica a discutir los textos bíblicos en los que eunomianos y pneumatómacos basaban sus conclusiones. Su libro Contra Manichaeos del que nos da razón San Juan Damasceno​ se conserva en griego. El libro De dogmatibus et contra Arianos, mencionado por San Jerónimo,​ se identifica hoy con el libro IV y V agregado por muchos manuscritos al Contra Eunomium de San Basilio.​ El original parece que fue escrito en 392. San Juan Damasceno hace referencias al Ad Philosophum y De incorporeo de las que cita unos pasajes en su Sacra Parallela.​ Según San Jerónimo Dídimo escribió una obra sobre la muerte de los niños. Finalmente, E. Stolz atribuye a Dídimo los siete diálogos De Trinitate que se habían conservado previamente otorgándoselos a Atanasio, Máximo el Confesor y otros. En sentir de Günthór, solamente Dídimo pudo haberlos escrito. Nada queda de su obra escrita en defensa de Orígenes de la que se tiene noticia tan solo por el testimonio de Sócrates.

Doctrina
Hay que reconocer que Dídimo es hijo de su tiempo y que su enseñanza, por tanto, se centra en torno a lo que fue tema del entonces: Trinidad, Cristo y Espíritu Santo.

Recalca la unidad de sustancia en la Trinidad deduciendo de ella la unidad, de operación común a las tres divinas personas; otras veces, en cambio, argumenta de modo inverso deduciendo de la unidad de operación la única sustancia común a las personas trinitarias. Usa los términos ousía y fisis para indicar la sustancia concreta y, en cambio, para indicar las personas emplea Hypóstasis y prósopon.

En la Trinidad todo es idéntico excepto en lo que median las relaciones personales; así, lo propio del Padre es ser padre, o lo que es lo mismo, engendrar; lo propio del Hijo y del Espíritu Santo es proceder; el Hijo solamente del Padre y por vía de generación, el Espíritu Santo, en cambio, del Padre y del Hijo y por espiración, ekpóreusis.

En lo que respecta a Cristología, Dídimo trata explícitamente del alma humana de Cristo con ocasión de la herejía arriana. Señala entre los errores de Arrio el principio que admite que Cristo es ápsijos (sin alma) llegando a constatar una oposición entre éstos y los maniqueos; mientras que para éstos Cristo tuvo cuerpo solo en apariencia (docetismo), los arrianos piensan que tuvo su cuerpo, pero privado de alma humana. Para Dídimo supone un error grave el profesar una encarnación de Cristo desprovista de alma humana. Para demostrar su existencia usa como argumento las palabras de Cristo: «mi alma está triste» y aquellas otras: «Padre en tus manos encomiendo mi espíritu», aunque estas últimas bajo forma hipotética. Son para Dídimo argumento de la existencia del alma humana de Cristo todos los pasajes de su vida en los que manifestó temor y necesidad de dormir, comer y beber. No hay duda que enseña la existencia de dos naturalezas en Cristo así como la unidad de persona del Hombre-Dios y por ello resulta que la Virgen es Theotokos (cf. Monofisismo; Nestorio, Nestorianismo).

Respecto al Espíritu Santo, para Dídimo este no cae en el ámbito de la criatura, sino, más bien es Dios. Así como el Hijo es homoousios con el Padre, del mismo modo, el Espíritu Santo es consustancial con el Padre y el Hijo. Si el Espíritu Santo fue criatura, Cristo, que es increado, no hubiera sido ungido por Él.

Está presente en el alejandrino la doctrina de Orígenes sobre la apocatástasis o restauración universal de todas las cosas a su primitivo ser.

Rufino de Aquilea
monje, traductor, historiador y teólogo
Tiranio Rufino de Aquilea (en latín, Tyrannius Rufinus Aquileiensis; Concordia —en el Véneto oriental, junto a Aquilea—, 345–Mesina, Sicilia; 411) fue un escritor y exégeta cristiano de la antigüedad.
 
Estudios
Estudió en Roma donde conoció a san Jerónimo. Marchó después a Aquilea para ser bautizado en 370, después de haber recibido instrucción cristiana del más tarde obispo Cromacio y de los diáconos Jovino y Eusebio. Acompañó a la noble romana Melania a Egipto, en donde visitó a los monjes del desierto de Nitria (Palestina). En Alejandría, frecuentó las clases de Dídimo el Ciego quien lo aficionó a Orígenes; conoció a Juan y a Teófilo, futuros obispo de Jerusalén y patriarca de Alejandría respectivamente. En 380, encuentra a Melania en Jerusalén e ingresa en el monasterio del Monte Olivete. Juan de Jerusalén lo ordenó sacerdote en 390. Por esos años, san Jerónimo había fijado su residencia en Belén. En 397 tuvo lugar el primer incidente entre Rufino y San Jerónimo: Epifanio, obispo de Salamina (Chipre), subió a Jerusalén para refutar el origenismo contra Juan de Jerusalén; apoyado por Rufino, Epifanio encontró ayuda en san Jerónimo, quien siempre había aprobado era la obra de exégeta de Orígenes, pero no su dogmática.

Actividades en Occidente
Rufino volvió a Occidente y en la Cuaresma de 398 publicó su traducción al De principiis de Orígenes y la de la apología de Orígenes hecha por Pánfilo. En la primera, no dudó presentar a Jerónimo como seguidor y admirador del alejandrino. San Jerónimo se apresuró a publicar una nueva traducción del De principiis que, a diferencia de la de Rufino, conservaba literalmente los pasajes del original, que no dejaron de causar escándalo en Roma. El papa Anastasio (398-401) pidió cuentas a Rufino sobre el apoyo que prestaba a la doctrina de Orígenes, para lo cual le envió Rufino su obra Apología ad Anastasium Romanae urbis episcopum. Rufino marchó entonces a Aquilea, con ocasión de la muerte de su madre, y allí se encontró con Pauliniano, hermano de Jerónimo. Se dirigió luego a Roma y en compañía de Melania y otros familiares fueron a Pineto y luego a Sicilia. Como escritor es bastante limitado.

Obras
Sus obras conservadas comprenden cinco trabajos principales y otros menores, como apoyo a otros escritores. Estas son:
  • De benedictionibus Patriarcharum, en la que demuestra predilección por la exégesis origenista (PL 21,293-336)
  • Commentarium in Symbolum Apostolorum, en la que aparece por vez primera el Símbolo Apostólico en latín
  • Apologia in Hieronymum, en la que explica su propia posición y echa en cara a Jerónimo su interés apasionado por los clásicos
  • Apologia ad Anastasium, en donde defiende su ortodoxia, puesta en duda.
Escribió también De adulteratione librorum Originis y dos libros como continuación de la Historia de Eusebio (hacia 325-395). Sus cartas se han perdido.
La actividad literaria de Rufino aparece, sobre todo, en su modalidad de traductor; de Orígenes tradujo, además del De principiis, 17 homilías sobre el Génesis, 13 sobre el Éxodo, 16 sobre el Levítico, 28 sobre los Números, 26 sobre Josué, 9 sobre Jueces, 9 sobre el libro de los Salmos 36-38; tradujo el prólogo, 3 libros y parte del cuarto del Comentario sobre Cantar de los Cantares y 10 libros del Comentario a la epístola a los Romanos. De San Basilio tradujo las Reglas y nueve homilías; nueve también de Gregorio Nacianceno; el diálogo de Adamancio; las Recognitiones Clementinae cuyo texto original se ha perdido.

En su versión latina de la Historia Eclesiástica de Eusebio no solo tradujo sino que extendió la narración hasta el año 395.[2]​ Existe una edición crítica del texto realizada por Theodor Mommsen en 1903.

También tradujo las Sentencias de Sexto, que comprenden 451 proverbios y, finalmente, la Historia Monachorum.

Legado
A pesar de haber sido desacreditado, no del todo injustamente por parte de Jerónimo, es acertado afirmar que buena parte de la obra de Orígenes y de otros autores se ha conservado gracias al trabajo de Rufino. Por otra parte la obra de Rufino es de enorme importancia para el estudio de la historia del monaquismo, no obstante existen razones más que fundadas para dudar de un buen número de los acontecimientos narrados por Rufino. Justamente en defensa de las acusaciones del origenismo que le fueron dirigidas, escribe las Apologías mencionadas más arriba. A Rufino como traductor, se lo considera inseguro; a veces omite cosas, otras las añade, e incluso modifica textos. El deseo principal de Rufino con su actividad de traductor no es el de despertar la admiración o el aplauso de sus lectores, sino el de contribuir a su progreso espiritual. Es por esto que, más allá de algunas traducciones origenianas que debatían importantes cuestiones dogmáticas, que le causarían involucrarse en la controversia anti-origenista, Rufino se dedicó a la traducción de obras de contenido moral. El mismo, para entender un poco su pensamiento e intención, en los prólogos afirma claramente que una lectura privada de problemas dogmáticos y rica de enseñanzas de tipo moral, es la más apta para difundir la doctrina cristiana. Con sus traducciones, Rufino no solamente ofreció al mundo occidental una importante contribución para la formación cristiana y para el desarrollo de los intereses ascéticos de sus contemporáneos, sino que también influenció la cultura y la teología medieval.

Cesáreo de Arlés
Cesáreo de Arlés (Chalon-sur-Saône , c. 470 - Arlés, 26 de agosto de 542) fue un arzobispo de Arlés y santo cristiano, cuya festividad se celebra el 27 de agosto. Nació en Francia de familia religiosa y humilde: parentes atque prosapies supra omnes concives suos de fide potius et moribus floruerunt.

Niñez
De niño era tan generoso que regalaba su ropa a los pobres y al llegar a casa medio desnudo decía a sus padres “que se la habían robado”. A los 18 años, sin consultarlo con sus padres, pidió a su obispo Silvestre entrar en el orden clerical. Su familia, aunque con dificultad, aceptó este paso, toda vez que no compartía que dejase la casa paterna. Pero poco después, deseoso de mayor entrega a Dios, huyó al célebre monasterio en la isla de Lérins, frente a Marsella, célebre por su intensa vida religiosa hasta el punto que de hecho se había convertido en seminario del episcopado francés. Para alcanzar su propósito debió escapar de las personas que su madre había mandado para hacerlo volver a casa, salvando a nado un río.

En Lérins coepit esse in vigiliis promptus, in observatione sollicitus, in obauditione festinus, in labore devotus, in humilitate praecipuus, in mansuetudine singularis (Vita I, 1, 5) aprendiendo la vida monástica a partir de las severísimas Instructiones del abad Fausto. Combatía sin descanso el propio yo, ejercitaba para con los hermanos la caridad, se guardaba de las menores negligencias a la regla —incluso involuntarias—, se mostraba atento a los movimientos de su corazón y por la tarde examinaba su conciencia para corregir al día siguiente las faltas cometidas.

Los superiores le encomendaron el cargo de despensero. Debía ocuparse de las necesidades materiales de los monjes, de los huéspedes, de los enfermos. Tomó la actitud de distribuir lo necesario a quienes, por espíritu de renuncia, no pedían nada para sí, y se negaba a satisfacer las peticiones de quienes sabía que no tenían tales necesidades, por más que insistieran. Este proceder levantó tales antipatías entre estos últimos que el abad Porcario decidió exonerarlo de su cargo, con gran alegría para Cesáreo. Movido por el espíritu de rígido ascetismo que había aprendido en las Instructiones se entregó a penitencias excesivas que acabaron minando su salud. Porcario lo mandó entonces a Arlés, donde vivían unos familiares de Cesáreo, para que se recuperase. Así fue como abandonó, después de cinco o seis años (490-496), aquel lugar.

Época
Arlés era una ciudad portuaria, con todo el ambiente moral que esto significa, pero también era la primera metrópolis eclesiástica de la Galia, con sacerdotes de costumbres ejemplares e intensa vida de piedad en muchos fieles. Entre ellos se encontraban dos nobles, el senador Firmino y la viuda Gregoria, que socorrían a los pobres y acogían círculos de las personas más nobles y cultas que pasaban por la ciudad. En Arlés la abadía de Lérins se tenía como era el culmen de la santidad, a la que dirigían consultas, peticiones, etc. y correspondían acogiendo con todos los honores a sus monjes cuando estos debían ir a la ciudad.

Firmino y Gregoria, descubriendo en el monje Cesáreo un entendimiento bien dotado, lo pusieron bajo la guía del orador Pomerio, uno de los últimos representantes de la tradición escolástica romana, con el fin de que uniera en sí las virtudes monásticas y la finura del gusto artístico.

Creencia religiosa
La lectura de las pasiones humanas, tan vivamente descritas en los autores clásicos, turbaban el ánimo de Cesáreo, acostumbrado a las lecturas y estilo de vida monástico. Después de un sueño, que le pareció un aviso de Dios contra tales lecturas, abandonó los libros de sabiduría humana. No por ello rompió con el maestro, que influido por su discípulo entró en el clero y utilizó en adelante su saber retórico al servicio del Evangelio.

Firmino y Gregoria lo presentaron al obispo de la ciudad, Eón, el cual al saber que eran de la misma tierra e incluso parientes, se alegró mucho y, después de reiteradas insistencias, logró que el abad Porcario le permitiese agregarlo a su clero. Una vez sacerdote, lo nombró abad de un monasterio cercano a la ciudad. Los monjes, carentes de regla y de abad, vivían como otros muchos en Francia, de modo desordenado y a la mínima dificultad pasaban de un monasterio a otro. En tres años Cesáreo logró que cundiese una saludable disciplina. De esta época son sus Sermones ad monachos.

El obispo Eón, anciano y achacoso, reunió el clero y los más eminentes ciudadanos de Arlés y les confesó su dolor porque, a causa de sus enfermedades, en los últimos años no había cuidado como debería a sus ovejas y se había relajado la disciplina eclesiástica. Creía que su responsabilidad delante de Dios no sería tan grande si proveía a disponer un sucesor que pudiera restablecerla como antes y dio el nombre de Cesáreo, con el parecer favorable de la asamblea.

Herencia de la propiedad
A la muerte del obispo, Cesáreo huyó para no ser nombrado su sucesor, pero lo encontraron y lo trajeron a la ciudad, donde acabó aceptando este cargo. La diócesis de Arlés competía con la de Viena del Delfinado por el título primado de la Galia. Tras una larga historia, Cesáreo heredó una provincia eclesiástica que comprendía 27 obispados.

Vivió sin embargo toda su vida como un monje, con austeridad, y vendió todos los objetos preciosos del servicio doméstico. Se levantaba a rezar de noche, introdujo la liturgia de las horas en una iglesia de Arlés. Luchó por aumentar el nivel cultural y la instrucción religiosa de la gente. Para formar clérigos instituyó una escuela episcopal y numerosas escuelas parroquiales, no admitiendo a los órdenes a quien no hubiera leído al menos cuatro veces toda la Biblia. En la comida tenía lectura y solía preguntar a los comensales sobre el contenido de lo leído.

Estaba convencido de que su deber era predicar la Palabra de Dios y lo hacía con dedicación. Pero ninguna de sus predicaciones superaba los quince minutos, para no abusar de la paciencia de la gente. En una ocasión no dudó en bajar del ambón y correr tras las personas al ver que salían de la iglesia al empezar el sermón; en adelante se cerraban las puertas del templo en ese momento. Desde el púlpito enseñaba a observar actitudes reverentes dentro de la iglesia, pues muchos se sentaban en el suelo sin cuidar sus posturas. Acostumbrado a la obediencia monástica, la exigía de todos con energía; era muy riguroso con los jóvenes y pecadores. Su severidad iba unida sin embargo a la compasión. Para los pobres hizo construir un hospital de gran tamaño en el que cuidó que no faltase nada. En una época en que se flagelaba a los siervos desobedientes hasta la muerte, él no permitía que se pasara de treinta y nueve golpes de vara. Recorría una vez al año toda la diócesis.

Vida política y situación
Por acusaciones políticas, el rey Alarico II lo hizo deportar a Burdeos (se decía de él que quería pasarse al reino enemigo de los francos). Cuando se descubrió la verdad, el acusador salvó la vida solo por intercesión de Cesáreo.

Convocó el "Concilio de Agde", que organizó la disciplina de la Iglesia, en colaboración con el poder civil, algo así como la reglamentación eclesiástica, que completaba el Breviarius (código civil) de Alarico. Aquí demostró el obispo un admirable espíritu organizador. Pero todo ese edificio de paz y concordia que se estaba construyendo cayó a la muerte de Alarico y el reino visigodo se desmembró. Los francos pusieron sitio a Arlés, cuyos ciudadanos se defendieron con valor, dando tiempo a la llegada de los refuerzos de Teodorico. Durante el asedio un pariente del obispo huyó de la ciudad descolgándose de las murallas y se pasó al enemigo. Un grupo de judíos entonces azuzaron al pueblo para que linchara al obispo por traidor, pero las circunstancias lo impidieron y pasada la furia se descubrió que este grupo había pactado con el enemigo entregar la ciudad con tal de que no los alcanzara la venganza.

La guerra dejó devastación, hambre, ruinas, graves pestilencias, prisioneros. Para salvar a estos últimos no dudó en vender los objetos preciosos del culto, como Lorenzo, Ambrosio y Epifanio. Su caridad llegó a los desventurados de ambos bandos, hasta el punto que los reyes enemigos le enviaron tres barcos cargados de grano, como signo de gratitud por su atención a los prisioneros de su bando que él había atendido. Nuevamente se pensó que había entre él y esos reyes algún pacto y se le ordenó que se presentara en la corte de Rávena. El rey Teodorico, al verlo llegar pobre y con aspecto venerable, se descubrió ante él y lo trató con honores. Le regaló un plato de plata, pidiéndole que lo guardara como recuerdo suyo, pero a los tres días ya la había vendido y con lo recabado liberó algunos prisioneros. Las gentes necesitadas de la ciudad entonces acudían en masa a él, para pedirle por sus necesidades, y no teniendo qué darles, pidió a varios personajes de la corte que lo ayudaran con sus bienes para hacer la caridad. El Papa Símaco lo quiso conocer y al llegar a Roma le concedió el palio, a sus diáconos el uso de la dalmática, le renovó el título de metropolita y de vicario de la Santa Sede, además de primado de Galia e Hispania.

De vuelta en Arlés, ayudó mucho a Cesáreo la amistad con el prefecto Liberio, hombre recto y bueno que gobernó la provincia con gran humanidad. En las discusiones entre pelagianos y agustinianos, Cesáreo tomó parte por estos últimos y logró convocar el concilio de Orange (año 529), y darle valor ecuménico al obtener del papa un documento base sobre la doctrina recta que todos suscribieron, así como la aprobación del documento final. Convocó otros cuatro concilios. En uno de ellos, el de Vaison, logró que se diera a los simples sacerdotes el derecho a predicar, porque en el campo, donde el obispo llegaba más difícilmente, reinaba la más absoluta ignorancia religiosa. Un siglo antes el papa Celestino I había prohibido que predicaran los sacerdotes, preocupado por su falta de formación, por la desorientación que podían causar entre la gente.

Terminó sus años dedicado a la predicación y al monasterio femenino de san Juan, puesto bajo la guía de su hermana Cesárea. Para ellas escribió la primera Regla femenina que abarca sistemáticamente toda la vida de las monjas. Hasta entonces existían ordenamientos varios que no alcanzan a constituir una regla. Revisó varias veces esta regla hasta el final de su vida, en que le añadió la Recapitulatio para fijar definitivamente los puntos más importantes. A sus hijas espirituales dirigió tres cartas exhortatorias, a ellas su testamento, a ellas quiso ser conducido cuando sintió próximo el fin de su vida terrena, que tuvo lugar el 543.

Obras
Obras dogmáticas
En ellas no profundiza los contenidos de la fe (no es un especulativo, sino un catequista). Lo vemos, por ejemplo, en una obra escrita para dar a los católicos los principales argumentos de la Escritura con que refutar el error arriano: De mysterio sanctae Trinitatis. Hallamos que no es una obra original, sino un compendio de dos siglos de reflexión teológica de la Iglesia. Los cristianos, obligados a vivir con dominadores arrianos, no siempre salían con honor de las disputas con ellos por su falta de preparación. Este libro les quiere ofrecer herramientas para defender su fe; por eso es sencillo, al alcance de todos.

Sobre el problema del pelagianismo escribe: Quid domnus Caesarius senserit contra eos qui dicunt quare aliis det deus gratiam, aliis non det, además de los Capitula Sanctorum Patrum y los Capitula Sancti Augustini in urbe Roma transmisa. Acepta en estas obras sin discutirlas las enseñanzas agustinianas sobre la gracia, incluso en sus conclusiones más extremas (se condenan también quienes sin culpa no pueden recibir el bautismo).

Reglas
  1. Regula ad monachos. Se trata de una regla dada por el obispo a todos los monasterios de su diócesis. Su piedra angular es la estabilidad: Imprimis, si quis ad conversionem venerit, ea conditione excipiatur, ut usque ad mortem suam ibi perseveret. Trataba de evitar así el problema de los monjes que erraban de monasterio en monasterio, los gyrovagi, o los nobles que al sentir el orgullo herido con la primera reprensión del superior dejaban la vocación. En segundo lugar, la pobreza: los monjes debían vender todos sus haberes en bien de sus parientes o del monasterio. Todo lo que llevaran debían entregarlo al abad, que se lo devolvería si lo necesitaban o en caso contrario se lo daría a otros. La vida era toda en común, sin celdas ni armarios privados.
  2. Regula ad virgines. Como hemos dicho, es la primera verdadera regla femenina. Las de Basilio, Ambrosio, Evagrio o Jerónimo son más bien exhortaciones, lo mismo que la carta 211 de san Agustín. Se trata de una regla paternal y comprensiva, que daba plena autonomía al monasterio respecto del obispo en su disciplina interna y la elección de la abadesa. El Papa Hormisda confirmó este decreto. Dicha regla fue adoptada en Italia, en el Rin, en Galia, y en muchos casos adaptada a los hombres.
Homilías
Dirigidas unas al público culto de su ciudad, otras a los rústicos de su diócesis. Dado que todos los sacerdotes deben predicar, pero no todos tienen la formación para hacerlo, hace colecciones de homilías, suyas o de otros autores, y las manda como subsidios. Sus homilías se distinguen por una absoluta claridad, sin rehuir el tratar directamente ningún problema moral, sea el adulterio, sea el sacrilegio de quienes corren tras los adivinos y supersticiones, tan comunes y difundidas en su tiempo.

Además conservamos su testamento espiritual y algunas cartas suyas.

Juicio
Cesáreo de Arlés no es un político, no es un literato, sino un monje, un apóstol, un santo. No sintió el atractivo de la cultura profana, no escribió para dejar un nombre tras de sí, aunque no le faltaban dotes que hubieran podido hacer de él un literato: la fuerza del sentimiento, el amor de la belleza, sentido de la moderación. No busca ser original en los libros de teología: acepta las conclusiones y razones aducidas por otros. De su parte pone el fuego de la exhortación, la paternidad del consejo, la persuasión. Y por eso su prosa, que él mismo llama rusticissima, porque no obedece a las leyes retóricas, sino al afán de hacerse entender por la gente sencilla, discurre limpia y clara, y encuentra el camino del corazón porque nace del amor.

Espíritu eminentemente práctico, gran organizador, apóstol y santo, trabaja por la unidad espiritual de Galia, combate los errores dogmáticos de su tiempo, trata de restablecer las buenas costumbres, de afianzar la disciplina eclesiástica, la vida religiosa, de mejorar el reclutamiento y formación del clero, de fomentar entre ellos el ministerio de la predicación, de ayudarlos en esta tarea, siempre fiel a la Iglesia de Cristo.

Fuentes
Como fuente principal para su vida contamos con los datos de la Vita S. Cesarii, escrita por cinco discípulos suyos. En este relato se expone como propósito el narrar la verdad de los hechos, sin grandes pretensiones literarias: Unum tamen hoc in praesentis opusculi devotione a lectoribus postulamus, ut... non arguant quod stylus noster videtur pompa verborum et cautela artis grammaticae destitutus, quia actus nobis et verba vel merita tanti viri cum veritate narrantibus lux sufficit eius operum et ornamenta virtutum. [...] Meretur siquidem hoc et Christi virginum pura sinceritas, ut nihil fucatum, nihil mundana arte compositum, aut oculis offeratur, aut placiturum: sed de fonte simplicis veritatis manantia purissimae relationis verba suscipiant (Praef. 2).