Fresco de la iglesia de la Theotokos Peribleptos en Ohrid, Macedonia del Norte
Doctor de la Iglesia
título honorífico de la Iglesia católica
Doctor de la Iglesia es un título otorgado por el papa o un concilio ecuménico a ciertos santos en razón de su erudición y en reconocimiento como eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos.
Los 8 primeros doctores de la Iglesia.
Ambrosio de Milán. Jerónimo de Estridón. Agustín de Hipona. Gregorio Magno. Atanasio de Alejandría. Juan Crisóstomo. Basilio de Cesarea. Gregorio Nacianceno
Historia
Los doctores de la Iglesia han ejercido una influencia especial sobre el desarrollo del cristianismo, sentando las bases de la doctrina sucesiva, o interpretando de forma esclarecedora y perdurable vastos campos de la Revelación. En el cristianismo primitivo, este título se adjudicó espontáneamente a ocho de los Padres de la Iglesia, cuatro de ellos de rito latino:
San Ambrosio de Milán (340-397)
San Jerónimo de Estridón (346-420), filólogo trilingüe y autor de la traducción de la Biblia al latín conocida como Vulgata.
San Agustín de Hipona (354-430), gran escritor y teólogo, autor de La ciudad de Dios, de Comentarios a las Sagradas Escrituras y de su propia biografía, intitulada Confesiones.
San Gregorio Magno (540-604), quien evangelizó a los bárbaros, especialmente en Inglaterra; reformó las costumbres y renovó el canto eclesiástico.
y cuatro de rito griego:
San Atanasio de Alejandría (296-373), quien combatió el arrianismo.
San Basilio Archimandrita (329-379), quien se distinguió por su elocuencia, por su caridad hacia los pobres y su amor al monacato.
San Gregorio Nacianceno (328-389), orador elocuentísimo, teólogo profundo y campeón de la unión de las dos iglesias.
San Juan Crisóstomo (347-407), patriarca de Constantinopla y el mayor de los oradores cristianos.
En el siglo XVI el papa Pío V definió formalmente los criterios para la declaración de tal dignidad. Un total de 37 santos antiguos y modernos han sido reconocidos como doctores de la Iglesia.
Doctores orientales
La tradición bizantina recordaba como Padres de la Iglesia, en sentido amplio, a todos los teólogos previos al siglo VI, la época de la primera estabilización de la doctrina cristiana. De entre estos, pronto se generalizó una especial veneración hacia Juan Crisóstomo, hacia Basilio Magno y hacia Gregorio Nacianceno, y ya el emperador León VI el Sabio instituyó un festival común para los tres el día 30 de enero con el nombre de festival de los tres jerarcas. Los sermones leídos tradicionalmente en el festival son obra de Cosme Vestítor, renombrado orador del siglo X, y las representaciones iconográficas de los tres jerarcas son frecuentes en la arquitectura eclesiástica bizantina.
La Menaea del 30 de enero narra la leyenda de la aparición de los tres doctores al obispo Juan Eutiques en sueños, ordenándole conmemorarlos conjuntamente para evitar rivalidades entre sus fieles y seguidores. La inclusión de Atanasio parece posterior, probablemente motivada por la analogía con los cuatro doctores occidentales y los cuatro evangelistas, y siguiendo a Ireneo de Lyon, quien había buscado mostrar en varios ámbitos la existencia de cuatro pilares de la Iglesia.
Doctores occidentales
La tradición escolástica elaboró por su parte la noción de los cuatro doctores, y esta se vio confirmada ya en 1298 por Bonifacio VIII, quien publicó una decretal que ordenaba honrarlos especialmente. El 11 de abril de 1567 el papa Pío V sumó al primer doctor moderno, Santo Tomás de Aquino, dominico como él y al año siguiente su número se incrementó al reconocer también las fiestas de los doctores griegos. En 1588 el papa franciscano Sixto V añadió al también franciscano San Buenaventura de Fidanza.
Doctrinas católica y ortodoxa
Mientras en Oriente la dignidad de doctor no ha estado asociada a ninguna definición formal, y otros teólogos además de los arriba mencionados se honran ocasionalmente con ese título —en especial San Gregorio Niseno, San León I Magno, San Máximo el Confesor, San Juan Damasceno, Simeón el Nuevo Teólogo, Gregorio Palamás y Marcos de Éfeso—, la Iglesia católica vincula el título a tres condiciones: la eminens doctrina, es decir, la eminencia doctrinal en materia de teología y culto; la insignis vitae sanctitas, es decir, un elevado grado de santidad, y la Ecclesiae declaratio, es decir, una proclamación formal por parte de la Iglesia, que Benedicto XIV precisó como afirmada por el sumo pontífice o por un Concilio Ecuménico. Ningún Concilio ha ejercido esta facultad, sin embargo.
La concesión de la dignidad de doctor de la Iglesia no implica necesariamente la convalidación de la totalidad de la doctrina que el doctor ha sostenido. Aunque la Sagrada Congregación de Ritos, la encargada de la proclamación, realiza un examen de la obra del prospectivo doctor, esta no se integra necesariamente al dogma proclamado ex cathedra por la Iglesia, y aun en el caso de los doctores más reputados muchas de sus doctrinas han sido declaradas erróneas tras su muerte. Los temas sobre los que los doctores han escrito varían marcadamente; además de teólogos sistemáticos, como Santo Tomás de Aquino, San Anselmo de Canterbury o San Alberto Magno, se cuentan entre ellos epígrafos y predicadores, místicos, como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, y aun historiadores y eruditos como San Beda el Venerable, cuya Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum es una extraordinaria fuente de información sobre la Inglaterra medieval.
La tradición escolástica llama convencionalmente a ciertos teólogos y santos con epítetos que recuerdan al de doctor de la Iglesia; así, Juan Duns Scoto es conocido como doctor subtilis (el «doctor sutil») y Roger Bacon como doctor mirabilis (el «doctor en maravillas»), Pedro de Betancur como doctor humilitate (el «doctor en la humildad»), Inocencio V como «doctor famosissimus», Raimundo Lulio como «doctor illuminatus», y Francisco Suárez como «doctor eximius», aunque ninguno de ellos es formalmente doctor de la Iglesia. De hecho, la teología de Scoto ha gozado de poca popularidad fuera de su propio tiempo. Sí son, en cambio, realmente doctores el doctor seraphicus San Buenaventura, el doctor universalis San Alberto Magno, el doctor angelicus Santo Tomás de Aquino, el doctor evangelicus San Antonio de Padua, el doctor mellifluus San Bernardo de Claraval, el doctor caritatis San Francisco de Sales, el doctor mysticus San Juan de la Cruz, etc.
Liturgia
Los doctores de la Iglesia son honrados con una liturgia especial en la misa oficiada en su honor. Esto excluye del nombramiento como doctor a los mártires, puesto que el oficio de la misa se reserva tradicionalmente para honrar a los confesores. El introito de la misa se adopta del de Juan, Apóstol y Evangelista; adicionalmente, el oficio incluye la lectura del Credo, y la antífona del Magnificat reza O doctor optime ("oh, excelentísimo doctor"). Estos dos últimos son los rasgos característicos del oficio doctoral, pues en la fiesta de algunos santos —en particular Juan Damasceno, pero también Atanasio, Basilio y Cirilo de Jerusalén— se ofician misas especiales.
Incorporaciones
La lista completa de doctores se acrecentó hasta la actualidad, en la que cuenta con treinta y siete nombres:
En 1720 Clemente XI incorporó a San Anselmo de Canterbury;
en 1722 Inocencio XIII, a San Isidoro de Sevilla;
en 1729 Benedicto XIII, a San Pedro Crisólogo;
en 1754 Benedicto XIV, a San León I Magno;
en 1828 León XII, a San Pedro Damián;
en 1830 Pío VIII, a San Bernardo de Claraval;
Pío IX incluyó a San Hilario de Poitiers (1851), a San Alfonso María de Ligorio (1871), y a San Francisco de Sales (1877);
León XIII añadiría en 1882 a Cirilo de Alejandría, en 1883 a San Cirilo de Jerusalén y a San Juan Damasceno, y en 1899 a San Beda el Venerable;
Benedicto XV proclamaría a San Efrén de Siria en 1920;
Pío XI, a San Pedro Canisio (1925), a San Juan de la Cruz (1926), a San Roberto Belarmino y a San Alberto Magno (ambos en 1931);
Pío XII, a San Antonio de Padua (1946);
Juan XXIII, a San Lorenzo de Brindisi (1959);
Pablo VI sumaría, en 1970, a las primeras mujeres: Santa Teresa de Jesús y Santa Catalina de Siena;
Juan Pablo II añadiría a Santa Teresa de Lisieux en 1997 durante la Jornada Mundial de las Misiones de ese mismo año.
Benedicto XVI añade, en octubre de 2012, a San Juan de Ávila, patrón del clero español, y a Santa Hildegarda de Bingen, con ocasión de la misa de apertura de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
Francisco incorporó a San Gregorio de Narek, el 12 de abril de 2015,[1] y a San Ireneo de Lyon, en enero de 2022.
Listado oficial de los 37 doctores de la Iglesia católica
En la siguiente lista aparece la totalidad de los doctores de la Iglesia católica, ordenados según la fecha de su proclamación:
Candidatos a doctor de la Iglesia (en estudio)
En el presente hay otros santos sujetos a estudio como candidatos a acceder al título de «Doctor de la Iglesia». En octubre del 2021 el Obispo de Roma, Francisco anunció su intención de proclamar a San Ireneo de Lyon Doctor de la Iglesia con el título de Doctor unitatis (Doctor de la Unidad). El anuncio lo ha realizado al recibir a los miembros del Grupo de trabajo mixto ortodoxo-católico «San Ireneo» en la Sala Clementina del Vaticano. Tampoco se deja de lado al obispo San Cipriano de Cartago gran defensor de la Unidad en la fe ortodoxa, y primer Padre Latino de la Iglesia, así como tampoco a San Juan Climaco "el escolástico" para los griegos y a San Vicente de Lerins para los latinos. En 2011, el vaticanista Sandro Magíster mencionó varios candidatos posibles. Los restantes propuestos por Magíster y por algunas órdenes religiosas.
Rito Griego
San Gregorio Taumaturgo
San Gregorio Taumaturgo es uno de los Padres de la Iglesia. Sus escritos, pese a su escasez, contribuyeron en gran medida a la formación de la doctrina cristiana histórica.
Biografía
La literatura antigua lo menciona con frecuencia. Lo recuerdan San Jerónimo, San Basilio, y Rufino.
Nació hacia 213 en Neocesarea del Ponto de distinguida familia pagana. Originalmente su nombre fue Teodoro ("don de Dios"), nombre que no era exclusivamente cristiano. Fue introducido en la religión cristiana a los catorce años, tras la muerte de su padre, en subautismo cambió su nombre por Gregorio. En Neocesarea estudió Retórica y Derecho. Planeaba trasladarse a Berito, en la Siria Fenicia, junto con su hermano Atenodoro, para asistir a la célebre escuela de Derecho de esa ciudad, pero a ruegos de una hermana suya, cuyo marido había sido nombrado gobernador de Siria Palestina, se trasladó a la capital provincial, Cesarea Marítima. Su estancia allí fue decisiva para la orientación de su vida. Durante los cinco años que en ella permaneció (233 a 238) siguió el curso que daba Orígenes que era el director del Didascalión, haciéndolo olvidar la jurisprudencia para entregarse a la filosofía.
En su panegírico sobre Orígenes, Gregorio describe el método empleado por aquel maestro para ganarse la confianza y la estima de aquellos a quienes deseaba convertir; cómo mezclaba un candor persuasivo con arrebatos de temperamento y argumentos teológicos expuestos hábil e inesperadamente. La habilidad persuasiva más que el simple razonamiento, la sinceridad evidente y una ardiente convicción eran los medios que Orígenes utilizaba para hacer conversos. Gregorio se dedicó primero al estudio de la filosofía; más tarde añadió la teología, pero su mente permaneció siempre inclinada al estudio filosófico, hasta el punto de que en su juventud abrigaba la esperanza de demostrar que la religión cristiana era la única filosofía verdadera y buena. Durante siete años se sometió a la disciplina mental y moral de Orígenes (231 a 238 o 239). No hay ninguna razón para creer que sus estudios fueran interrumpidos por las persecuciones de Maximino el tracio.
Antes de abandonar Siria Palestina, Gregorio pronunció en presencia de Orígenes una oración pública de despedida en la que devolvía las gracias al ilustre maestro que dejaba. Esta oración es valiosa desde muchos puntos de vista. Como ejercicio retórico exhibe la excelente formación dada por Orígenes, y su habilidad para desarrollar el gusto literario y la cantidad de adulación entonces permisible hacia una persona viva en una asamblea compuesta en su mayoría por cristianos. Contiene, además, mucha información útil sobre la juventud de Gregorio y el método de enseñanza de su maestro. Una carta de Orígenes se refiere a la partida de los dos hermanos, pero no es fácil determinar si fue escrita antes o después de esta oración. En ella Orígenes exhorta a sus alumnos a poner los tesoros intelectuales de los griegos al servicio de la filosofía cristiana, e imitar así a los judíos que emplearon los vasos de oro de los egipcios para adornar el Santo de los Santos.
Obispo
Algunos años después, el obispo de Amasia, Fédimo, lo elige y consagra como primer obispo de Neocesarea, a pesar de su juventud. Asistió al Concilio de Antioquía de 268 contra Pablo de Samósata.
Este hecho ilustra de manera interesante el crecimiento de la jerarquía en la Iglesia primitiva; la comunidad cristiana de Neocesarea era muy pequeña, pues sólo contaba con diecisiete almas, y sin embargo se le dio un obispo. Los documentos canónicos antiguos indican que era posible que una comunidad de incluso diez cristianos tuviera su propio obispo. Cuando Gregorio fue consagrado tenía cuarenta años y gobernó su diócesis durante trece años. No se sabe nada en concreto sobre sus métodos, pero debió de mostrar mucho celo para aumentar el pequeño rebaño con el que comenzó su administración episcopal. Una fuente antigua atestigua su celo misionero al registrar una curiosa coincidencia: Gregorio comenzó con sólo diecisiete cristianos, pero a su muerte sólo quedaban diecisiete paganos en toda la ciudad de Neocesarea. Es de suponer que los numerosos milagros, que le valieron el título de Taumaturgo, se realizaron durante esos años.; los Padres Capadocios del s. IV le consideran el fundador de la Iglesia en esta región. Durante la persecución de Decio (249-251) aconsejó a los fieles la huida. Murió entre 270-275. Muy pronto se formó en torno a él una gran leyenda que motivó el sobrenombre de Taumaturgo. Gregorio fue un obispo de acción más que de manejo de pluma y, por eso, su escasa actividad literaria tiene fines casi siempre específicamente pastorales.
Historicidad de vida
Las fuentes sobre la vida, las enseñanzas y las acciones de San Gregorio Taumaturgo son todas más o menos criticables. Además de los detalles que da el propio Gregorio, hay otras cuatro fuentes de información, según Kötschau todas derivadas de la tradición oral; de hecho, las diferencias entre ellas obligan a concluir que no pueden derivarse todas de una fuente escrita común. Se trata de:
- Vida y Panegírico de Gregorio de San Gregorio de Nisa (P.G., XLVI, col. 893 sqq.);
- Historia Miraculorum, de Rufino de Aquilea;
- un relato en siríaco de las grandes acciones del beato Gregorio (manuscrito del siglo VI);
- De Spiritu Sancto de San Basilio.
Celebra su fiesta litúrgica el 17 de noviembre.
Obras
Se conservan de Gregorio 7 ítems entre libros y cartas, de distinto valor y profundidad teológica. Se detallan a continuación.
In Originem prosphonetica ac panegyrica oratio
Libro redactado con entusiasmo juvenil y forma académica en 238 como gratitud y despedida de su maestro Orígenes. Contiene datos muy valiosos para la biografía de Orígenes y sobre su método de enseñanza, y es un documento de valía primordial dentro de la historia de la educación cristiana. Contiene un testimonio sobre los ángeles custodios.
Expositio fidei
Este breve símbolo, exclusivamente trinitario, pero apreciable por la precisión de su doctrina, expresa con exactitud la distinción de personas, su igualdad y su eternidad. Fue escrito entre 260-270. El texto griego se conserva en la biografía de Gregorio de Nisa; una versión latina en Rufino, Hist. eccl. 7,26; hay también una versión siriaca.
Epístola canónica
Célebre por haber sido incluida en la colección de cartas canónicas de la Iglesia griega; es uno de los más antiguos escritos de casuística que se posee. Escrita en respuesta a la consulta hecha por un obispo, cuyo nombre se desconoce, ante problemas surgidos por la conducta de algunos cristianos durante el periodo de ocupación de Ponto y Bitinia por los godos. Los cristianos del Ponto sentían escrúpulos porque algunos de ellos habían indicado el camino a los godos y señalado las casas que debían saquear, y por haber comido manjares paganos y cooperado a ciertos actos de salvajismo. Gregorio aconseja a su colega, desde una perspectiva de caridad y tolerancia, pero sin descuidar la disciplina. Es un documento de especial interés para la penitencia canónica. En el canon 11 se distingue ya en Asia Menor cuatro categorías de penitentes:
- El pecador que fuera de las puertas de la iglesia pide oraciones por él a los fieles;
- El que escucha en el vestíbulo la explicación de la Sagrada Escritura y abandona la iglesia al mismo tiempo que los catecúmenos;
- El que se prosterna en la iglesia al igual que los catecúmenos;
- El que asiste a los oficios, pero sin poder tratar con los fieles hasta que plenamente reconciliado pueda participar en los misterios. Es casi el procedimiento análogo que siguió después San Basilio, pero no adoptado ni en Siria ni en Egipto.
Metaphrasis in Ecclesiastem Salomonis
Aunque es una traducción del Eclesiastés, en realidad bien puede llamarse una paráfrasis por la libertad con que reproduce el texto sobre la base de la versión griega de los Setenta. San Jerónimo la califica de breve, pero útil. Por el hecho de que en los manuscritos sigue a las obras de Gregorio Nacianceno se ha dudado de su autenticidad. No obstante, San Jerónimo y Rufino la enumera entre las obras auténticas del obispo de Neocesárea.
Sobre la pasibilidad e impasibilidad de Dios
Tratado de carácter apologético filosófico, que se conserva únicamente en siriaco, y tal vez escrito antes de su episcopado. Gregorio dialoga con Teopompo, destinatario del librito, sobre Dios, impasible en sí mismo, y que se preocupa por la vida de los hombres, pero que también este mismo Dios, hecho hombre, pudo sufrir; su triunfo sobre la muerte le ha hecho impasible. El valor del sufrimiento de Cristo está en relación con su libertad.
Cartas variadas
Una serie de cartas señaladas por San Jerónimo se han perdido, así como el Diálogo con Eliano, del que habla San Basilio en la carta 210,5, y que utilizaron los sabelianos pretendiendo encontrar en él sus doctrinas.
Textos dudosos
Son dudosos: el tratado Sobre el alma dirigido a Taciano y atribuido también a San Máximo el Confesor; seis homilías conservadas en armenio; el escrito dirigido a Filagrio sobre la identidad de esencia o consustancialidad de las tres personas divinas, que en la versión siriaca se atribuye a Gregorio, mientras que en griego figura a nombre de Gregorio de Nacianzo y Gregorio de Nicea.
Luciano de Nicomedia
Luciano de Antioquía (c. 240 — 7 de enero de 312) fue un influyente teólogo. Particularmente valorado entre los cristianos ortodoxos. Resaltó por su educación y su piedad austera. Se le considera el fundador de la Escuela de Antioquía.
Vida
Según Suidas, Luciano nació en Samosata, (Comagene, Siria), de padres cristianos, y fue educado en la vecina ciudad de Edesa, Mesopotamia, en la escuela de Macario. Sin embargo, esta tradición puede deberse a una confusión con Luciano de Samosata, el satírico pagano del siglo II.
En Antioquía, Luciano fue ordenado presbítero. Eusebio de Cesarea señala que su aprendizaje teológico, y la Vida de Luciano (compuesta después de 327) informa que fundó una Didaskaleion (escuela). Los eruditos, siguiendo a Adolf von Harnack le reconocen como director de la Escuela de Antioquía, relacionada con los teólogos posteriores Diodoro de Tarso y Teodoro de Mopsuestia, pero esta conexión no está registrada en otras fuentes. Tras la deposición del obispo de Antioquía, Pablo de Samosata, cayó bajo sospecha de herejía, y fue excomulgado. Según el obispo Alejandro de Alejandría, permaneció en el cisma durante los episcopados de Domnus, Timeo y Cirilo, cuya administración se extendió desde 268 hasta 303. Luciano se reconcilió con la Iglesia en el episcopado de Cirilo, o de su sucesor, Tirano. Durante la persecución de Maximino Daya, Luciano fue arrestado en Antioquía, y enviado a Nicomedia, donde fue sometido a tortura y a nueve años de prisión. Citado dos veces a examen, se defendió él mismo y rehusó renunciar a la fe cristiana.
Su muerte es incierta. Puede haber sido decapitado o dejado morir de hambre. La fecha tradicional de su ejecución es el 7 de enero de 312, en Nicomedia. Una tradición posterior de origen incierto dice que se ahogó en el mar y fue devuelto a tierra por un delfín.
Fue enterrado en Drepanum, en el golfo de Nicomedia, que fue renombrada más tarde como Helenópolis en honor a Helena, madre de Constantino el Grande. Es conmemorado como santo el 7 de enero por la Iglesia Católica y el 15 de octubre por la Iglesia Ortodoxa.
Firmiliano de Cesarea
Firmiliano fue un prelado eminente de su época. Contemporáneo de Gregorio el Taumaturgo, llegó a ser junto con él una de las columnas de la doctrina católica y verdadera alma de los concilios celebrados en Antioquía, entre los años 264 y 268, donde fueron condenados los errores de Pablo de Samosata. Recibe la invitación a asistir por Heleno de Tarso. Ocupó el cargo de Obispo de la metrópoli de Cesarea de Capadocia durante más de treinta años (230-268?).
Biografía
Durante su ministerio de Obispo, aproximadamente dos a tres años después de iniciar su cargo (232/233), acogió en su ciudad, y le permitió predicar en sus Iglesias a Orígenes, a quien le tenía gran estima.
Le tocó vivir dos persecuciones en la Iglesia de Capadocia. La primera en el año 235 bajo Maximino Tracio. Durante esta tuvo que huir a la ciudad de Cesarea de Palestina, donde nuevamente convive con Orígenes. Tiempo después regresa a la ciudad de Cesarea. En el 249-250, nuevamente se desata una persecución contra los cristianos. En esta ocasión bajo el emperador Decio. Nuevamente, evita la oportunidad de confesar la fe, ya que en esa ocasión lo encontramos luego al lado del Obispo Heleno de Tarso en conflicto con el Obispo de Antioquía Fabio, que defendía la severidad de Novaciano contra los que habían carecido de coraje durante la persecución. En este conflicto, Firmiliano pide apoyo a los Obispos de Roma y de Alejandría, contra Fabio de Antioquía. Ante dicho problema, no cesaron las acusaciones en contra de Firmiliano y Heleno, que encontraron eco en el Papa Esteban (254-257), que tendía también hacia los novacianos e hizo saber en una carta que excluía a ambos Obispos de su comunión.
Otro problema eclesial, que le tocó enfrentar fue el de los herejes que conferían el bautismo a los fieles. Algunos opinaban que era válido, y otros como Firmiliano opinaban que no. Participó en el sínodo de Iconio (no antes del 230), en el que los Obispos de Galacia, Cicilia y otras provincias vecinas decidieron se mantuviera el uso de rebautizar a los montanistas cuando pasasen a la Iglesia. De dicho problema, es el único documento que de él se conserva. Se trata de una carta dirigida a San Cirpriano de Cartago, en la que se expone de la debatida cuestión del segundo bautismo por los herejes. Dicha cuestión lo lleva a criticar vivamente al papa Esteban y rechaza su opinión con insólita vehemencia y aspereza, e incluso lo compara con Judas.
Muere el año 268; toma el camino de Antioquía para dirigirse hacia Tarso, pero muere en el trayecto.
Nicolás de Bari
santo católico
Nicolás de Bari (Patara, Turquía, 15 de marzo de 270-Mira, Turquía, 6 de diciembre de 343), también conocido como san Nicolás de Mira o san Nicolás de Bari (en occidente, por el lugar donde fueron trasladados sus restos), fue un obispo que vivió en el siglo IV. Más de dos mil iglesias están dedicadas a él en todo el mundo.
Debido a los numerosos milagros atribuidos a su intercesión, también se le conoce como Nicolás el Milagroso (Νικόλαος ὁ Θαυματουργός, “Nikólaos ho Thaumaturgós”). San Nicolás es el patrón de marineros, comerciantes, arqueros, ladrones arrepentidos, niños, cerveceros, prestamistas, solteros y estudiantes en varias ciudades y países de toda Europa. Su reputación evolucionó entre los piadosos, como era habitual en los primeros santos cristianos, y su legendario hábito de hacer regalos en secreto dio origen al modelo tradicional de Santa Claus ("San Nicolás") a través de Sinterklaas. Poco se sabe del San Nicolás histórico. Los primeros relatos de su vida se escribieron siglos después de su muerte y probablemente contienen elaboraciones legendarias. Se dice que nació de padres cristianos acomodados. En uno de los incidentes más antiguos y famosos de su vida, se dice que rescató a tres niñas de ser obligadas a prostituirse dejando caer un saco de monedas de oro por la ventana de su casa cada noche durante tres noches para que su padre pudiera pagar una dote por cada una de ellas. Otras historias tempranas cuentan que calmó una tormenta en el mar, salvó a tres soldados inocentes de una ejecución injusta y taló un árbol poseído por un demonio. Se dice que en su juventud peregrinó al Egipto y a la Palestina. Poco después de su regreso, fue nombrado obispo de Mira. Más tarde fue encarcelado durante la persecución de Diocleciano, pero fue liberado tras la ascensión de Constantino.
Una lista antigua lo cita como uno de los asistentes al Primer Concilio de Nicea en 325, pero nunca es mencionado en ningún escrito de personas que estuvieran en el concilio. Leyendas tardías, sin fundamento, afirman que fue expulsado temporalmente y encarcelado durante el concilio por abofetear al hereje Arrio. Otra famosa leyenda tardía cuenta cómo resucitó a tres niños que habían sido asesinados y escabechados en salmuera por un carnicero que planeaba venderlos como carne de cerdo durante una hambruna. Menos de 200 años después de la muerte de Nicolás, se construyó en Myra la Iglesia de San Nicolás bajo las órdenes de Teodosio II sobre el emplazamiento de la iglesia en la que había servido como obispo, y sus restos fueron trasladados a un sarcófago en esa iglesia. En 1087, mientras los habitantes cristianos griegos de la región eran subyugados por los recién llegados turcos selyúcidas musulmanes, y poco después su iglesia era declarada en esquismo por la Iglesia católica, un grupo de mercaderes de la ciudad italiana de Bari sacaron sin autorización los principales huesos del esqueleto de Nicolás de su sarcófago en la iglesia y los llevaron a su ciudad natal, donde ahora están consagrados en la basílica de San Nicolás. Los fragmentos óseos restantes del sarcófago fueron extraídos posteriormente por marineros venecianos y llevados a Venecia durante la Primera Cruzada.
Biografía
Se sabe muy poco sobre la vida histórica de San Nicolás. Los escritos del propio Nicolás se han perdido y ningún cronista contemporáneo lo menciona. Esto no es sorprendente, ya que Nicolás vivió durante una época turbulenta de la historia romana. Además, todos los registros escritos se guardaban en papiro o pergamino, que eran menos duraderos que el papel moderno, y los textos debían volver a copiarse periódicamente a mano en material nuevo para poder conservarse. Las primeras menciones de San Nicolás indican que, en el siglo VI, su culto ya estaba bien establecido. Menos de doscientos años después de la probable muerte de San Nicolás, el emperador romano de Oriente Teodosio II (gobernó entre 401 y 450) ordenó la construcción de la Iglesia de San Nicolás en Mira, que conserva así una mención temprana de su nombre. El historiador bizantino Procopio también menciona que el emperador Justiniano I (gobernó 527-565) renovó iglesias en Constantinopla dedicadas a San Nicolás y San Prisco, que pueden haber sido construidas originalmente ya c. 490.
Nació en Patara, en la región de Licia (actualmente dentro del territorio de Turquía) en una familia adinerada y desde niño se destacó por su carácter piadoso y generoso. Sus padres, fervorosos cristianos, lo educaron en la fe. Después de la muerte de sus padres, Nicolás heredó una gran fortuna que puso al servicio de los necesitados, según la hagiografía escrita por San Metodio, arzobispo de Constantinopla. Al morir sus padres, repartió toda su fortuna entre los pobres y se fue a vivir a Mira (Anatolia, actual Turquía), donde sería consagrado obispo de una forma muy curiosa. Dice la leyenda que varios sacerdotes y obispos se encontraban discutiendo sobre quién sería el futuro obispo, pues el anterior había fallecido. Al no ponerse de acuerdo, se decidió que fuera el próximo sacerdote que entrase en el templo, que casualmente fue Nicolás de Bari. Según una leyenda medieval, ordenó demoler el templo de Artemisa en Mira (el templo más grande y famoso de Licia), así como otros varios edificios paganos, al creer que estaban infestados de demonios. Por un decreto del emperador Licinio contra los cristianos fue encarcelado y su barba quemada, siendo liberado por el emperador Constantino. Participó en el Concilio de Nicea, condenando las doctrinas de Arrio, quien se negaba a admitir el dogma de la divinidad de Cristo.
San Nicolás de Bari murió el 6 de diciembre del año 343 en Mira, pero sus restos descansan en la ciudad portuaria italiana de Bari, pues allí fueron a dar después de que fueran sacados de Turquía tras la conquista musulmana. Tras su muerte se convirtió en el primer santo no mártir en gozar de una especial devoción en Oriente y Occidente. Multitud de relatos milagrosos aparecieron sobre él, desfigurando, a veces, su eminente carácter práctico y sencillo.
Nombre
El nombre de Nicolás también aparece como "Nicolás de Mira de Licia" en la décima línea de una lista de asistentes al Concilio de Nicea incluida por Teodoro el lector en el Historiae Ecclesiasticae Tripartitae Epitome, escrito en algún momento entre 510 y 515. Una sola mención casual de Nicolás de Mira también aparece en la biografía de otro santo, San Nicolás de Sión, quien aparentemente tomó el nombre de "Nicolás" para honrarlo. La Vida de San Nicolás de Sión, escrita alrededor de 250 años después de la muerte de Nicolás de Mira, menciona brevemente a Nicolás de Sión visitando la tumba de Nicolás para rendirle homenaje. Según Jeremy Seal, el hecho de que Nicolás tuviera una tumba que pudiera visitarse sirve como la prueba definitiva casi solitaria de que fue una figura histórica real.
Vida y leyendas
Familia y antecedentes
Los relatos sobre la vida de San Nicolás coinciden en la esencia de su historia, pero los historiadores modernos no se ponen de acuerdo sobre cuánto de esta historia está realmente arraigada en hechos históricos. Tradicionalmente, Nicolás nació en la ciudad de Patara (Lycia et Pamphylia), un puerto en el Mar Mediterráneo, en Asia Menor en el Imperio Romano, en una familia rica de griegos cristianos. Según algunos relatos, sus padres se llamaban Epifanio (Ἐπιφάνιος, Epiphánios) y Johanna (Ἰωάννα, Iōánna), pero, según otros, se llamaban Teófanes (Θεοφάνης, Theophánēs) y Nonna (Νόννα, Nónna). En algunos relatos, el tío de Nicolás era el obispo de la ciudad de Mira, también en Licia. Reconociendo la vocación de su sobrino, el tío de Nicolás lo ordenó sacerdote.
Generosidad y viajes
Tras la muerte de sus padres, se dice que Nicolás distribuyó sus riquezas entre los pobres. En su hazaña más famosa, que se atestigua por primera vez en la Vida de San Nicolás de Miguel el Archimandrita, Nicolás oyó hablar de un hombre devoto que una vez había sido rico, pero que había perdido todo su dinero debido a las "conspiraciones y envidias de Satanás". El hombre no podía permitirse dotaciones adecuadas para sus tres hijas. Esto significaba que se quedarían solteras y probablemente, a falta de otro empleo posible, se verían obligadas a prostituirse. Al enterarse de la difícil situación de las muchachas, Nicolás decidió ayudarlas, pero, siendo demasiado modesto para ayudar a la familia en público (o para ahorrarles la humillación de aceptar la caridad), fue a la casa al amparo de la noche y arrojó un monedero lleno de monedas de oro por la ventana que daba a la casa. El padre inmediatamente arregló un matrimonio para su primera hija, y después de su boda, Nicolás arrojó una segunda bolsa de oro por la misma ventana a altas horas de la noche.
Según el relato de Miguel el Archimandrita, después de que la segunda hija se casara, el padre permaneció despierto durante al menos dos "noches" y sorprendió a San Nicolás en el mismo acto de caridad hacia la tercera hija. El padre cayó de rodillas, dándole las gracias, y Nicolás le ordenó que no hablara a nadie de los regalos. La escena de la entrega secreta de regalos por parte de Nicolás es una de las más populares del arte devocional cristiano, y aparece en iconos y frescos de toda Europa. Aunque las representaciones varían según la época y el lugar,[2] Nicolás suele aparecer con una capucha, mientras que las hijas suelen aparecer en la cama, vestidas con su ropa de dormir. Muchas representaciones contienen un ciprés o una cúpula en forma de cruz.
Se discute la historicidad de este incidente. Adam C. English aboga por un núcleo histórico de la leyenda, señalando la temprana atestación de la historia, así como el hecho de que no se contaron historias similares sobre otros santos cristianos. Jona Lendering, que también defiende la autenticidad de la historia, señala que se cuenta una historia similar en la Vida de Apolonio de Tiana de Filóstrato, en la que Apolonio da dinero a un padre empobrecido, pero sostiene que el relato de Miguel el Archimandrita es muy diferente. Filóstrato no menciona el destino de las hijas y, en su relato, la generosidad de Apolonio está motivada únicamente por la simpatía hacia el padre; en el relato de Miguel el Archimandrita, sin embargo, se afirma expresamente que San Nicolás está motivado por el deseo de salvar a las hijas de ser vendidas como prostitutas. Sostiene que este deseo de ayudar a las mujeres es más característico del cristianismo del siglo IV, debido al destacado papel que desempeñaron las mujeres en el movimiento cristiano primitivo, que del paganismo grecorromano o del cristianismo de la época de Miguel el Archimandrita, en el siglo IX, momento en el que la posición de la mujer había empeorado drásticamente. En otra historia, se cuenta que Nicolás visitó Tierra Santa. El barco en el que viajaba estuvo a punto de ser destruido por una terrible tormenta, pero él reprendió a las olas, haciendo que la tormenta amainara. Así, Nicolás pasó a ser venerado como patrón de marineros y viajeros.
Obispo de Mira
Tras visitar Tierra Santa, Nicolás regresó a Myra. El obispo de Myra, que había sucedido al tío de Nicolás, había muerto recientemente y los sacerdotes de la ciudad habían decidido que el primer sacerdote que entrara en la iglesia esa mañana sería nombrado obispo. Nicolás fue a la iglesia a rezar y por ello fue proclamado nuevo obispo. Se dice que fue encarcelado y torturado durante la Gran Persecución bajo el emperador Diocleciano (gobernó 284-305), pero fue liberado bajo las órdenes del emperador Constantino el Grande (gobernó 306-337). Esta historia suena plausible, pero no está atestiguada en las fuentes más antiguas y por lo tanto es poco probable que sea histórica.
Uno de los primeros relatos atestiguados sobre San Nicolás es uno en el que salva a tres hombres inocentes de la ejecución. Según Miguel el Archimandrita, tres hombres inocentes fueron condenados a muerte por el gobernador Eustaquio. Cuando estaban a punto de ser ejecutados, apareció Nicolás, empujó al suelo la espada del verdugo, los liberó de sus cadenas y reprendió airadamente a un miembro del jurado que había aceptado un soborno. Según Jona Lendering, esta historia es directamente paralela a otra anterior de la Vida de Apolonio de Tiana de Filóstrato, en la que Apolonio impide la ejecución de un hombre condenado falsamente por bandidaje. Miguel el Archimandrita también cuenta otra historia en la que el cónsul Ablabius aceptó un soborno para condenar a muerte a tres famosos generales, a pesar de su inocencia real. San Nicolás se apareció a Constantino y Ablabio en sueños, informando a Constantino de la verdad y asustando a Ablabio para que liberara a los generales, por miedo al Infierno.
Versiones posteriores de la historia son más elaboradas, entrelazando las dos historias. Según una versión, el emperador Constantino envió a tres de sus generales de mayor confianza, llamados Ursos, Nepotianos y Herpylion, para sofocar una rebelión en Frigia. Sin embargo, una tormenta les obligó a refugiarse en Myra. Sin que lo supieran los generales, que se encontraban en el puerto, sus soldados, más al interior, luchaban con los comerciantes locales y se dedicaban al pillaje y la destrucción. Nicolás se enfrentó a los generales por permitir que sus soldados se comportaran mal y éstos pusieron fin a los saqueos. Inmediatamente después de que los soldados regresaran a sus barcos, Nicolás se enteró de que tres hombres inocentes estaban a punto de ser ejecutados y los tres generales le ayudaron a detener la ejecución. Eustaquio intentó huir en su caballo, pero Nicolás lo detuvo y lo reprendió por su corrupción. Eustaquio, bajo la amenaza de ser denunciado directamente al emperador, se arrepintió de sus corruptelas. Posteriormente, los generales lograron poner fin a la rebelión y fueron ascendidos por Constantino a un estatus aún más alto. Sin embargo, los enemigos de los generales los calumniaron ante el cónsul Ablabio, diciéndole que en realidad no habían sofocado la revuelta, sino que habían animado a sus propios soldados a unirse a ella. Los enemigos de los generales también sobornaron a Ablabio y éste mandó encarcelar a los tres generales. Nicolás apareció entonces en sueños y los tres generales fueron liberados.
En 325, Nicolás habría asistido al Primer Concilio de Nicea, donde se dice que fue un firme opositor del arrianismo y un devoto partidario del trinitarismo, y uno de los obispos que firmaron el Credo Niceno. La asistencia de Nicolás al Concilio de Nicea queda atestiguada tempranamente por la lista de asistentes de Teodoro el Lector, que lo registra como el 151º asistente. Sin embargo, llamativamente nunca es mencionado por Atanasio de Alejandría, el principal defensor del trinitarismo en el concilio, que conocía a todos los obispos notables de la época, ni es mencionado por el historiador Eusebio, que también estuvo presente en el concilio. Adam C. English señala que las listas de los asistentes a Nicea varían considerablemente, con listas más cortas que sólo incluyen unos 200 nombres, pero listas más largas que incluyen alrededor de 300. El nombre de San Nicolás sólo aparece en las listas más largas, no en las más cortas. El nombre de Nicolás aparece en un total de tres listas tempranas, una de las cuales, Teodoro el lector, se considera generalmente la más exacta. Según Jona Lendering, existen dos posibilidades principales:
- Nicolás no asistió al Concilio de Nicea, pero alguien en una fecha temprana estaba desconcertado de que su nombre no estaba en la lista y así lo añadió a la lista. Muchos eruditos tienden a favorecer esta explicación.
- Nicolás sí asistió al Concilio de Nicea, pero, en una fecha temprana, alguien decidió eliminar su nombre de la lista, aparentemente decidiendo que era mejor que nadie recordara que había estado allí.
Una leyenda posterior, atestiguada por primera vez en el siglo XIV, más de mil años después de la muerte de Nicolás, sostiene que, durante el Concilio de Nicea, Nicolás perdió los estribos y abofeteó a "cierto arriano". A causa de esto, Constantino revocó la mitra y el palio de Nicolás. Steven D. Greydanus [¿quién?] concluye que, debido a la tardía atestación del relato, "no tiene valor histórico". Jona Lendering, sin embargo, defiende la veracidad y la historicidad del incidente, argumentando que, ya que era embarazoso y refleja mal la reputación de Nicolás, es inexplicable por qué los hagiógrafos posteriores lo habrían inventado. Las versiones posteriores de la leyenda la embellecen, convirtiendo al hereje Arrio en el propio y haciendo que Nicolás le diera un puñetazo en lugar de simplemente abofetearle con la mano abierta. En estas versiones de la historia, Nicolás también es encarcelado, pero Cristo y la Virgen María se le aparecen en su celda. Él les dice que está encarcelado "por amarte" y ellos lo liberan de sus cadenas y le devuelven sus vestiduras. La escena de Nicolás abofeteando a Arrio se celebra en los iconos ortodoxos orientales. y los episodios de San Nicolás en Nicea se muestran en una serie de pinturas de la década de 1660 en la Basílica de San Nicolás en Bari.
Milagros
Son muchos los milagros que se le atribuyen. Uno de los de mayor repercusión es el que cuenta que, siendo aún joven, se compadeció de un desquiciado hidalgo de la localidad de Patara, en la Licia, que habiendo caído en la más absoluta miseria se había visto obligado a prostituir a sus tres hijas (según el relato, hermosas y honestas). Para remediarlo, el santo de Bari echó tres zapatos —según otras versiones bolsos— llenos de oro, en otras tantas noches por la ventana del cuarto «donde dormía aquel padre desnaturalizado, con lo que proveyó el remedio oportuno». En otra versión, que haría historia, dejó caer por la chimenea unas monedas de oro que milagrosamente cayeron en unas medias de lana que las jóvenes habían dejado secando, y de aquí se supone la tradición de colgar las medias tejidas que sirven para recibir regalos en Navidad. Así también, en ocasiones se representa al obispo de Mira con tres monedas de oro en las manos en sus representaciones más reconocidas: su opereta y la leyenda del papa noel. Pellicer, en su Tratado histórico, informa que era habitual en la corte de Felipe II de España la puesta en escena el 6 de diciembre, día de San Nicolás de Bari, de la llamada Fiesta del zapato, con la eventual participación de alguna dama de Palacio.
Otro milagro conocido es el de haber resucitado por su intercesión a tres niños que habían caído de un árbol y muerto al instante. También se le atribuye el milagro de los tres niños sacrificados para dar de comer a los clientes de un hostelero, siendo devueltos a la vida por intercesión del santo. Motivo por el cual se le representa con tres niños a su lado, en una cubeta. Se cuenta que cierta vez salvó la vida de tres generales condenados a muerte injustamente. También se cuenta que en otra ocasión, hallándose un grupo de marineros en medio de una tempestad y habiendo invocado la protección de San Nicolás, vieron aparecer la figura del santo sobre el barco y al momento la tempestad se calmó. Uno de los supuestos milagros más recientes, ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, cuenta cómo en un bombardeo a la ciudad de Bari una madre se separó de su niño en medio de la confusión, apareciendo este horas después a la puerta de la casa sano y salvo. El niño contó cómo un hombre que describió como San Nicolás lo ayudó, lo protegió y lo llevó de regreso a su casa.
Reliquias
Gemile
Durante mucho tiempo se ha supuesto que San Nicolás fue enterrado en su ciudad natal de Myra, donde se sabe que se conservaron sus reliquias, pero algunas pruebas arqueológicas recientes indican que San Nicolás pudo haber sido enterrado originalmente en una iglesia excavada en la roca situada en el punto más alto de la pequeña Isla Gemiler, a sólo veinte millas de su ciudad natal de Patara. El nombre de Nicolás está pintado en una parte del edificio en ruinas. En la antigüedad, la isla se conocía como "Isla de San Nicolás" y hoy se conoce en turco como Gemiler Adasi, que significa "Isla de los Barcos", en referencia al papel tradicional de San Nicolás como patrón de los marinos.
La iglesia se construyó en el siglo IV, en torno a la muerte de Nicolás, y es típica de los santuarios de esa época. Nicolás fue el único santo importante asociado a esa zona de Turquía. La iglesia donde los historiadores creen que fue enterrado originalmente se encuentra en el extremo occidental de la gran procesión.
Myra
A mediados del siglo VII, Gemile era vulnerable a los ataques de las flotas árabes, por lo que los restos de Nicolás parecen haber sido trasladados de la isla a la ciudad de Myra, donde Nicolás había servido como obispo durante la mayor parte de su vida. Myra está situada a unos 40 km (24,9 mi) al este de Gemile y su ubicación más tierra adentro la hacía más segura frente a las fuerzas árabes marítimas. Se dice que, en Mira, las reliquias de San Nicolás exudaban cada año un líquido acuoso claro que olía a agua de rosas, llamado maná, o mirra, que los fieles creían que poseía poderes milagrosos. Como era ampliamente conocido que todas las reliquias de Nicolás se encontraban en Myra en su sarcófago sellado, durante este período era raro que los falsificadores de reliquias afirmaran poseer las pertenecientes a San Nicolás. En 2000, el Gobierno ruso donó una solemne estatua de bronce del santo, obra del escultor ruso Gregory Pototsky, que se colocó en un lugar destacado de la plaza frente a la iglesia medieval de San Nicolás. En 2005, el alcalde Süleyman Topçu sustituyó la estatua por un Papá Noel de plástico vestido de rojo, porque quería una imagen más reconocible para los visitantes extranjeros. Las protestas del Gobierno ruso prosperaron, y la estatua de bronce fue devuelta (aunque sin su alto pedestal original) a una esquina más cercana a la iglesia. El 28 de diciembre de 2009, el Gobierno turco anunció que solicitaría formalmente al Gobierno italiano la devolución a Turquía de los restos óseos de San Nicolás. Las autoridades turcas afirmaron que el propio Nicolás deseaba ser enterrado en su ciudad episcopal, y que sus restos fueron sacados ilegalmente de su patria. En 2017, se informó de que una prospección arqueológica en la Iglesia de San Nicolás (Demre) había hallado un templo bajo la iglesia moderna, con trabajos de excavación por realizar que permitirán a los investigadores determinar si aún alberga el cuerpo de Nicolás.
Bari
Tras la Batalla de Manzikert en 1071, el Imperio bizantino perdió temporalmente el control sobre la mayor parte de Asia Menor a manos de los invasores turcos selyúcidas, por lo que los cristianos griegos de Myra se convirtieron en súbditos de los turcos. Al mismo tiempo, la Iglesia católica de Occidente había declarado (en 1054 d. C.) que la Iglesia ortodoxa griega estaba en esquismo. Debido a las numerosas guerras en la región, algunos cristianos temían que el acceso a la tumba se dificultara. Aprovechando la confusión y la pérdida por parte de la comunidad cristiana griega de Myra de su protección imperial bizantina, en la primavera de 1087, marineros italianos de Bari en Apulia se apoderaron de parte de los restos del santo de su iglesia funeraria de Myra, ante las objeciones de los monjes ortodoxos griegos de la Iglesia.
Adam C. English describe el traslado de las reliquias desde Myra como "esencialmente un robo sagrado" y señala que los ladrones no sólo temían ser atrapados o perseguidos por los lugareños, sino también el poder del propio San Nicolás. De regreso a Bari, llevaron consigo los restos y cuidaron de ellos. Los restos llegaron el 9 de mayo de 1087. Dos años más tarde, el Papa Urbano II inauguró una nueva iglesia, la Basílica de San Nicolas en Bari en su honor. El propio Papa colocó personalmente las reliquias de Nicolás en la tumba bajo el altar de la nueva iglesia El traslado de las reliquias de San Nicolás desde Myra y su llegada a Bari está documentado de forma fidedigna por múltiples cronistas, entre ellos Orderic Vitalis y el 9 de mayo siguió siendo celebrado cada año por los cristianos occidentales como el día de la "traslación" de Nicolás. Tanto los cristianos ortodoxos orientales como los turcos han considerado durante mucho tiempo que el traslado no autorizado de las reliquias de Myra fue un robo flagrante, pero los habitantes de Bari han sostenido en cambio que se trataba de una misión de rescate para salvar los huesos de los invasores turcos. Una leyenda, plasmada en el techo de la Basílica de San Nicolás, sostiene que Nicolás visitó una vez Bari y predijo que sus huesos descansarían allí algún día. Antes del traslado de las reliquias de Nicolás a Bari, su culto era conocido en Europa occidental, pero no gozaba de gran popularidad.[14] En otoño de 1096, soldados normandos y francos se reunieron en Bari para preparar la Primera Cruzada. Aunque los cruzados preferían en general a los santos guerreros, que no eran San Nicolás, la presencia de sus reliquias en Bari lo hacía materialmente accesible. La asociación de Nicolás con la ayuda a los viajeros y marinos también hizo de él una elección popular para la veneración. La veneración de Nicolás por los cruzados ayudó a promover su culto por toda Europa occidental. Después de que las reliquias fueran llevadas a Bari, siguieron produciendo "mirra", para alegría de sus nuevos propietarios. Los frascos de mirra de sus reliquias se han llevado por todo el mundo durante siglos, y aún pueden obtenerse en su iglesia de Bari. Incluso en la actualidad, el clero de la basílica extrae cada año, el 6 de diciembre (festividad del Santo), un frasco de maná de la tumba de San Nicolás. La mirra se recoge de un sarcófago que se encuentra en la bóveda de la basílica y que se puede conseguir en la tienda cercana. El líquido se filtra gradualmente fuera de la tumba, pero no está claro si se origina en el cuerpo dentro de la tumba, o en el propio mármol; ya que la ciudad de Bari es un puerto, y la tumba está por debajo del nivel del mar, se han propuesto varias explicaciones naturales para el líquido de maná, incluyendo la transferencia de agua de mar a la tumba por acción capilar. En 1966, se dedicó una bóveda de la cripta bajo la Basílica de San Nicolás como capilla ortodoxa con un iconostasio en conmemoración de la reciente levantamiento de los anatemas que las Iglesias católica y ortodoxa habían emitido la una contra la otra durante el Gran Cisma de 1054. En mayo de 2017, tras las conversaciones entre el papa Francisco y el patriarca ortodoxo ruso Kirill, una parte de las reliquias de San Nicolás de Bari fueron enviadas en préstamo a Moscú. La reliquia estuvo expuesta para su veneración en la catedral de Cristo Salvador antes de ser llevada a San Petersburgo a mediados de junio antes de regresar a Bari. Más de un millón de personas hicieron cola en Moscú para echar un vistazo momentáneo al arca dorada que sostiene una de las costillas del santo.
Devoción
En Oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde estuvo de obispo, pero en Occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los musulmanes conquistaron Anatolia, un grupo de cristianos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. En esa ciudad se le adjudicaron tan admirables milagros al rezarle que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa. Es patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía. En Roma ya en el año 550 había construido un templo en su honor. Su nombre es notable también fuera del mundo cristiano porque su figura ha dado origen al personaje de Santa Claus (del alemán Sankt Niklaus), conocido también como Papá Noel. San Josemaría Escrivá de Balaguer le nombró santo intercesor del Opus Dei (6 de diciembre de 1934).
Opereta Llega San Nicolás
El sacerdote salesiano Jerko Gržinčič escribió una opereta navideña titulada Llega San Nicolás, compuesta de tres actos. El juego musical abarca un gran número de niños, en representación de ángeles, demonios, Santos Crispín y Gerardo y otros. El estreno se llevó a cabo por primera vez antes de la Segunda Guerra Mundial en Ljubljana con gran éxito. El primer acto tiene lugar en el cielo con los ángeles, que se preparan para la gran ceremonia de ir a la Tierra. San Crispín (zapatero) y San Gerardo (sastre) hacen zapatos y ropa para los niños pobres. El segundo acto se desarrolla en un moderno infierno. Los diablos, con Lucifer a la cabeza, planean cómo van a engañar a los niños y jóvenes de mala manera. El tercer acto se va a la Tierra. San Nicolás viene ahora a dar la bienvenida a la audiencia, acompañado por los ángeles. El Santo Obispo enseña en su discurso no solo a los niños, sino también a sus padres, amigos y familiares: ser bueno y trabajador, piadoso y generoso. Ahora los niños buenos reciben regalos. Al final, San Nicolás les desea a todos Feliz Navidad, con el deseo de vivir en paz y armonía.
Leyenda de Papá Noel
Nicolás de Bari se convirtió en la base de la figura de Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás, personaje legendario que según la cultura occidental trae regalos a los niños por Navidad (la noche del 24 al 25 de diciembre)
Atanasio de Alejandría
obispo de Alejandría, Padre y doctor de la Iglesia católica
Atanasio de Alejandría (en griego, Ἀθανάσιος Ἀλεξανδρείας [Athanásios Alexandrías]) fue obispo de Alejandría, nacido alrededor del año 296 y fallecido el 2 de mayo del año 373. Es considerado santo por la Iglesia copta, la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa, la Iglesia luterana y la Iglesia anglicana, además de ser uno de los padres de la Iglesia y unos de los principales doctores de la Iglesia oriental. Atanasio es recordado por haber sido de los mayores defensores de la ortodoxia cristológica proclamada en el concilio de Nicea. Es considerado uno de los padres del desierto.
Vida y actividad religiosa
Nació en el ambiente cosmopolita de Alejandría, donde recibió su formación filosófica y teológica. No se sabe nada de los primeros treinta años de su vida salvo que en el año 320, con veinticuatro años, fue ordenado diácono. Este cargo le permitió acompañar a su obispo, Alejandro de Alejandría, al concilio de Nicea I en 325. Desde esa fecha se convirtió en defensor a ultranza del símbolo niceno, y enemigo acérrimo de los arrianos.
En el año 328, contando con treinta y cinco años, fue elegido obispo de Alejandría, siendo el vigésimo Patriarca de Alejandría título que precede al de papa de la Iglesia copta o Patriarca de la Iglesia ortodoxa previo al cisma del año 451 (tras el desacuerdo del Concilio de Calcedonia). En su cargo como obispo de Alejandría, sufrió el acoso de los arrianos, cuando el emperador se dejaba influir por estos. Fue detenido y desterrado hasta cinco veces, en las siguientes fechas:
335-337, a Tréveris, bajo Constantino I;
339-345, a Roma, bajo Constancio II;
356-361, al desierto egipcio, bajo Constancio II;
362-363, bajo Juliano el Apóstata;
365, bajo Valente.
Entre sus prioridades destacó la evangelización del sur de Egipto, donde designó como primer obispo de Filé al antiguo inspector de tropas Macedonio, extendiendo su actividad fuera de las fronteras egipcias, hasta Etiopía, donde nombró a Frumencio, obispo de Axum. De su etapa de destierro entre los monjes del desierto egipcio, adquirió un gran interés por el monacato, influyendo en el acceso de los monjes al sacerdocio, y convirtiéndose en biógrafo de Antonio Abad, de quien escribió la Vida de Antonio.
En su lucha contra las herejías de su tiempo usó, según diversas fuentes, métodos discutibles: El obispo Arsenio, seguidor del melecianismo, murió quemado vivo por orden suya; y fue acusado de asesinato en el concilio de Tiro en 335. Llegó a falsificar una carta de Constantino a la muerte de este, supuestamente dirigida a este mismo concilio, donde se decía que había que condenar a muerte a quien tuviera en su poder escritos de Arrio. El historiador pagano Amiano acusó a Atanasio de haberse entregado a persecuciones impropias de su carácter de sacerdote.
Obras
En literatura copta, Atanasio es el primer patriarca de Alejandría que utiliza la Copta además del griego en sus escritos.
Obras polémicas y teológicas
Atanasio no fue un teólogo especulativo. Como afirma en sus Primeras cartas a Serapión, se aferró a "la tradición, la enseñanza y la fe proclamadas por los apóstoles y custodiadas por los padres" Sostuvo que tanto el Hijo de Dios como el Espíritu Santo son consustancial con el Padre, lo que tuvo gran influencia en el desarrollo de doctrinas posteriores relativas a la Trinidad. La "Carta sobre los Decretos del Concilio de Nicea" (De Decretis) de Atanasio es un importante relato histórico y teológico de las actas de dicho concilio.
Ejemplos de escritos polémicos de Atanasio contra sus oponentes teológicos incluyen Oraciones contra los arrianos, su defensa de la divinidad del Espíritu Santo (Cartas a Serapión en los años 360, y Sobre el Espíritu Santo), contra el Macedonianismo y Sobre la Encarnación. Atanasio también fue autor de una obra en dos partes, Contra los paganos y La encarnación del Verbo de Dios. Terminada probablemente al principio de su vida, antes de la controversia arriana, constituyen la primera obra clásica de teología ortodoxa desarrollada. En la primera parte, Atanasio ataca varias prácticas y creencias paganas. La segunda parte presenta enseñanzas sobre la redención.[4] También en estos libros, Atanasio propuso la creencia, haciendo referencia a Juan 1:1-4, de que el Hijo de Dios, el Verbo eterno (Logos) a través del cual Dios creó el mundo, entró en ese mundo en forma humana para reconducir a los hombres a la armonía de la que antes se habían alejado. Otras de sus obras importantes son sus Cartas a Serapión, en las que defiende la divinidad del Espíritu Santo. En una carta a Epicteto de Corinto, Atanasio anticipa futuras controversias en su defensa de la humanidad de Cristo. En una carta dirigida al monje Draconcio, Atanasio le insta a abandonar el desierto para dedicarse a los deberes más activos de un obispo.
Atanasio también escribió varias obras de Exégesis bíblica, principalmente sobre materiales del Antiguo Testamento. La más importante de ellas es su Epístola a Marcelino (PG 27:12-45) sobre cómo incorporar la recitación de salmos a la práctica espiritual. Se conservan extractos de sus discusiones sobre el Libro del Génesis, el Cantar de Salomón y los Salmos.
Quizá su carta más notable sea su Carta Festal, escrita a su Iglesia de Alejandría cuando se encontraba en el exilio, ya que no podía estar en su presencia. Esta carta muestra claramente su postura de que aceptar a Jesús como el Divino Hijo de Dios no es opcional, sino necesario: Sé además que no sólo esto os entristece, sino también el hecho de que mientras otros han obtenido las iglesias por la violencia, vosotros entretanto sois expulsados de vuestros lugares. Porque ellos tienen los lugares, pero vosotros la Fe Apostólica. Ellos están, es verdad, en los lugares, pero fuera de la verdadera Fe; mientras que vosotros estáis fuera de los lugares en verdad, pero la Fe, dentro de vosotros. Consideremos si es mayor, el lugar o la Fe. Claramente la verdadera Fe. ¿Quién entonces ha perdido más, o quién posee más? ¿El que posee el lugar, o el que posee la Fe?
Obras biográficas y ascéticas
Su biografía de Antonio el Grande titulada Vida de Antonio (Βίος καὶ Πολιτεία Πατρὸς Ἀντωνίου, Vita Antonii) se convirtió en su obra más leída. Traducida a varios idiomas, se convirtió en una especie de best seller en su época y desempeñó un papel importante en la difusión del ideal ascético en el cristianismo oriental y occidental. Describe a Antonio como un hombre analfabeto pero santo que realiza continuamente ejercicios espirituales en el desierto egipcio y lucha contra poderes demoníacos. Más tarde sirvió de inspiración al monástica cristiano tanto en Oriente como en Occidente. Entre las obras de Athanasius sobre ascetismo también se incluyen un Discurso sobre la virginidad, una breve obra sobre El amor y el autocontrol, y un tratado Sobre la enfermedad y la salud (del que sólo se conservan fragmentos).
Fragmentos de su obra
El Hijo no fue engendrado como se engendra un hombre de otro hombre, de forma que la existencia del padre es anterior a la del hijo. El hijo es vástago de Dios, y siendo Hijo del Dios que existe eternamente, él mismo es eterno. Es propio del hombre, a causa de la imperfección de su naturaleza, engendrar en el tiempo: pero Dios engendra eternamente, porque su naturaleza es perfecta desde siempre. Oraciones contra los arrianos, I, 14.
Dios existe desde la eternidad: y si el Padre existe desde la eternidad, también existe desde la eternidad lo que es su resplandor, es decir, su Verbo. Además, Dios, «el que es» (ὁ ὤν), tiene de sí mismo el que es su Verbo: el Verbo no es algo que antes no existía y luego vino a la existencia, ni hubo un tiempo en que el Padre estuviera sin Logos (ciencia) (ἄλογος). La audacia dirigida contra el Hijo llega a tocar con su blasfemia al mismo Padre, ya que lo concibe sin Sabiduría, sin Logos, sin Hijo... Oraciones contra los arrianos, I, 25-26).
Obras mal atribuidas
Hay varias otras obras atribuidas a él, aunque no necesariamente generalmente aceptadas como suyas. Estas incluyen el llamado Credo de Atanasio (que hoy en día se considera generalmente como de origen gallego del siglo V), y un completo Exposiciones sobre los Salmos.
Repercusión
La labor de Atanasio, tanto en el I Concilio de Nicea como en toda su lucha contra el arrianismo, fue de gran importancia, con repercusiones que incluso llegan a la actualidad. A los pocos años de fallecer Atanasio el emperador Teodosio I tomó la decisión de hacer del cristianismo niceno la religión oficial del Imperio mediante el Edicto de Tesalónica de 380.
Respeto
En la Iglesia ortodoxa, el 18 de enero es el día conmemorativo del obispo Atanasio y el obispo Kyrillos de Alejandría. El 2 de mayo, se celebra el traslado de los restos de Atanasio. En la Iglesia Católica, Atanasio es reverenciado como un santo (confesor) y Doctor de la Iglesia. Se le reza cuando hay problemas con dolor de muelas. El Día Conmemorativo de Atanasio es el 2 de mayo. Esta es memoria obligatoria. Su día conmemorativo es también el 2 de mayo en la Iglesia Anglicana. En este día, también se le conmemora en la iglesia luterana. Atanasio es también un santo en la Iglesia copta. Sus restos mortales están en la Catedral de Marcos de la Iglesia Copta en El Cairo.
Efrén de Siria
Efrén (o Efraín) de Siria (sirio clásico ܡܪܝ ܐܦܪܝܡ ܣܘܪܝܝܐ, Mār ʾAp̄rêm Sûryāyâ, griego koiné Εφραίμ ο Σύρος), también conocido como Efraín de Nísibe o Nisibi (Nísibis, 306-Edesa, 373), fue un diácono, escritor, músico y santo sirio del siglo IV. Ya en su tiempo fue conocido como el Místico, con el apelativo de El arpa del Espíritu. Es reconocido como Padre de la Iglesia y fue proclamado Doctor de la Iglesia por Benedicto XV en 1920.
Biografía
Según San Gregorio de Nisa, Efrén nació en Nísibis, la actual Nusaybin en Turquía, entonces en la provincia romana de Mesopotamia, en 306 ca. Aunque educado en el cristianismo, su juventud -según cuenta en sus memorias- no fue nada ejemplar, ardiente, amante de las disputas; el proceso judicial al que fue sometido, acusado de un crimen del que finalmente fue declarado inocente,le produjo una conversión interior, que le llevó a tomar el hábito de monje. El obispo Jacobo de Nísibis logró su plena formación y conversión (324). Más tarde, Jacobo lo ordenó diácono y, a pesar de su insistencia para ordenarse como presbítero, Efrén siempre renunció porque no se veía digno. Fundó una escuela de teología en Nísibis que se distinguió por su alto grado de preparación y por el esplendor de sus alumnos. Cuando la escuela estaba en su apogeo, llegó una invasión persa y los sasánidas se apoderaron de su región natal. Efrén cruzó la frontera y fundó la escuela en Edesa dentro del Imperio romano. Aquí se convirtió en el gran defensor de la doctrina cristológica y trinitaria en la Iglesia siria de Antioquía. Escribió mucho: hizo el comentario de toda la Biblia, compuso poemas que sustituyeron a los cantos empleados en las fiestas populares de los paganos. La Iglesia antioquena se unió a él, y sus himnos fueron el inicio de la práctica del canto en la liturgia cristiana.
Es uno de los poetas más grandes en lengua siria. Vivía con absoluta austeridad. Sus escritos se caracterizan por un fuerte antisemitismo, según Karlheinz Deschner.
San Efrén en Astorga
No se debe confundir al personaje real con la leyenda surgida a principios del s. xvii que le menciona como primer obispo de Astorga: por estas fechas el padre Jerónimo Román de la Higuera compuso un falso Chronicón atribuido falazmente a Flavio Lucio Dextro en el que señalaba a Efrén como obispo de Astorga en el siglo I; dando crédito a este, varios escritores y religiosos astorganos contemporáneos contribuyeron sin saberlo a difundir la mentira, y aunque posteriormente quedó demostrada la falsedad del episodio e identificado su origen, todavía hubo autores que lo repitieron hasta bien entrado el s. XIX.
Basilio el Grande
obispo y padre de la Iglesia Griega
San Basilio de Cesarea (ca. 330-1 de enero, 379), llamado Basilio el Magno o Basilio el Archimandrita (en griego: Μέγας Βασίλειος), fue obispo de Cesarea y preeminente clérigo del siglo IV. Es santo de la Iglesia ortodoxa y uno de los cuatro principales Padres de la Iglesia Griega, junto con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa (hermano de Basilio) son denominados los Padres Capadocios. Es también santo y doctor de la Iglesia católica y figura en el Calendario de Santos Luterano.
San Basilio es el nombre que en la tradición griega lleva Papá Noel. Es él quien se cree que visita a los niños el primero de enero (cuando tiene Basilio su festividad). Se corresponde con san Nicolás que aparece el día de Navidad, o con los Reyes Magos, que llegan el 6 de enero. Basilio fue un influyente teólogo que apoyó el Credo Niceno y se opuso a las herejías en la Iglesia cristiana primitiva, enfrentándose tanto al arrianismo como a los seguidores de Apolinar de Laodicea y los macedonianos. Su habilidad para equilibrar sus convicciones teológicas con sus conexiones políticas hizo de Basilio un poderoso defensor de la posición nicena. Además de su labor como teólogo, Basilio era famoso por su atención a los pobres y menos favorecidos. Basilio estableció directrices para la vida monástica centradas en la vida comunitaria, la oración litúrgica y el trabajo manual. Junto con Pacomio, se le recuerda como el padre del monacato comunitario en el cristianismo oriental.
La Iglesia ortodoxa y las Iglesias católicas orientales le han otorgado, junto con Gregorio de Nacianzo y Juan Crisóstomo, el título de Gran Jerarca. En la Iglesia católica se le reconoce como Doctor de la Iglesia. A veces se le conoce con el epíteto Ouranophantor (en griego: Οὐρανοφάντωρ), «revelador de los misterios celestiales».
Biografía
Basilio nació alrededor del año 330 en Cesarea, Capadocia. Provenía de una familia acomodada y piadosa en la que hubo varios santos, entre ellos están su padre, también llamado Basilio, su madre Emelia, su abuela Macrina la Mayor, hermana Macrina la Joven y hermanos Gregorio de Nisa y Pedro de Cesarea, que llegó a ser obispo de Sebaste. Algunos historiadores de la Iglesia han sugerido que Teosebia –que también es santa para la Iglesia Ortodoxa Oriental– fue su hermana menor.
Cuando aún era un niño su familia se trasladó al Ponto, pero pronto volvieron a Capadocia, a vivir con familiares de su madre, y según parece estuvieron al cuidado de su abuela Macrina. Ávido de saber, se trasladó a Constantinopla. Vivió allí y en Atenas unos cuatro o cinco años. En este último lugar tuvo como compañero de estudios a Gregorio Nacianceno, y entabló amistad con el que llegaría a ser emperador Juliano el Apóstata. Ambos estuvieron profundamente influenciados por Orígenes. Entre ambos escribieron una Antología llamada Philokalia. Fue en Atenas donde comenzó a pensar seriamente en la religión y se decidió a buscar a los más famosos santos eremitas de Siria y Arabia para aprender de ellos el modo de alcanzar un estado de ferviente piedad y de mantener su cuerpo sometido mediante el ascetismo, lo que solía denominar “una vida filosófica”.
Después de esto lo encontramos al frente de un convento cerca de Arnesi en el Ponto, donde su madre Emelia, ya viuda, su hermana Macrina y otras mujeres se dedican a una piadosa vida de oración y obras de caridad. Eustacio de Sebaste ya había trabajado en Ponto a favor de una vida anacoreta, y Basilio le reverenciaba por ello, a pesar de que diferían sobre algunos aspectos dogmáticos, lo que poco a poco fue distanciándoles. Tomando partido desde el principio y en el Concilio de Constantinopla con los homoousianos, Basilio coincidió especialmente con los que superaron la aversión al homoousios oponiéndose al arrianismo, y de este modo aproximándose a Atanasio de Alejandría. Al igual que Atanasio, se opuso también a la herejía macedoniana.
Asimismo se distanció de su obispo, Dionisio de Cesarea, que únicamente había suscrito la forma de acuerdo de Nicea, y con el que se reconcilió sólo cuando este estaba a punto de morir. Fue ordenado presbítero de la Iglesia de Cesarea en 365; su ordenación fue probablemente consecuencia de los ruegos de sus superiores eclesiásticos, que deseaban utilizar su talento contra los arrianos, ya que, en esa parte del país, eran numerosos y gozaban del favor del emperador arriano, Valente, que reinaba en esa época en Constantinopla.
Tuvo una moción interior, que lo dirigió enteramente a Dios, como él mismo explica: Un día, como si despertase de un sueño profundo, volví mis ojos a la admirable luz de la verdad del Evangelio..., y lloré por mi miserable vida. En 370 muere Eusebio de Cesarea de Capadocia, obispo de Cesarea de Capadocia, y Basilio fue elegido para sustituirle. Fue entonces cuando se pudieron apreciar sus grandes dotes. Cesarea de Capadocia era una importante diócesis, y su obispo era, ex officio, exarca de la gran diócesis de Ponto. Apasionado y un tanto imperioso, Basilio también era generoso y accesible. Su celo por la ortodoxia no le impedía advertir las virtudes de sus adversarios; y por mor de la paz y la caridad renunciaba sin dificultad a utilizar la terminología ortodoxa cuando ello era posible sin sacrificar la verdad. Resistió con todo su poder al emperador Valente, que se esforzó en introducir el arrianismo en su diócesis, e impresionó tanto al emperador, que aunque estuvo tentado a eliminar al intratable obispo, terminó por dejarle tranquilo.
Para salvar a la Iglesia del arrianismo, Basilio inició contacto con Occidente, y mediante la ayuda de Atanasio intentó superar sus recelos hacia los homoiousianos. Las dificultades habían aumentado al plantear la cuestión de la esencia del Espíritu Santo. A pesar de que Basilio había defendido con objetividad la consustancialidad del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo, se sumaba aquellos que, fieles a la tradición oriental, no admitían el predicado homoousios al tercero; esto se le había reprochado ya en 371 por los zelotes ortodoxos, que había entre los monjes, y Atanasio lo defendió. Mantuvo su relación con Eustacio a pesar de las diferencias dogmáticas, lo que provocó ciertos recelos. Por otra parte, Basilio fue gravemente ofendido por los defensores del homousianismo, que a él le parecían estar reviviendo la herejía sabeliana. No vivió para ver el final de las desafortunadas controversias entre facciones y el éxito absoluto de sus esfuerzos para mediar entre Roma y Oriente. Sufrió una enfermedad del hígado que le produjo una muerte prematura. Un perdurable monumento a su dedicación episcopal hacia los pobres fue el gran instituto ante las puertas de Cesarea que fue utilizado como casa para los pobres, hospital y hospicio (lo llamó «Basiliades» y se podría decir que fue el germen de los modernos hospitales para enfermos).
Escritos
Los principales escritos teológicos de Basilio son su De Spiritu Sancto, una lúcida y edificante reflexión sobre la Escritura y la tradición cristiana primitiva (para probar la divinidad del Espíritu Santo) y su Refutación de la apología del impío Eunomio, escrito en 363 o 364, tres libros contra Eunomio de Cícico, el máximo exponente del arrianismo anomeo. Los tres primeros libros de la Refutación son obra suya, los libros cuarto y quinto, que suelen también incluirse, no se deben a Basilio ni a Apolinar de Laodicea, sino quizás a Dídimo de Alejandría. Fue célebre predicador; se han conservado muchas de sus homilías, incluida una serie de sermones cuaresmales sobre el Hexameron (los seis días de la Creación). Algunos, como el dedicado contra la usura y el referido al hambre, de 368, resultan de valor para la historia de la moral; otros muestran los honores que hay que rendir a mártires y reliquias. Sus incitaciones para que los jóvenes estudiaran literatura clásica, muestran que su propia educación tuvo una perdurable influencia sobre él, y que le enseñó a apreciar la importancia propedéutica de los clásicos. Su inclinación hacia el ascetismo puede verse en las Moralia y Regulae, manuales de ética para utilizar en el mundo y en el claustro, respectivamente. De las reglas monásticas atribuidas a Basilio, la más breve de todas es la que más probablemente es obra suya. Es en los manuales de ética y en los sermones morales donde se ilustran los aspectos prácticos de su teología teorética. Así, por ejemplo, es en su Sermón a los lazicanos donde encontramos que es nuestra naturaleza común la que nos obliga a tratar las necesidades de nuestros vecinos (v.gr.: hambre, sed) como si fueran nuestras, a pesar de que se trate de un individuo diferenciado. Posteriormente los teólogos explican explícitamente que esto es un ejemplo de cómo los santos se convierten en imagen de la naturaleza común de las personas de la Trinidad. Sus trescientas cartas muestran un carácter rico y observador, que a pesar de los problemas derivados de su endeble salud y de sus vicisitudes eclesiásticas, permaneció optimista, tierno e incluso juguetón. Sus principales esfuerzos como reformador se dirigieron al mejoramiento de la liturgia y a la reforma de las órdenes monásticas orientales. La mayor parte de las liturgias que llevan el nombre de Basilio, en la forma presente, no son obra suya; sin embargo, mantienen reminiscencias de su actividad en este campo, al establecer fórmulas para las oraciones de la liturgia y al promover el canto en la misa. Hay una liturgia que puede serle atribuida, se trata de La divina liturgia de Basilio el Grande, una liturgia que es algo más larga que la más celebrada Divina liturgia de Juan Crisóstomo; todavía es utilizada en determinadas festividades en las Iglesias Católicas Bizantinas y en la Iglesia Ortodoxa Bizantina, tales como los domingos de cuaresma.
Todas sus obras, así como unas pocas falsamente atribuidas, están disponibles en Patrologia Graeca, que incluye traducciones latinas de calidad variable. De muy pocas hay una edición crítica.
Continua en Los Padres Dogmaticos II