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Filipenses 1:27 Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,

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miércoles, 21 de julio de 2021

El Theotokos

Antiguo icono ruso Alegría de todos los que sufren, o la Alegría de todos los afligidos, temple sobre madera.
Icono que representa a María y Jesús, la Madre de Jesús, Theotokos, figurillas y ángeles.
Alrededor de 1800.

El Theotokos
Theotokos (en griego antiguo: Θεοτόκος, en latín: Deīpara o Deī genetrix) es una palabra griega que significa Madre de Dios (literalmente, 'la que dio a luz a uno que era Dios'). Theotokos se compone de dos palabras griegas, Θεός (Dios) y τόκος (parto). Su equivalente en español, vía latín, es Deípara. Theotokos es el título que la Iglesia cristiana temprana le dio a María en referencia a su maternidad divina, título que se definió dogmáticamente en el Concilio de Éfeso de 431.

Definición del dogma
El título le fue concedido solemnemente a María en el Concilio de Éfeso de 431 al ser proclamado el dogma cristológico. El significado teológico en ese momento fue enfatizar que el hijo de María, Jesús, era completamente Dios, y también completamente humano, tal y como había sido afirmado en el Concilio de Nicea I de 325, y que sus dos naturalezas (humana y divina) estaban unidas y eran inseparables en una sola persona.

Deiparam [...], non quod Verbi natura Ipsiusque divinitas ortus Sui principium ex sancta Virgine sumpserit, sed quod sacrum illud corpus anima intelligente perfectum ex ea traxerit, cui et Dei Verbum, secundum hypostasim unitum, secundum carnem natum dicitur.

Madre de Dios, no porque el Verbo de Dios haya tomado de ella su naturaleza divina, sino porque es de ella, de quien tiene el cuerpo sagrado dotado de un alma racional [...] unido a la persona del Verbo, de quien se dice que el Verbo nació según la carne.

Las dos versiones
La visión contraria en el concilio era que María debía ser llamada «Christotókos», ​«Madre de Cristo». Esta posición, abogada por Nestorio, entonces Patriarca de Constantinopla, pretendía restringir el papel de María a ser solo la madre de la «humanidad de Cristo», y no de su naturaleza divina.

Por su parte la versión de Cirilo de Alejandría, en contraposición a la de Nestorio de Constantinopla, era que no podía ser que solo fuese «Christotókos», ya que de ser así, Jesús habría nacido como cualquier ser humano normal y, llegado determinado tiempo, Dios Hijo lo «poseyera» de manera tal que una persona era divina y la otra mortal.

En el Concilio se determinó que no podía ser de este modo: Jesús desde su concepción tenía las dos naturalezas, la divina y la humana, de tal forma que cuando Él nació, María «La Virgen» fue «Theotókos». Con la puntualización de que llamar a María «Madre de Dios» no intentaba sugerir que María sea coeterna con Dios, o que existió antes que Jesucristo o Dios Padre. La Iglesia acepta esto como un misterio en la letra de este antiguo himno: «Él a quien todo el universo no podía contener, fue contenido en tu matriz, oh Theotokos».

Uso en la Iglesia primitiva
Muchos Padres de la Iglesia primitiva utilizaron el título de Madre de Dios para referirse a María por lo menos desde el siglo III.

Aparece en la oración mariana más antigua que se conserva, el Sub tuum praesidium quizás compuesta hacia 250. Orígenes es el primer autor que utilizó Madre de Dios para María en las Homilías sobre el Evangelio de San Lucas, traducidas del original griego al latín por San Jerónimo. Puede datarse hacia el año 220. El texto da por sentado de que la expresión es no problemática para el auditorio. Dionisio de Alejandría utiliza Madre de Dios en alrededor del 250, en una epístola a Pablo de Samosata. Atanasio de Alejandría en 330, Gregorio el Teólogo en 370, Juan Crisóstomo, en 400, y San Agustín, utilizaron Madre de Dios. Teodoreto escribió en 436 que llamar a la Virgen María, Madre de Dios es una tradición apostólica.

Solemnidad
La Solemnidad de Santa María, Madre de Dios (Theotokos) se inició en las Iglesias orientales alrededor del año 500. En el rito romano se celebraba el 11 de octubre; no obstante, con la reforma de Pablo VI, Juan Pablo II lo trasladó al día de la octava de la Navidad, 1 de enero.

Oraciones
En el Ave María, la oración mariana más típica del cristianismo occidental, María es invocada con el título de Madre de Dios. En el rito bizantino se nombra «verdadera Madre de Dios, a Ti, te celebramos».​ El título Theotókos sigue siendo usado frecuentemente en himnos de la Iglesia Ortodoxa Oriental.

Arte
Theotókos es la denominación de un tipo iconográfico de la Virgen en el arte bizantino, en el que aparece sentada en un trono con el Niño Jesús en su regazo, mirando ambos al frente, en actitud hierática. En este modelo iconográfico se basa otro característico del arte románico: la Maiestas Mariae (majestad de María o suprema alteza –en los cielos), que a partir del gótico italiano se conoce como Maestà.

La iconografía de la Theotokos incluye en el manto el adorno de tres estrellas, una en cada hombro y otra en el centro de su frente, para enfatizar su virginidad perpetua, indicando que María se mantuvo antes, durante y después del parto virgen. Probablemente también pueda entenderse como referencia a la Santísima Trinidad.

La imagen de María en el arte bizantino se representa con distintos modelos iconográficos, cuyas variaciones responden no tanto a la voluntad de estilo de los pintores sino a cuestiones teológicas. Entre los modelos iconográficos más distintivos están la Odhigitria, la Platytera, la Eleusa, la Galaktotrophousa, etc.

Música
El compositor argentino Juan Francisco Giacobbe compuso la "Sonata en Mi para Bandoneón solo op. 123" bajo el nombre de «Theotòkos» en el año 1982.

Nestorio
Nestorio, en griego Νεστόριος (c. 386-c. 451), líder cristiano sirio del siglo v. Nació en Germanicia, Siria (hoy Kahramanmaraş en Turquía).​ Fue patriarca de Constantinopla y fue acusado de profesar la doctrina que lleva su nombre (nestorianismo), consistente en una separación total entre la divinidad y la humanidad de Cristo. Ponía en duda la denominación de Madre de Dios (Teotókos) para María, la cual no podía ser madre de un Dios, sino de la naturaleza humana de Cristo. Tal doctrina fue declarada herética por el Concilio de Éfeso, que depuso a Nestorio del patriarcado en 431. Murió en los desiertos de Libia entre 440 y 451.

Al recaer sobre él la acusación de herejía, sus obras fueron destruidas. Se trataba de una producción numerosa sobre todo de sermones, cartas y algunos tratados dedicados a temas dogmáticos en disputa. Se conserva su obra Bazar de Heráclides de Damasco, donde critica la postura de Cirilo de Alejandría y, por tanto, las decisiones del Concilio de Éfeso. Se le atribuyeron también los Doce contra-anatematismos, que serían una respuesta a los Anatematismos de Cirilo, pero tal atribución es espuria.

Sus seguidores, los denominados nestorianos, difundieron su doctrina por Asia, llegando a crear una importante iglesia que se extendió desde la India hasta Siberia. Actualmente, quedan congregaciones de esta iglesia en Irak (Iglesia asiria del Oriente), Irán, India, China, Estados Unidos y otros lugares donde han migrado comunidades de los países citados.

Controversia sobre el lenguaje
Durante su obispado, un sacerdote antioqueno en Bizancio comenzó a predicar contra el título de Theotokos (Madre de Dios). El sacerdote anónimo sostuvo que llamar a la Virgen Theotokos no era del todo exacto y daba la impresión de que la Virgen María había dado a luz a la divinidad de Cristo. La capital mariana reaccionó con fuerza y Nestorio se vio obligado a intervenir. El patriarca afirmó que sería más exacto decir que la Santísima Virgen María era Cristotokos (La Madre de Cristo), ya que ella dio a luz a la humanidad perfecta de Cristo. Sin embargo, la ruptura con la tradición cristiana era evidente y su posición era impopular en Bizancio. De hecho, la denominación de Madre de Dios se aplicó a la Virgen mucho antes de la cristianización del imperio y fue acogida por al menos la mayoría de los cristianos de la época. Sin embargo, la controversia de llamar a la Virgen Madre de Cristo o Madre de Dios se trataba más de cómo los cristianos podían hablar ortodoxamente de la unidad de Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre. Nestorio quiso evitar decir que la Divinidad sufrió o mostró debilidad, ya que es impasible, mientras que su oponente San Cirilo de Alejandría sostenía que el Verbo de Dios sí sufrió y murió en la carne, enfatizando la unidad de su persona..

Teología
Las creencias de Nestorio fueron falsificadas y exageradas incluso durante su vida. Se alegó que Nestorio fue un adopcionista como el condenado Pablo de Samósata, y que odió el título de Teotokos (que se traduce a portadora de Dios o Madre de Dios) ambas siendo acusaciones falsas basadas en polémicas tempranas principalmente por parte del abad Casiano de Marseilles. La idea de que había dos Hijos de Dios, uno por naturaleza y otro por asociación, comúnmente atribuida a Nestorio, le pareció absurdo por no concordar con la divina escritura, y escribió vehementemente contra la enseñanza de dos Hijos. La gran parte de la información acerca de Nestorio llega hasta nuestros días de fuentes hostiles que describen engañosamente sus doctrinas.​ Las verdaderas posturas de Nestorio, al menos las que sostenía hacia el final de su vida, fueron reveladas por el descubrimiento de su única obra restante; el bazar de Heraclides. Aunque sus cartas a Cirilo de Alejandría, escritas antes de los concilios de Éfeso, también han sobrevivido.

Nestorio fue Obispo de Constantinopla y acogió las doctrinas de los concilios de Nicea y de Constantinopla. Creyó en la eternidad del Verbo de Dios y en su igualdad con el Padre, y perseguía a los seguidores de Apolinar y a los arrianos presentes en la capital. Sus obras se empaparon de citas de las escrituras, especialmente de pasajes del evangelio según San Juan, que informaban su teología de la Trinidad. Su celo por defender la ortodoxia frente a los Arrianos y Apolinarianos le llevaron a hacer varios tratados sobre la Cristología. Nestorio afirmó que Cristo tenía dos naturalezas, la naturaleza divina del Verbo de Dios, y una naturaleza verdaderamente humana, conjuntas en la persona del Mesías. Le fue muy importante preservar la dignidad del eterno y divino Verbo, pero también recalcó que Cristo tuvo todas las facultades humanas, incluidas el alma y la mente humanas (a diferencia de la doctrina de Apolinario). Su modo de describir la unión del Verbo con "su templo", la plena humanidad de Jesús, daba la impresión de que habló de dos personas en Cristo, lo cual lo metió en problemas con sus Obispos compañeros. Aunque las críticas más sofisticadas de su doctrina se trataron de las implicaciones lógicas de poder separar la divinidad de la humanidad de modo tan estricto y cómo Cristo podría ser una sola persona a la luz de tal división.

Nestorio no fue el primero en asignar ciertas acciones a la divinidad o la humanidad del Mesías. San Gregorio de Nisa y San Hilario de Poitiers enseñaron cosas similares en ocasiones, con el último diciendo que la muerte se atribuye al hombre y la vivificación al Dios.​ Nestorio continuó esta tradición y siguió la trayectoria del pensamiento y sus implicaciones. Enseñó que el Verbo de Dios es el (único) Hijo divino, que asumió la carne sin cambiar su "ousia" (esencia).​ Hay varias citas de Nestorio que acentúan su creencia en la unidad de la persona de Cristo con sus dos naturalezas.

Llamo a Cristo: "Dios perfecto y hombre perfecto", no naturalezas que se confunden, sino que están unidas.

El Verbo de Dios no estaba separado de la naturaleza del Templo.

Nuestro Señor el Cristo es Dios y hombre.

La unidad de las naturalezas no se divide; es la ousia de las naturalezas unidas que se separa.

Nestorio enfatizó que el Verbo de Dios es inmutable e invariable, y, por ende, negó que el Verbo sufriera o mostrara debilidad. Entendió que el Verbo tomó la verdadera humanidad de Jesús como su templo, vistiéndose en ella, pero permaneciendo distinto. Sin embargo, no soportó la idea de que el Verbo pudiera sufrir y requerir sustento, ya que Él es omnipotente y de la misma naturaleza del Padre. Ese deseo de mantener dividida las dos naturalezas y evitar decir que el Verbo de Dios padeció tendría consecuencias en cuanto a la soteriología. Pues, si únicamente sufrió y murió la naturaleza humana, entonces, ¿cómo paga el sacrificio de un solo ser humano por los pecados del mundo o vence a la muerte?. Fue esta cuestión, irresoluble, según los participantes del Concilio de Éfeso, la que resultó ser el talón de Aquiles de la teología nestoriana.

La escuela de Antioquía
Nestorio perteneció a la escuela de Antioquía, un esquema interpretativo que se centró en el "sentido literal" de la Biblia. Los teólogos de la escuela defendieron la auténtica humanidad de Jesucristo frente a las pretensiones de los apolinaristas y la verdadera divinidad de la Palabra de Dios frente a los arrianos.​ Entre ellos, había una tendencia marcada de separar la humanidad de Jesús de su divinidad, para proteger la dignidad del Verbo de Dios. Por lo tanto, afirmaron que en la única persona de Cristo existió la plena humanidad de Jesús y la verdadera deidad del Verbo de Dios. Así, podían decir que Jesús experimentaba las necesidades de un hombre, como se cuenta en los evangelios, y, al mismo tiempo, conservar las testificaciones de la omnipotencia del Verbo de Dios, relatadas en las mismas fuentes (Juan 19:28, Mateo 26:38, Hebreos 1:3, 1 Corintios 1:24, Juan 14:6, 21:17, 1:1-5, Tito 2:13, Romanos 9:5).

La Iglesia del Oriente
La teología de Nestorio, y de toda la escuela antioqueña a la que pertenecía, sobrevivía por un tiempo en la ciudad de Edesa bajo el obispo Ibas, gran admirador de los antioquenos. A medianos del siglo V, la Iglesia del Oriente, que tuvo muchos líderes alumnos de Ibas, adoptaron oficialmente la teología diofisísta que profesan hasta el día de hoy.

Escritos
Se conservan muy pocos escritos de Nestorio. Hay varias cartas conservadas en las actas del Concilio de Éfeso, y fragmentos de algunas otras. Se conservan unos 30 sermones, la mayoría fragmentarios. El único tratado completo es la larga defensa de su posición teológica, El bazar de Heráclides, escrito en el exilio en el Oasis, que sobrevive en siríaco traducción. No debió de escribirse antes de 450, ya que conoce la muerte del emperador Teodosio II (29 de julio de 450).​ Existe una traducción inglesa de esta obra, pero fue criticada por inexacta, al igual que la traducción francesa más antigua.​ Otros análisis eruditos han demostrado que se realizaron varias interpolaciones tempranas en el texto, en algún momento de la segunda mitad del siglo V.

Bazar de Heracleides
En 1895, un libro manuscrito del siglo XVI que contenía una copia de un texto escrito por Nestorio fue descubierto por misioneros estadounidenses en la biblioteca del patriarca nestoriano en las montañas de Qudshanis, Hakkari. Este libro había sufrido daños durante las conquistas musulmanas, pero estaba sustancialmente intacto, y se sacaron copias en secreto. La traducción siríaca tenía el título de El bazar de Heracleides. El manuscrito original del siglo XVI fue destruido en 1915 durante el masacres turcas de cristianos asirios. La edición de esta obra debe atribuirse principalmente al erudito alemán Friedrich Loofs, de la Universidad de Halle.

En el Bazar, escrito hacia 450, Nestorio niega la herejía por la que fue condenado y, en su lugar, afirma de Cristo que "el mismo es doble", expresión que algunos consideran similar a la formulación del Concilio de Calcedonia. Sin embargo, los primeros escritos que se conservan de Nestorio, incluida su carta escrita en respuesta a las acusaciones contra él de Cirilo, contienen material que ha sido interpretado por algunos en el sentido de que en aquella época sostenía que Cristo tenía dos personas. Otros ven este material como meramente enfatizando la distinción entre cómo el Logos preencarnado es el Hijo de Dios y cómo el Emmanuel encarnado, incluyendo su cuerpo físico, es verdaderamente llamado el Hijo de Dios.

Legado
Aunque Nestorio había sido condenado por la iglesia, existía una facción leal a él y a sus enseñanzas. Tras el Cisma nestoriano y el traslado de muchos cristianos nestorianos a Persia, el pensamiento nestoriano se arraigó en la comunidad cristiana nativa, conocida como Iglesia de Oriente, hasta el punto de que a menudo se la conocía como la "Iglesia nestoriana".

En los tiempos modernos, la Iglesia Asiria de Oriente, descendiente moderna de la Iglesia de Oriente histórica, venera a Nestorio como un santo, pero la iglesia moderna no suscribe la totalidad de la doctrina nestoriana, tal y como se ha entendido tradicionalmente en Occidente. El patriarca Mar Dinkha IV repudió el exónimo nestoriano con motivo de su acceso al trono en 1976.

En el Imperio Romano, la doctrina del Monofisitismo se desarrolló como reacción al nestorianismo. La nueva doctrina afirmaba que Cristo tenía una sola naturaleza, su naturaleza humana absorbida en su divinidad. Fue condenada en el Concilio de Calcedonia y se atribuyó erróneamente a las Iglesias no calcedonianas. Iglesias. Hoy en día, es condenada como herejía en las modernas iglesias ortodoxas orientales.

Cisma Nestoriano
El cisma nestoriano fue la separación entre la Iglesia católica y las iglesias afiliadas al nestorianismo en el siglo v, cuyo conflicto fue causado por las diferencias teológicas acerca de la naturaleza de Cristo entre estos dos bandos. Los personajes clave de este hecho fueron un monje llamado Nestorio, de un lado, y Cirilo de Alejandría, del otro.

La doctrina nestoriana sería adoptada por la Iglesia del Este, la iglesia cristiana de la Persia Sasánida, que en adelante también se le conocería como Iglesia Nestoriana.

Origen
El nestorianismo toma como base las ideas de Nestorio, patriarca de Constantinopla de 428 a 431. Tiempo antes, Nestorio había sido alumno de Teodoro de Mopsuestia en la Escuela de Antioquía, de quien recibe influencia y sirve de inspiración a su pensamiento. Nestorio creía que la naturaleza humana y divina de Cristo eran distintas, por lo cual, estaba en contra de darle el título de Theotokos ("Madre de Dios") a la Virgen María y, en su lugar, proponía llamarla Christotokos ("Madre de Cristo").

Desarrollo
Cirilo de Alejandría juzgó que la doctrina de Nestorio era contraria al dogma oficial y alentó medidas para condenarla. Cosa que ocurriría finalmente como resultado del primer Concilio de Éfeso (431). La decisión más tarde sería confirmada en el Concilio de Calcedonia (451).

Como resultado de esto, las iglesias partidarias del nestorianismo se separaron de la iglesia oficial y se establecieron como una nueva secta del cristianismo, agrupándose en torno a la Escuela de Edesa. Anatemizadas y perseguidas en el Imperio Romano de Oriente, se desplazaron a Persia, donde fueron bien recibidas por los cristianos persas que de por sí ya habían declarado su independencia de Constantinopla en un intento por silenciar las acusaciones de filiación extranjera. La Escuela de Edesa se trasladó a la ciudad de Nísibis, luego de eso, un centro del nestorianismo. En 484, los sasánidas ejecutaron al patriarca católico pro-bizantino Babeo y lo substituyeron por el obispo nestoriano de Nísibis, Barsauma, terminando de forma efectiva los vínculos entre la cristiandad persa y el Imperio romano.

Después el nestorianismo se expandió considerablemente a través de Asia, ganando presencia en Asia Central, India, los territorios mongoles e, incluso, China. El movimiento nestoriano medieval persistió en la Iglesia Asiria del Oriente, presente principalmente en Irán, Irak y Siria.

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martes, 9 de marzo de 2021

La Cristología III

Gloria del Cristo recién nacido en la presencia de Dios el Padre y el Espíritu Santo. Detalle de una pintura del techo de Daniel Gran en la Iglesia de Santa Ana, de Viena. Adán y Eva son retratados a continuación, con cadenas.

Extra calvinístico
El extra calvinisticum es la doctrina según la cual la presencia del Hijo eterno no se limita a su naturaleza humana asumida, sino que mantiene su existencia también más allá de ella (etiam extra carnem) perpetuamente, desde el momento de su encarnación. El término extra calvinisticum fue utilizado inicialmente por los luteranos para referirse al uso de este concepto en la teología reformada . Sin embargo, el concepto se encuentra en los escritos de una amplia gama de teólogos anteriores a la Reforma, incluidos los Padres de la Iglesia.

Historia del término
El término extra Calvinisticum (en latín, "el calvinista más allá/afuera") es un término teológico técnico dado por los teólogos escolásticos luteranos alrededor de 1620. La doctrina lleva el nombre y está asociada con Juan Calvino, pero se encuentra comúnmente en los Padres de la Iglesia y es prominente en la cristología de Agustín. E. David Willis demuestra la existencia de esta doctrina en los escritos de Agustín de Hipona, Pedro Lombardo, Juan de Damasco, Gregorio de Nacianzo, Tomás de Aquino, Duns Escoto, Gabriel Biel y Jacques LeFevre d'Estaples. Andrew M. McGinnis promueve la investigación y demuestra evidencia de la doctrina en los escritos de Cirilo de Alejandría.

Panorama general de la doctrina
La Definición de Calcedonia (451 d.C.) afirma lo siguiente acerca de la unión hipostática de las dos naturalezas de Cristo: Un solo y mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, que debe ser reconocido en dos naturalezas, inconfundiblemente, inmutablemente, indivisiblemente, inseparablemente; la distinción de naturalezas no siendo eliminada de ninguna manera por la unión, sino más bien siendo conservada la propiedad de cada naturaleza, y concurriendo en una Persona y una Subsistencia, no partida o dividida en dos personas, sino un solo y mismo Hijo, y Unigénito, Dios el Verbo, el Señor Jesucristo.

Algunas tensiones que se encuentran dentro de la lógica de la definición se intensificarían hasta convertirse en controversias durante la Reforma Protestante , cuando los teólogos luteranos y reformados expusieron doctrinas opuestas sobre la persona de Cristo. La controversia se refería principalmente a la naturaleza humana de Cristo. Por ejemplo, ¿cómo se relaciona esta unión inconfundible, inmutable, indivisible e inseparable con la omnipresencia de Cristo? La comprensión reformada de la relación entre las dos naturalezas de Cristo y su omnipresencia es lo que suele llamarse el extra Calvinisticum. El extra Calvinisticum enseña que el Hijo eterno mantiene su existencia etiam extra carnem (también más allá de la carne) durante su ministerio terrenal y perpetuamente.

Esta distinción teológica contrasta con la cristología luterana escolástica. En la teología de Martín Lutero , Jesucristo es omnipresente no sólo en su naturaleza divina sino también en su naturaleza humana, debido a la comunicación de propiedades ( communicatio idiomatum ) entre esas dos naturalezas. Los reformados, en contraste con los luteranos, argumentaron que "la Palabra está completamente unida a la naturaleza humana, pero nunca totalmente contenida en ella, y, por lo tanto, incluso en la encarnación debe concebirse como más allá o fuera de (extra) la naturaleza humana".

James R. Gordon hace una distinción entre dos versiones de la doctrina —la débil y la fuerte— en la tradición. La versión débil simplemente mantiene “que (1) el Hijo no puede ser reducido al cuerpo físico de Cristo y (2) hay alguna forma de presencia ejercida por el Hijo más allá de la vida encarnada del Hijo en Cristo”; y permanece agnóstica sobre el qué y el cómo de la vida del Hijo extra carnem , y no hace inferencias del hecho de la presencia del Hijo más allá del cuerpo físico de Cristo a ramificaciones teológicas adicionales de tal presencia. La versión fuerte de la doctrina hace afirmaciones teológicas adicionales con respecto a los detalles del qué y el cómo de la presencia del Hijo más allá de la carne al hacer las “afirmaciones de que (1) el Hijo no se revela exhaustivamente en la persona de Cristo, (2) el Hijo simpliciter no participa en la gama completa de experiencias humanas de la persona de Cristo, y (3) la encarnación es contingente a la vida del Hijo”.

Divinidad de Cristo, el ‘extra calvinisticum’
Las respuestas de Calvino vienen proyectadas por la continua apelación al misterio de la encarnación, piedra de tropiezo del judío.

El autor del ensayo breve del que copié algo el encuentro anterior, presenta una posición de Calvino que, más que contra el judío que había escrito las objeciones al cristianismo, (al que ni conoce, ni le interesa como tal), la lanza contra sus adversarios de la Reforma radical. Aquí sólo la menciono, pues ocurre otras veces en el pensamiento del reformador. Antonio Rivera explica que “esta sección de la Reforma radical rechazaba dos doctrinas firmemente asentados en el pensamiento de Calvino: la relativa a la unidad de las dos Alianzas y del pueblo elegido antes y después de Cristo; y la que aseveraba la relación entre circuncisión y bautismo. Los radicales consideraban igualmente insostenible la vinculación que establecían los reformadores magisteriales -y principalmente el reformador de Ginebra- entre Ley y Evangelio (gracia), justicia y amor (libertad del cristiano), Estado e Iglesia”.

(Advierte el autor, sin embargo, de que un sector de esa Reforma radical sí propone la vinculación de los dos pactos, pero con fines anti-institucionales. Se trata del imperio directo y universal de Cristo en el milenio, con la restauración de las leyes levíticas. De esto, también, sólo lo apunto.)

Y ya nos vamos a lo que pone el título de este encuentro. El autor explica que las respuestas de Calvino vienen proyectadas por la continua apelación al misterio de la encarnación, piedra de tropiezo del judío: “el Hijo de Dios no puede ser al mismo tiempo Hijo del Hombre”. “Es lógico que Calvino [nos dice el autor] tuviera especial interés en responder esta cuestión, pues si algo caracteriza la cristología del reformador, es la extraordinaria acentuación de la naturaleza divina de Cristo. Esto es precisamente lo que se conoce como extra calvinisticum”.

Incluso, nos advierte, podría parecer que, en Calvino, el Cristo del Evangelio se asemeja demasiado al Dios del Antiguo Testamento. Es evidente que en el reformador se acentúa la realidad de las dos naturalezas de Cristo, pero con un énfasis especial en la divinidad, con ello “pretende evitar que la encarnación suponga una disminución de la divinidad, y, por tanto, quiere salvaguardar la divinidad de Cristo de toda contaminación por parte de su humanidad”. [No está de más recordar que este trabajo se editó por la entidad que promociona la obra de Servet.]

Para apoyo de esta afirmación, el autor pone nota al pie con el texto de la Institución: “Respecto a la afirmación que 'el Verbo fue hecho carne' (Jn. 1:14) no hay que entenderla como si se hubiera convertido en carne, o mezclado confusamente con ella; sino que en el seno de María ha tomado su cuerpo humano como templo en el que habitar; de modo que el que era Hijo de Dios se hizo también hijo del hombre, no por confusión de sustancia, sino por unidad de la Persona. Porque nosotros afirmamos que de tal manera se ha unido la divinidad con la humanidad que ha asumido, que cada una de estas dos naturalezas retiene íntegramente su propiedad, y sin embargo ambas constituyen a Cristo”.

Por eso rechazó desde el principio el concepto de ubicuidad de los luteranos, que usan para justificar su doctrina de la santa Cena. Para Calvino el que sí tiene ubicuidad es el Espíritu Santo, y por él se une el creyente con Cristo en la Cena, sin su mediación no hay modo de salvar la distancia con el resucitado en los cielos. Afirma el autor: “Calvino, si bien admite la ubicuidad de la naturaleza divina, rechaza categóricamente la ubicuidad del cuerpo de Cristo por las mismas razones que rechaza toda tentativa de deificación del hombre, incluso en la persona de Cristo [anoten, anoten, esto es protestantismo.]. La divinidad del Hijo no está ligada a su humanidad, aunque resida en esta humanidad. Cristo, ciertamente, se ha rebajado hasta nosotros tomando la naturaleza humana, pero sin desprenderse de su majestad y gloria eterna”.

Sigue nuestro autor: “Calvino afirma que no se trata de que Dios se haya hecho semejante a su criatura, sino que, revistiéndose de carne humana, se ha hecho hombre sin cambiar su naturaleza eterna e inmutable. Ciertamente es hombre mortal, pero como su cuerpo se convierte en 'templo de la divinidad', dentro del cual habita la gloria perfecta del Creador, entonces el poder vivificante de su Espíritu se expande al mismo tiempo a su naturaleza humana. Esto significa que el cristiano tiene fe en el Mesías no porque sea un hombre mortal, 'Hijo del Hombre', sino porque su cuerpo es templo de la divinidad en el que habita la gloria perfecta de Dios, y por ello es ante todo 'Hijo de Dios'”.

Y llegamos a otro aspecto que el autor propone como señal distintiva de la enseñanza de Calvino, pero también como otro componente problemático: redención y predestinación.

“La otra peculiaridad de la cristología de Calvino tiene que ver con la cuestión de cómo consigue conciliar la doctrina de la redención con la predestinación, el relato sobre el Hijo, Cristo, con el del Padre, Dios. (…) Más allá de que, como señalan algunos especialistas, se haya exagerado la importancia de la predestinación en Calvino, lo cierto es que al final de su vida, y sólo al final, el decreto eterno de elección aparece conectado con su cristología como reacción a una disputa que mantuvo en 1555 con Lelio Socino. Este último había preguntado al reformador de Ginebra cómo puede ser que el decreto eterno de elección, mediante el cual Dios ha decidido salvar a los hombres por un acto de su voluntad libre y soberana (predestinación), sea determinado por los méritos de Cristo, esto es, por la obediencia y sacrificio del Hijo de Dios. Y es que, si la voluntad divina es libre y soberana, entonces no tiene necesidad de ninguna intervención exterior, como los méritos de Cristo, para hacer realidad sus decisiones.

En la edición de 1559/60 de la Institución, o sea, en la última, responde a esta dificultad subordinando la teoría de la redención (el mérito de Jesucristo) a la predestinación ('a la misericordia de Dios'), de forma que los méritos del Hijo provienen de la sola gracia de Dios”.

Aquí dejo este asunto, para continuar, d. v., la semana próxima. Merece que se rumie. Les pongo, para terminar, la nota al pie que el autor inserta de la Institución donde Calvino explica este pormenor: “Admito de buen grado que, si alguno quiere oponer simplemente y en sí mismo Jesucristo al juicio de Dios, no habría lugar a mérito alguno, pues no es posible hallar en el hombre dignidad capaz de obligar a Dios. Más bien, como dice San Agustín, Jesucristo, en cuanto hombre, es un resplandor de la predestinación y gracia de Dios, pues la naturaleza humana que asume Jesucristo no puede conseguir ser lo que es (…) Al tratar del mérito de Jesucristo no ponemos el principio de su mérito en Él, sino que nos remontamos al decreto de Dios, que es su causa primera, en cuanto que por puro beneplácito y graciosa voluntad lo ha constituido Mediador para que nos alcanzase la salvación”.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Reforma2 - Divinidad de Cristo, el ‘extra calvinisticum’

PERIKHÓRESIS
DC
SUMARIO: I. Terminología y significado.—II. Uso teológico: 1. En cristología; 2. En doctrina trinitaria.—III. Teología contemporánea.

I. Terminología y significado
El término griego perikhóresis, cuya traducción más frecuente al latín medieval es circuminc(s)essio (cf. infra), se convirtió en la época patrística en un término técnico del lenguaje teológico que se ha mantenido hasta nuestros días. Su uso por parte de los autores griegos anteriores al cristianismo es poco frecuente, incluso en la forma verbal (perikhórein), y el significado que le atribuyen es bien el de un movimiento circular rotatorio de diferenciación, puesto en marcha por la razón cósmica (nous) para hacer de la materia amorfa un cosmos ordenado (Anaxágoras), bien el de sucesión dinástica (Herodoto) o el de transición giratoria (Diógenes Laercio); en cualquier caso siempre con la inclusión de la idea de movimiento (Doneffe 498s., Disandro 443s.).

Su uso teológico se retrotrae probablemente al influjo de la física estoica (Wolfson 418s., Stemmer lls.). Aquí se hablaba de un tipo de mezcla (krasis) entre cuerpos distintos que conservan no obstante sus propiedades peculiares, de una coextensión (antiparektasis) entre un cuerpo y otro (el caso, p. e., de una gota de vino derramada sobre un recipiente de agua). Este concepto sirvió a los estoicos para comprender la relación entre cuerpo y alma: el alma, considerada también de naturaleza corporal, abarca por completo y traspasa todas las partes del cuerpo («animadas» por el alma) y, a la inversa, no hay parte del alma que no quede traspasada («corporeizada») por el cuerpo. El movimiento de esta relación parte del alma como del principio activo, pero al fin se produce una interpenetración recíproca en la que cuerpo y alma no quedan diluidos, sino que permanecen siendo lo que eran, con sus propiedades peculiares (ej. del hierro transpasado por el fuego). La idea de coextensión de los cuerpos lleva a los estoicos a la de interpenetración mutua y para expresarlo se sirven del verbo «khorein».

Este concepto estoico ofrecía sin duda un gran interés para la teología cristiana; ninguna yuxtaposición de elementos, sino una nueva unidad, ninguna confusión de los mismos, sino garantía de su diversidad. Aunque la doctrina estoica fue criticada ya en la misma antigüedad, si se pasaba del mundo corporal al de las esencias o naturalezas no corporales, se disponía de una metáfora para hacer plausible la unión hipóstática de la naturaleza divina y humana en la persona de Jesucristo.

II. Uso teológico
Hasta el s. IV no hay constancia de que los términos perikhóresis o perikhórein hayan sido empleados por el discurso teológico cristiano. El uso primero tiene lugar en el ámbito de la cristología para pasar después al de la doctrina trinitaria, donde se le otorgará un empleo preferente y repetido. Lo cual no excluye su uso en otros ámbitos como el de la antropología, la soteriología, la eclesiología o la relevancia práctica de la fe cristiana.

1. EN CRISTOLOGIA. La imagen tradicional del hierro transpasado por el fuego se convirtió pronto en metáfora frecuente para expresar la unidad en Cristo de la naturaleza divina y humana, manteniendo cada una su distinción recíproca (PG 11, 213s.; PG 31, 1460; PG 89, 156; PG 91, 1060, 1076). No obstante, antes de Gregorio Nacianceno (t 390) no queda constancia de que el concepto de perikhóresis haya sido empleado en la reflexión cristológica. El lo emplea una sola vez (PG 37, 181C), en la forma verbal (perikhórein), al lado y como equivalente de otras expresiones (krasis, synkrasis, PG 36, 325C), sin pretender forjar una nueva terminología técnica. El contexto de su uso es la tradición del NT, donde al Hijo de Dios se le atribuyen imperfecciones humanas y al hombre Jesús atributos divinos, procedimiento semántico paradójico. Aunque entre los estudiosos del tema no hay acuerdo completo sobre todos los matices de significado (cf. Prestige, Lampe, Stemmer, Harrison), perikhóresis parece implicar en Greg. Nac. no sólo la idea de intercambio o alternancia, sino también la de interpretación; se aplica a las designaciones de Cristo como Dios y como hombre, pero esta aplicación se fundamenta en la interpretación de la naturaleza divina y humana, si bien en un sentido no completamente recíproco, pues la iniciativa y la actividad corresponden al principio divino. Por este hecho (interpenetración de las naturalezas), de la única persona de Cristo pueden predicarse atributos divinos y humanos, según referencia respectiva. De esta manera, en el discurso cristológico se introduce un término nuevo para iluminar de algún modo, mediante comparaciones, la unidad de persona en la distinción de naturalezas; el antecedente de lo que más adelante llevará a hablar de la «comunicación de idiomas».

Si se dejan a un lado textos de datación cronológica insegura (PG 98, 908B) o con formulaciones compuestas, como antiperikhóresis o antiperikhórein (PG 4, 328A; PG 86, 1320B), puede decirse que el sustantivo perikhóresis reaparece con Máximo el Confesor (t 662). Con él, la metáfora o idea de perikhóresis se convierte en un recurso mediante el que superar puntos de partida o acentuaciones equivocadas respecto a la unidad en Cristo. Más allá de posturas monoteletas y nestorianas, a favor de la fe cristológica formulada en Calcedonia. La doctrina de la perikhóresis, calificada por él de inefable, ofrece la posibilidad de pensar conjuntamente la unidad de persona y la diversidad de naturalezas en Cristo (PG 91, 336D-337A); para ello recurre igualmente a la imagen del hierro transpasado completamente por el fuego y a la comparación de la unión hipostática con la unidad de alma y cuerpo (PG 91, 189C-190A). Así como un hierro ardiente puede en un mismo acto cortar y quemar, así Cristo puede actuar al mismo tiempo según su naturaleza humana y divina (PG 91, 1060D). Máximo concede también un énfasis especial a las consecuencias antropológicas y cosmológicas de la unión hipostática, en un contexto soteriológico, que permitiría extender el lenguaje de la perikhóresis (PG 91, 1228CD) a la relación entre Dios, la humanidad divinizada y la creación glorificada.

El concepto de perikhóresis alcanza un desarrollo ulterior con el Ps-Cirilo, autor desconocido de un tratado «De Trinitate» (650 ca.), falsamente atribuido a Cirilo de Alejandría (PG 77, 1119-1174) y asumido en gran parte por Juan Damasceno en su «Expositio fidei». En la interpretación mutua que se da entre el Logos y la carne, la encarnación de la Palabra y la deificación de la humanidad, cada naturaleza se apropia de las características y las designaciones de la otra; ahora bien, en la perikhóresis se trata de un movimiento que tiene su punto de partida en el Logos y origina una reciprocidad asimétrica entre naturaleza divina y humana, si bien no exclusivamente unilateral (PG 77, 1165CD). La idea ofrece semejanzas con un texto de Máximo el Confesor donde la deificación de los santos se describe como una perikhóresis en (prós) Dios, causada por la fuerza divina, pero sin que se produzca una reciprocidad de interpenetración exhaustiva. Por el contrario, en otros textos el Ps-Cirilo parece sostener que en Cristo la naturaleza humana se encuentra totalmente transpasada por la divina (PG 77, 1161D-1164D).

Juan Damasceno (750ca.) asume la herencia tradicional de los autores anteriores y la integra en su obra «Expositio fidei». La aplicación de la perikhóresis al ámbito de la cristología sigue siendo la más frecuente (PG 94, 993D, 1000A, 1001A, 10012C, 1013B, 1016C, 1052A, 1069A, 1077B, 1184CD), aunque no exclusiva. Éi quiere precisar su significado mediante diversos ejemplos, entre los que se mantiene el de la unión cuerpo-alma, desarrollado ya por la doctrina estoica. Al acentuar en la perikhóresis de las dos naturalezas más el resultado final que el hecho del movimiento puede percibirse ya en el Damasceno una cierta tendencia hacia la comprensión de la misma como inexistencia mutua, en un sentido estático, que se hará más evidente en el ámbito de la doctrina trinitaria. En todo caso, el proceso de interpenetración tampoco puede considerarse como absolutamente simétrico, aunque de ordinario se halle presente la idea dereciprocidad mutua; la perikhóresis tiene en el Logos y en la naturaleza divina su punto de partida y su principio activo, idea que se mantendrá después como algo obvio (PG 130, 253B). La perikhóresis de las dos naturalezas en la unidad de hipóstasis es así el fundamento de la llamada «comunicatio idiomatum», e.d., del procedimiento por el cual se predican del mismo y único Cristo atributos divinos y humanos (v.g. Cristo Dios sufre), sin cuestionar su unidad personal. Un concepto apto para utilización antimonofisita (interpenetración de dos naturalezas que siguen siendo distintas) y antinestoriana (unidad de hipóstasis).

Con la traducción al latín de su «Expositio fidei» en el s. XII Juan Damasceno ejercerá un gran influjo en la teología occidental; sobre todo la traducción que Burgundio de Pisa (1153/ 4) hace de perikhóresis por circumincessio (circuminsessio también desde el s. XIII por la costumbre francesa de pronunciar la c como s) puede considerarse como la creación de un término técnico en la teología latina. En simultaneidad con un retroceso del uso cristológico en favor del uso trinitario y del significado dinámico en favor del estático (independientemente de que se emplee el término con c o con s). Teólogos medievales que mantengan el uso cristológico constituyen más bien una excepción, p.e., Alberto Magno o Enrique de Gante siguen usándolo a propósito de la comunicación de idiomas para explicar que a Cristo se le pueden atribuir las propiedades de ambas naturalezas, pero no a una naturaleza las propiedades de la otra (Deneffe 520s.). La comunicación de idiomas se convertirá más adelante en un tema de controversia intraprotestante (Stemmer 39ss.): Lutero mantiene no sólo que las propiedades de ambas naturalezas se pueden atribuir a la misma persona de Cristo, sino también recíprocamente entre sí (la naturaleza divina ha sufrido); Calvino defiende la concepción tradicional y Zwinglio excluye la comunicación de idiomas tanto en un sentido real como verbal. En los primeros reformadores no aparece el término de perikhóresis o circuminc(s)essio, aunque sí la idea de interpenetración presente en la imagen tradicional, nuevamente utilizada, del hierro candente. Será a partir de Chemnitz cuando el término pasará a formar parte integrante de la teología protestante, mantenido con ligeras modificaciones en su formulación para expresar la unidad de dos naturalezas en Cristo como unidad perikhorética. Por lo que a su uso y significado se refiere puede decirse lo mismo de la teología católica hasta el s. XX. El empleo mantenido de la expresión perikhóresis o circuminc(s)essio no trajo consigo modificaciones importantes respecto a su uso en la teología patrística y medieval.

2. EN DOCTRINA TRINITARIA. Aunque la idea de inherencia mutua entre las personas trinitarias se fundamente en Jn 14, 11 y es conocida a la primera tradición patrística, corresponde al Ps-Cirilo el primer uso de perikhóresis como desiganción de esta realidad intratrinitaria (PG 77, 1444B). Sirve, pues, para acentuar la unidad divina garantizando al mismo tiempo la diversidad de personas y, de hecho, el Ps-Cirilo lo emplea en un contexto donde se está refiriendo a la unidad indivisa de la Trinidad, defendida por Greg. Nacianceno (PG 36, 345CD, 417BC). El acento se inclina hacia la interpenetración más como estado permanente que como proceso dinámico.

Algo semejante acontece con Juan Damasceno, quien habla de perikhóresis tanto en un contexto trinitario como cristológico; más aún, para el Damasceno, y desde entonces cada vez con más frecuencia, la perikhóresis trinitaria (PG 94, 829A, 860B, 1000B, 1181B, 1424A, 1476B; PG 95, 118D) goza de una prioridad conceptual y ontológica respecto a la cristológica, e. d., la unidad perikhorética de las dos naturalezas en la persona de Cristo se fundamenta en la unidad perikhorética de las tres personas que son inseparables en la unidad de esencia. Como hay una interpenetración de las hipóstasis divinas sin separación ni confusión, así también las dos naturalezas de Cristo se hallan interpenetradas sin separación ni confusión. Tal vez la prioridad dada a la perikhóresis eterna intradivina podría explicar el énfasis otorgado al aspecto estático por encima del aspecto dinámico de la misma; la perikhóresis constituye sobre todo una presencia mutua permanente, de inhabitación recíproca, un estado de coinherencia entre las personas trinitarias. No puede excluirse en principio la posibilidad de usar la idea de perikhóresis como parapeto de interpretaciones modalistas en Trinidad y monofisitas en cristología; las precisiones de J. Damasceno (PG 96, 617A; 549A) o las reservas de Nicéforo de Constantinopla ante el peligro de que la expresión termine diluyendo la distinción entre las personas(PG 100, 184CD) son llamadas de atención al respecto. Sin embargo, no es posible demostrar que de hecho haya sido usada con esta finalidad por algún teólogo concreto. Al contrario, la utilización de la misma en el sentido de interpretación permanente la hace apta para finalidades antisabelianas y amimonofisitas.

En la época medieval, circuminc(s)-sessio se emplea preferentemente en doctrina trinitaria (Deneffe 509ss., Stemmer 29ss.). No la usan todavía ni P. Lombardo ni T. de Aquino, si bien la idea de inherencia mutua de las personas constituye una obviedad teológica. La expresión aparecerá en los comentarios sobre I dist. 19 c. 4 y sobre I q.42 a.5. Y se interpretará sobre todo como un estado, un «modus essendi in», más que como una realidad dinámica. Con una modificación importante: si en la época patrística la unidad divina se explicaba por el proceso perikhorético de interpenetración, ahora es la unidad de naturaleza divina lo que fundamenta el hecho de la perikhóresis como un estado. La idea de interpenetración pasa a un segundo plano y se olvida la radicación originaria del término griego en el vocabulario estoico de los diversos tipos de mezclas. Con ello va unida una gran variedad terminológica. No solamente se habla de «circuminc(s)essio», sino también de «inexistentia» recíproca de las personas (Escoto), de «circularis sessio et mutua (im)mansio» (P. Aureolo) como expresión de una presencia íntima, permanente y duradera, fundamentada claramente en la unidad y unicidad de esencia. Esta fundamentación, con la que se quiere poner de manifiesto lopeculiar y exclusivo de la perikhóresis trinitaria frente a otras realidades análogas, lleva a relacionar circunincesión con consustancialidad (G. de Ockam). Solamente así puede percibir lo propio de la inexistentia o circumincessio de las personas trinitarias, que implica la distinción real entre las inexistentes (de lo contrario no habría en rigor ninguna circunincesión mutua), su presencia íntima y su unidad de esencia (la coinherencia recíproca no es meramente intencional) (G. Biel).

Variedad terminológica ofrece también Faber (1507) en las distintas maneras de traducir los términos perikhóresis y perikhórein de la «Exp. fidei» de J. Damasceno: «invicem circuitio», «immansio», «in seinvicem ingressio immansioque» (combinación del aspecto estático y dinámico de la perikhóresis), «immanentia», «seinvicem immeare». Faber diferencia todavía de algún modo entre «perikhóresis» e «immanentia». Con Suárez de Montoya, sin embargo, se impone el uso indistinto de ámbos términos para expresar la misma e idéntica realidad: circumincessio como «immanentia mutua, totalis inexsistentia, presentia intima». El acento nuevo se pone en la relación que ahora se establece entre la presencia o inexistentia recíproca y la transcendencia divina respecto al espacio, la «inmensitas Dei», como algo que corresponde no solamente a la esencia, sino también a las propiedades personales (a causa del «circum», donde está la una está también la otra). Esta correlación no es del agrado de Petavio, quien prefiere la expresión «mutua exsistentia» y opina que los latinos no han entendido bien el término griego perikhóresis al traducirlo por «circuminsessio»; esta palabra, derivada de «circuminsedere», evoca representaciones espaciales, sobre todo si va asociada con la «inmensitas Dei», inadecuadas para el concepto de la perikhóresis divina. El fundamento de ésta no puede ser de carácter local o espacial, sino que radica en la distinción real de los inexistentes y en la unidad esencial, sin separación alguna, entre las personas.

En la teología católica posterior hasta el s. XIX y XX se siguen usando ambas formas de la traducción latina, con la matización frecuentemente repetida de que «circumincessio» hace más evidente el aspecto dinámico y «circuminsessio» el aspecto estático. Por su parte, la teología protestante prefiere emplear el término griego y, cuando se sirve de la traducción latina, ofrece igualmente una variedad de términos (immanentia, permeatio, penetratio, permeatio, immeatio, pervasio) que ponen de manifiesto la riqueza de matices (desde evocaciones espaciales hasta razonamientos metafísicos) incluidos en este concepto, herencia feliz de la tradición patrística.

III. Teología contemporánea
En la teología contemporánea se sigue otorgando a la perikhóresis un lugar destacado, con preferencia en el ámbito de la doctrina trinitaria. Pero junto a la prolongación del uso tradicional, se intenta también un desarrollo ulterior de sus posibilidades en el contexto de nuevos planteamientos, que van desde el campo trinitario-cristológico hasta el de la eclesiología o el de la relevancia social de la fe cristiana.

Constituye, p. e., un concepto clave para pensar la unidad divina de las tres personas como unidad perikhorética de tres sujetos distintos (Moltmann) allí donde la distinción real de las mismas se toma como punto de partida obvio, claramente revelado en el acontecimiento de la Trinidad económica. Y esta comprensión de las personas trinitarias o sujetos divinos como relacionalidad recíproca y mutua es característica de los desarrollos más recientes en teología trinitaria (Kasper, Pannenberg). Unidad comunional abierta a la integración del mundo y de la historia en la plenitud de la vida divina.

Por su parte, Hünermann ha hecho una propuesta cristológica de gran interés: pensar la perikhóresis de naturaleza humana y divina y la unión hipostática como un proceso en el marco de la estructura temporal e histórica. La doctrina del Damasceno constituyó ya entonces un avance enorme, pues posibilitaba pensar la unión hipostática como un doble movimiento, divino-descendente y humano-ascendente, como rotación mutua e interpenetración participativa; pero la unión hipostática era concebida como realización puntual y acabada en un momento preciso. ¿Por qué no hacer del tiempo y de la historia el marco adecuado para una reflexión sobre la unión hipostática? De esta manera los acontecimientos concretos de la vida y ministerio de Jesús, su muerte y resurrección, podrían integrarse como momentos constitutivos de su relación con el Padre y de la realización de la unión hipostática. La perikhóresis cristológica de naturalezas es vista así no sólo como movimiento dinámico circular, sino también como proceso histórico-temporal.

Planteamientos análogos se hallan en la propuesta cristológico-trinitaria que Schoonenberg ha ido perfilando en el decurso de sus publicaciones hasta hoy día. Solamente desde el acontecimiento Cristo podríamos hablar del Padre, del Hijo y del Espíritu del Hijo como tres personas distintas, de modo que queda abierta la posibilidad de un proceso creciente de personalización del Logos y del Espíritu. En el acontecimiento Cristo, donde Dios se revela definitivamente como un Dios de los hombres en cuanto Dios de la historia, alcanza la diferenciación personal su grado más alto; pero con ello no se debilita la unidad divina, sino que más bien se fortalece. La perikhóresis, concepto abstracto que hoy día puede equipararse con expresiones como diálogo o triálogo, alcanza su momento culminante desde el acontecimiento Cristo. Son propuestas que transpasan el marco de afirmaciones tradicionales, también en lo referente a la doctrina de la perikhóresis, y que merece la pena considerar atentamente por la serie de cuestiones implicadas y de preguntas no fáciles que suscitan.

El ámbito de la eclesiología orientada ecuménicamente constituye otro campo donde se pretende hacer fructífera la idea de perikhóresis (Lies). También aquí el problema de fondo es cómo conciliar unidad y diversidad, distinción real y unidad de actuación. La transposición del modelo perikhorético al campo eclesiológico no puede llevar consigo un olvido de algo importante, e. d., que únicamente en Dios se dan conjuntamente perikhóresis y unidad numérica de esencia. No obstante, a pesar de la desemejanza analógica, elmodelo perikhorético serviría para hacer aceptables las peculiaridades propias de cada iglesia confesional dentro de una eclesiología de comunión, para configurar una unidad en la diversidad, para que cada iglesia sea capaz de descubrir en la otra lo propio y característico de sí misma, para el reconocimiento mutuo y la recepción recíproca, para superar los miedos y angustias ante lo «otro», para testimoniar conjuntamente la misma fe cristiana en comunión y diversidad.

A su vez, en la perspectiva de la teología de la liberación (Bofe la perikhóresis intradivina en cuanto vida plena de autoentrega y comunión total constituye un modelo de referencia tanto para la crítica de las condiciones sociales vigentes como para la propuesta utópica de nuevos modelos de sociedad. Más allá del individualismo egoísta y solidario, que agranda e intensifica las diferencias injustas; más allá también de la colectivización igualitarista, que anula las diferencias individuales y las personas concretas. La Tri-Unidad divina como utopía eterna de comunión, reciprocidad, donación, solidaridad, respeto de las diferencias y de las libertades, meta final de la historia; cuando «Dios sea todo en todas las cosas» (1 Cor 5, 28), la creación entera será asumida e integrada definitivamente en la comunión perikhorética de las tres personas divinas.

En resumen, el concepto de perikhóresis puede considerarse como un concepto clave del discurso teológico que pretende hacer plausible la conjunción simultánea de unidad y diversidad, dinamismo y estabilidad en distintos ámbitos de las realidades propias de la fe cristiana. Su utilización en cristología permite explicar el significado salvífico de las actuaciones humanas y del ministerio histórico de Jesús. Su uso trinitario nos acerca al misterio de la vida intradivína como comunión recíproca y permanente de autoentrega mutua. Su extensión a las relaciones del Dios trinitario con los hombres y con la creación entera hace del mismo un Dios de la historia y del dinamismo intradivino una comunión abierta e integradora. Un concepto, por tanto, que, sin pretender explicar lo inefable, nos ayuda a percibir las implicaciones ontológicas y existenciales de la fe en un Dios que se define como Amor.

Último Adán
título dado a Jesús en el Nuevo Testamento
El Postrer, Final o Último Adán es un título dado a Jesús en el Nuevo Testamento. Títulos similares que también se refieren a Jesús incluyen Segundo Adán y Nuevo Adán. John MacArthur iguala Último Adán con Segundo Adán.

Dos veces en el Nuevo Testamento se hace una comparación explícita entre Jesús y Adán. En Romanos 5:12-21, Pablo argumenta que «así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos». En 1 Corintios 15:22, Pablo argumenta que «como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados», mientras que en el versículo 45 él llama a Jesús el «final/postrer/último Adán» (1 Corintios 15:45).

John Henry Newman utilizó la frase «Segundo Adán» en su himno «Praise to the Holiest in the height» [«Loor al Santísimo en las alturas»], que aparece por primera vez en The Dream of Gerontius [El sueño de Geroncio]:

O loving wisdom of our God!
When all was sin and shame,
A second Adam to the fight
And to the rescue came.

¡Oh piadosa sabiduría de nuestro Dios!
Cuando todo era pecado y vergüenza,
Un segundo Adán a luchar
Y para el rescate vino.

El título «Nuevo Adán» se enfatiza en la teoría de la recapitulación de la expiación.

La representación paulina
El apóstol Pablo contrasta a Adán y a Cristo como dos personalidades colectivas o representativas (Romanos 5:12-21; 1 Corintios 15:20-23, 45-49) y considera a los seres humanos como poseyendo la imagen de Adán y la de Cristo (1 Corintios 15:49). Cuando la desobediencia de Adán significaba pecado y muerte para todos, la mayor obediencia de Cristo reparó los daños causados por Adán al traer la justicia y la abundancia de la gracia (Romanos 5:12-21). Como «espíritu vivificante», el Último Adán resucitó de entre los muertos y nos transformó a través de la resurrección a una existencia espiritual celestial (1 Corintios 15:20-23, 45, 48-49). Así la cristología paulina de Adán involucraba tanto la obediencia del Jesús terrenal (Romanos 5:) y el papel de Cristo resucitado como dador del Espíritu (1 Corintios 15).

El mismo símbolo, utilizado para expresar a Cristo como corporal, la personalidad representante (y Adán como su presagio, Romanos 5:14), fue recibida arriba al expresar el ser de Cristo: él es «el último Adán» (1 Corintios 15:45), o el «segundo hombre del cielo» (1 Corintios 15:47), y no uno hecho «de la tierra, terrenal» (1 Corintios 15:47; Génesis 2:7). Algunos estudiosos detectan una referencia adánica en varios otros pasajes del Nuevo Testamento: por ejemplo, en el lenguaje sobre «la gloria de Cristo, el cual es la imagen (gr. eikōn) de Dios» (2 Corintios 4:4). Tal vez esto es un eco del lenguaje de Génesis 1:26-27 sobre Adán, al ser creado a imagen de Dios. Si es así, Pablo estaría pensando aquí de Cristo como el Adán perfecto, con su humanidad expresándose a la perfección en la imagen divina. Pero esta exégesis no es totalmente convincente. Uno puede ser igualmente menos convencido por aquellos que encuentran una referencia a Adán en dos pasajes hímnicos (o al menos poéticos): Colosenses 1:15-20 y Filipenses 2:6-11.

Colosenses 1:15
En Colosenses 1:15, Cristo es llamado «la imagen (eikōn) del Dios invisible, el primogénito de toda creación». De forma aislada, este versículo podría tomarse solamente en un sentido adánico como una referencia a Cristo como el primer ser creado, el ser humano arquetípico que visiblemente refleja a Dios, el Creador invisible. Sin embargo, el contexto sugiere encontrar el fondo en la sabiduría personificada, la imagen perfecta de Dios (Sabiduría 7:26) y el agente de la creación (Proverbios 8:22-31).​ Los versículos que siguen hablan de «todas las cosas» que son «creadas por medio de él y para él», de su ser «antes de todas las cosas» y «todas las cosas en él subsisten», y de la plenitud de la Deidad habita en él (Colosenses 1:16-17, 19). Cualquier paralelismo con Adán, quien fue simplemente hecho a la imagen y semejanza divina, queda abandonado aquí.​ Por el contrario, se dice que todo lo creado, incluyendo lo invisible («sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades»; Colosenses 1:16) se originó a través de Cristo (como agente creativo) y para Cristo (como meta final); asimismo, es el principio de la cohesión en la posesión del universo. Además, es poco plausible argumentar que un simple modelo adánico hace justicia al lenguaje de que «la plenitud de la Deidad» habita en Cristo (Colosenses 1:19-20; cf. Colosenses 2:9).

El contexto de Colosenses 1:15, por lo tanto, pide interpretar «la imagen del Dios invisible» como señalando a Cristo estando en el lado divino y ser el revelador perfecto de Dios; una idea en paralelo con Juan 1:18 y 2 Corintios 4:4. Al igual que el himno o poema en Colosenses, Hebreos también retrata a Cristo como el equivalente exacto (divino) a través de quien el Padre habla y se revela, y que es él quien sostiene el universo entero: «Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder» (Hebreos 1:3).

Todo el contexto de Colosenses 1:15-20 sugiere una interpretación más adánica y humana de «el primogénito de toda creación». Cristo es el «primogénito» en el sentido de ser anterior y superior a toda la creación, al igual que en virtud de su resurrección de entre los muertos es supremo con respecto a la Iglesia (Colosenses 1:18). El enfático y repetido kai autos (gr. «y él») de Colosenses 1:17, 18 subraya la absoluta «preeminencia» de Cristo en el orden de la creación y la historia de la salvación; él es preeminente tanto cosmológicamente y soteriológicamente. Él, a través del cual el universo fue creado, es el mismo Cristo que formó la Iglesia levantándose de los muertos. Él ha participado activamente en la creación y la redención.

Filipenses 2
En el himno de Filipenses 2, cualquier interpretación adánica del estado anterior de Cristo, «en forma de Dios», y disfrutando «ser igual a Dios» (Filipenses 2:6) parece convertirse en dudosa por lo siguiente. Este estado divino y modo de existencia se coloca en contrapartida (el enfático «sino» de «sino que se despojó a sí mismo») para el posterior estado de «asumir la condición de esclavo», «hecho semejante a los hombres», y «estando en la condición de hombre» (Filipenses 2:7). Es lo que se dice en el v. 7 que primero pone a Cristo con la comunidad de los seres humanos y su imagen colectiva, Adán. Cristo pertenecía a la esfera eterna de la existencia divina (Filipenses 2:6), y se unió a la esfera humana (y adánica) solamente cuando él asumió otro modo de existencia (Filipenses 2:7), que ocultaba su apropiado ser (divino).[6]​ Sin embargo, al hablar de Cristo como negándose a utilizar su divinidad para su propio beneficio o explotarla por sí mismo, el v. 6 también podría estar contrastando su humildad (en convertirse en humano y morir la muerte de un esclavo) con la aspiración presuntuosa de Adán (y Eva) de disfrutar de la igualdad ilegítima con Dios y ser «como Dios» (Génesis 3:5-6).

Simbolismo post-Nuevo Testamento
Si se acepta el círculo más amplio de referencias a Adán o se limita a sí mismo a las claras referencias en Romanos 5 y 1 Corintios 15, el Nuevo Testamento usa el lenguaje adánico para expresar el ser de Jesús y, más aún, su labor y meta. En los tiempos post-Nuevo Testamento, el símbolo adánico demostró una figura valiosa para Clemente de Alejandría, Orígenes (m. 254), Atanasio de Alejandría (c. 296-373), Hilario de Poitiers (c. 315-367), Gregorio Nacianceno (329-389), Gregorio de Nisa (c. 330-395) y otros Padres de la Iglesia, cuando presentan e interpretan la persona y obra de Cristo.[6]​ Ireneo (c. 130-200), en particular, hizo mucho para elaborar un mayor paralelismo antitético entre Adán y Cristo, con este último revirtiendo al fracaso del primero. En un pasaje típico de sus Adversus haereses, escribió: El Hijo de Dios [...] fue el hombre encarnado y hecho; y luego se sumó a la larga línea de la raza humana, procurando para nosotros una salvación integral, para que podamos recuperar en Cristo Jesús lo que en Adán que habíamos perdido, a saber, el estado de ser la imagen y semejanza de Dios. (3.18.1)

En el islam
El Corán compara directamente a Jesús con Adán en términos de cómo llegó a existir. Sura Al-Imran dice: «De cierto, de la semejanza de Jesús ante Allah es la semejanza de Adán, a quien creó de tierra y luego le dijo: ¡Existe! Y él existió».
















viernes, 26 de febrero de 2021

La Cristología II

Cristo Salvador del mundo, el Greco (c. 1600).

Cristología, todo acerca de Jesús
Jesús, Hijo de Dios
¿Qué es la Unión Hipostática?
Jesucristo, una persona con dos naturalezas: verdadero Dios y verdadero hombre

Muchos cristianos, por tener escasa preparación, pueden creer que Jesucristo es mitad Dios y mitad hombre. Trataremos de explicar lo mejor posible, qué son las dos naturalezas de Cristo y a qué nos referimos cuando empleamos estos términos. Cuando hablamos de "naturaleza", NO nos referimos al conjunto de las cosas que existen en el mundo o que se producen o modifican sin intervención del ser humano, al principio creador y organizador de todo lo que existe, es decir, la naturaleza de la creación. Al hablar de naturaleza, nos referimos a la esencia o característica propia del ser, (en este caso, Cristo) y que están relacionados con su manera de pensar, de sentir, de actuar, a la personalidad o carácter que lo hacen ser lo que es. Por ejemplo, el ser humano es un animal racional, nuestro organismo biológico o cuerpo, es similar a los animales, pero lo que nos hace únicos y diferentes a los animales, es la capacidad de razonar, luego entonces, el ser humano es un ser racional, pensante, esa es parte de nuestra naturaleza, la naturaleza humana, lo que nos es propio y caracteriza.

Comenzaremos diciendo que Jesucristo NO es mitad Dios y mitad hombre. Jesús es Dios en carne humana. Él es completamente divino y completamente humano. Esto quiere decir que Jesús tiene dos naturalezas: divina y humana.

Juan 1,1.14
En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios...Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Esto significa que en la misma persona de Jesús existen una naturaleza humana y una naturaleza divina. La naturaleza divina no fue cambiada. No fue alterada. La naturaleza humana de Jesús no fue anulada por su naturaleza divina, ni la naturaleza divina fue absorbida por su naturaleza humana. "Él no es meramente un hombre quien tenía a Dios adentro, ni un hombre quien manifestaba el principio de Dios”. Él es Dios, la Segunda persona de la Trinidad.

Hebreos 1,3 el cual (Cristo), siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa...

Colosenses 1,15 Él es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación,

Colosenses 2,9 Porque en él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente.

Las dos naturalezas de Jesús no están mezcladas juntas, ni están combinadas en una nueva naturaleza Dios-hombre. Están separadas pero funcionan como una unidad en la persona de Jesús. No se opone una a la otra, sino que actúan en perfecta armonía. Esto es llamado La Unión Hipostática.

HIJO DE DIOS
Jesucristo era llamado "Hijo de Dios", porque era verdadero Dios.

Juan 10,33.36
Le respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.»...a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿Cómo le decís que blasfema por haber dicho: "Yo soy Hijo de Dios"?

Mateo 26,63-65
Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.» Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.»

Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.

Como podemos ver, decir que Jesús era el Hijo de Dios, equivalía a decir que Él era Dios. O bien, Jesucristo era un mentiroso o verdaderamente era lo que decía ser, es decir, Dios. La respuesta, ya la sabemos. Sin embargo, los judíos no creían.

Juan 19,7 Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios.»

El Apóstol San Juan, escribió su Evangelio para que creyéramos que Jesucristo era Dios.

Juan 20,31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

HIJO DEL HOMBRE
También a Jesucristo se le llamaba "hijo del hombre", porque era verdadero hombre.

Dios es espíritu puro, Él no necesita de cosas materiales, pero los hombres, la naturaleza humana sí.

Lucas 7,34 Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores."

Juan 5,26-27
Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre.

Los siguientes textos podrán ayudar a ver las dos naturalezas de Jesús “en acción”:

JESÚS COMO DIOS VERDADERO
Recibe adoración.
Mateo 2,2.11
diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»
Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.

No tuvo pecado.
Hebreos 4,15
Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado.

Es omnisciente, todo lo conoce.
Juan 2,24-25
Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre.

Juan 21,17
Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.

Da vida eterna.
Juan 10,28
Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.

Él es el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin, el Todopoderoso.

Apocalipsis 1,8 Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, «Aquel que es, que era y que va a venir», el Todopoderoso.

Apocalipsis 22,12-13.20
Mira, vengo pronto y traigo mi recompensa conmigo para pagar a cada uno según su trabajo. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin...Dice el que da testimonio de todo esto: «Sí, vengo pronto.» ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

JESÚS COMO HOMBRE VERDADERO
Adoró al Padre como su Dios.
Juan 17,3
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.

Oró al Padre.
Juan 11,21-22.40-42
Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá.»...Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?» Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado.»

Fue tentado a cometer pecado.
Mateo 4,1
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.

Creció en sabiduría y conocimiento.
Lucas 2,52
Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Había cosas que como hombre ignoraba.
Mateo 24,36
Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre.

Pudo morir.
Marcos 15,39
Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»

Tiene un cuerpo de carne y huesos.
Lucas 24,39
Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.»

CONCLUSIÓN
Esta es la unión hipostática, Jesucristo, una Persona, totalmente Dios y totalmente hombre. Un gran misterio, en parte, incomprensible para nosotros. Pero después de todo, ¿Qué mente puede abarcar por completo a Dios?

PAX ET BONUM

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos: Católico Defiente tu Fe

Diotelitismo
El diotelitismo, dicotilismo o diotelismo, del griego δυοθελητισμός que significa «doctrina de las dos voluntades», es una doctrina cristológica particular que enseña la existencia de dos voluntades, una divina y otra humana, en la persona de Jesucristo. 

Específicamente, el diotelismo correlaciona el carácter distintivo de las dos voluntades con la existencia de dos naturalezas específicas, divina y humana, en la persona de Jesucristo (diotelismo).

El Catecismo de la Iglesia Católica, no. 475, establece:
Del mismo modo, en el Sexto Concilio Ecuménico, llevado a cabo en Constantinopla, tercero de esa ciudad, en 681, la Iglesia confesó que Cristo posee dos voluntades y dos operaciones naturales, divina y humana. No se oponen entre sí, sino que cooperan de tal manera que el Verbo hecho carne quiso humanamente en obediencia a su Padre todo lo que había decidido divinamente con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación. La voluntad humana de Cristo "no se resiste ni se opone, sino que sigue a su voluntad divina y todopoderosa, sino todo lo contrario pues está subordinada a esa voluntad omnipotente.​
Esta posición se opone a la posición del monotelismo (doctrina de la voluntad única) en los debates cristológicos. El debate sobre las iglesias monotelistas y la Iglesia Católica llegó a su conclusión en el Tercer Concilio Ecuménico de Constantinopla en 681. El Concilio declaró que, de acuerdo con las declaraciones del Concilio de Calcedonia en 451, que declaró dos naturalezas en la única persona de Jesucristo, también hay igualmente dos "voluntades" o "modos de operación" en la única persona de Jesucristo.

El diotelismo fue defendido por san Máximo el Confesor contra el monotelismo.

¿Jesús tiene 2 Voluntades?
El tema de hoy vino a raíz de una pregunta que nos enviaron sobre Mateo 24:36 (también en Marcos 13:32). La Nueva Traducción Viviente lo presenta así:

“»Sin embargo, nadie sabe el día ni la hora en que sucederán estas cosas, ni siquiera los ángeles en el cielo ni el propio Hijo. Solo el Padre lo sabe.”

¿Cómo es posible que Jesús no sepa algo? Esa era la incomodidad. Hace cuatro años hicimos un episodio sobre este tema en Verdad y Fe Podcast. >Puedes verlo aquí<

La respuesta clásica a esta pregunta es que en su humanidad, Jesús no sabía aunque en su naturaleza divina sí. En la segunda parte de ese episodio di una alternativa de cómo pensar sobre estas cosas basándome en la posibilidad de que en Jesús exista sólo 1 voluntad. Pero hoy, quisiera que pensemos un momento sobre la idea de que Jesús tenga 2 voluntades. Con esto quiero corregir cualquier implicación previa de que en Cristo no hay 2 voluntades. La ortodoxia cristiana enseña que cuando Jesús se encarnó, asumió la totalidad de lo que conlleva ser un ser humano para así poder vivir la vida que un ser humano debió vivir y poder entregarse y redimir la humanidad por medio de su sacrificio. Como dice el teólogo Donald MacLeod: “Cristo adoptó un cuerpo humano auténtico y un alma humana razonable.”1

Parte de esa “alma razonable” es tener una voluntad humana. El Cristianismo dejó esto establecido en el Concilio de Calcedonia. Por lo que la postura Cristiana ortodoxa al respecto es que en efecto Cristo tiene 2 voluntades. Una humana, de acuerdo a su naturaleza humana y la voluntad divina de acuerdo con su naturaleza divina. Los versículos que clásicamente se utilizan para defender esta postura son:

Juan 6:38 (NTV) 38 Pues he descendido del cielo para hacer la voluntad de Dios, quien me envió, no para hacer mi propia voluntad.

Mateo 26:39 (NTV)
39 Él se adelantó un poco más y se inclinó rostro en tierra mientras oraba: «¡Padre mío! Si es posible, que pase de mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».

Recordemos que Jesús mismo fue quien dijo: “El Padre y yo somos uno.” (Juan 10:30) por lo que la postura oficial ortodoxa cristiana es que el Padre y el Hijo (y el Espíritu Santo) comparten la misma voluntad. No hay división ni diferencia de opiniones en la Trinidad. Entonces cuando Jesús afirma en Juan 6:38 y Mateo 26: 39 que el tiene otra voluntad, debemos entender que esa otra voluntad es la humana.

Una buena pregunta para hacernos es ¿Qué conlleva ser un Ser humano?
  • Cuerpo
  • Alma que vivifica el cuerpo
  • Mente racional capaz de pensar creativamente
  • Voluntad o libertad de elección dentro de las capacidades que posee
  • La capacidad de relacionarse con Dios (Espíritu, aunque muerto sin la redención de Jesús)
Entonces si Jesús es completamente hombre a la vez que completamente Dios, debe poseer estas características. La Bomba teológica de hoy es que “Aquello que (Cristo) no ha asumido tampoco lo ha salvado, pero aquello que está unido a su Deidad también es salvo.” como dijo Gregorio 2. Para Cristo poder redimirnos tenía que asumir todo lo que somos para sí mismo también.

Sin embargo, es importante que podamos también mencionar que los teólogos capadocios añadieron un elemento que hace una gran diferencia en la comprensión de la economía de la Trinidad. Economía no en el sentido monetario, sino del orden de funciones. Los teólogos capadocios aplicaron el concepto de orden dentro de la Trinidad al conocimiento divino. Del mismo modo que Cristo obtuvo su filiación del Padre, también obtuvo de él su conocimiento. El padre sabe primero y es la fuente del conocimiento del Hijo. Uno de estos teólogos, Basilio, afirmó que esta era la clave para poder responder lo que sucede en Mateo 24:36 o Marcos 13:32. Su conclusión sobre el Jesús encarnado fue: “No sabe como el Padre sabe, sino que sabe sólo por el Padre.”3

Así es precisamente como nosotros mismos obtenemos conocimiento de Dios: por medio de revelación. La diferencia es que al Jesús ser moralmente perfecto en su humanidad, no tenía el estorbo del pecado, por lo que recibía revelación de Dios y podía accederla tal como fue. Jesús tenía acceso a lo que Juan Calvino llamó “la conciencia de Dios” o “el conocimiento implantado de Dios”.

La Biblia menciona que Jesús creció en sabiduría, estatura, y en el favor de Dios y de toda la gente (Lucas 2:52). Entonces, Calvino argüía que Jesús (en su humanidad) obtuvo su noción del poder y deidad de Dios por medio de lo creado (Romanos 1: 19-20), las promesas de Dios por medio de lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento y a través de María, seguramente recibió las primeras nociones de quién era realmente y el destino que tenía Dios para su vida.Por eso Calvino afirmaba que: “No sería impropio decir que Cristo, que sabía todas las cosas, ignoraba algo debido a su percepción como hombre.”Por eso, el monotelismo, que es la creencia de que Jesús tiene sólo una voluntad, fue declarado como herejía por la Iglesia. La iglesia afirma el diotelismo que significa que Cristo tiene dos voluntades. W. Robert Godfrey lo pone así: “El monotelismo fue declarado herejía porque la iglesia concluyó que la voluntad es, en extensión, una parte esencial de la naturaleza humana. Si Jesús no tuviera una voluntad humana además de la voluntad divina, sería muy difícil verlo como verdadera y plenamente humano.”El Pastor David Mathis ve la luz en medio de la turbulencia mental que nos provoca Marcos 13: 32 y dijo: “Para los cristianos que afirman la deidad de Cristo, Marcos 13:32 parece un problema. Pero lo que parece difícil a primera vista resulta, con una reflexión profunda, ser una gloriosa confirmación de la plena humanidad de Jesús.”7

Creo que ese es el punto detrás de todo esto. Jesús deseó ser tal y como tú y yo somos para poder rescatarnos. Pudo haberse quedado con su única naturaleza y no bajarse a nuestro nivel, pero lo hizo porque quería rescatarnos. La dificultad de la pregunta de hoy, no debe desenfocarnos de la intención divina del Hijo en encarnarse para nuestro beneficio. Aunque para él significaba complicación y dolor. Lo hizo porque nos amó. Al final del día, saber eso es suficiente.

Fuentes:
1- MacLeod, Donald, La Persona de Cristo (Publicaciones Andamio, Barcelona, ES, 2011) p.180
2 – Ibid
3 – Ibid, p.185
4 – Ibid, p.187
5 – Ibid, p.188
6 – Godfrey, Robert W., Does Jesus Have One or Two Wills? (Ligonier.org, 2019) https://www.ligonier.org/posts/does-jesus-have-one-or-two-wills
7 – Mathis, David, Jesus Is Fully Human (desiringgod.org, 2016) https://www.desiringgod.org/articles/jesus-is-fully-human

Intercesión de Cristo
creencia cristiana
La intercesión de Cristo es la creencia cristiana en la intercesión constante de Jesús y su defensa en nombre de la humanidad, incluso después de dejar la tierra.

En las enseñanzas cristianas, la intercesión de Cristo delante de Dios se relaciona con la anamnesis de Jesús ante Dios durante la Última Cena y la naturaleza memorial permanente de la ofrenda eucarística.

Desde la perspectiva cristológica, la intercesión de Cristo se distingue de la intercesión del Espíritu.​ En el primer caso, Cristo toma peticiones al Padre en el Cielo, en el segundo caso el Consolador (el Espíritu) fluye desde el cielo hacia el corazón de los creyentes.

Bases bíblicas
La base teológica de la creencia en la intercesión de Cristo se presenta en el Nuevo Testamento. En la Epístola a los Romanos (Romanos 8:34), Pablo afirma ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Esta intercesión resuena en Juan 17:22, que se refiere a la «comunión celestial» entre Cristo y Dios Padre.​ La Primera Epístola de Juan (1 Juan 2:1-2) declara: y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. En la Epístola a los Hebreos (Hebreos 7:25), el autor escribió acerca de la «salvación hasta el extremo» a través de la intercesión continua de Cristo:​ por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. La intercesión de Cristo en el Cielo es vista como una continuación de las oraciones y peticiones que realizó por la humanidad en la tierra, por ejemplo, como en Lucas 23:34: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Cristología
En la cristología paulina, la intercesión de Cristo tiene dos componentes: en el presente y en el Juicio Final. Esto se expresa en Romanos 8:33-34, en términos de «¿Quién acusará a los escogidos de Dios?» y «¿Quién es el que condenará?», y luego en Hebreos 7:25, en términos de las actividades de Cristo como Sumo Sacerdote.

En las enseñanzas cristianas, la intercesión de Cristo delante de Dios se relaciona con la anamnesis de Jesús ante Dios durante la Última Cena y la naturaleza memorial permanente de la ofrenda eucarística.​ En la cristología de la salvación, el ofrecimiento único de Cristo a través de su sacrificio voluntario en el Calvario se distingue, pero se refiere a su continua intercesión del Cielo en su papel como el Sumo Sacerdote, y su papel en el Juicio Final.​ La noción de intercesión por Cristo como el Cordero de Dios se relaciona con la imagen del Cordero en Apocalipsis 14:1-5, donde los que se salvan primero «fueron redimidos de entre los hombres» a través del sacrificio del cordero: Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero

Desde la perspectiva cristológica, la intercesión de Cristo se distingue la intercesión del Espíritu. Mientras que 1 Juan 2:1 dice «abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo», Juan 14:16-17 incluye la declaración: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

La distinción entre las dos formas de la defensa puede interpretarse en términos de la dirección del flujo: en el primer caso, Cristo toma peticiones al Padre en el Cielo; en el segundo caso, el Consolador (el Espíritu) fluye desde el cielo hacia el corazón de los creyentes.

Communicatio idiomatum
Communicatio idiomatum es una expresión latina que significa comunicación de las propiedades. El término ha sido usado en la teología cristiana como expresión técnica en el ámbito del estudio de la Encarnación. Significa que las propiedades del Verbo pueden ser atribuidas al hombre Jesucristo. El lenguaje de la Escritura y de los Padres de la Iglesia muestra que tal intercambio recíproco de predicados es legítimo. Sin embargo, este principio no es absoluto y en teología se discute aún las posibles «reglas» y aplicaciones.

Uno de los padres de la Iglesia que más profundizó en esta teoría fue Juan Damasceno que afirma: 

El Logos se apropia lo humano y comunicó a la carne lo que le era propio, a modo de una dádiva mutua en virtud de la inhabitación recíproca de las partes y gracias a la unión según la hipóstasis y por él era uno y mismo que obraba tanto lo divino como lo humano en cada una de las dos formas en unión con la otra
De fide orthodoxa III 3

En este sentido, la communicatio idiomatum es no solo una regla lógica para posibles afirmaciones sobre Jesucristo, sino también una fuente de comprensión dentro de la teología cristiana de la realidad misma de él. Ya san Basilio (año 363-4) había tratado de las propiedades que distinguen lo que es común (la divinidad) de lo que es propio de cada Persona divina, aunque sin aplicar esta base especulativa a la cristología (cf. Refutación de la apología del impío Eunomio II 28) y luego Gregorio de Nisa también en sus escritos contra Eunomio lo usa para decir que:

En virtud de la unión y la conjunción, ambas cosas se hacen comunes a los dos: al Señor los cardenales del siervo que él asumió en sí mismo, y al siervo la glorificación mediante la gloria del Señor Adv. Eunom. I 5 Las controversias cristológicas del tiempo llevaron la aplicación de esta idea a los extremos, sea la separación total en el nestorianismo o la unión de mezcla en el monofisismo. Tomás de Aquino afrontó el tema desde el aspecto lógico ofreciendo unas reglas de aplicación de este principio. Estas mismas reglas fueron perfeccionadas por Denis Pétau y que llama cautiones.

El Communicatio Idiomatum
El Communicatio Idiomatum o la comunicación de las propiedades encuentra su fuente en la encarnación donde la Palabra Divina se hace carne en la persona de Cristo: «1 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 14 Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:1, 14).

Esto significa que en la sola persona de Jesús hay dos naturalezas diferentes pero definidas: La divina y la humana. A esto, lo llamamos la Unión Hipostática. Sin embargo, podemos ver en la Biblia que los atributos de ambas naturalezas son atribuidos a la sola persona de Cristo. Por lo tanto, el Communicatio Idiomatum significa, «que las propiedades tanto de las naturalezas, divina y humana, son ahora las propiedades de la persona y son por lo tanto, atribuidas a la persona».[1. Berkhof, L., «Teología Sistemática» («Systematic Theology»), WM. B. Eerdmans Publishing Co.; Grand Rapids, Michigan, 1988, pág. 324.]

¿Qué Significa Esto y Afecta el Communicatio Idiomatum?
Una vez más, esto significa que la sola persona de Jesús puede mostrar atributos de la divinidad, tales como omnipresencia, presciencia, etc., y al mismo tiempo mostrar los atributos de la humanidad, como el crecer, el comer, el dormir, el cansarse, etc. Sin embargo, el Communicatio Idiomatum no significa que cualquier cosa particular a la naturaleza divina fuera comunicada a la naturaleza humana. De igual forma, éste no significa que cualquier cosa particular a la naturaleza humana fuera comunicada a la naturaleza divina.

Para establecer esto de forma más clara vamos a mirar algunos versículos que ilustran este principio.

Juan 17:5 «Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera».

Note que en el anterior versículo, Jesús, la persona en términos humanos, está reclamando de la gloria que tuvo con el Padre antes, «… que el mundo existiera». Ahora bien, ¿cómo puede Jesús, el hombre, reclamar Su gloria ya que Él como hombre no existió como tal hasta que nació, en la tierra? La respuesta es que Jesús, la persona, tiene dos naturalezas: la divina y la humana y los atributos de la naturaleza divina fueron atribuidos a la sola persona de Jesús. Permítame repetirlo: Juan 17:5 demuestra que los atributos de la naturaleza divina en Su existencia antes de que el mundo fuese, fue atribuida a la sola persona de Jesús. Por lo tanto, Jesús podría reclamar de la gloria de la divina naturaleza con la cual Él existía antes de que el mundo fuese ya que los atributos de la divina naturaleza, repito, son atribuidos a la sola persona de Jesús.

Otro Versículo que Demuestra Esta Cualidad: Juan 3:13
«Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo».
Aquí, Jesús, el Hijo del Hombre, afirma haber descendido del cielo. ¿Cómo puede ser esto? A menos, que la persona de Jesús hay sido de alguna forma preexistente. Pero en la Biblia, no existe ninguna enseñanza que afirme que las personas existían antes de ser engendrados como humanos. Nuestra formación y principio es en el vientre de la mujer. Sin embargo, algunos dirán que Jesús en el anterior versículo, está declarando que Él tuvo una existencia previa. Pero aquí, está refiriéndose a Su naturaleza divina, afirmando que sólo Dios, «descendió del cielo». Repasemos nuevamente lo que dice Juan: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él estaba en el principio con Dios. 14 Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:1-2, 14).

¿Qué Significa Esto?
Significa que el Verbo, el cual «era Dios» y «estaba en el principio con Dios», «se hizo carne». Entonces nosotros, basados en la misma Escritura, decimos que en la encarnación, esto es, al momento en que Dios es hecho carne en la persona de Cristo Jesús, empieza a morar Su naturaleza humana, y obviamente Su naturaleza divina continúa en Él. Por eso afirmamos que Jesús, es tanto Dios como hombre, divino y humano y las cualidades tanto de lo divino y lo humano están descritas/atribuidas a la sola persona de Jesús. Esto es simple, pero a la vez, bastante profundo.

Otro Versículos que Ilustran Este Punto de Vista con sus Respectivos Comentarios «¿Pues qué si vierais al Hijo del Hombre ascender adonde antes estaba?» (Juan 6:62).

Comentario: ¿Dónde se encontraba Dios de «primero»? Lógicamente que en el cielo. Jesús afirmaba y con derecho Su real y divina procedencia. Además, este ascender, «adonde estaba primero» afirmaría, poco después de Su resurrección, la legitimidad de Sus reclamos como Dios (Leer también, Hechos 1:9-11).

«Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre» (Hechos 20:28).

Comentario: Este versículo dice que el Señor compró la iglesia con Su propia sangre. El título «Señor» se refiere en el contexto bíblico a Dios mismo («Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios— el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso» [Apocalipsis 1:8]). Aquí entonces vemos los atributos de la humanidad puestos en Dios a través de la obra expiatoria de Cristo. Sabemos que Dios, no tiene sangre. Pero debido a que Jesús es Dios hecho carne, como hombre Él sí tenía sangre y podía, como Señor, ganar Su iglesia por Sí mismo a través de Su sangre. (Nota del Traductor: Existen otras versiones con un mejor texto y más lógica de este versículo 28 en Hechos 20, que aunque antiguos son textos importantes: «Entonces cuídense a sí mismos y cuiden al pueblo de Dios. Alimenten y pastoreen al rebaño de Dios —su iglesia, comprada con su propia sangre— sobre quien el Espíritu Santo los ha designado ancianos» (Nueva Traducción Viviente – NTV).

Como puede ver, el Communicatio Idiomatum se enseña en la Escritura. Pero éste, no es simplemente una curiosidad teológica; éste tiene una parte vital e importante en la naturaleza de la expiación.

La Expiación y el Communicatio Idiomatum
Cuando pecamos ofendemos a un Dios infinitamente santo debido a que quebrantamos Su Ley. ¿Cómo podremos nosotros, seres finitos y profanos, ser capaces de apaciguar a un Dios infinitamente santo? No podemos. Por lo tanto, el único que queda para apaciguar a Dios; el único que puede ofrecer un sacrificio suficiente para complacer a un Dios infinitamente santo, es Dios mismo. Por lo tanto, la Palabra, Dios mismo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:1, 14). Por eso afirmamos que en Jesús hay dos naturalezas: la divina y la humana.

Mirando Hacia la Cruz
En el sacrificio de Jesús tenemos al mismo Señor muriendo. Pero, ¿murió también con Cristo Su naturaleza divina? No. Y es que Dios no puede morir. ¿Por qué como muere un ser que es Espíritu? Pero si el «lado» divino de Jesús no murió, ¿cómo entonces el sacrificio de Cristo es de un valor infinito? La respuesta se encuentra en el Communicatio Idiomatum, ya que en esta enseñanza (y con base en lo que hemos visto en las Escrituras anteriores), la calidad y los atributos de la naturaleza divina fueron atribuidos a la persona de Cristo. Así que aunque el lado divino de Cristo no murió, la persona de Cristo (Su parte humana) sí. Por lo tanto, la muerte de Cristo fue de un invaluable valor, tanto, como para ser capaz de salvarnos de nuestros pecados. Cristo fue capaz entonces de reclamar los atributos divinos para Sí.

Los Cultos NO Cristianos y el Sacrificio de Jesús en la Cruz
Pero en los cultos no cristianos, aquellos que niegan que Jesús sea Dios en carne, ellos no cuentan con un sacrificio en la cruz de valor incalculable. Su fe y confianza está en un supuesto sacrificio de una cosa creada, un «jesús» que en su naturaleza no es divino. El falso cristo de ellos, el cual no es Dios hecho carne, y de acuerdo a Juan 1:1, 14; no puede ofrecer a Dios mismo, un sacrificio de valor incalculable, el cual, y como hemos visto, sí es suficiente en Dios hecho carne, para limpiarnos de todos nuestros pecados. Por lo tanto, todos los seguidores de estos cultos, se encuentran todavía sumergidos en sus pecados. Esta es la razón por la cual se registran las palabras de Jesús en los siguientes pasajes.

Juan 8:24; Éxodo 3:14 «Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados» (Juan 8:24).
«Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros» (Éxodo 3:14).

Antes de Abraham, Jesús es «Yo Soy» «Y vosotros no le habéis conocido, pero yo le conozco; y si digo que no le conozco seré un mentiroso como vosotros; pero sí le conozco y guardo su palabra. 56 Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró. 57 Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy. 59 Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo» (Juan 8:55-59).

¿Por qué los Judíos Querrían Matar a Jesús?
«Los judíos le contestaron: No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios» (Juan 10:33. Énfasis añadido).

Los cultos no cristianos niegan que Jesús es Dios; de la misma manera como lo hicieron los judíos y de esta forma, las palabras de Jesús   n se hacen aún más importantes: «Por eso os dije q. e moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados» (Juan 8:24).

COMMUNICATIO IDIOMATUM 
VocTEO
Literalmente significa «intercambio de las propiedades» (divinas y humanas en Jesucristo).

Se trata de una expresión latina,  aunque el segundo término es de origen griego: idiómata en griego son las «propiedades» que pueden y deben atribuirse a un ser como elementos constitutivos o como exigencias y consecuencias necesarias de su realidad natural (por ejemplo, del ser humano son propias la espiritualidad, la racionalidad, así como la pasibilidad, la mortalidad, la sonrisa, etc.).

En el Nuevo Testamento no se encuentra esta expresión, pero su contenido está presente de varias maneras: se dice de Jesús que nació en el tiempo, que sufrió y murió, pero también que es el Logos/Hijo eterno de Dios, que es inmortal, que es la vida eterna (cf. Jn 1,1-14. Rom 9,5; Flp 2,6-11, etc.). En la época patrística el problema se agudizó debido a los diversos errores relativos a la dimensión divina y a la dimensión humana de Jesús. Ya en las cartas del mártir Ignacio de Antioquía (ss. 1-11) se capta la viva preocupación por atribuir al mismo Jesucristo situaciones de existencia y acciones propias del ser divino y pasiones propias del ser humano. Desde los ss. II y III los Padres empezaron a dar indicaciones teológicas para una recta comprensión y un uso adecuado del "intercambio» de las propiedades humanas y divinas en Cristo (en Oriente se distinguieron especialmente Apolinar de Laodicea, Gregorio de Nisa y Cirilo de Alejandría: en Occidente, Agustín, León Magno). En la primera parte del s. y la controversia que surgió en torno a la propuesta de Nestorio, patriarca de Constantinopla, de negar validez a la atribución del título Theotókos (madre de Dios) a María, madre de Jesús, dio origen a un estudio teórico más profundo de este tema. Nestorio afirmaba que las propiedades divinas del Logos/Hijo no pueden atribuirse al hombre Jesús ni las humanas al Logos/Hijo; por eso no puede decirse que el Verbo nació, fue engendrado, murió, ni que Jesús es inmortal.

 Se puede admitir un "intercambio» de  propiedades sólo si se refieren a la persona de Cristo, sujeto psicológico que surgió de la íntima unión (fusión) espiritual del Verbo eterno con el hombre Jesús de Nazaret (cf., por ejemplo, M. Mercator, Secunda Nestorii Epistula ad 5. Cyrillum: PL 48, 820-822). Partiendo de esta posición, pensaba que María no debía venerarse ni invocarse como Theotókos, sino como Christotókos (madre de Cristo). En su intervención contra Nestorio, san Cirilo de Alejandría se opuso decididamente a esta tesis, indicando la unión hipostática como base de la atribución de las propiedades humanas al Verbo y de las divinas al hombre Jesucristo (cf. M. Simonetti, Cirilo de Alejandría, en DPAC, 1, 422-424).

Puede decirse en general que la  orientación
nestoriana tendía a negar la «communicatio idiomatum», mientras que la corriente teológica contraria, la monofisita, tendía a enseñar la identidad y confusión de las propiedades. Los concilios de Éfeso (431), de Calcedonia (451), de Constantinopla II (553) y III (681), aunque no teorizan la doctrina de la «communicatio», la enseñan claramente en su lenguaje, subrayando en particular que el Logos-Hijo comparte las experiencias humanas gracias a la unión de la naturaleza divina con la humana, «según la hipóstasis» persona. San Juan Damasceno, el último eslabón de la cadena de los grandes Padres griegos, ve el fundamento de la «communicatio idiomatum» en la «perijóresis», es decir, en la inmanencia y en la íntima comunión de las dos naturalezas en Cristo Verbo encarnado (cf. De fide orth., 3, 3s: PG 94, 993-1000).

Tanto la primera Escolástica como la del siglo de oro reflexionaron sobre este tema cristológico. La primera fundamentó el intercambio en la doctrina del
"assumptus homo» (con algunos acentos nestorianos) y en la de la subsistencia de la naturaleza humana en la persona divina (con algunos acentos nestorianos). La segunda, especialmente con santo Tomás, elaboró claramente las reglas que han de regular el  intercambio, basándolas en la doctrina de la unión hipostática.

También la Reforma se interesó por  el problema.
Lutero le dio un significado real, mientras que
Zuinglio le dio sólo un significado verbal; Calvino
le dio uno real, pero sin basarlo en la unión hipostática, sino en el oficio de mediador de Cristo.

La teología católica neoescolástica, que concedió la mayor importancia a la doctrina de la unión hipostática y a sus consecuencias en Cristo, recordó siempre en sus manuales las reglas que deben ser normativas para la «communicatio idiomatum»
brindándonos abundantes ejemplos de las mismas.

Teología de la "communicatio idiomatum».- La «communicatio idiomatum», que se fue precisando a lo largo del camino histórico de la cristología, debe considerarse como un concepto fundamental de la reflexión teológica sobre Jesucristo. Tiene sus raíces y su justificación en la unión del Verbo/Hijo de Dios con la realidad humana-histórica Jesús de Nazaret según la hipóstasis/persona (unión hipostática).

Puesto que la persona divina del Verbo/Hijo es el sujeto que en definitiva «lleva» tanto la naturaleza divina como la humana, unidas íntimamente en él, pero sin mezclarse ni confundirse, al Logos/Hijo le pertenecen (ontológicamente) y por tanto pueden y deben atribuírsele (lógicamente) tanto las propiedades de la naturaleza humana como las de la naturaleza divina; por tanto, puede darse un intercambio entre las dos esferas de existencia de Cristo gracias a la identidad del sujeto de ambas. Sin embargo, la aplicación concreta  de la doctrina no resulta fácil y no siempre se ha hecho correctamente.

Por eso, la teología ha elaborado algunas reglas que pueden expresarse substancialmente en los puntos siguientes:

1) las propiedades pueden predicarse  de un solo y mismo sujeto; 2) el sujeto es la raíz y el soporte de la comunión de las propiedades, no las naturalezas; por eso los atributos no se pueden intercambiar entre las naturalezas: 3) el intercambio es correcto cuando se establece entre lo concreto y lo concreto, y no entre lo abstracto y lo abstracto, o lo abstracto y lo concreto; 4) las afirmaciones relativas al "devenir» de la unión hipostática no pueden referirse al hombre Jesucristo, sino que se refieren al sujeto divino, el Logos/Hijo (encontramos el primer ejemplo en Jn 1,14).

De todo lo dicho se desprende la importancia de este tema cristológico, de apariencia más bien formal y abstracta. Supone y mantiene una recta comprensión del misterio de Jesucristo que, como enseña el concilio de Éfeso, es insondable para la mente humana. Pero influye también en la comprensión de la función salvífica de Cristo, del misterio mismo de Dios, de María (lo demuestra el caso de Nestorio) y de la Iglesia. Por lo que se refiere al misterio de  Dios en particular, hoy se escribe y  se oye hablar mucho de la "muerte de Dios", de la "pasión de Dios", del "abandono del Hijo de Dios" por parte del Padre, etc. Se trata de expresiones que ya no suscitan el escándalo o los interrogantes que surgieron en los cristianos de los primeros siglos. Pero sólo una comprensión de las mismas a la luz de las indicaciones que hemos ofrecido sobre la "communicatio idiomatum" puede hacer teológicamente aceptable su uso. G. Iammarrone
Bibl.: A. Auer, Dios uno y trino, Herder,  Barcelona 1989 394-403; i, Smulders, La gran controversia cristológica, en MS, 111, 477-495.

COMMUNICATIO IDIOMATUM
La Comunicación de Atributos

A modo de apuntes, comparto con ustedes brevemente este gran tema que ha causado gran debate entre calvinistas y luteranos. Para un estudio más profundo remito al lector a leer las dos obras de Dr. Heber Carlos de Campo, las que tratan de forma clara y profunda estos y otros temas cristológicos.

Veamos primeramente lo que no es la Comunicación de Atributos:

1. Comunicación de atributos no significa que la propiedad de una naturaleza pasa a ser parte esencial de otra naturaleza. La mortalidad de un hombre no puede ser atribuida a Dios, ni la eternidad de Dios puede ser atributo de un hombre.
2. Comunicación de atributos no significa que hay una transmutación de las naturalezas. Más bien, cada una de ellas retine las cualidades que le son naturales.

La Controversia Sobre La Comunión De Atributos ha sido extensa en la historia de la teología. En síntesis se resume a lo siguiente:

1 Estos dos textos están escritos en portugués: A Uniao das Naturazas do Redentor y A Pessoa de Cristo as Duas Naturazas do Redentor. Ambas obras de la Editorial Cultura Cristo, 2004.

1. Controversia entre los propios Luteranos:
• Brenz,Chemnitz, Fárrago, defendían las ideas de Lutero. Teoría de la Ubicuidad.
• Felipe Melanchton. Los philipistas, se oponían a la teoría de la ubicuidad.

2. Controversia entre Luteranos y Calvinistas:
• Juan Calvino creía que la naturaleza humana del Redentor no podía estar en todas parte al mismo tiempo, y de modo especial en la Santa Cena. Pensaba que el cuerpo de Cristo, “siendo finito y contenido en el cielo, como en un lugar, debe ser necesariamente separado de nosotros por una gran distancia, como el cielo lo está de la tierra”.
• Los postulados luteranos afirmaban la presencia real del cuerpo de Cristo ubicuamente, es decir, en todas partes, de acuerdo a su naturaleza divina.

CONCEPCIÓN CALVINISTA DE COMMUNICATIO IDIOMATUM

A. Significado del Communicatio Idiomatum
La comunicación de atributos dice respecto únicamente a la Persona de Jesús Cristo, y no a una interpenetración de naturalezas en Cristo. La persona de Jesús Cristo posee todos los atributos de la divinidad, así como todos los atributos de la humanidad, más cada una de las naturalezas permanece distinta. La naturaleza humana de Cristo siempre permanece humana, y la divina siempre permanece divina. Las cualidades del cuerpo y el alma son y permanecen en la naturaleza humana, así como las cualidades de la omnipresencia, omnisciencia, omnipotencia son propios y permanecen en la naturaleza divina. Hay comunicación de atributos en lo que respecta a la persona del Mediador. Sea que la persona haga de acuerdo a la naturaleza divina, o haga de acuerdo a la naturaleza humana, pero nunca lo humano hará lo divino, ni lo divino lo que es de lo humano.

B. Confesiones Reformadas sobre la Comunión de Atributos

1. Segunda Confesión Helvetica 1566
2. Confesion de Fe de Westminster 1647
Confesión de Fe de Westminster (Capítulo XIII, 7)
Cristo en la obra de mediación, actúa conforme a ambas naturalezas, haciendo por medio de cada naturaleza lo que es propio de ella; aunque por razón de la unidad de la persona, lo que es propio de una naturaleza, algunas veces se atribuye en la Escritura a la persona dominada por la otra naturaleza. (Pedro 3:18; Hebreos 9:14. Hechos 20:28; Juan 3:13; 1 Juan 3:16)
Segunda Confesión Helvética (Capítulo XI)
Tampoco enseñamos que la divina naturaleza en Cristo haya sufrido o que Cristo en su naturaleza humana exista todavía en este mundo o se encuentre en todas partes. Ni creemos ni enseñamos que el verdadero cuerpo de Cristo, luego de la glorificación, haya sucumbido o haya sido divinizado, y esto de manera que haya renunciado a las cualidades de cuerpo y alma retornando así a su naturaleza divina, o sea, que desde entonces tenga solamente una naturaleza. (Capítulo XI)

C. Fundamento bíblico para la Communicatio Idiomatum

1. Pasajes donde el predicado pertenece a la persona completa: Hebreos 1:2-4: “en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. El es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, siendo mucho mejor que los ángeles, por cuanto ha heredado un nombre más excelente que ellos.”
2. Pasajes donde el predicado pertenece solamente a la naturaleza Divina, pero en los cuales la persona es el sujeto. Juan 8:58: “Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy.”
Juan 17:5: “Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera.” Colosenses 1:15-17: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en El fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de El y para El. Y El es antes de todas las cosas, y en El todas las cosas permanecen.”

El énfasis de estos pasajes, está en la persona del Redentor, no sobre la naturaleza divina o la naturaleza humana. Por lo tanto, lo que pertenece a una naturaleza, divina o humana, debe ser atribuido a la Persona del Redentor.
3. Pasajes donde el predicado pertenece solamente a la naturaleza humana, pero en las cuales la persona es el sujeto. Juan 19:28: “Después de esto, sabiendo Jesús que todo se había ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed.” Mateo 26:37,38: “Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.”
Juan 11:35: “Jesús lloró”

Todo lo que pertenece únicamente a la naturaleza humana, es atribuido a la persona del Redentor, al Mediador.

COMMUNICATIO OPOTELESMATUM
Tiene que ver con la obra redentora de Cristo, y particularmente el resultado final de ella, la apotelesma, donde encontramos un carácter divino-humano. Por tanto, significa:

1. Que la causa eficiente de la obra redentora de Cristo es ese sujeto personal uno e indivisible en Cristo.
2. Que ésta se produce mediante la cooperación de las dos naturalezas.
3. Que cada una de estas naturalezas obra con su propia y especial “enérgeia”
4. Que a pesar de todo esto, el resultado forma una unidad indivisible porque es la obra de una sola persona, Jesús Cristo.

CONCEPCIÓN LUTERANA COMMUNICATIO IDIOMATUM

A. Genus Idiomaticum
Este género enseña que las cualidades o atributos de ambas naturalezas se dan en la persona del Mediador, de forma que Dios-hombre, como una persona puede decirse que el sufre y muere, pero también que sustenta y gobierna toda la creación. Las cualidades de cada naturaleza pertenecen a la persona de Cristo, más cada naturaleza retiene su propio atributo.
B. Genus Apotelesmaticum
Tiene que ver con el desempeño de las funciones mesiánicas. Cada naturaleza desempaña lo que le es peculiar o propio, y a la vez con la participación de la otra.
C. Genus Majestaticum
Este punto enseña que en razón de la unión personal, la humanidad de Cristo no es solamente omnipotente y omnisciente, más también omnipresente, y que la naturaleza human de Cristo recibe estos y otros atributos desde el primer momento de la encarnación del Logos (Brenz) Se trata de la comunicación de propiedades de una naturaleza a la otra. Los poderes divinos como el conocimiento divino y la omnipresencia divina, son atributos comunicados por la naturaleza divina a la naturaleza humana.

RESUMEN DE LA DOCTRINA COMMUNICATIO IDIOMATUM

A. En El Pensamiento Luterano
Hay tres estados que desenvuelven la doctrina luterana:

1. Comunicación de todos los atributos en la Communicatio Idiomatum de ambos lados, unida a la Persona.
2. Comunicación de la naturaleza divina a la naturaleza humana solamente.
3. Comunicación solamente de tres atributos de la naturaleza divina a la humana: Omnipotencia, Omniciencia, Omnipresencia.

B. En el Pensamiento Reformado
En el pensamiento reformado, el énfasis es una comunicación de atributos de ambas naturalezas en la Persona del Mediador. Por tanto, la naturaleza divina está inseparablemente e indivisiblemente unida a la Persona del Mediador, quien existe y se manifiesta en los límites de la humanidad.
C. Punto clave de diferencia entre luteranos y calvinistas:

1. Luteranos. Ven la comunicación real de atributos de una naturaleza a otra.
2. Calvinistas. Ven la comunicación de los atributos de ambas naturalezas para la Persona del Redentor.

Continua en La Cristología III