Apologetica-Teologia-Ciencias Biblicas

Filipenses 1:27 Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,

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jueves, 22 de enero de 2015

La Biblia VI: Apócrifos III















Evangelios de la Natividad
Protoevangelio de Santiago
El Protoevangelio de Santiago, también conocido como el Libro de Santiago o el Protoevangelium, es un evangelio apócrifo, escrito probablemente hacia el año 150 y centrado en la infancia de la Virgen María y en el nacimiento de Jesús de Nazaret. Aunque nunca fue incluido entre los evangelios canónicos, recoge leyendas que han sido admitidas como ortodoxas por algunas iglesias cristianas, tales como la natividad milagrosa de María, la localización del nacimiento de Jesús en una cueva o el martirio de Zacarías, padre de Juan el Bautista. Pese a que en las iglesias orientales alcanzó gran difusión en los primeros siglos del cristianismo, su auge en Occidente se debió al humanista francés Guillermo Postel, quien lo publicó en 1552 traducido al latín.

Denominación
La denominación más nueva conocida para este evangelio apócrifo es la de Libro de Santiago, utilizada por Clemente de Alejandría y Orígenes. El término protoevangelio fue utilizado por primera vez por Guillermo Postel en 1552 al considerarlo un prólogo del evangelio de Marcos.

Fecha y autoría
El texto tiene un epílogo en que se declara su autoría: "Y yo, Santiago, que he escrito esta historia [...]" El personaje mencionado aquí es, según la tradición, Santiago, pariente de Jesús, identificado por algunos con Santiago el Justo.

Los estudiosos actuales, sin embargo, creen que el texto fue escrito mucho más tarde, durante el siglo II, por un cristiano procedente del paganismo (desconoce las costumbres judías) y que ignoraba el hebreo, pues usó como fuente la Biblia griega de los Setenta. Es muy probable que utilizara también como fuentes los evangelios de Mateo y Lucas.

La primera mención de este evangelio se encuentra en las obras de Orígenes (muerto hacia el año 254), quien lo aduce para demostrar que los llamados "hermanos de Jesús" eran en realidad hijos de José con su anterior esposa, lo que significa que el texto era ya en el siglo III lo suficientemente antiguo como para ser tenido por auténtico por Orígenes. Aunque no se han encontrado menciones anteriores, la referencia de Justino Mártir, muerto en 165, al nacimiento de Jesús en una cueva parece revelar que conoció la obra. Por su parte, Clemente de Alejandría, muerto en 215, asegura en uno de sus escritos que la virginidad de María fue constatada por una comadrona, en lo que puede ser una referencia a un episodio narrado en el capítulo XX del protoevangelio.

Transmisión
Teodoro Bibliander, colaborador en las impresiones del Protoevangelio durante el siglo XVI.
El texto del Protoevangelio de Santiago ha llegado hasta nuestros días en más de 140 manuscritos diferentes en griego. Esta abundancia de manuscritos implica un gran interés por el texto. Además, existen traducciones al siríaco, etiópico, copto, georgiano, eslavo antiguo, armenio, árabe, irlandés y latín. Igual que ocurre con el resto de los evangelios, incluyendo los canónicos, la mayor parte de los manuscritos son del siglo X o posteriores. El manuscrito más antiguo de este texto es un papiro de finales del siglo III o comienzos del siglo IV encontrado en 1958, conocido como Papiro Bodmer V porque se conserva en la Biblioteca Bodmeriana de Coligny, Ginebra.

Durante el Renacimiento, este evangelio apócrifo volvió a cobrar importancia gracias a Guillermo Postel, quien lo llevó a Occidente desde Constantinopla. Pese a que el manuscrito original se ha perdido, Postel realizó una traducción al latín que aún se conserva y que fue publicada en Basilea (Suiza) bajo el auspicio del editor Teodoro Bibliander. Posteriormente, en 1564 Michael Neander realizó a través del mismo impresor una nueva edición del texto en griego acompañado de la traducción de Postel. Los volúmenes posteriores del Protoevangelio se basaron en estas publicaciones. A mediados del siglo XIX, el texto actual fue definitivamente fijado por Tischendorf, quien utilizó 18 manuscritos diferentes, además de testimonios indirectos.

Género
El protoevangelio de Santiago es más una leyenda hagiográfica (biografía de un santo), centrada en María, que un evangelio propiamente dicho. Suele contarse entre los llamados «apócrifos de la Natividad», de los cuales es el más antiguo y el modelo principal. Otros evangelios de la Natividad son el Evangelio del Pseudo Mateo, el Libro sobre la Natividad de María o el Liber de infantia Salvatoris.

Contenido
El texto consta de dos partes distintas:
1) Vida de María hasta el nacimiento de Jesús. Narra la historia de la concepción milagrosa de María (caps. I-V). Sus padres, Ana y Joaquín ya eran ancianos cuando Dios les concedió tener descendencia. Después relata la infancia de María (VI-VII), quien es puesta bajo el cuidado del templo desde los tres años de edad. Se casa con José, quien se compromete a protegerla y a respetar su virginidad. De él se afirma que es viudo y tiene varios hijos. En realidad en los evangelios canónicos no hay prueba de que José se case antes del nacimiento de Jesús con María.

2) Nacimiento de Jesús. Se describe luego el episodio de la Anunciación, con algunas variaciones con respecto al Evangelio de Lucas, la Visitación, las dudas de José y la aparición en sueños del ángel. En los capítulos XV y XVI José es acusado por el escriba Anás de haber violado a María, y tanto José como María deben someterse a una prueba para demostrar su inocencia, un pasaje que no figura en los evangelios canónicos. A partir del capítulo XVII se narra el nacimiento de Jesús y los episodios de la llegada y adoración de los Magos. Sigue la matanza de los inocentes y el martirio de Zacarías, padre de Juan el Bautista. La obra se cierra con un epílogo (capítulo XXV), en el que Santiago se presenta como autor e indica que compuso la obra cuando se retiró al desierto para huir de un motín que se produjo en Jerusalén tras la muerte de Herodes.

El protoevangelio tiene una finalidad apologética. Se trata de defender a María de las acusaciones que contra ella hacían tanto judíos como paganos, y que son registradas por Orígenes en Contra Celso: la madre de Jesús habría sido una mujer pobre e ignorante, adúltera y repudiada por su marido, que habría dado a luz a un hijo ilegítimo de un soldado romano. Para rechazar estas acusaciones, el autor del protoevangelio enfatiza la santidad de María y, sobre todo, su virginidad, incluso después del parto. Salomé -un personaje que aparece también en Marcos, citada entre los asistentes a la crucifixión, comprueba empíricamente tras el parto la virginidad de María (capítulo 20). La redacción de este evangelio tiene sin duda relación con los inicios del culto mariano. Algunos autores encuentran en este evangelio influencias del docetismo.

Influencia posterior
Del protoevangelio de Santiago proceden muchas creencias tradicionales acerca de la vida de la Virgen María, empezando por los nombres de sus padres, Joaquín y Ana, o escenas de su vida después ilustradas por el arte cristiano, como su presentación en el templo (cap. VI). La Natividad de Cristo es también situada con frecuencia en una cueva en las representaciones del arte occidental, siguiendo una tradición que procede del protoevangelio de Santiago.

Evangelio del pseudo-Mateo
El Evangelio del pseudo-Mateo es un evangelio apócrifo de la Natividad e infancia de Jesús de Nazaret. Se considera que es una reelaboración en latín del Protoevangelio de Santiago. Este evangelio suele datarse hacia el siglo VII.

Evangelio de la natividad de María
Liber de infantia Salvatoris
El Liber de infantia Salvatoris (libro de la infancia del salvador) o Libro de la Natividad de María es uno de los denominados Evangelios Apócrifos, acerca de la Natividad de María -"Liber Nativitate María", que fue atribuido durante la Edad Media a San Jerónimo, aunque seguramente fue escrito por un autor anónimo durante la época de Carlomagno. Antonio Piñero lo data del siglo IX. Se encuentra íntegramente incluido en la "Legenda Aurea" (Leyenda Dorada). Se trata de una relación apocopada de la misma temática que contenía el llamado "Evangelio del Pseudo Mateo", libro muchísimo más amplio y de origen ciertamente más antiguo. El propio autor inicia la narración explicando que las cosas que va a relatar las leyó en otro lado, aunque confiesa que se le han borrado de la memoria muchos detalles.

El estilo es de una gran llaneza, casi infantil. Se limita a relatar con extremada concisión los hechos principales de la vida de San Joaquín y de Santa Ana, la Natividad de María, su vida en el templo, su matrimonio con San José y, finalmente, la Anunciación y el Nacimiento del Niño Jesús, con cuya sola mención se cierra el libro. Este libro, al contrario que en otros Evangelios Apócrifos, el portal donde tiene el lugar el nacimiento del Niño Jesús se encuentra dentro de la ciudad y es elegido por San José, no porque no haya lugar para quedarse dentro del pueblo, si no debido a la pobreza de la pareja y a la necesidad de tranquilidad por parte de María.

Evangelios de la Infancia
Evangelio de la infancia de Tomás
No se debe confundir con el Evangelio de Tomás. El Evangelio de la infancia de Tomás es un evangelio acerca de la infancia de Jesús que data del Siglo II y Siglo III. Es parte de un género popular de trabajo bíblico, escrito para satisfacer el deseo de antiguos cristianos de conocer más historias y anécdotas milagrosas de Jesús, además de las mencionadas en el Evangelio de Lucas. Algunas referencias de Hipólito de Roma y de Orígenes de Alejandría a un Evangelio de Tomás seguramente se refieren a este evangelio y no al Evangelio de Tomás con el que usualmente se confunde.

Autor
El Evangelio de la infancia de Tomás es un escrito atribuido a "Tomás, el israelita" (en una versión medieval en latín). Es poco probable que Tomás el Apóstol, que aparece en la Biblia, haya estado relacionado con el escrito, aunque algunos estudiosos creen que fue un gentil. Quien quiera que sea el autor, no demuestra mucho conocimiento de la vida judía aparte de lo que puede aprender del Evangelio de Lucas, al cual aparentemente hace referencia en el capítulo 19.

Fecha
La primera cita posible del texto es de Ireneo de Lyon, circa 185, lo cual establece una posible fecha de autoría. La fecha más temprana posible es en los 80 a.D., cuando fue escrito el evangelio de Lucas. El autor del Evangelio de la infancia tomó de éste la historia de Jesús en el templo a los 12 años (véase Infancia 19:1-12 y Lucas 2:41-52). Los estudiosos generalmente están de acuerdo en una fecha a mitad o a finales del siglo II a.D., ya que hay dos documentos secundarios, Epistula Apostolorum y Contra las Herejías de Ireneo, que hacen referencia a una historia del tutor de Jesús diciéndole, "Dí beta", y el respondiendo, "Primero dime el significado de alfa". Se cree que hubo un período de transmisión oral del texto, ya sea completo o como historias diferentes, antes de que fuera redactado y transcrito, por lo que es enteramente posible que tanto estos textos como el Evangelio de la infancia de Tomás se refieran a las versiones orales de la historia.

Manuscrito
Los estudiosos no se ponen de acuerdo en el lenguaje original del Evangelio de la infancia de Tomás, que puede ser griego o sirio, basándose en el hallazgo o falta de malas traducciones del vocabulario griego o sirio. Los pocos manuscriptos que han sobrevivido no ofrecen evidencia en ellos, ya que ninguno data de antes del siglo XIII, mientras que el editor y traductor Montague Rhodes James sostiene que las versiones más antiguas usan una versión abreviada del sirio del siglo VI, y un palimpsesto en latín en Viena del siglo V o VI, el cual nunca ha sido descifrado en su totalidad. Hay gran cantidad de manuscritos, traducciones, versiones cortas, alternas y paralelas, sin analizar que James encontró que previenen el determinar cuál texto es cual. Esta cantidad de textos y versiones refleja la gran popularidad del escrito para la Plenitud de la Edad Media.

Contenido
El texto describe la vida del niño Jesús, usando eventos sobrenaturales. Se dice que trata de enseñarle al maestro, quien sospecha de sus orígenes sobrenaturales. También se relata que Jesús resucita a un amigo que muere al caer de un tejado, y sana a otro cuyo pie había sido cortado con un hacha.

Luego de varias demostraciones de habilidades sobrenaturales, nuevos maestros tratan de enseñar a Jesús, pero él procede a explicarles la Ley. Hay otro grupo de milagros en los que Jesús sana a un niño que había sido mordido por una serpiente, y otros dos que mueren de causas diferentes. Finalmente, el texto recuenta el episodio en Lucas en que Jesús, ya de 12 años, enseña en el templo.

Evangelio árabe de la infancia
Es uno de los evangelios apócrifos tardíos. Denominado el Evangelio árabe del Pseudo Juan. Está escrito en lengua árabe, con 158 páginas que aún se encuentran en buen estado, en las que se hace referencia al Evangelio de Juan, detallando los milagros de Jesús. Este evangelio se conserva en la Biblioteca Ambrosiana de Milán (Italia). Entre los evangelios apócrifos tardíos que narran la infancia de Jesucristo, también se hallan el Evangelio de la Infancia según San Pedro, atribuido a San Pedro, y el Evangelio de Bernabé, que aunque se escribiera en árabe, lo que se conserva son manuscritos en lengua castellana e italiano.

Contenido
El texto inicia citando a Jesús diciendo a su madre tras apenas haber nacido: “Yo soy el Verbo, hijo de Dios, que tú has parido, como te lo había anunciado el ángel Gabriel, y mi padre me ha enviado para salvar el mundo”.

En él hay un apartado sobre la circuncisión. Se dice que una anciana israelita que realizó dicho procedimiento, separó el prepucio (o tal vez el cordón umbilical) y lo puso en un recipiente pequeño lleno de aceite de nardo, para llevarlo a su hijo, dedicado a la elaboración de perfumes. No obstante, consciente de su valor inmaterial, la anciana le advirtió: "Guárdate de vender esta botellita de nardo, aunque te ofrecieran trescientos denarios por ella”.

El evangelista narra que el contenido de este recipiente fue el que muchos años después utilizara María Magdalena para perfumar el cabello y los pies del Jesús adulto. Por lo demás, en el capítulo X existe una referencia a la permanencia en Egipto. En esa tierra se profesaba una religión diferente a la de los judíos, a la que daban carácter de idolatría. Cuenta el autor del evangelio árabe que cuando la sagrada familia iba en camino a esas tierras pasó cerca de una aldea donde se adoraba un ídolo, que en realidad era un demonio disfrazado; el sacerdote de ese lugar era el padre de un muchacho poseído por un espíritu inmundo. El ingreso de Jesús, María y José provocó un fuerte temblor en todo Egipto y los ídolos del templo cayeron de sus pedestales. Los sacerdotes se reunieron con el responsable del primer ídolo para preguntarle la razón del fenómeno y este respondió con las palabras que anuncian la nueva fe y resumen la importancia del cristianismo como superación de las religiones paganas:

“Presente está aquí un dios invisible y misterioso, que posee, oculto en él, un hijo semejante a sí mismo, y el paso de este hijo ha estremecido nuestro suelo. A su llegada, la tierra ha temblado ante su poder y ante el aparato terrible de su majestad gloriosa”.

En respuesta a este reconocimiento, el hijo del sacerdote se cura cuando le ponen sobre la cabeza un pañal de Jesús recién lavado. En los capítulos siguientes se describe al niño Jesús como héroe y sanador. En el evangelio árabe libera a un grupo de viajeros secuestrados de unos bandidos, expulsa a los demonios de los poseídos, hace hablar a una joven muda, alivia a los leprosos, libera a un recién casado y ayuda a un hombre convertido en mulo por unas perversas hechiceras a recuperar su forma humana. Cuando la familia regresa a Belén los prodigios continúan. Otra historia notable ocurre en el capítulo XXXV. Jesús, que tendría 3 años de edad se encuentra con Judas Iscariote quien, poseído por un demonio le pega en un costado e intenta morderlo. Jesús llora de dolor y en ese mismo momento el demonio abandona a Judas en la forma de perro rabioso. En ese episodio aparece de nuevo la conexión entre la infancia y la edad adulta cuando el evangelista reporta: “Y el costado en que Judas lo golpeó fue el mismo que los judíos atravesaron con una lanza”.

Según este evangelio el niño Jesús en ocasiones es un niño travieso que se divierte con sus poderes: en cierta ocasión entró al taller de un tintorero y tiñe de índigo todas las prendas, ante el estupor del tintorero revierte su travesura y saca de la tina cada prenda con el color que le indicaba el dueño del taller. Algunos niños le temen y él se siente a gusto con otros que lo preconizan como rey, un juego infantil en el que se le da el reconocimiento al que aspiraría en su edad adulta: “Cuando llegó el mes de adar, Jesús congregó a los niños alrededor suyo, y les dijo: Démonos un rey. Y los apostó sobre el camino grande. Y ellos extendieron sus vestidos en el suelo, y Jesús se sentó encima. Y tejieron una corona de flores, y la pusieron sobre su cabeza, a guisa de diadema. Y se colocaron junto a él, formados en dos grupos, a derecha e izquierda, como chambelanes que se mantienen a ambos lados del monarca. Y a quienquiera pasaba por el camino, los niños lo atraían a la fuerza, y le decían: "Prostérnate ante el rey, ve lo que desea, y después prosigue tu marcha”

El evangelio árabe concluye con la entrevista entre Jesús y los sabios del templo. El pequeño los sorprende con sus conocimientos de teología, astronomía y filosofía y se revela como un sabio con las características de éstos en la antigüedad a la manera helénica de Aristóteles. Uno de los sabios le pregunta si posee nociones de medicina natural: “Y Jesús respondió con una disertación sobre la física, la metafísica, la hiperfísica y la hipofísica, sobre las fuerzas de los cuerpos y de los temperamentos, y sobre sus energías y sus influencias en los nervios, los huesos, las venas, las arterias y los tendones, y sobre sus efectos, y sobre las operaciones del alma en el cuerpo, sobre sus percepciones y sus potencias, sobre la facultad lógica, sobre los actos del apetito irascible y los del apetito concupiscible, sobre la composición y la disolución, y sobre otras cosas que sobrepujan la razón de una criatura”.

Historia de José el Carpintero
La Historia de José el Carpintero (latín: Historia Josephi Fabri Lignari) es una compilación de tradiciones en relación a María (madre de Jesús) y a la Sagrada Familia, probablemente compuesta en el Egipto Bizantino en griego a finales del siglo sexto o principios del séptimo, mas sobreviviendo solo en una traducción al idioma árabe. El texto apoya la doctrina de la perpetua virginidad de María.

Es uno de los textos de los Evangelios apócrifos referentes a la vida de Jesús antes de los 12 años de edad.

Contenido
El texto se enmarca como una explicación de Jesús en el Monte de los Olivos en relación con la vida de José de Nazaret, su padre putativo. Coincidiendo con la virginidad continuada de María, el texto señala que José tuvo cuatro hijos (Judas, Justo, Jacobo y Simón) y dos hijas (Asia y Lidia) de un matrimonio previo. A la edad de 90 años, después de la muerte de su esposa, José se queda a cargo de una virgen de doce años de edad, María. Ella vive en su hogar y ayuda a criar a sus dos hijos menores, Jacobo y Judas, hasta que tenga edad para casarse, 14 años y medio.

Después de este contexto, el texto procede a parafrasear el Protoevangelio de Santiago, deteniéndose hasta el punto del nacimiento de Jesús. El texto señala que José fue milagrosamente bendecido con salud mental y juventud física, muriendo a la edad de 111 años. Sus hijos mayores, Justo y Simón, se casaron y tuvieron hijos, y de igual manera sus dos hijas, se casaron y vivieron en sus propios hogares.

La muerte de José ocupa una porción sustancial del texto. Primero pronuncia una oración significativa, incluyendo en sus últimas palabras una serie de lamentos acerca de sus pecados carnales. Aproximadamente el 50% de la obra es una extensión de la escena de muerte, en la cual el ángel de la muerte, tal como los arcángeles Miguel y Gabriel se le aparecieron. En la conclusión del texto, Jesús afirma que María permanecerá virgen a través de sus días mencionando de ella, "mi madre, virgen sin mácula". El texto dice: "Y los santos apóstoles han preservado esta conversación, y la han dejado por escrito en la biblioteca de Jerusalén".

Hay indicios de que el texto fue escrito en Egipto en el siglo quinto. Sobreviven dos versiones, una en copto y la otra en árabe, presentando la versión copta como la original. Mucho del material del texto está basado en el Protoevangelio de Santiago.

En el código apócrifo del Nag Hammadi, "La primera revelación de Santiago" declara: Jesús hablando a Santiago dice "Te llamo a ti mi hermano, aunque no eres mi hermano físicamente". Esto añade un registro adicional a la relación de María con los hermanos de Jesús, permitiendo la explicación de la virginidad perpetua.

Evangelios de Pasión y Resurrección
Evangelio de Pedro
El Evangelio de Pedro es un evangelio apócrifo que se conoce sólo fragmentariamente, gracias a un manuscrito hallado en Egipto en el invierno de 1886-87. Escrito en primera persona, el narrador se identifica como Simón Pedro (versículo 60), aunque los estudiosos actuales descartan que pudiera ser efectivamente escrito por el apóstol. Sólo se conserva de este relato la parte correspondiente a la Pasión y Resurrección de Cristo, con importantes diferencias con respecto a la narración de los evangelios canónicos. Aunque hay quienes retrotraen su fecha de composición hasta el año 70, con lo cual sería aproximadamente contemporáneo de los evangelios sinópticos, la mayor parte de los investigadores lo sitúa en la primera mitad del siglo II.

Referencias
La primera referencia a este texto en los escritos del cristianismo primitivo se encuentra en la Historia eclesiástica, de Eusebio de Cesarea, donde se cita una carta que Serapión, obispo de Antioquía entre 190 y 211, escribe a la comunidad cristiana de Rhossos, en Cilicia (Asia Menor). Del texto se deduce que en la comunidad de Rhossos se utilizaba un "evangelio atribuido a Pedro" y que Serapión consideraba que ciertos pasajes podían alentar la herejía docética, según la cual los padecimientos y la muerte de Cristo, en tanto que Dios, habían sido meramente aparentes, bien porque Jesús fuera enteramente divino y sólo había tomado apariencia humana, bien porque el hombre Jesús y el Cristo divino fueran entidades diferentes, que se habrían juntado en el momento del bautismo en el Jordán, y se habrían separado poco antes de la muerte de Jesús. Serapión niega que el evangelio haya podido ser escrito por el apóstol Pedro, extremo en el que coincide plenamente con los estudiosos actuales.

Descubrimiento del manuscrito de Ajmin
En el invierno de 1886-87 fue hallado en el sepulcro de un monje cristiano en Ajmin, antigua Panópolis, en el Alto Egipto, un libro de pergamino de 66 páginas, datado alrededor del siglo VIII, que contiene fragmentos de varios textos apócrifos. Entre ellos se encuentra (páginas 2-10) una copia fragmentaria del Evangelio de Pedro, en griego. El fragmento conservado es la narración del juicio, crucifixión y resurrección de Jesús. No es posible saber si el evangelio de Pedro original era o no más extenso que el fragmento que actualmente se conserva, pero el hecho es que comienza en mitad de una escena. Comienza así "Pero de entre los judíos nadie se lavó las manos, ni Herodes ni ninguno de sus jueces", lo que implica una referencia anterior al conocido pasaje evangélico (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 27, 24». Biblia versión Reina-Valera, en que Pilatos se lava simbólicamente las manos.

Hallazgos posteriores
Con posterioridad al hallazgo del manuscrito de Ajmin, se han encontrado tres breves fragmentos correspondientes a este evangelio. Uno de ellos procede aparentemente de una copia del siglo II, o principios del siglo III, y contiene la escena en que José de Arimatea solicita el cuerpo de Jesús para darle sepultura (versículos 23 y 24 del manuscrito de Ajmin). Los otros dos —muy breves— parecen referirse a conversaciones entre Jesús y Pedro, narradas en primera persona por este último. No se corresponden con el manuscrito de Ajmin, y se discute si formaban o no parte del evangelio de Pedro.

Contenido
El relato de la Pasión de Cristo presenta importantes diferencias con respecto a los evangelios canónicos. Por una parte es Herodes, no Pilatos, el que ordena la ejecución de Jesús, y tanto el monarca como los jueces (vid. texto citado anteriormente) incluyendo a todos los judíos, se niegan a declararse inocentes de la sangre de Jesús. En el relato de la crucifixión se encuentran frases que pueden ser interpretadas desde el punto de vista del docetismo, como cuando se dice (versículo 102​), "Mas él callaba como si no sintiera dolor alguno", o, cuando, en el momento inmediatamente anterior de la muerte, Jesús grita: "¡Fuerza mía, fuerza mía, tú me has abandonado!" (versículo 193​), en lugar de "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Marcos 15, 34». Biblia versión Reina-Valera.

Tras la muerte de Jesús, el relato contínúa describiendo su sepultura por José de Arimatea. Cuenta en primera persona la aflicción de los discípulos (versículo 26). Como ocurre en el Evangelio de Mateo, Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 27, 62-66». Biblia versión Reina-Valera, los sacerdotes hebreos piden a Pilatos soldados para que vigilen la tumba. Indica detalles sobre estos soldados, como que el centurión se llamaba Petronio.

La diferencia más importante con los evangelios canónicos, sin embargo, es que se relata la resurrección de Jesús, de la que son testigos directos los guardias romanos y otras muchas personas que se habían congregado allí. Durante la noche, se escuchó "una gran voz en el cielo" (versículo 354​), se abrieron los cielos y bajaron de ellos dos varones en medio de un gran resplandor. La piedra que cerraba el sepulcro se retiró a un lado, y los dos varones entraron en él. Los guardias fueron a despertar a su centurión y, cuando le estaban explicando lo que acababan de ver, ven salir del sepulcro a tres hombres, "dos de los cuales servían de apoyo a un tercero, y una cruz que iba en pos de ellos" (versículo 395​). Los tres son de gigantesca estatura. Se escucha una voz proveniente de los cielos, que pregunta: "¿Has predicado a los que duermen?" Y la cruz responde: "Sí" (versículos 41-42).

Los testigos del acontecimiento relatan lo ocurrido a Pilatos, quien reitera la culpabilidad de los judíos (versículo 46). Estos le suplican que se guarde silencio sobre lo ocurrido, lo que el gobernador consiente. Al día siguiente, María Magdalena llegó al sepulcro, lo encontró vacío, con un joven vestido de blanco sentado sobre la sepultura, en un relato que tiene su paralelo en Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 28, 1-8». Biblia versión Reina-Valera, aunque existen algunas diferencias entre las dos versiones. El manuscrito termina en medio de un relato que seguramente describía la aparición de Jesús a sus discípulos, en el versículo 60: "Yo, Simón Pedro, por mi parte, y Andrés, mi hermano, tomamos nuestras redes y nos dirigimos al mar, yendo en nuestra compañía Leví el de Alfeo, a quien el Señor...").

Fecha y relación con otros evangelios
La mayor parte de los autores establece que este evangelio fue redactado hacia el año 150. Es con bastante seguridad posterior a los evangelios canónicos (finales del siglo I), y debió de ser compuesto antes de la época de Serapión, quien lo menciona a comienzos del siglo III. Por otra parte, su antijudaísmo se relaciona con puntos de vista que se desarrollaron en círculos cristianos en el siglo II. Hay bastante coincidencia entre los estudiosos en pensar que el autor del evangelio de Pedro conoció y utilizó como fuentes los sinópticos.

Difusión
Es difícil extraer conclusiones sobre en qué comunidades -dejando aparte la de Rhossos, en Cilicia, mencionada en la carta de Serapión- se utilizó el Evangelio de Pedro. Sin embargo, Ehrman destaca que desde 1880 se han encontrado tres manuscritos de los siglos II y III correspondientes a este evangelio, en tanto que sólo se ha hallado uno del evangelio, canónico, de Marcos. El hallazgo en 1904 de un ostrakon o pieza de cerámica, del siglo VI o VII, en que se identifica a Pedro como evangelista, parece también un argumento a favor de una extensa difusión del Evangelio de Pedro.

Evangelio de Nicodemo
El Evangelio de Nicodemo o Hechos de Pilato es un evangelio apócrifo. Contiene el nombre de personajes que han trascendido en la tradición del cristianismo: Dimas, Gestas, Longinos . En él, se relata el episodio de la Anastasis o descenso de Cristo a los infiernos.

Evangelio de Bartolomé
El evangelio de Bartolomé es un evangelio apócrifo que narra la pasión y resurrección de Cristo. Este evangelio relata el descenso a los infiernos de Jesucristo y tiene un estilo de influencia egipcia, es decir, copta.

El Evangelio de Bartolomé toca una serie de puntos muy dispares: la encarnación, la bajada de Jesús a los infiernos, la creación de los ángeles y la caída de Lucifer y otros. Parece proceder de Egipto y ser del siglo IV. Este evangelio lo mencionan Jerónimo en el prólogo a su Comentario sobre Mateo y el Decretum Gelasianum. Seguramente se identifica con las Cuestiones de Bartolomé, que sabemos fueron escritas originalmente en griego. Además de dos manuscritos griegos, uno en Viena y otro en Jerusalén, se conservan fragmentos de las Cuestiones de Bartolomé en eslavo, copto y latín. En forma de respuestas a las preguntas de Bartolomé contiene revelaciones del Señor después de la resurrección y un relato de la anunciación hecho por María. Incluso Satanás entra en escena para responder a las preguntas de Bartolomé sobre el pecado y la caída de los ángeles. Se describe con todo detalle el Descensus ad inferos.

Otros
Evangelio secreto de Marcos
El Evangelio secreto de Marcos es un evangelio apócrifo perdido del que se citan dos breves fragmentos en una carta atribuida a Clemente de Alejandría que fue descubierta en 1958 por Morton Smith, y sobre cuya autenticidad existen serias dudas.

Según afirma el autor de la carta, durante el siglo II circularon al menos dos versiones diferentes del evangelio de Marcos en la ciudad de Alejandría. Una de ellas, redactada primero, correspondería al actual evangelio canónico de Marcos; la siguiente, escrita después y dirigida a un grupo de iniciados, sería el evangelio secreto de Marcos, al que corresponden los fragmentos citados en la carta.

No existe ninguna otra referencia a un evangelio secreto de Marcos en la literatura cristiana conocida. Se sabe, sin embargo, que existió un evangelio de Mateo alternativo, que Ireneo, Jerónimo y otros autores denominan Evangelio de los hebreos. Por otra parte, los manuscritos que se conocen del evangelio de Marcos no son exactamente iguales entre sí, por lo que la idea de que un mismo evangelio circulase en varias versiones diferentes no es en absoluto extraña.

Se han puesto en cuestión tanto la autenticidad de la carta como la existencia del evangelio secreto. Por una parte, este evangelio resulta enormemente polémico, ya que contiene posibles implicaciones sobre homosexualidad en Jesús, que muchos cristianos podrían encontrar gravemente ofensivas. Por otro lado, las anómalas circunstancias en que la carta fue descubierta hacen sospechar que pudiera tratarse de una falsificación. Hoy los estudiosos consideran que el documento es una falsificación hecha por Smith, siguiendo la trama de una novela de James Hogg Hunter, El Misterio de Mar Saba, publicada en 1940.

Descubrimiento y desaparición
En 1958, Morton Smith, profesor de historia antigua en la Universidad de Columbia, descubrió en la biblioteca del antiguo monasterio ortodoxo de Mar Saba, a unos 20 kilómetros de Jerusalén, una carta copiada a mano en las páginas en blanco de un libro impreso en el siglo XVII. La carta estaba escrita en griego, con una caligrafía característica del siglo XVIII. El autor se identificaba al comienzo del texto como "Clemente, autor del Stromata", es decir, el conocido teólogo y moralista cristiano Clemente de Alejandría, que vivió hacia el año 200.

Smith fotografió las tres páginas del libro que contenían la carta. Más adelante, al traducirla, hizo algunos descubrimientos sorprendentes. La carta estaba dirigida a un tal Teodoro, personaje completamente desconocido, y en ella Clemente respondía a una serie de preguntas sobre una secta del cristianismo primitivo de la que sí hay noticias, los carpocracianos, así llamados por el nombre de su fundador, Carpócrates. En este contexto se encontraban las referencias al evangelio secreto de Marcos, utilizado por los carpocracianos, del que la carta citaba dos breves fragmentos.

Tras su descubrimiento por Smith, el libro que contenía la carta fue archivado por los monjes de Mar Saba. Sin embargo, ningún otro especialista ha logrado examinar la supuesta carta de Clemente de Alejandría. Más recientemente han salido a la luz nuevas fotografías del texto, tomadas por el antiguo bibliotecario del monasterio. También está documentado su traslado a otra biblioteca griega ortodoxa.

La cuestión de la autenticidad
Debido tanto a la naturaleza polémica de los contenidos de la carta y la implicación de la existencia de un evangelio secreto como al hecho de que el original no puede ya ser examinado -ni datado- por los estudiosos, la autenticidad del descubrimiento de Smith es objeto todavía de un encendido debate, sin que pueda en la actualidad afirmarse si se trata o no de un texto auténtico. Algunos hechos son indudables: el libro existe, y en él hay una carta escrita con caligrafía del siglo XVIII que Smith fotografió. El estilo del texto es el de otras obras de Clemente de Alejandría, y las citas del evangelio secreto utilizan un lenguaje muy similar al del Evangelio canónico de Marcos.

Las razones a favor y en contra de la autenticidad pueden resumirse como sigue:

A favor
El examen de la caligrafía de la carta, tal y como aparece en las fotografías que tomó Smith, arroja la conclusión de que corresponde al siglo XVIII. Si de verdad fue escrito en esta época, una falsificación tan perfecta no habría sido posible, pues implica un conocimiento exhaustivo de la literatura cristiana primitiva que estaba lejos de haberse alcanzado por entonces. La carta es perfectamente coherente con lo que se conoce del cristianismo primitivo, incluyendo la referencia a los carpocracianos, secta de la que hay numerosas menciones de otros autores. La moderna crítica literaria ha visto en la carta numerosos rasgos estilísticos y de vocabulario estadísticamente frecuentes en la obra de Clemente de Alejandría, lo que parece apuntar que la carta es auténtica. También las breves citas de Marco utilizan el lenguaje propio del evangelista Marcos, lo que parece indicar que proceden del mismo autor.

En contra
La desaparición del manuscrito impide que pueda realizarse un análisis químico de la tinta utilizada, lo que permitiría saber con certeza si fue efectivamente escrito en el siglo XVIII. Nada prueba que no sea una falsificación del siglo XX. En la literatura de los primeros tiempos del cristianismo no hay ni una sola alusión ni a un evangelio secreto de Marcos, ni a la supuesta carta de Clemente Teodoro acerca de los carpocratianos. El propio Clemente, que menciona a los carpocratianos en otros lugares de su obra, no hace jamás referencia a esta carta. Existen algunas contradicciones entre lo que Clemente afirma en esta carta y lo que dice en la mayoría de sus obras.

Las similitudes de vocabulario y estilo tanto con Marcos, en los fragmentos citados, como con Clemente, en el resto de la carta, son tantas que parecen producto de una imitación deliberada que hubiese concentrado en estos breves textos muchos de los elementos característicos de ambos. Como ha indicado en un artículo A.H. Criddle (Criddle:1995), es estadísticamente improbable la coincidencia en un texto tan pequeño de tantas palabras características del vocabulario de Clemente.
Las Fotografías presentadas por Smith presentan moho en el libro, algo que no hubiera ocurrido en un documento procedente del clima seco donde estaba ubicado el monasterio. Lo más probable es que el libro fuera de algún otro lugar, puede que de Europa o Norteamérica. Expertos examinaron las fotografías del texto ampliadas, constataron lo que se llama "temblor del falsificador," que se produce cuando el texto no se escribe con naturalidad, sino que es dibujado por un falsificador para engañar. Por otra parte, hay líneas imprecisas, alzamientos de la pluma entre los trazos: toda clase de indicaciones de que fue falsificado. Y además de todo esto, cuando se compararon las letras griegas con una muestra del escrito de Smith, descubrieron que el texto de Clemente presentaba la misma caligrafía desusada de las letras zeta y lambda que encontramos en el texto de Smith.

La carta de Mar Saba
La supuesta carta de Clemente está dirigida a un seguidor suyo llamado Teodoro. Este último le habría interrogado acerca de los carpocracianos. Clemente asegura que el evangelio secreto de Marcos que utiliza esta secta ha sido falsificado por ellos, y para demostrarlo aduce dos pasajes del verdadero evangelio secreto de Marcos, que él afirma conocer. Explica que Marcos escribió dos evangelios: uno, el canónico, dirigido al común de los fieles, y otro, el secreto, escrito en Alejandría tras el martirio de Pedro y dirigido a aquellos espiritualmente más avanzados, conteniendo enseñanzas secretas. Éste sería el evangelio secreto de Marcos, según Clemente manipulado por los carpocracianos. A continuación Clemente cita dos pasajes de este evangelio, anotando que el primer fragmento citado se sitúa inmediatamente después de Marcos 10:34, y el segundo en 10:46. Continúa señalando que otros pasajes sobre los que Teodoro ha preguntado son falsificaciones, aunque no los cita. La carta se interrumpe abruptamente, en medio de la frase "Ahora, la verdadera interpretación conforme a la verdadera filosofía..."

El texto del evangelio secreto
Clemente cita únicamente dos fragmentos del evangelio secreto de Marcos, de los que indica su ubicación en relación con el Marcos canónico.

Primer fragmento
Según Clemente este fragmento debe situarse entre Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Marcos 10, 34». Biblia versión Reina-Valera, y Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Marcos 10, 35». Biblia versión Reina-Valera.

"Y llegaron a Betania, y había allí una mujer cuyo hermano había muerto. Llegó, se postró de rodillas ante Jesús y le dijo: 'Hijo de David, ten piedad de mí'. Pero los discípulos la reprendían. Jesús se enfadó y se fue con la mujer hacia el jardín donde estaba la tumba. Y al instante se oyó desde el sepulcro una gran voz; y acercándose Jesús hizo rodar la piedra de la puerta de la tumba. Y en seguida entró donde estaba el joven, extendió su mano y lo resucitó. Y el joven, mirando a Jesús, sintió amor por él y comenzó a suplicarle que se quedara con él. Y saliendo de la tumba, se fueron a la casa del joven, pues era rico. Y después de seis días le dio Jesús una orden; y cuando cayó la tarde vino el joven a Jesús, vestido con una túnica sobre el cuerpo desnudo. Y permaneció con él aquella noche, pues Jesús le enseñaba el misterio del reino de Dios. Y saliendo de allí se volvió a la otra ribera del Jordán.".

El añadido que los carpocracianos hacía a este fragmento era el siguiente: "estando desnudo con (el otro también) desnudo" (griego: gymnòs gymnô). No indica dónde se situaba este añadido, pero el único lugar lógico donde puede colocarse es después de "y permaneció con él aquella noche". El añadido de los carpocracianos parece entonces insinuar cierta práctica homosexual de Jesús mientras enseña al joven el misterio del reino de Dios. Clemente rechaza esta interpretación. Por otro lado, numerosos autores han señalado las analogías de este fragmento con el episodio de la resurrección de Lázaro (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 11, 41-44». Biblia versión Reina-Valera.

Segundo fragmento
Este segundo texto está situado en medio de un versículo (10:46) del Marcos canónico en que realmente parece que falta algo. Marcos 10:46 dice: "Entonces vinieron a Jericó" e, inmediatamente después, "al salir de Jericó él, sus discípulos y una gran multitud [...]". Esta discontinuidad narrativa ha hecho pensar a autores como Helmut Koester y J. D. Crossan que el evangelio canónico de Marcos es en realidad una versión abreviada -o expurgada- del evangelio secreto. El texto es el siguiente: "Y estaban allí la hermana del joven a quien amaba Jesús, y la madre de éste y Salomé; pero Jesús no las recibió.".

Interpretaciones
Smith defendió que el evangelio secreto era el evangelio original de Marcos, en tanto que el canónico ha sido expurgado de algunos pasajes. Como ejemplo aduce el segundo fragmento que, al situarse entre las dos frases de Marcos 10:46 Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Marcos 10, 46». Biblia versión Reina-Valera. "Entonces vinieron a Jericó" y "y al salir de Jericó" dota de mayor coherencia a la narración.

En cuanto al joven citado en el primer fragmento, Smith cree que se trata del mismo personaje que sigue a Jesús "cubierto con una sábana" (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Marcos 14, 51». Biblia versión Reina-Valera, y huye cuando Jesús es arrestado en el huerto de Getsemaní. En un libro publicado en 1978 (Jesus the Magician), Smith desarrolla una teoría sobre Jesús que tiene su base en el segundo fragmento del evangelio secreto. El encuentro entre Jesús y el joven es para Smith una iniciación secreta, reservada sólo a un grupo selecto de seguidores, similar a la de las religiones mistéricas. En concreto, Smith sugiere una práctica bautismal de carácter mágico. Hay que tener en cuenta que la idea de que Jesús bautizara a sus seguidores no aparece en los evangelios sinópticos, aunque sí en el Evangelio de Juan. Este ritual secreto de iniciación implicaba, según Smith, una unión espiritual con Jesús en la que el iniciado realizaba una especie de viaje mágico al Reino de Dios. Smith especula sobre qué tipo de ritos tenían lugar en esta iniciación, pero da por sentado que tenían un importante componente físico. Llega incluso a afirmar que "el liberarse de las leyes puede haber llevado a que se completara la unión espiritual con la unión física".

Para Smith, Jesús fue básicamente un mago, e incluso llega a pensar que fue condenado a muerte acusado de brujería, y que ciertas prácticas libertinas realizadas por algunas primeras sectas cristianas, como los carpocracianos mencionados por Clemente, tiene su origen en las enseñanzas de Jesús mismo. La interpretación de Smith ha sido rechazada por la inmensa mayoría de los estudiosos. Reginald Fuller considera que estas supuestas enseñanzas secretas y rituales de iniciación son sospechosos de anacronismo para la época histórica de Jesús, y tienen en cambio muchos puntos de contacto con el gnosticismo que se desarrolló en Alejandría en el siglo II.

El tema del secreto en el evangelio canónico de Marcos
En el evangelio canónico de Marcos hay referencias a enseñanzas secretas que eran impartidas por Jesús únicamente a su círculo más allegado. La idea de diferentes niveles de iniciación es común a todas las religiones mistéricas, muchas de las cuales eran contemporáneas del cristianismo. ¿Existían también en el cristianismo, según parece indicar la carta de Clemente, diversos niveles de iniciación?

En Marcos, el tema del secreto es bastante complejo, y había llamado la atención de los estudiosos mucho tiempo antes de que fuera descubierta la carta de Mar Saba. Según Robert M. Grant (Grant 1963), la idea del secreto está presente en el texto evangélico tanto a través del frecuente tema del silencio como del de las "enseñanzas secretas" de Jesús.

Las referencias al silencio son muy frecuentes. Jesús ordena silencio a los demonios en el momento del exorcismo, para que no hablen acerca de él. (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Marcos 1, 25». «Marcos 1, 34». (1909). «Marcos 3, 12». y también a sus seguidores o a los que han sido curados por él «Marcos 1, 43-45».  (1909). «Marcos 5, 43». (1909). «Marcos 7, 36». (1909). «Marcos 8, 26». A sus discípulos les pide que mantengan en secreto que él es el Mesías, la transfiguración (1909). «Marcos 9, 9», o incluso su estancia en Tiro (1909). «Marcos 7, 24». o sus viajes por Galilea (1909). «Marcos 9, 30».

En cuanto a las enseñanzas secretas, en Marcos 4:10-12, Jesús dice que el secreto del Reino de Dios sólo será revelado a sus allegados, en tanto que a los de fuera, "todo les resulta enigmático" (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Marcos 4, 10-12». Muchas de las enseñanzas de Jesús van dirigidas a un grupo escogido de discípulos (1909). «Marcos 5, 37»«Marcos 13, 3». y todas las referencias a la pasión y la resurrección tienen lugar en el camino, lejos de las multitudes. «Marcos 10, 32». Todas estas referencias al secreto parecen avalar la referencia de Clemente en la carta a un evangelio secreto, dirigido a una minoría escogida, de mayor perfección espiritual.

Evangelio de Bernabé
El Evangelio de Bernabé es un evangelio apócrifo atribuido a Bernabé apóstol y al que se hace referencia en algunos textos de la iglesia primitiva, del cual durante siglos sólo se conservó el nombre. Un texto español del Evangelio de Bernabé aparece mencionado en un manuscrito morisco compuesto en castellano en Túnez hacia 1634, y en el siglo XVIII son conocidos en Europa un manuscrito en italiano y otro en español (luego perdido). A partir de estos dos manuscritos (los únicos conocidos) hay un cierto acuerdo entre los especialistas en atribuir su redacción - única según algunos, última, según otros - a una pluma islámica, conocedora del cristianismo, que escribiría a finales del siglo XVI o principios del siglo XVII. En el libro se observa un sincretismo entre la versión del cristianismo y la visión islámica en relación a la figura de Jesús.

No debe confundirse aquel texto con otro muy posterior también denominado Evangelio de Bartolomé, de finales del siglo XVI o principios del siglo XVII.

Historia textual
La referencia más temprana a un Evangelio de Bernabé que condice con uno de los dos manuscritos conocidos, es en un manuscrito Morisco BNM MS 9653 de Madrid, escrito alrededor de 1634 por Ibrahim al-Taybili de Túnez1​. Describiendo la forma en que la Biblia predice a Mahoma, contiene la frase: "y así mismo en Evangelio de San Bernabé, donde se hallará la luz". La primera mención impresa del Evangelio fue en 1717, cuando aparece una breve referencia al manuscrito español del mismo en De religione Mohamedica de Adriaan Reland2​; y luego en 1718, una descripción mucho más detallada del manuscrito italiano por el filósofo deísta irlandés John Toland3​. En 1734 George Sale hace referencia a ambos manuscritos en The Preliminary Discourse to the Koran ("Discurso Preliminario del Corán"):

Los Mahometanos tienen también un Evangelio en árabe, atribuido a San Bernabé, do la historia de Jesucristo es relatada de modo muy distinto al que hallamos en los Evangelios auténticos, y correspondiente a esas tradiciones que Mahoma siguió en su Corán. De este Evangelio los Moriscos de África tienen una traducción al español; y hay en la Biblioteca del Príncipe Eugenio de Saboya un manuscrito de cierta antigüedad, conteniendo una traducción italiana del mismo Evangelio, compuesto, es de suponer, para el uso de renegados. Este libro al parecer no es ninguna fabricación de los Mahometanos, aunque sin duda lo han interpolado y alterado, para mejor servir a sus fines; y en particular, en vez del Paraclete o Consolador, ellos han, en este evangelio apócrifo, insertado en su lugar la palabra Periclyte, a saber, el famoso o el ilustre, con la cual pretenden decir que su profeta fue predicho por nombre, siendo esa la significancia de Mahoma en árabe; y esto dicen ellos para justificar el pasaje en el Corán que afirma solemnemente que Jesucristo profetizó su venida bajo su otro nombre Ahmed, que es derivado de la misma raíz que Mahoma y del mismo importe.

La traducción de Sale del Corán se convirtió en la versión estándar en inglés en la época; y gracias a esta difusión, y la del "Discurso Preliminar", el Evangelio de Bernabé se hizo ampliamente conocido en los círculos académicos; generando muchos intentos infructuosos por hallar el original árabe mencionado por Sale. Sin embargo, para su descripción del Evangelio en el "Discurso Preliminar", Sale se había apoyado enteramente en noticias de segunda mano. Por ejemplo, contrariando la afirmación de Sale, las palabras griegas paraclete o periclyte no se hallan explícitamente mencionadas en los textos de las versiones española o italiana; aunque el término periclyte se translitera al árabe en una de los apuntes al margen del manuscrito italiano en el capítulo 44, como glosa de las palabras italianas 'uno splendore', aplicadas efectivamente allí por nombre a Mahoma. Posteriormente a la redacción del "Discurso Preliminar", Sale pudo hacerse personalmente del manuscrito español y lo hizo transcribir.

Ocurrencias tempranas de un Evangelio de Bernabé
Un "Evangelio según Bernabé" es mencionado en dos listas cristianas tempranas de obras apócrifas (apocrypha): el texto latino de Decretum Gelasianum (siglo VI)5​,  así como en griego la Lista de los Sesenta Libros. Estas listas son testimonios independientes . En 1698 John Ernest Grabe descubrió un supuesto dicho previamente desconocido de Jesus6​, atribuido al apóstol Bernabé, entre los fragmentos de manuscritos griegos de la Colección Barocciana en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, que especuló podría tratarse de una cita de este "evangelio perdido".7​ John Toland traduce la cita como: El apóstol Bernabé dice, se lleva la peor parte quien vence en contiendas de maldad; porque llega así a tener más pecado; y aduce haber identificado la frase correspondiente al examinar el manuscrito italiano sobreviviente del Evangelio de Bernabé en Ámsterdam antes de 1709. Subsiguientes académicos que examinaron el texto italiano y el español no han logrado, sin embargo, confirmar la observación de Tolann.

Esta obra no ha de ser confundida con la Epístola de Bernabé, aún existente, que pudo haber sido escrita en el siglo II en Alejandría. No hay relación de estilo, contenido, o historia entre ambos libros, fuera de su común atribución a Bernabé. Sobre el tema de la circuncisión por ejemplo ambos libros sostienen posturas muy divergentes, aquella del rechazo de la práctica judía en la epístola oponiéndose marcadamente a la promoción de la misma en el Evangelio. Ni debe ser confundido también esta obra con los Hechos de Bernabé, también existentes, que narran los viajes, el martirio y el entierro de Bernabé, y que se cree generalmente fueron escritos en Chipre luego del 431

En el año 479 durante el mandato del emperador Zenón (del Imperio Romano de Oriente) el arzobispo Antemio de Chipre anunció que la tumba oculta de Bernabé le había sido revelada en un sueño. Se sostuvo entonces que el cuerpo del santo había sido descubierto en una cueva con una copia del evangelio canónico de Mateo sobre su pecho, según el recuento contemporáneo de Teodoro el Lector, que narra que Antemio obsequió al emperador tanto los huesos como el Evangelio2​. Ciertos académicos que sostienen la antigüedad del Evangelio de Bernabé proponen que el texto supuestamente descubierto en 478 debería ser identificado primariamente con aquél; pero esta suposición no condice con un reporte de Severo de Antioquía sobre el libro hallado por Antemio, quien informó haber examinado el manuscrito hacia el año 500, intentando averiguar si apoyaba el relato de Jesús atravesado por la lanza de Mateo 27:49 (no lo hacía). Según el historiador bizantino del siglo XI Jorge Cedreno, un manuscrito uncial del Evangelio de Mateo que se creía ser el descubierto por Antemio, se preservaba aún en la Capilla de San Esteban del palacio imperial en Constantinopla2​.

Manuscritos
Manuscrito italiano
El manuscrito italiano en posesión del Príncipe Eugenio había sido un presente de John Frederick Cramer (1664-1715)3​ quien se lo obsequió en 1713, para ser luego transferido a la Biblioteca Nacional de Austria en Viena en 1738 junto con el resto de la biblioteca del Príncipe. Previamente, en algún momento anterior a 1709, Cramer había prestado el manuscrito a Toland, quien escribe que: "[el Sr. Cramer] lo obtuvo de una biblioteca de una persona de gran renombre y autoridad en dicha ciudad; a quien en vida se había oído frecuentemente ensalzar sobremanera la pieza. Si era como rareza, o como modelo de su religión, lo ignoro9​. Michael Fremaux informa haber fracasado en rastrear e identificar dicho propietario previo del manuscrito, o de hallar al texto listado en algún catálogo o inventorio de Ámsterdam. La referencia de Toland no obstante parecería implicar que el anónimo ex-dueño fallecido habría sido en lo religioso un anti-Trinitario o Unitario prominente; y Fremaux conjetura que el manuscrito pudo haber sido traído a Ámsterdam por Christopher Sandius(1644-1680) sea por su propia actividad como coleccionista en Polonia; o más probablemente por su adquisición de los papeles de Giovanni Michele Bruto (1517-1592) quien había recopilado una extensa colección de fuentes manuscritas en Hungría y Transilvania10​. Cramer había publicado una edición de los escritos teológicos de Bruto en 169811​, y Fremaux especula que Cramer pudo haberse topado con el Evangelio de Bernabé en el transcurso de sus investigaciones en la biblioteca de Sandius en Ámsterdam. Alternativamente, Slomp ha propuesto que Gregorio Leti (1630-1701) cuya biblioteca de Ámsterdam había sido subastada a su muerte, pudo haber sido el anónimo ex-propietario del manuscrito italiano. Leti sin embargo, aunque hostil al Papado (y a Sixto V en particular) era en lo religioso un calvinista ortodoxo.

El manuscrito italiano tiene 506 páginas, de las cuales el Evangelio de Bernabé ocupa las páginas 43 a 500, escritas con marcos rojos en un estilo islámico. Las páginas precedentes de la 5 a a la 42 también tienen marcos rojos; pero están en blanco (fuera de la dedicatoria de Cramer al Príncipe Eugenio), y se infiere que se planeaba escribir algún tipo de prefacio o texto preliminar, aunque el espacio es mucho mayor que el que hubiera sido necesario para el texto del Prefacio correspondiente en el manuscrito en español. Hay rúbricas y notas al margen en árabe gramaticalmente incorrecto, uso ocasional de palabras turcas y muchos rasgos sintácticos del turco. La encuadernación es turca, y aparenta ser la original, pero el papel tiene una filigrana italiana, que ha sido fechada entre 1563 y 1620. El mismo escriba redactó tanto el texto italiano como las notas al margen en árabe, y era claramente "occidental" al estar acostumbrado a escribir de izquierda a derecha.

Texto español
Durante mucho tiempo se ha conocido sólo una versión en italiano del texto, mientras que el manuscrito español se había perdido. Pero en 1976 se descubrió en la Universidad de Sydney (Australia) una copia parcial del texto en español, realizada en el siglo XVIII. En dicha versión hay un prefacio según el cual la edición la habría hecho un monje (Fray Marino) que, aprovechando que el Papa Sixto V se había dormido acudió a su biblioteca y habría encontrado el texto, hurtándolo para leerlo. Según esa historia, el monje, al leerlo, habría decidido convertirse al Islam y difundir el texto.

Contenido
Numerosos estudiosos coinciden en que la finalidad del texto pareciera ser adaptar la versión del cristianismo a la visión islámica de Jesús. Así, el propio hijo de María reconoce reiteradamente que él no es el Mesías. En esa versión - también en consonancia con la doctrina musulmana - Jesús no es crucificado, sino que lo es en su lugar Judas, razón por la cual no hay resurrección. Jesús se aparece a su madre y sus discípulos para corregirlos de esos errores. Numerosos pasajes similares resaltan enseñanzas que coinciden con la interpretación islámica de la figura de Jesús.

Anacronismos
Algunos lectores han señalado que el Evangelio de Bernabé contiene varios anacronismos e incongruencias históricas, que parecen apuntar a un conocimiento inexacto del contexto histórico y geográfico de la Palestina del siglo I, y la intrusión de elementos de la Edad Media europea:

En él Jesús navega el Mar de Galilea desembarcando en Nazaret - que realidad se halla a 23 km tierra adentro desde el Mar de Galilea - para luego "subir" a Capernaúm - que en realidad se halla sobre la costa (capítulos 20-21). Se afirma que Jesús nace durante el mandato de Poncio Pilato, que recién comenzó en el año 26. Se referencia un "Año del Jubileo" en Israel celebrado cada cien años (capítulo 82), en vez de cada cincuenta años, como se describe en Levítico 25. Este error parecería ligar el Evangelio de Bernabé a la proclamación en 1300 del Año Santo por parte del Papa Bonifacio VIII - jubileo que luego decretó habría de repetirse cada cien años (el Papa Clemente VI en 1343 redujo ese intervalo entre años del jubileo a cincuenta años). El Evangelio menciona vino almacenado en toneles de madera (capítulo 152). En el siglo V a. C. Heródoto menciona toneles de madera de palmera usados para exportar vino a Mesopotamia. Toneles de madera de roble eran característicos de la Galia y la Italia del norte, y no se volvieron universales en el imperio romano hasta c. 200[1]; mientras que en la Palestina del siglo I como en el resto del Oriente el vino se almacenaba en odres de cuero y vasijas (amphorae)[2]. El pedunculate o roble inglés (quercus robur) no crece en Palestina; y la madera de otras especias no brinda estanqueidad suficiente para ser usada en toneles. En el capítulo 119, Jesús menciona al oro y el azúcar como sustancias de igual rareza y valor. Si bien conocido desde la antigüedad en la India, el azúcar no circulaba en la Israel del siglo I. La equiparación del valor del azúcar con el oro surgió recién en Europa en la Edad Media, cuando el azúcar había comenzado a circular gracias al contacto incrementado con Oriente por las Cruzadas y la presencia árabe en territorio europeo.

En el Capítulo 91, se hace referencia a los "cuarenta días" como un ayuno anual de Israel. Dicho ayuno de cuarenta días no es mencionado en la Biblia ni existía en Israel (ver Mishnah, volumen Ta'anit, "Días de ayuno"). Se corresponde en cambio con la tradición cristiana del ayuno cristiano de cuarenta días antes de Pascua (Cuaresma), practica de la cual no existen testimonios previos al Concilio de Nicea (325).

El autor del Evangelio de Bernabé no parece percatarse que 'Cristo' y 'Mesías' son sinónimos en griego y hebreo respectivamente. "Cristo" (xριστός, christós) es la traducción al griego de la palabra hebrea "Mesías" (מָשִׁיחַ, māšîaḥ), ambas con el mismo significado de "Ungido". El Evangelio de Bernabé yerra al describir a Jesús como "Jesucristo" ("Jesús-Cristo"- es decir "Jesús-Mesías" en hebreo) al mismo tiempo sosteniendo que 'Jesús confesó y hablo verdad diciendo: "Yo no soy el Mesías"' (cap. 42).

En el Evangelio de Bernabé las citas del Antiguo Testamento se corresponden con las de la Vulgata Latina antes que con las de la traducción griega de la Septuaginta o del Texto Masorético hebreo. La Vulgata Latina fue la versión más circulada de la Biblia en la Edad Media europea, siendo obra de Jerónimo comenzada en el 382, siglos después de la muerte de Bernabé. El Evangelio dice que Adan y Eva comieron una manzana (c. 40). La Biblia no menciona la fruta del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal (Génesis 2:9,17; 3:5). La asociación tradicional con la manzana surgió siglos después en la Cristiandad europea, a partir de la traducción de la Biblia hebrea al latín, donde tanto 'manzana' como 'mal' se traducen como 'malum'. En el capítulo 54 dice: "Pues quien desee cambiar una pieza de oro deberá entregar sesenta monedas" (italiano minuti). En épocas del Nuevo Testamento, la única moneda de oro era el aureus, y valía aproximadamente 3.200 de las monedas más pequeñas, que eran las de bronce llamadas leptón (traducido al latín como minuti). La moneda estándar de plata, el denarius equivalía a 128 lepta. La equivalencia de una pieza de oro a 60 unidades (relación 1:60) implicada en el Evangelio de Bernabé fue común en la Edad Media tardía para interpretar el pasaje de los Evangelios canónicos (Marcos 12:42) a partir del entendimiento medieval del significado de minuti como 'sexagésima parte'.

El capítulo 91 nos dice que tres ejércitos judíos de 200 000 hombres cada uno se enfrentaron en Mizpa a causa del debate nacional sobre la naturaleza divina de Jesús, cada bando representando una opinión distinta - siendo pacificados por una delegación encabezada por Pilatos, Herodes y el Sumo Sacerdote (cuyo sugerencia de dirigirse al mismo Jesús para solicitarle aclare su doctrina logró la disuasión sobre las tropas que los discursos previos de Pilatos y Herodes no habían conseguido). A la falta de registro histórico sobre dicha fantástica cumbre política y amague de guerra civil en la Palestina del siglo I, se suma la mención de un ejército judío totalizando 600 000, en una época que todo el ejército romano distribuido de extremo a extremo del imperio sumaba unos 300.000 soldados.

Continua en La Biblia VI: Apócrifos IV
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