Apologetica-Teologia-Ciencias Biblicas

Filipenses 1:27 Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,

Unete. Sígueme. Apoyame

domingo, 21 de junio de 2009

Las Herejías III: Sectas II

El Jardin de las Delicias por el Bosco

Docetismo
El Docetismo toma este nombre de la raíz griega dokéō (δοκέω), que significa parecer o parecerle a uno. Es una doctrina aparecida a finales del siglo I d. C., que afirmaba que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. Es esta idea la que el autor de la I carta de Juan, atribuida al apóstol homónimo, quiere desestimar cuando escribe 1 Juan 1:1. Incluso el filósofo gnóstico Basílides afirmó, para explicar el traslado de la cruz, que fue Simón de Cirene y no Cristo quien la cargó, de manera de argumentar a favor de la presencia aparente y no real física de Jesús, pero éste argumento es erróneo, ya que en el registro bíblico se manifiesta que Simón cargó con la cruz después de que a Jesús le propinaron tanto golpes en la cabeza como azotes en el cuerpo, lo cual deja en evidencia que Jesús no la cargó sencillamente por encontrarse demasiado débil y malherido (Véase Mateo 27:26-32; Lucas 23:25-26), mas no por no hallarse en presencia corporal real. Esta corriente tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que son las ideas las únicas realidades y nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen; además, se nutría de la idea, hasta cierto punto generalizada en aquella época, de que la materia era corrupta, que el cuerpo es la cárcel del espíritu, como decían los griegos. La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y perfecto al segundo; de ahí que sostuviera que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como mera apariencia. El Islam conserva también este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.

Textos que se piensa que contienen Docetismo:
Evangelio de FelipeSegundo Tratado del Gran SetApocalipsis Gnóstico de Pedro
Evangelio de JudasContra epistulam fundamenti (Contra la Epístola Fundamental) de Agustín de HiponaEvangelio de PedroActos de JuanEvangelio de Basílides

Ofitas
Ofitas, ofianos (ophianoi ὄφιανοι) y ofismoson denominaciones genéricas para varias sectas gnósticas que se desarrollaron alrededor del año 100 en Siria y Egipto. Su nombre se deriva del griego ὄφις (ophis"serpiente"). Común a estas sectas era la gran importancia que daban a la serpiente del Génesis (la del relato bíblico del pecado original de Adán y Eva), por su conexión con el árbol del conocimiento del bien y del mal, y la de éste con la gnosis ("conocimiento"). Contrariamente a la interpretación cristiana ortodoxa de la serpiente como Satanás, los ofitas veían en la serpiente una figura positiva, heroica; mientras que al Dios del Antiguo Testamento lo identificaban con una figura negativa, malvada (un demiurgo al que denominan Yaldabaoth el leontoeides -"rostro de león"-). La imposición de la doctrina cristiana ortodoxa a partir del siglo IV implicó la destrucción de todos los textos de los ofitas; con lo que la mayor parte de la información acerca de estas sectas sólo puede ser obtenida de aquello que decían de ellas sus enemigos: Hipólito de RomaIreneo de Lyon, Orígenes y
 Epifanio de Salamis. Algunos textos ofitas, sin embargo, han sido recuperados en descubrimientos arqueológicos recientes, como los de Nag Hammadi (Evangelio apócrifo de Juan, Hipóstasis de los Arcontes o Sobre el origen del mundo).

Fundamentos
Según los teólogos Orígenes, Ireneo de Lyon y otros, la esencia de la doctrina ofita era que el Dios del Antiguo Testamento fue una deidad misantrópica para aquellos que creían que el poder de la humanidad tenía que ser liberado. Ya que la Biblia no identifica con precisión a la serpiente como Satanás, los ofitas se sintieron perfectamente justificados en su posición, asegurando que lo que la serpiente buscaba en realidad era entregar a Adán y Eva el conocimiento, y la prohibición de este conocimiento, era por tanto, asimilable con la figura que tanto el cristianismo como el judaísmo identifican con Dios. Así, otros enemigos del Yahveh del Antiguo Testamento se convierten en héroes para la secta.

Rituales
Los miembros progresaban a través de ceremonias de iniciación completamente formales que incluían símbolos de purificación, vida, espíritu y fuego. El sistema completo de la secta parecía tener una combinación de la doctrina cristiana con misterios orientales (particularmente los de la diosa egipcia Isis) y otros conceptos de las mitologías orientales. Como una marca de reverencia para la serpiente, ésta toma parte en la misa de comunión de la secta. Epifanio de Salamis (un padre de la iglesia del siglo IV) la llamó "la misa abominable" y la describe del modo siguiente: La serpiente fue mantenida en una cesta conocida como la cista mystica. Al inicio de la misa la serpiente es convocada. Ésta se desliza entre los panes que se encuentran en la mesa después de lo cual es partido y comido. Después de esto, cada uno de los presentes besan a la serpiente en la boca para lo cual ha sido domada por un encantamiento. Se recuestan y comienzan a adorar a la serpiente como parte del servicio eucarístico. Después, claman haber enviado un himno al Padre y entonces concluyen sus misterios.

Persecución
Los cristianos que apoyaban la ortodoxia de la iglesia veían en el gnosticismo su máximo enemigo, y les era particularmente repugnante que los ofitas tuvieran a la serpiente como un ideal de adoración; esta circunstancia hizo que los ofitas fueran perseguidos con particular violencia.

Sectas ofitas
Los naasenos, quienes veían en la serpiente al ser supremo (del hebreo na'asch -"serpiente"-).
Los setitas, para quienes Set era el patriarca de los espirituales.
Los peratas, (del griego peras -"penetrar"-).
Los cainitas, que veían en Caín su líder espiritual.
Los encratitas, secta fundada por Taciano; se distinguían por practicar una ascética rigurosa, oponerse al matrimonio y fomentar otras normas morales que desafiaban a las propugnadas por la ortodoxia.
Los bardesanes, discípulos de Valentín el Gnóstico, que llevó sus ideas a Oriente

Siglo II (100-200)
Nicolaítas
El término nicolaítas viene del griego νικολαιτων y significa «los seguidores de Nicolás». Se han propuesto las más diversas hipótesis sobre este término que aparece sin traducir en todas las versiones contemporáneas de la Biblia. También es probable que el término "nicolaítas" tenga su raíz en dos palabras griegas 'nico' – 'laos' ('nico' significa conquistar o estar sobre otros; 'laos' significa pueblo, gente común, y es la raíz de la palabra laico), dando a entender que es una especie de jerarquía en la Iglesia primitiva. El nombre se menciona dos veces en el libro del Apocalipsis. Los nicolaítas eran conocidos en las ciudades de Éfeso y Pérgamo. Varios padres de la Iglesia, incluidos Ireneo, Hipólito, Epifanio, y Teodoreto, también mencionan a este grupo, señalando a Nicolás el diácono como autor de la herejía y jefe de la secta.

Interpretaciones
Algunos autores consideran que la mención de los nicolaítas es meramente una forma simbólica de referencia, debido al carácter alegórico del Apocalipsis.​ Consideran la palabra "Nicolaítas" no como basada en el nombre de un individuo llamado Nicolás, sino como una palabra descriptiva compuesta. "Nico" significa "vencedor" en griego y laos "pueblo", Νικολαϊτῶν = seguidores del vencedor. (Siendo una referencia directa al Jinete del Primer sello, que sale "Vencedor")

Johannes Cocceius, conocedor del hebreo, consideraba que el nombre Balaam, depredador = בלע , pueblo = עם (depredador, conquistador del pueblo) podría ser interpretado como un equivalente hebreo del griego Nicolaita. Campegius Vitringa argumentó en apoyo de esta opinión. La interpretación como «Conquistador del pueblo» cuadra con lo indicado por William Branham, que postula en su libro Las 7 edades de la Iglesia que esta corriente nicolaíta, surgida en los primeros años de la Iglesia (edad de Éfeso), conquistó al pueblo a través de la degradación de las personas en su vida espiritual, lo que en las edades posteriores se intensificó gradualmente.

Para algunos es una designación genérica de la herejía, para otros una secta cuyas concepciones no conocemos. La Biblia de Jerusalén dice que se trató de una doctrina que anunciaba las especulaciones del siglo II. Watchman Nee creía que designaba a quienes establecieron el domino de las jerarquías sobre la iglesia y refería a un grupo de personas que se consideraban a sí mismas superiores a los creyentes comunes[cita requerida]. Otros en cambio piensan que los nicolaítas eran opuestos a toda norma o autoridad. No se sabe a ciencia cierta cuáles eran sus prácticas religiosas. Ireneo dice que eran seguidores de Nicolás, uno de los Siete diáconos, pero San Clemente de Alejandría defiende a Nicolás diciendo que sus seguidores lo malinterpretaron.

Una explicación distinta es la que ve en el nombre Nikólaos del nombre del profeta-adivino que provocó, según algunas interpretaciones judías, la desviación moral y religiosa de Israel, que comió de las ofrendas a los ídolos y pecó de fornicación (Nm 25,1-9; 3l,~.16; Jos 13,22). En este sentido, nicolaíta sería sinónimo de persona que pervierte las costumbres morales y religiosas. El ambiente eclesial de la comunidad de San Juan combate esta herejía por sus características peculiares: falta de valores morales, libre desahogo de las pasiones, desórdenes sexuales, etc. Las cartas de Ap 2 (Ap 2, 6.14-15.20-24) presentan la herejía como un cúmulo de horrores y definen las doctrinas nicolaítas como profundidades de satanás (Ap 2,24). A pesar de esta fuerte polémica, la herejía sobrevivió hasta finales del siglo II.

En el comentario del Apocalipsis más antiguo que se conoce, escrito por Victorino de Petovio en el siglo II, éste habla de los nicolaítas como «hombres falsos y turbadores que ministrando bajo el nombre de Nicolás crearon para ellos una herejía diciendo que las viandas ofrecidas a los ídolos podían ser exorcizadas y luego comidas, y que cualquiera que cometiere fornicación podía recibir la paz al octavo día». Esta descripción posiblemente sea otra especulación. Para otros, lo más conveniente sería que se tomara a los nicolaítas en conjunto con las otras doctrinas falsas. Beda afirma que Nicolás permitió a otros hombres casarse con su esposa. Santo Tomás de Aquino creía que Nicolás apoyaba la poligamia, o la práctica de compartir las esposas. Eusebio afirmó que la secta fue de corta duración.

Adamismo
El adamismo es una doctrina herética surgida en el siglo II en el norte de África y que pretendía, mediante la práctica del nudismo, retornar a la inocencia originaria del
Edén descrita en el Génesis. Su doctrina defendía la absoluta desnudez y el rechazo del matrimonio al considerarlo una consecuencia del pecado original. Respecto a su moral sexual existen visiones contradictorias. Según algunos autores practicaban el amor libre y los identifican con las sectas libertinas que menciona Clemente de Alejandria, otros incluyen en su doctrina una componente ascética que incorporaría una estricta abstinencia sexual.

La primera reseña histórica sobre esta doctrina se recoge en el Panarion, obra de Epifanio de Salamis sobre las herejías de su tiempo. San Agustín también se refirió a ellos en sus escritos. El movimiento original desaparece en el siglo IV para volver a surgir en el siglo XIII en AustriaBohemia y Flandes, donde se mantuvo hasta que, a finales del siglo XV, las persecuciones lo hicieron desaparecer. Por otro lado, el adamismo tuvo eco dentro de algunas sectas religiosas disidentes durante la época de la Commonwealth de Inglaterra en el siglo XVII. En el siglo XX, movimientos religiosos que defendían el nudismo aparecieron en los Estados Unidos, entre los que destacan el surgido en 1925 dirigido por Anna Rhodes o la creación, en 1985, de la Iglesia Nudista Cristiana del Santo Doncel Jesús. Algunos autores piensan que la podría ser una representación de la mitología adamita, ya que la secta de los Hermanos del Libre Espíritu, que seguían sus principios, estaba en la población de
Bolduque, donde residía el pintor. El fondo de su ideología era que «el hombre debe ser tan feliz aquí en la tierra como lo será un día en el cielo» (Tommaso Campanella, La Ciudad del Sol, 1568).

Monarquianismo
El monarquianismo o monarquismo constituye un grupo de corrientes doctrinales, totalmente opuestas entre sí, que tenían como única característica relacionada la creencia de que Dios era un sólo Rey (monarca) y que no era una pluralidad de personas. Por ser contrarias a la posición trinitaria, fueron consideradas heréticas por el Cristianismo Histórico.

Entre los monarquianistas tenemos:

El Modalismo, que se oponía férreamente al dogma de la trinidad. De acuerdo con la concepción trinitaria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, son cada una de las tres personas de la trinidad. En cambio, los modalistas explicaban que, de acuerdo con la Biblia, estos términos nunca pretendían hacer distinciones de tres personas eternas dentro de la naturaleza de Dios, sino que simplemente se referían a modos o manifestaciones de Dios. En otras palabras, Dios es un ser individual y único y los diversos términos usados para describirle (tales como Padre, Hijo y Espíritu Santo) son designaciones aplicadas a sus diferentes formas de actuar o a las diferentes relaciones que Él tiene para con el hombre.

El Adopcionismo, que afirmaba que Jesús era un ser humano que en su bautismo había sido "adoptado" por el Padre y que sólo recibió el espíritu divino una vez que hubo ascendido a los cielos.

Adopcionismo
El adopcionismo es la doctrina según la cual Jesús era un ser humano, elevado a categoría divina por designio de Dios por su adopción, o bien al ser concebido, o en algún momento a lo largo de su vida, o tras su muerte.

Precedentes del adopcionismo cristiano
Había al menos dos concepciones más o menos similares (no necesariamente excluyentes la una de la otra) de las cuales puede emanar esta idea:

-En el pensamiento judío, el mesías es un ser humano elegido por Dios para llevar a cabo su obra espectacular: tomar a los hebreos (un pueblo hasta entonces frecuentemente sometido por otros más poderosos), rescatarlos de la opresión y llevar el Reino de los Cielos a la tierra trayendo paz y prosperidad. En este sentido, el mesías no es el Hijo de Dios tal como lo considera el cristianismo.

-En la tradición griega existían héroes elevados a la condición divina después de extraordinarias proezas o hazañas, por medio de la apoteosis. El más importante ejemplo de esto es Heracles, que después de haber sido quemado en una pira es tomado por su padre Zeus para gobernar a su lado. Debido al predominio del Imperio romano, cuya orientación cultural era predominantemente griega, en la época de los primeros cristianos es altamente probable que este ejemplo estuviera a su alcance, a la manera de una historia popular. Al mismo tiempo, el adopcionismo era psicológicamente interesante para los primeros cristianos, y era fácil identificarse con un héroe como Jesús, un ser humano como cualquiera que es elegido ("adoptado") por Dios y que en consecuencia daba esperanzas de salvación a los propios cristianos, tan humildes ante Dios como su héroe máximo.

Primeros adopcionistas
Uno de los adopcionistas más famosos fue Teódoto el Curtidor, habitante de
Bizancio que llevó la prédica de esta doctrina a Roma en el año 190. Andando el tiempo, a medida que el cristianismo prendió en las capas superiores del Imperio romano, fue imponiéndose como doctrina el encarnacionismo, según la cual Jesús desde siempre había sido Hijo de Dios (concretamente la Segunda Persona de Dios). El adopcionismo fue progresivamente arrinconado, a pesar de que teológicamente el encarnacionismo plantea una serie de dificultades que el adopcionismo no las ofrece (la mayor de ella: reconocer la existencia de varias personas divinas, y al mismo tiempo profesar el monoteísmo). A lo largo de las llamadas disputas cristológicas, el adopcionismo sería resucitado, en una versión más refinada, por Pablo de Samosata (en el siglo III) y por su discípulo Arrio. También fue adopcionista el obispo Fotino de Sirmio, depuesto el año 351 por el Sínodo de Sirmio. El arrianismo, en efecto, se transformaría en la herejía más atosigadora que debería afrontar la joven Iglesia en sus primeros años. Finalmente, después de la formulaciones doctrinales de los Concilios de Nicea (325) Calcedonia (381), el adopcionismo fue finalmente abandonado.

Adopcionismo medieval
Hubo un resurgimiento a finales del siglo VIII, con Elipandoobispo de Toledo, y Félix de Urgel. El monje español Beato de Liébana, junto con el obispo Eterio de Osma y el Reino de Asturias, combatieron el adopcionismo (considerado herejía), obstinadamente defendido por Elipando. Fue condenado en el segundo concilio ecuménico de Nicea (en 787). En los años 794 799, los papas Adriano I y León III condenaron el adopcionismo como herejía en los sínodos de Fráncfort y Roma, respectivamente.

Patripasianismo
El patripasianismo (del latín pater, patris, padre, y passus, padecer) fue una doctrina cristiana monarquianista de los siglos II III que negaba el dogma de la Trinidad al considerar la misma como tres manifestaciones de un ser divino único, sosteniendo que fue el mismísimo Dios Padre quien había venido a la Tierra y había sufrido en la cruz bajo la apariencia del Hijo.

Esta doctrina, considerada herética tras ser condenada en 261 por el Concilio de Alejandría, es también conocida como sabelianismo al ser su principal defensor el obispo Sabelio.

Modalismo
creencia cristiana en la que Jesús fue la encarnación de Dios
El modalismo (término acuñado en el siglo XIX​) es una posición teológica antitrinitaria que, de acuerdo con sus defensores, se ciñe de manera estricta al concepto monoteísta sobre Dios expreso en la Biblia. El modalismo sostiene que Dios, al ser un Espíritu carente de cuerpo material y forma, deberá valérselas de maneras o modos (de ahí el término modalismo) para poder interactuar con la humanidad a lo largo de la historia de acuerdo con las circunstancias y propósitos. Esta doctrina es y ha sido considerada herética por la inmensa mayoría de cristianos a lo largo de la historia. Los tres grandes modos o manifestaciones de Dios para el modalismo son: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no son personas distintas, son solo modos de existencia o roles que ha asumido el único e indivisible Dios a fin de llevar a cabo su plan de redención para el hombre. Sin embargo, a pesar de no ser personas distintas los modos que Dios asume tienen propósitos distintos, por lo que se puede hablar de una diferencia funcional entre ellos; mas no una distinción personal pues entre otras cosas varios defensores de esta postura niegan que Dios en su esencia sea una 'persona' al sostener firmemente que según la Biblia "Dios es Espíritu". A pesar de que la mayoría de ellos niegue cualquier tipo de personalidad en Dios todos sin embargo sostienen vehementemente que este se ha manifestado o revelado plenamente al mundo en la persona de Jesucristo, el cual no solo es considerado el hijo de Dios sino Dios mismo; mas, lejos de la interpretación tradicional que relaciona su divinidad con la de Dios Hijo estos la identifican con la de Dios Padre. Para defender su postura los partidarios del modalismo utilizan textos de la Biblia donde se muestra a Dios como un ser único y donde se lo relaciona directamente con Jesucristo. Antes de la invención del término 'modalismo' se emplearon diversos términos desde tiempos antiguos para referirse a esta doctrina tales como monarquianismo, patripasianismo y/o sabelianismo. En la actualidad sus principales defensores, los pentecostales unicitarios, optan mejor por utilizar el término unicidad de Dios para referirse a dicha doctrina.

Aunque hoy en día existen algunas controversias entre los partidarios del modalismo, todos concuerdan en algo y es en que Dios no consiste es una esencia que existe en tres personas distintas; sino, más bien, en un único ser que se manifiesta de tres modos distintos (sea en diferentes tiempos o simultáneamente). Los pentecostales unicitarios (a diferencia de Sabelio quien aparentemente decía que los modos de Dios eran sucesivos) sostienen que Dios puede manifestarse como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo simultáneamente "sin dejar de ser el mismo y único Dios". Para defender su posición a menudo apelan a la naturaleza dual de Cristo para así explicar como Jesucristo y Dios siendo la misma persona pueden interactuar entre sí desde perspectivas distintas. Mas, al enseñar que la naturaleza humana de Cristo (que es lo llamado -según ellos- Hijo de Dios) puede interactuar con la naturaleza divina (que -según ellos- es a quien Jesús llama Padre) como si fueran dos personas distintas terminan cayendo en otra herejía denominada

Debate
Una de las mayores dificultades para estudiar el avance del modalismo en la edad postapostólica, radica en el hecho de que la naciente Iglesia católica aceptó en el Concilio de Nicea, en el 325 d. C. las bases de lo que sería el dogma de la Trinidad, como su doctrina de fe con relación a Dios y el mismo dogma es hoy también fundamental para las iglesias ortodoxas y las iglesias protestantes.

Según sus seguidores actuales, las ideas modalistas debieron alcanzar una difusión notable entre los cristianos de los siglos II y III, ya que Tertuliano (un trinitario temprano) escribió una de sus principales obras teológicas, Contra Praxeas, específicamente para refutar esta doctrina. Fue en este documento donde Tertuliano utilizó por vez primera el vocablo latino trinitas que significa Trinidad.[7]​ Es necesario reconocer, sin embargo, que ya antes Teófilo de Antioquía había utilizado la palabra griega Τριας (tríada) para expresar la unión de las tres Divinas Personas.

En la obra "Contra Práxeas", Tertuliano comenta que "los simples", y agrega que siempre constituyen la mayoría de los creyentes, se sorprenden de lo que denomina la "dispensación" (Un Dios en Tres Personas), lo que ha sido interpretado por muchos partidarios del modalismo como un reconocimiento de que la suya era la creencia dominante de finales del siglo II y principios del siglo III.

Práxeas sostenía que Jesús es el Dios único que fue manifestado en carne a fin de traer salvación a la humanidad y afirmaba que el único Dios es el Padre. "El Hijo —y por lo mismo el Espíritu Santo— no son más que nombres, formas de hablar con las que nos referimos a un único ser" («vox et sonus oris»: Adv. Praxeam, 7).

El Concilio de Nicea rechazó la oposición al dogma de la Trinidad y fundamentalmente enfrentó una concepción de contenido totalmente diferente al modalismo, la de Arrio, quien sostenía que Jesucristo, Hijo de Dios, no era el mismo Dios Padre, sino que el único Dios verdadero lo adoptó como Hijo, en previsión de sus méritos. (Atanasio, Oratio contra Arianos I,5-6). Para Arrio, el Padre es la única persona del Dios Creador de todo y según él, esa era la creencia original de los primeros cristianos.(Arrio, Thalia).

Monarquianismo Modalista y Monarquianismo Dinámico
La palabra monarca viene de dos palabras griegas; mono que significa solo, y arca que significa mando, gobierno. Monarca, pues, quiere decir el que ejerce el mando por sí solo, aquel en quien está concentrado el Monopolio del poder, esto es, significa el rey absoluto. Así, el Monarquianismo fue un término que se utilizó en contra de la idea trinitaria de un Dios compuesto por tres personas.

Los historiadores han usado el término Monarquianismo, para describir dos creencias completamente diferentes y sin ninguna relación doctrinal entre sí. El monarquianismo modalista (o simplemente modalismo) y, El monarquianismo dinámico.

El modalismo, también fue conocido como monarquianismo modalista. La palabra monarca, enfatizaba que el Rey del universo es uno solo, y modalismo que Dios se ha manifestado al hombre de diversos modos. El monarquianismo modalista
Identificaba a Jesucristo como Dios mismo (el Padre) manifestado en carne.

De otro lado, el monarquianismo dinámico o Adopcionismo, declaraba que Jesús era un ser inferior y subordinado a Dios. Mantenía que Jesús era un ser humano que llegó a ser el Hijo de Dios a causa de la sabiduría divina o el Logos que habitaba en El.

Antiguos Exponentes del Modalismo: Desde la Edad Postapostólica hasta el Concilio de Nicea

Los líderes modalistas prominentes fueron Noeto de Esmirna, Práxeas y SabelioNoeto fue profesor de Práxeas en Asia Menor, Práxeas predicó en Roma cerca del año 190 d. C. Sabelio predicó en Roma cerca del año 215. Por los años 180-200 d. C.,
Noeto de Esmirna expuso que Cristo, si es Dios, es Padre también, porque de lo contrario no sería Dios, ya que no hay más Dios que el Padre. Para defender su tesis, recurría sobre todo a los textos de la Escritura sobre la Unicidad Divina y la unión del Hijo con el Padre. De Noeto se tienen noticias indirectas por la obra de Hipólito de Roma, Philosophumena o “Refutación de todas las herejías”. El contemporáneo de Noeto, fue Práxeas, quien predicó por Roma y CartagoPráxeas afirmaba que el único Dios es el Padre. "El Hijo -y por lo mismo el Espíritu Santo- no son más que nombres, formas de hablar con las que nos referimos a un único ser" («vox et sonus orís»: Adv. Praxeam, 7). Esto según Tertuliano, quien escribió un tratado en contra de Práxeas, de quien conseguimos mucha información acerca de los modalistas
Sabelio, originario de la Pentápolis de Libia, predicó en Roma entre los años (199-217) y allí ganó numerosos seguidores. Debido a que Sabelio fue el modalista más prominente, los historiadores a menudo llaman a la doctrina: el Sabelianismo.

Esta doctrina de Sabelio, heresiarca africano del siglo III, fundada en la creencia de un solo Dios que se revela bajo tres nombres diferentes, y negando, por tanto, la distinción de las tres Personas y el misterio de la Santísima Trinidad.

Sabelio concebía que toda la plenitud de la Deidad moraba en Cristo, y mantenía que los términos Padre e Hijo, eran solamente designaciones diferentes del único Dios, quién por causa de ser el origen de todo es conocido como el Padre, pero referente a su apariencia en medio de la humanidad es conocido como el Hijo. Esta explicación condujo a una conclusión por parte de los trinitarios de que si el Padre y el Hijo estaban totalmente identificados, entonces el Padre había sufrido en la cruz igual que el Hijo. Esta teología recibió el nombre de patripasianismo. Sin embargo, es cuestionable que Sabelio hubiera promulgado que Jesús murió como Padre (en su Divinidad), sino que él enseñaba que la muerte de Cristo se dio en su condición de Hijo (o de varón perfecto). Hipólito, quien compartía las ideas de Tertuliano, en su obra
Philosopheumena, acusó de sabelianismo Ceferino (quien fue obispo de Roma en el periodo 199-217 d. C.) y, junto con Tertuliano, también a su sucesor Calixto (217-222).
Éste, a su vez, acusó a Tertuliano y a Hipólito como propagadores de falsas doctrinas.

El historiador Adolf von Harnack, a propósito del conflicto desatado entre Hipólito y los obispos Ceferino Calixto, afirmó que la Unicidad de Dios era la posición mayoritaria de aquella época, siendo la fe común de la gente sencilla, y que esta fue modificada posteriormente por la influencia de la especulación que desarrollaron los apologistas griegos, quienes enseñaron que el logos (el Verbo o la Palabra) era alguien distinto al Padre, lo que conllevó a la formulación de los dogmas trinitarios en los siglos IV y V. Otro líder cristiano llamado Comodiano, enseñó en Roma poco antes de la persecución de Diocleciano (245-313 d. C.), y escribió poemas impregnados de la enseñanza de la unidad de Dios.

Desde el Concilio de Nicea hasta el comienzo de la Edad Media
En el año 336, fue convocado un sínodo en Constantinopla, donde Marcelo de Ancira fue desterrado por la iglesia romana, acusado de sabelianismo. El libro que le hizo famoso fue su tratado contra el arriano Asterio, que fue la más importante de sus obras. Por desgracia, no sabemos ni siquiera su título. En un concilio celebrado en Sárdica en el año 343, se aseguró que Marcelo creyó que el Verbo (o Logos) era el eterno plan de Dios para con el hombre, por consiguiente, la Palabra solo empezó a ser Hijo a partir de la encarnación (ya que el Hijo es la Palabra hecha carne). De esta manera, Marcelo contradecía la posición del evangelista San Juan y de la Iglesia católica, de que el Verbo (La Palabra) era una persona eterna que estuvo con Dios desde la eternidad. Marcelo también escribió otras obras en contra de los arrianos, pero ninguna de éstas se ha conservado. Marcelo también escribió otras obras en contra de los arrianos, pero ninguna de estas se han conservado.

Fotino de Sirmio, fue un discípulo de Marcelo de AnciraFotino consideró al Logos
como la facultad de Dios para auto revelarse o darse a conocer al hombre. Recalcó que no había ningún “Hijo trinitario” o “Hijo Eterno”, ya que el Hijo no existió antes de ser engendrado en la virgen María, porque en la Biblia se entiende por Hijo de Dios, a la manifestación de Dios en carne como Cristo, el hombre perfecto. Contra él escribió
Audiencio, un obispo español católico romano, que en el libro titulado De fide adversus omnes haereticos, se dirigió a sus seguidores como fotinianos (también conocidos como bonosiacos). En el concilio de Sirmio, realizado en el 351 d. C. se lanzaron anatemas contra Fotino y sus seguidores. En el año 385, el hispano
Prisciliano (aprox. 340-385), fue torturado y decapitado junto con algunos de sus seguidores. La acusación contra Prisciliano era que este no aceptaba el dogma de un dios compuesto por personas divinas y se alineaba con posiciones sabelianistas.

Edad Media
Algunos escritores modernos de orientación pentecostal hallan evidencia de que la doctrina modalista existía entre los priscilianistas (c. 350-c. 700), los euquites (c. 350-c. 900)los bogomilos (c. 900-c. 1400) y los cátaros (c. 1000-1500). Algunos teólogos medievales tuvieron que enfrentarse a acusaciones de modalismo por parte de las autoridades eclesiásticas de la época. Así, por ejemplo, Pedro Abelardo (1079-1142), quien fundó y dirigió la Universidad de París, fue acusado de sabelianismo tras la publicación de su obra Theologia Summi Boni. Condenado en un sínodo provincial celebrado en Soissons en 1121, tuvo que quemar públicamente su libro y retirarse a un convento.

Reforma Protestante
Algunos grupos de anabautistas, que creían en la necesidad del bautismo en el nombre de Jesús dentro del plan de salvación, sostenían ideas modalistas. Miguel Servet (1511-1553) defendió ideas de tipo modalista, como que Jesús era Dios sin que pudiera establecerse ninguna distinción entre personas divinas, sino que Dios se manifestaba como Padre, Hijo o Espíritu según la ocasión. Sin embargo, también afirmó que el Hijo de Dios no había existido como tal antes de la concepción de María, sino sólo como Logos o palabra de Dios.

Unicidad de Dios
Algunas iglesias pentecostales, particularmente las conocidas como Pentecostales del Nombre de Jesucristo, profesan actualmente la teología de la Unicidad de Dios, que fue conocida desde el siglo XIX como modalismo. Los Pentecostales del Nombre de Jesucristo defienden la teología modalista, aunque prefieren utilizar el término Unicidad de Dios.

Encratismo
El encratismo es una herejía cristiana surgida a mitad del siglo II, aunque sus orígenes pueden remontarse a los tiempos apostólicos. Su existencia se prolongó hasta fines del siglo IV. El apelativo deriva de un término griego que significa continente, moderado. Los encratitas son los continentes por antonomasia. Profesaban el más rígido ascetismo prohibiendo el uso de la carne y del vino en las comidas y oponiéndose al matrimonio. Para justificar sus doctrinas se servían de los pasajes del Nuevo Testamento que recomiendan la templanza, aislándolos del contexto, interpretándolos unilateralmente e incluso alterándolos. Según parece, los apócrifos llamados Hechos de Pablo, de San Juan y de San Pedro, son obra de autores encratitas.

Doctrina
Su teología deriva del concepto neoplatónico y gnóstico de la materia como principio del mal, obra del demiurgo, enemigo de Dios. De esta premisa deducían lógicamente que era preciso luchar contra la materia y su autor, lo cual les llevaba a conclusiones que se resumen en el dualismo maniqueo.

Precursores
Los precursores del encratismo fueron los allobianos del país de los Sármatas,
Cerdón y sobre todo Marción. Los allobianos habitaban en las afueras de las ciudades al aire libre. Según el testimonio de Clemente de Alejandría se alimentaban de bellotas y frutos, bebían sólo agua, y se abstenían del matrimonio. Muchos neoconversos fueron atraídos por esta doctrina en sus comienzos. Introdujeron en la práctica un modo de vida que tendía a dar a simples consejos evangélicos el valor de preceptos rígidos, absolutamente indispensables para la salvación. Esto les llevó a condenar el uso de la carne, del vino y del matrimonio. Era la aplicación en terreno práctico de su teoría dualista: abstenerse y mortificarse para no colaborar en la obra del demiurgo. La ideología encratita se percibió como un peligro para la Iglesia y para la sociedad, especialmente por su aversión al matrimonio. Por esto, desde el primer momento, patriarcas y escritores de la Iglesia como Ireneo, Tertuliano, Hipólito Romano, Epifanio y otros, la consideraron herética. Los encratitas, según estos autores, pretendían abolir el género humano. Esto, según argumentaban, era ofensivo para Dios, autor de la unión del hombre y la mujer, que había santificado el matrimonio con su presencia en las bodas de Caná y había inspirado numerosos textos bíblicos sobre la licitud y la santidad de la unión conyugal, institución que la Biblia misma calificaba de honrosa.

Principales teóricos del encratismo
Hay que citar, por orden cronológico, en primer lugar a Julio Cassiano el maestro doceta que compuso una obra en defensa de sus principios ascéticos titulada Peri eunouchias o Peri encrateias (Sobre la continencia), que se ha perdido. Después de él, el principal doctor de los encratitas fue Taciano. Ireneo le hace responsable, junto con Saturnino y Marción, de la nueva herejía. Jerónimo lo llama príncipe de los encratitas. Si no fue su iniciador absoluto, parece, sin embargo, que Taciano es el organizador de la secta y el autor de la formal separación de los encratitas del cuerpo de la Iglesia.

Poco después de Taciano, un cierto Severo refuerza la herejía dándole un marcado carácter ebionita. Admitiendo la Ley, los Profetas y los Evangelios interpretados a su modo, rechaza las epístolas de Pablo y los Hechos de los Apóstoles. De este modo se forma una secta dentro de la misma secta. El nuevo partido toma el nombre de su organizador para distinguirse de los demás encratitas. El hecho del cisma severiano hace suponer divergencias doctrinales y luchas intestinas en el seno del encratismo. Por lo demás, los severianos no fueron los únicos en separarse. También algunos maniqueos tomaron el apelativo de continentes. Otros se hicieron llamar apotácticos o renunciadores porque pretendían haber renunciado a todos los placeres del mundo. Acuarianos o Hidropasianos se apellidaban aquellos a quienes su abstinencia absoluta de vino les llevaba a celebrar la eucaristía con agua sola. Los Sacóforos se distinguían por su atuendo exterior consistente en un saccos, especie de túnica de tela burda. Con estas divisiones internas subsistió la herejía hasta fines del siglo IV.

Oposición al Encratismo
Tan pronto se delineó el carácter herético del grupo se promovió, de parte católica, una campaña para neutralizar la herejía. Los medios adoptados fueron de tres géneros: la refutación teórica de sus principios doctrinales, llevada a cabo por los patriarcas y escritores eclesiásticos, las sanciones canónicas y los edictos imperiales. Entre los autores eclesiásticos que más eficazmente combatieron el encratismo teórico, destacan Ireneo, Tertuliano, Hipólito, Clemente de Alejandría Orígenes. De las muchas sanciones canónicas de que fueron objeto, la más famosa fue la adoptada contra ellos por las Iglesias de África al no reconocer la validez de su bautismo. De este hecho arranca la polémica entre Cipriano y el papa Esteban.

Por lo que atañe al problema de la abstinencia exagerada, el Concilio de Ancira (año 314) permite a los sacerdotes y diáconos el abstenerse de la carne en las comidas con tal que la hayan probado al principio. Los que se nieguen a hacerlo deben ser excluidos del orden clerical. Como se ve, la intención del canon es clara. La misma intención se descubre en el canon 51 de los llamados Cánones Apostólicos que se refiere a los clérigos, diáconos, sacerdotes y obispos que se abstienen del matrimonio, carne y vino no por motivos de legítimo ascetismo, sino por infamia, es decir, por desprecio de las obras de Dios. Con todo, el golpe mortal para el encratismo en todas sus formas y variedades, no provino de las disposiciones del derecho eclesiástico, sino de las del civil. Poco después del Concilio de Nicea, Constantino emanó una constitución contra los herejes. Más tarde, Teodosio el Grande en 381 y 383 condena a los que bajo diversas denominaciones profesen el error de los maniqueos. Cita nominalmente a los encratitas, apotácticos, acuarianos y sacóforos, a los que califica de «sectas inaceptables». A partir del siglo V los encratitas, a raíz de estas disposiciones, dejan de ser una amenaza a la ortodoxia católica.

Ebionismo
Ebionismo o ebionaioi (griego: Ἐβιωναῖοι; derivado del hebreo אביונים ebion, que significa "el pobre" o "los pobres"), es un término patrístico que hace referencia a una o varias sectas judeocristianas que existieron durante el cristianismo primitivo. Veían a Jesús como el Mesías pero manteniendo una cristología "baja", es decir, afirmaban que Jesús era el Mesías pero rechazaban su preexistencia, esto es, que tuviera naturaleza divina y que su nacimiento hubiera sido virginal e insistían en la necesidad de seguir los ritos y leyes judías cumpliendo preceptos como la circuncisión, el sábado o las prohibiciones alimenticias (cashrut). La gran mayoría de los ebionitas rechazaban como herejías las creencias cristianas ortodoxas en la divinidad de Jesús, en su nacimiento virginal y en la expiación sustitutiva o vicaria de los pecados que eran aceptadas por la iglesia primitiva, y en consecuencia creían que Jesús era hijo natural de José y María, que buscó abolir los sacrificios animales por medio de la proclamación profética, y que murió como mártir para llevar a toda Israel al arrepentimiento. Su nombre sugiere que otorgaban un especial valor a la pobreza voluntaria. Las últimas comunidades ebionitas podrían haber desaparecido alrededor del siglo V.

Más allá de la pobreza voluntaria, se decía que los ebionitas practicaban el vegetarianismo religioso y baños rituales. Insistían en la necesidad de seguir la Ley Escrita y el Sermón de la Montaña de Jesús; utilizaban uno, algunos o todos los evangelios judeocristianos, como el Evangelio de los ebionitas, como sagrada escritura adicional a la Biblia hebrea, y veneraban a Santiago el Justo como ejemplo de rectitud y verdadero sucesor de Jesús (en lugar de Pedro), al tiempo que rechazaban a Pablo como falso apóstol y apóstata de la Ley. Dado que los registros históricos de los ebionitas son escasos, fragmentarios y controvertidos, gran parte de lo que se sabe o conjetura sobre ellos deriva de los Padres de la Iglesia, que veían a ciertos cristianos judíos como ebionitas y confundían en sus polémicas a diferentes grupos a los que tachaban de «judaizantes» heréticos. En consecuencia, se sabe muy poco con certeza sobre la secta o sectas ebionitas, y la mayoría, si no todas, las afirmaciones sobre ellos son especulativas. Los Padres de la Iglesia consideran a los ebionitas idénticos a otras sectas judeocristianas, como los nazarenos.

Referencias históricas

Los Ebionitas se deben distinguir, tal y como Ireneo de Lyon deja claro ya en el siglo II, de los Nazarenos, judíos creyentes en Jesús como Mesías, y descendientes de la primitiva iglesia judía de Jerusalén, que si creían en la Divinidad de Jesús y además celebraban el sábado como día de reposo del Señor. Ya que no hay evidencia arqueológica autentificada para comprobar la existencia de los ebionitas, su naturaleza e historia no pueden ser reconstruidas de referencias que no han perdurado. Lo poco que se conoce de ellos viene de referencias críticas por influencias de antiguos teólogos y escritores de la iglesia cristiana, quienes los consideraban "heréticos" y
"judaizantes". Sin embargo, de acuerdo con los estudiosos de la actualidad quienes han estudiado su pertenencia a la historia, los ebionitas existieron como una comunidad distinta de la cristianidad temprana, antes y después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., pero fueron marginados y perseguidos por cristianos gentiles a pesar de la posibilidad de que hayan sido tan fieles a las enseñanzas de Jesús como el mismo Pablo de Tarso.

Historia
En el año 140, Justino Mártir, en su texto más antiguo que conocemos, describe una secta alejada de la iglesia que observa la Ley de Moisés, y que la sostienen como obligación universal. En el 180 d. C., Ireneo de Lyon fue el primero en usar el término "Ebionitas" para describir una secta herética y judeizante, que calificaba como tercamente aferrados a la ley. En el 212 d. C., Orígenes remarca que el nombre deriva de la palabra hebrea "evyon", que significa pobre. La más completa pero a la vez cuestionable relato viene de Epifanio de Salamis, quien escribió un tratado de herética en el siglo IV, denunciando 80 sectas heréticas, entre las cuales se encontraba el Ebionismo. Estas son descripciones generales de su ideología religiosa, aunque en ocasiones hay citas de sus evangelios, que de otra manera estarían perdidos para nosotros.

Usualmente dependiendo entre si para su valoración, los Padres de la Iglesia distinguieron a los Ebionitas de los Carpocracianos, Cerintos, Elcesaiteos, Nasoraneos, Nazarenos, Nazoraneos y los Sampsaenos, muchos de los cuales eran las primeras sectas de judíos discípulos de Jesús que sostenían su gnosticismo tradicional referentes al punto de vista cristiano que los ebionitas rechazaban.
Eusebio de Cesarea, menciona sin embargo, que la minoría ebionista se acercó a hacer suyas estas ideas a pesar de continuar con el nombre de la secta.

Marcionismo
El Marcionismo fue una incipiente doctrina cristiana del siglo II. Durante esta temprana etapa de consolidación cristiana, el fundamento teológico de esta rama tuvo una notable influencia dualista. Toma su nombre de su principal creador, el teólogo y exitoso comerciante Marción (85-150 d. C.).

Marción
Nacido en Sinope, en Asia Menor (hoy Sinop, Turquía), hijo de un obispo que fue excomulgado, Marción prosperó como comerciante y naviero. Viajó a Roma entre 135 140 d. C. buscando ser nombrado dignatario de la Iglesia, sin lograrlo. Fue declarado hereje y excomulgado en 144 d. C.. En el momento de su muerte (150) había logrado exitosamente el primer cisma del Cristianismo, cuyos efectos se prolongarían hasta el siglo III. Elaboró la primera gran herejía cristiana y redactó el primer canon del Nuevo Testamento, sistemáticamente organizado conforme a su propio dogma. A pesar de que suele atribuírsele el carácter de “gnóstico” nunca tuvo ese carácter, no obstante su cercanía, antes de elaborar su propio cuerpo doctrinal, con la herejía
Docética. Este primer canon de "su nuevo testamento", ayudó a la iglesia cristiana del siglo II a motivarse rápidamente para preparar el canon auténtico de los libros del Nuevo Testamento. Hasta entonces se leía el Antiguo Testamento, porciones del Nuevo Testamento y cartas del apóstol Pablo en las congregaciones, pero no había un canon del Nuevo Testamento como tal.

Orígenes
En su época, siglo IIRoma es la ciudad más importante del mundo, centro del poder, del comercio, de la cultura, es habitada por personas que provienen de todas partes de Europa, del Norte de África y de Asia Menor, Durante la primera mitad de este siglo el Cristianismo se encuentra unido, tiene como símbolo principal al pez, todavía no han conquistado para su fe el carácter de religión oficial del Imperio y aún son una secta más, pero es la más activa: tiene adeptos en todos los estratos de la sociedad, incluso entre los patricios. El Emperador Tito Elio Adriano Antonino prohíbe la
persecución de cristianos y en la primera parte de este siglo se inicia la costumbre de enterrar en el subsuelo a los muertos en “las catacumbas”, es la época de los más grandes “gnósticos”, Valentín Basílides, este último vive en Alejandría. Roma
disfruta de un largo período de prosperidad y de respeto a los cultos religiosos, lo cual permite el florecimiento del cristianismo y es precisamente en ese momento cuando Marción llega a la capital del imperio romano, con el propósito de obtener una archidiócesis y para ello dispone de 200.000 sextercios, sin embargo no logra su cometido y es entonces que decide organizar su propia iglesia, cosa que logra con éxito, además de que organiza su cuerpo doctrinal y publica su versión revisada del Nuevo Testamento. Los textos que eventualmente conformarían el Nuevo Testamento, hasta antes de Marción, circulaban en fragmentos aislados como cartas, algunas apócrifas, sin que existiera un canon unificado respecto a ellas. La extraordinaria idea de publicar su propio Nuevo Testamento y separarse del cuerpo principal, obligó al cristianismo a revisar y a establecer su propio canon del Nuevo Testamento.

Doctrina
A pesar de que no existe ninguna duda de que Marción escribió al menos dos obras muy importantes, “Los Evangelios” y “Antítesis” ambas se han perdido, sin embargo gracias a Tertuliano, su más devoto impugnador es posible reconstruir las enseñanzas de Marción. La premisa del marcionismo es que muchas de las enseñanzas de Cristo son incompatibles con las acciones del Dios del Antiguo Testamento. Centrándose en las tradiciones paulinas del Evangelio, Marción consideraba que todas las demás concepciones del Evangelio, y especialmente cualquier asociación con la religión del Antiguo Testamento, se oponían a la verdad y suponían un retroceso. Además, consideraba los argumentos de Pablo sobre la ley y el evangelio, la ira y la gracia, las obras y la fe, la carne y el espíritu, el pecado y la rectitud, la muerte y la vida, como la esencia de la verdad religiosa. Atribuyó estos aspectos y características como dos principios, el Dios recto e iracundo del Antiguo Testamento, que es al mismo tiempo idéntico al creador del mundo, y un segundo Dios del Evangelio que es sólo amor y misericordia. Los marcionistas sostenían que el Dios de la Biblia hebrea era inconsistente, celoso, airado y genocida, y que el mundo material que creó era defectuoso, un lugar de sufrimiento; el Dios que hizo tal mundo es un demiurgo chapucero o malicioso.

"En el Dios [del Antiguo Testamento] vio un ser cuyo carácter era la justicia severa, y por tanto la ira, la conflictividad y la falta de misericordia. La ley que rige la naturaleza y el hombre le pareció acorde con las características de este Dios y el tipo de ley revelada por él, y este Dios es el creador y señor del mundo (κοσμοκράτωρ kosmokrator). Como la ley que gobierna el mundo es inflexible y, sin embargo, por otra parte, llena de contradicciones, justa y de nuevo brutal, y como la ley del Antiguo Testamento exhibe las mismas características, así el Dios de la creación era para Marción un ser que reunía en sí mismo todas las gradaciones de atributos, desde la justicia a la malevolencia, desde la obstinación a la inconsistencia."

En la creencia marcionista, Cristo no era un Mesías judío, sino una entidad espiritual que fue enviada por la Mónada para revelar la verdad sobre la existencia, permitiendo así a la humanidad escapar de la trampa terrenal del demiurgo. Marción llamó a Dios el Dios Extraño (o el Dios Extranjero, en algunas traducciones), ya que esta deidad no había tenido ninguna interacción previa con el mundo, y era totalmente desconocida. (Véase también el Dios Desconocido del Helenismo y el sermón paulino del Areópago)

En varias fuentes populares, Marción se cuenta a menudo entre los gnósticos, pero como dice el Diccionario Oxford de la Iglesia Cristiana (3.ª ed.), «está claro que habría tenido poca simpatía con sus especulaciones mitológicas» (p. 1034). En 1911 Henry Wace afirmó que: Un teólogo moderno se apartaría de los sueños del valentinianismo con un desprecio silencioso, pero no podría negarse a discutir la cuestión planteada por Marción, de si existe tal oposición entre las diferentes partes de lo que considera la palabra de Dios, que todas no pueden provenir del mismo autor.

Una diferencia primordial entre los marcionitas y los gnósticos era que los gnósticos basaban su teología en la sabiduría secreta (como, por ejemplo, Valentín, que afirmaba haber recibido la sabiduría secreta de manos de Teudas, quien la recibió directamente de Pablo) de la que decían tener en posesión, mientras que Marción basaba su teología en el contenido de las Cartas de Pablo y en los dichos escritos de Jesús; en otras palabras, un argumento a partir de las escrituras, en el que Marción definía lo que era y lo que no era escritura. Además, se cree que la cristología de los marcionitas era principalmente docetista, negando la naturaleza humana de Cristo. Esto puede deberse a que los marcionitas no estaban dispuestos a creer que Jesús era hijo de Dios Padre y del demiurgo. Los estudiosos del cristianismo primitivo no concuerdan respecto a si clasificar a Marción como gnóstico: Adolf von Harnack no clasifica a Marción como gnóstico, mientras que G. R. S. Mead sí lo hace. Harnack argumentó que Marción no era un gnóstico en sentido estricto porque Marción rechazaba los elaborados mitos de la creación, y no pretendía tener una revelación especial o un conocimiento secreto. Mead afirmaba que el marcionismo tiene ciertos puntos de contacto con el gnosticismo en su idea de que el creador del mundo material no es la verdadera deidad, en el rechazo del materialismo y en la afirmación de un reino espiritual trascendente y puramente bueno en oposición al reino físico maligno, en la creencia de que Jesús fue enviado por el Dios «Verdadero» para salvar a la humanidad, en el papel central de Jesús en la revelación de los requisitos de la salvación, en la creencia de que Pablo tenía un lugar especial en la transmisión de esta «sabiduría», y en su docetismo. Según el artículo de la Encyclopædia Britannica de 1911 sobre Marción: No era una mera escuela para cultos, ni revelaba misterios para privilegiados, sino que pretendía fundar la comunidad cristiana sobre el evangelio puro, las auténticas instituciones de Cristo. Sin embargo, Marción encontró que el evangelio puro estaba en todas partes más o menos corrompido y mutilado en los círculos cristianos de su tiempo. Su empresa se convirtió así en una reforma de la cristiandad. Esta reforma debía liberar a la cristiandad de las falsas doctrinas judías, restaurando la concepción paulina del evangelio, siendo Pablo, según Marción, el único apóstol que había entendido correctamente el nuevo mensaje de salvación entregado por Cristo. Por lo tanto, desde el punto de vista de Marción, la fundación de su iglesia -a la que primero se vio empujado por oposición- equivale a una reforma de la cristiandad a través de un retorno al evangelio de Cristo y a Pablo; nada debía aceptarse más allá de eso. Esto demuestra que es un error incluir a Marción entre los gnósticos. Ciertamente era un dualista, pero no era un gnóstico.

El marcionismo muestra la influencia de la filosofía helenística en el cristianismo, y presenta una crítica moral del Antiguo Testamento desde el punto de vista del platonismo. Según Harnack, la secta puede haber llevado a otros cristianos a introducir una declaración formal de creencias en su liturgia (véase Credo) y a formular un canon de Sagradas Escrituras autorizadas propio, produciendo así finalmente el actual canon del Nuevo Testamento.

En cuanto a la cuestión principal, sin embargo, de si conocía o asumía la existencia de un Nuevo Testamento escrito de la Iglesia en cualquier sentido, en este caso una respuesta afirmativa es muy improbable, porque si esto fuera así se habría visto obligado a hacer un ataque directo al Nuevo Testamento de la Iglesia, y si tal ataque se hubiera hecho deberíamos haber oído hablar de él por Tertuliano. Marción, por el contrario, trata a la Iglesia Católica como una que "sigue el Testamento del Dios Creador", y dirige toda la fuerza de su ataque contra este Testamento y contra la falsificación del Evangelio y de las Epístolas Paulinas. Su polémica habría sido necesariamente mucho menos sencilla si se hubiera opuesto a una Iglesia que, al poseer un Nuevo Testamento junto al Antiguo, hubiera puesto ipso facto a este último bajo el amparo del primero. De hecho, la posición de Marción hacia la Iglesia católica es inteligible, en toda la fuerza de su simplicidad, sólo bajo la suposición de que la Iglesia no tenía todavía en su mano ninguna 'litera scripta Novi Testamenti.'[16]​
Se cree que Marción impuso una moral severa a sus seguidores, algunos de los cuales sufrieron en las persecuciones. En particular, se rehusaba a readmitir a quienes se retractaban de su fe bajo la persecución romana. (véase también Lapsi). El primer aspecto relevante en el pensamiento de Marción es que distingue y separa como cosas totalmente diferentes al Dios Creador del Antiguo Testamento, Yahvé, del Dios verdadero, Padre, capaz de encarnar a un hijo hombre, Cristo conforme al Nuevo Testamento y concluye que ambas religiones son paralelas y que tienen por única conexión a la geografía. El primer paso en la lógica de Marción fue desterrar del cristianismo al Antiguo Testamento y de inmediato agregar que el Mesías al que se refiere el Antiguo Testamento no es Cristo, que aún no se ha cumplido esa profecía y que cuando ocurra, si llegara a ocurrir, el Mesías del Antiguo Testamento se llamará Emmanuel y no Jesús.

Emmanuel, el Mesías judío, estaría destinado de manera exclusiva al pueblo judío y solo tendría prosélitos entre estos, los descendientes de David. Además, contra él se levantarán los pueblos y los imperios y él responderá bélicamente, insiste Marción: este Mesías no ha llegado ni se ha cumplido esa profecía con Cristo, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento.

En este punto Marción dice que solo Pablo logró entender a Cristo, razón por la cual tuvo profundas diferencias con Pedro quien no comprendió las enseñanzas de Cristo y junto con los demás apóstoles trató de conservar el cristianismo como una secta judaica, cosa que finalmente debe ser resuelta separando con nitidez y de manera definitiva ambas religiones, ambos testamentos, ambos dioses, para lo cual no solo rechazó el Antiguo Testamento, sino que procedió a rechazar todos los elementos del Nuevo Testamento que consideraba judíos. Para lograrlo, de todas las Escrituras escogió el Evangelio de Lucas, excluyendo los relatos sobre el nacimiento de Cristo por considerarlos citas de la Biblia judía, y revisa minuciosamente y acepta como verdaderas solo diez de las cartas de Pablo por considerarlas exentas de judaísmo (Gálatas, 1.ª y 2.ª a Corintios, Romanos, 1.ª y 2.ª de Tesalonicenses, Efesios, Colosenses, Filipenses y Filemón), rechazando las otras cuatro (1.ª y 2.ª a Timoteo, Hebreos y Tito).

De esta manera, Marción es el primer cristiano que establece un canon preciso, una estricta delimitación del Nuevo Testamento aceptado y verdadero, lo cual constituye un poderoso instrumento religioso en esa época y a la postre obliga a la Iglesia primitiva a seguir por ese mismo camino y a formular el Nuevo Testamento.

Posteriormente escribió la “Antítesis” que es un análisis de las contradicciones entre el cristianismo, el Dios Padre del Nuevo Testamento y el judaísmo y el Dios Creador del Antiguo Testamento.

Las Antítesis
La siguiente es una reconstrucción de las Antítesis de Marción:
  • El Dios del Nuevo Testamento es desconocido: «Nadie conoce al Padre, sino el Hijo», mientras que el Dios del Antiguo Testamento es conocido por Adán y por los demás impíos
  • Cristo conocía lo que hay en el corazón del Hombre; el Creador pregunta a Adán¿dónde estas?.
  • Cristo era bueno con los ciegos, que David había mandado matar.
  • Cristo da vista a los ciegos, mientras el Creador no cura la ceguera de Isaac.
  • Moisés se impone como juez entre sus hermanos que pelean. Cuando a Jesús le piden que resuelva una disputa, él se niega.
  • Los israelitas salieron bien equipados de Egipto después de despojar a los egipcios por orden del Creador. Cristo manda a predicar a sus discípulos «sin nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno».
  • El Creador legisla «ojo por ojo, y diente por diente»; el Hijo del Dios Supremo dice «si te pegan en una mejilla, presenta la otra».
  • La Ley declara que si uno toma un vestido ajeno, el culpable pagará el doble; Cristo declara «al que te quite el manto, no le niegues la túnica»
  • El Creador envía fuego sobre los enemigos de EliseoJesús reprende a los discípulos que le piden que envíe fuego.
  • El Creador envía los osos que devoran a 42 niños que se habían burlado de Eliseo; Cristo dice a sus discípulos «dejad que los niños vengan a mí».
  • El Creador sanó sólo un leproso por medio de Eliseo, cuando en Israel había muchos, y para ello necesitó que se lavara en agua siete veces; el Hijo del Dios Supremo sanó a diez, con su sola palabra, e inmediatamente; por otra parte, el que regresa glorificando a Dios no cumple la Ley. 
  • El profeta del Creador dice «que no oigan los que tienen oídos»; Cristo dice «el que tenga oídos, que oiga». 
  • La Ley dice «Maldito el que está colgado de un madero»; Cristo fue colgado en un madero.
  • El Cristo judío vendrá sólo para Israel; el Cristo de Dios viene para todos los pueblos de la tierra. 
  • El Dios bueno es bueno ante todos; el Creador se preocupa sólo de los que le pertenecen. 
  • El Bueno salva a los que creen en Él, pero no castiga al resto; el Creador salva sus fieles y castiga al resto. 
  • La maldición es la característica de la Ley; la bendición caracteriza al Evangelio.
  • En la Ley, el Creador ha dicho: «Yo hago al rico y al pobre»; pero Cristo sólo llama bienaventurado al pobre.
  • En la Ley se le da la fortuna a los ricos y la desgracia a los pobres; en el Evangelio es al revés.
  • La ley manda amar al prójimo y odiar al enemigo; pero es necesario amar a los enemigos.
  • El Creador ha establecido el Sábado, que Cristo no ha observado.
  • La Ley prohíbe tocar a una mujer con flujos de sangre; el Cristo de Dios no sólo la toca sino que la sana.
Su rechazo al Dios del Antiguo Testamento suponía también un rechazo de su obra: la Creación; por lo que predicaba que la materia y el cuerpo eran en esencia malos. Basándose en este principio doctrinal predicó que Jesús no se encarnó jamás, que su cuerpo fue sólo apariencia, por lo que negaba la encarnación del Verbo, así como la resurrección de los muertos. A pesar de negar la corporalidad de Jesús, afirmaba que su sufrimiento y muerte fueron reales en cierta medida. Asimismo la negación de la encarnación suponía para Marción que Jesús no era hijo de José ni de María, para lo cual se basaba en Lucas 8:21: “Mas Él respondió: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

La influencia docética en el rito marcionita
Influido por la herejía docética y por el platonismo, Marción considera que la carnalidad es corrupta, o un simple reflejo de la realidad, por ello ordena la abstinencia carnal, rechaza el placer en cualquier forma, obligando a los creyentes de su Iglesia a una vida de pobreza y privación extrema, la cual fue parte importante para el fin de esta herejía, pues incluso se opuso al placer sexual dentro del matrimonio. En lógica con lo anterior y no obstante que el rito de la Iglesia marcionita copiaba el rito católico, difería en la pobreza de los hábitos y en que, en lugar del vino se utilizaba agua, pues la asociación del vino con la sangre era contraria con la parte gnóstica que influyó en menor grado, pero que definitivamente se aprecia en estos dos aspectos del ritual.

Montanismo
El montanismo fue un movimiento que se produjo en el interior de las comunidades cristianas primitivas, como un esfuerzo para revalidar las realidades pneumáticas y escatológicas de los primeros tiempos de la Iglesia. Se trataba de un «movimiento reavivador», como sería llamado posteriormente. El conocimiento que se tiene de este movimiento se funda en el testimonio de los autores cristianos, como Eusebio de
Cesarea, Epifanio, Clemente de Alejandría, Orígenes e Hipólito. De mayor importancia es, sin embargo, una fuente original en los escritos de Tertuliano, que se adhirió al montanismo hacia el final de su vida.

Los inicios del montanismo
El origen de este movimiento se puede fijar entre los años 160 y 170 en Ardabau, Frigia. Allí, un hombre llamado Montano se sintió transportado a estados de éxtasis durante los cuales profería advertencias proféticas. Luego se unieron a él dos mujeres, Prisca y Maximila, que también empezaron a profetizar, y cuya popularidad llegó a superar a la del propio Montano. Montano y sus profetisas anunciaban el final inminente del mundo, ordenando a sus fieles que se reunieran en un lugar determinado para esperar allí el descenso de la Jerusalén celestial. Esta profecía fue acogida rápidamente en distintos estratos de la sociedad, los cuales se organizaron en comunidades y realizaron una propaganda muy activa entre cristianos y paganos.

La doctrina montanista
El montanismo, a diferencia de la gnosis y del
marcionismo, no pretendía anunciar una nueva doctrina sino más bien revalorizar ciertos elementos relativamente olvidados de la doctrina tradicional:
  • La escatología, que caracterizaba a la doctrina montanista al afirmar que el fin de los tiempos se acercaba y que llegaría en un plazo muy breve, con lo que resurgía la espera de la parusía tal como lo habían esperado las primeras generaciones cristianas. El montanismo insistió en las prácticas ordinarias en la Iglesia de entonces: preparación al martirio, ayuno, xerofagia (abstención de alimentos húmedos), castidad dentro del matrimonio, prohibición de segundas nupcias, negativa a conceder el perdón a un cristiano bautizado incluso en el caso de que hiciera penitencia.
  • El profetismo, el cual es el elemento verdaderamente dominante en el montanismo. Sus promotores intentaron revivir el profetismo cristiano, que apenas existía en la época. No obstante, su concepción del profetismo difería sustancialmente de la tradición primitiva, puesto que los profetas del montanismo se consideraban receptáculos de la divinidad: no eran ellos quienes hablaban, era el Espíritu quien hablaba por su boca. Así, Montano era un nuevo Paráclito que continuaba la revelación contenida en el Evangelio.
El destino del montanismo
El movimiento se difundió rápidamente, y hacia el final del siglo II alcanzó su máxima expansión. En Oriente, y especialmente en Asia Menor, fue donde logró mayor importancia y donde persistió por más tiempo, subsistiendo hasta fines del siglo IV. También logró gran aceptación en Occidente, aunque más brevemente. Se encuentran rastros de este movimiento en el año 177 en Lyon. La carta de los mártires de Lyon a las iglesias de Asia y de Roma, por ejemplo, habla de la doctrina de Montano. También se encuentran evidencias de él en Roma y en África, donde, hacia el año 205Tertuliano se adhirió oficialmente al movimiento.

Diferencias entre Montanismo y el cristianismo ortodoxo.
  • Creer que los mensajes que recibían directamente del Espíritu Santo suplantan y cumplen las doctrinas de los Apóstoles. Estaban influenciados por una interpretación gnóstica del Evangelio de San Juan: "Yo les enviaré el abogado, el espíritu de verdad"
  • Creyéndose poseídos por Dios, pensaban que cuando profetizaban no podían resistir. Montanus decía "Yo soy el Padre, la Palabra, el Espíritu Santo" (Didymus, De Trinitate, III, xli)
  • Exagerada importancia a las profecías recibidas en éxtasis y las lenguas.
  • Los cristianos que perdían la gracia no podían ser redimidos.
  • Esperaban el regreso inminente de Cristo.
  • Según San Jerónimo y otros padres, los montanistas creían que la Trinidad es una sola persona (Modalismo).
Siglo III (200-300)
Maniqueísmo
Maniqueísmo es el nombre que recibe la religión universalista fundada por el sabio persa Mani (o Manes) (c. 215-276), quien decía ser el último de los profetas enviados por Dios a la humanidad. El maniqueísmo se concibe desde sus orígenes como la fe definitiva, por cuanto pretende completar e invalidar a todas las demás. Al rivalizar en este sentido con otras religiones, como el zoroastrismo, el budismo, el cristianismo y el islam, de sus contactos con ellas se derivaron numerosos fenómenos de fusión doctrinal. La definición teológica del maniqueísmo ha dividido a la crítica. Mientras que, para algunos eruditos, el fenómeno maniqueo no es reductible a una concepción dualista de la divinidad y el cosmos, ni es definible como gnosticismo, para otros muchos estudiosos es esencialmente gnóstico y dualista.

Se divulgó desde la Antigüedad tardía por el Imperio romano e Imperio Sasánida, y en la Edad Media, por el mundo islámico, Asia Central y China, donde perduraría, al menos, hasta el siglo XVII. Por ello, sus escritos litúrgicos sagrados y fuentes propias se encuentran registrados en múltiples lenguas, entre ellas, latín, griego, copto, persa medio, chino, parto, sogdiano, etcétera. Por lo demás, existen fuentes no maniqueas que informan sobre las creencias y costumbres de esta religión desde San Agustín a al-Biruni. En la Edad Media, catarismo y bogomilismo fueron consideradas herejías de raigambre maniquea, y en la actualidad algunas sectas y nuevas religiones se declaran maniqueas o neomaniqueas, aunque sin relación directa o histórica con el maniqueísmo.

Historia
Comenzando en el siglo III en Babilonia, en el Imperio Sasánida, se extendió a través del Oriente hasta China por la cuenca del río Tarim, y en muchas partes del Imperio romano. Fue una religión universalista, que aprovechó la Ruta de la Seda para su expansión, pero que se vio pronto perseguida en el área islámica y el Occidente cristiano, perdurando sobre todo en el Extremo Oriente. Según todas las evidencias disponibles, el maniqueísmo sobrevivió, fundamentalmente, en China, hasta inicios del siglo XVII, durante la dinastía Ming (1368-1644), y algunas de sus ideas y principios, incluso, hasta más adelante, a principios del siglo XX. En 2005 un equipo de estudiosos ha postulado la posibilidad de que un culto maniqueo haya podido sobrevivir hasta el presente.

La vida de la comunidad maniquea
La comunidad maniquea se dividía en dos grupos:

-Los elegidos, en latín electi, pasaban su tiempo en oración, practicaban el celibato y eran vegetarianos. Tras su muerte, según la teología maniquea, los elegidos alcanzaban el Reino de la Luz.
-Los oyentes, en latín auditores, debían servir a los elegidos, podían contraer matrimonio (aunque les estaba desaconsejado tener hijos) y practicaban ayuno todas las semanas. A su muerte, esperaban reencarnarse en elegidos.

Para que el Reino de la Luz triunfara sobre las tinieblas, todos los elegidos y oyentes debían alcanzar el Reino de la Luz. En realidad, no era un triunfo lo que buscaban los maniqueos, sino un retorno al estado original, la separación del Bien y del Mal. Pues el mal es indestructible, la única forma de alcanzar el Reino de la Luz es huir de las Tinieblas.

La fiesta del Bema
La fiesta religiosa fundamental de los maniqueos era el Bema, que se celebraba anualmente:

El Bema fue originalmente, en la Iglesia Cristiana Siríaca, un asiento situado en mitad de la nave desde el cual el obispo presidía y se leía el Evangelio. En los templos maniqueos, el Bema era un trono de cinco peldaños, cubierto por valiosos tejidos, simbolizando las cinco escalas de la jerarquía. La cima del Bema estaba siempre vacía, ya que correspondía al asiento de Mani. Esta celebración tenía lugar durante el equinoccio de primavera, y era precedida por ayunos, simbolizando la Pasión y muerte de Mani, constituyendo un estricto paralelo de la Pascua Cristiana. Aunque se presume que a menudo, el Bema estaba vacío, hay algunas evidencias procedentes del escrito maniqueo en copto "Salmos del Bema", de que en el Bema se hallaba una copia del Arzhang, libro ilustrado según la tradición por Mani, que narraba la creación del Universo.

Doctrina
Los maniqueos, a semejanza de los gnósticos, mandeos y mazdeístas, eran dualistas: creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el Bien y el Mal, que eran asociados a la Luz (Zurván) y las Tinieblas (Ahrimán) y, por tanto, consideraban que el espíritu del hombre es de Dios pero el cuerpo del hombre es del demonio. Esto se explicaba a través de un conjunto de mitos antropogónicos, de influencia gnóstica y zoroástrica. En el hombre, el espíritu o luz se encuentra cautivo por causa de la materia corporal; por lo tanto, creen que es necesario practicar un estricto ascetismo para iniciar el proceso de liberación de la Luz atrapada. Desprecian por eso la materia, incluso el cuerpo.

Los «oyentes» aspiraban a reencarnarse como «elegidos», los cuales ya no necesitarían reencarnarse más. Zoroastro, Platón, Jesús, Buda y otras muchas figuras religiosas habrían sido enviadas a la humanidad para ayudarla en su liberación espiritual, siendo Mani el Sello de los Profetas. En la práctica, el maniqueísmo niega la responsabilidad humana por los males cometidos porque cree que no son producto de la libre voluntad, sino del dominio del mal sobre nuestra vida. Por esto consideraban al pavo real (pavo cristatus) su animal sagrado, porque sus colores en el plumaje revelaban los distintos estados espirituales por los que pasaba el cuerpo para lograr purificarse y transformarse en el espíritu divino.

Antidicomarianitas
Secta oriental que floreció alrededor del año 200 hasta el 400 d.C., y se les llamó de este modo por ser "oponentes de María". Los ebionitas fueron los primeros que mantuvieron que Nuestro Señor era simplemente el hijo de San José y María. Esta doctrina acabó repugnando hasta a sus seguidores y fue después modificada para enseñar que, aunque Nuestro Señor nació de Santa María a través del Espíritu Santo, después José y María tuvieron vida marital y tuvieron otros muchos hijos. La secta negaba la fórmula "siempre-virgen María" usada en las liturgias griegas y latinas.

La primera referencia a esta secta aparece en Tertuliano y las doctrinas que enseñaban fueron expresamente mencionadas por Orígenes (Homilía in Lucam, III, 940). Ciertos arrianos, eudocios y eunomianos, fueron grandes defensores de estas ideas. La secta alcanzó su máximo desarrollo en Arabia hacia finales del siglo IV y el nombre de antidicomarianitas se lo aplicó expresamente San Epifanio, quien escribió contra ellos una interesante carta en la que narraba su historia, doctrinas y pruebas de su falsedad (San Epifanio, Contra Hæres., LXXVIII, 1033 ss.).

Bibliografía: MIGNE, P. G. (Paris, 1862); ORIGEN, XIII, 1813; IDEM, St. Epiphanius, XLII, 699-739.

Fuente: Shipman, Andrew. "Antidicomarianites." The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/01562a.htm>.

Traducido por Pedro Royo. L H M

Continua en Las Herejía IV: Sectas III
----------------
Síguenos en:
Lenguas de Fuego

Promocionar tu página también