Apologetica-Teologia-Ciencias Biblicas

Filipenses 1:27 Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,

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viernes, 6 de febrero de 2015

La Biblia VI: Apócrifos IV


Primera página del Evangelio de Judas (página 33 del códice Tchacos)

Evangelios Perdidos
Evangelio a los Hebreos
El Evangelio de los hebreos (en griego antiguo, εὐαγγέλιον τὸ καθ' Ἑβραίους) o Evangelio según los hebreos, fue un evangelio judeocristiano sincrético que sobrevive solo como breves citas de los Padres de la Iglesia (como Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría, Orígenes, Eusebio de Cesarea, Jerónimo, entre otros) que conservan fragmentos del texto original. Los fragmentos contienen tradiciones de la preexistencia de Jesús, su encarnación, su bautismo y su probable tentación, junto con algunos de sus dichos. Las características distintivas incluyen una cristología que se caracteriza por la creencia de que el Espíritu Santo es la madre divina de Jesús y una primera aparición de la resurrección a Jacobo, el hermano de Jesús, mostrando un gran respeto por Jacobo como el líder de la iglesia judeocristiana en Jerusalén.​ Probablemente fue compuesto en griego en las primeras décadas del siglo II, y se cree que habría sido utilizado por los cristianos judíos de habla griega en Egipto durante ese siglo.

Es el único evangelio judeocristiano al cual los Padres de la Iglesia se refieren por su nombre, creyendo que solamente había un Evangelio hebreo, tal vez en diferentes versiones.​ Pasajes del Evangelio fueron citados o resumidos por tres Padres alejandrinos: Clemente, Orígenes y Dídimo el Ciego; también fue citado por Jerónimo, ya sea directamente o a través de los comentarios de Orígenes. El evangelio fue utilizado como un complemento a los evangelios canónicos para proporcionar material de origen a sus comentarios basados en las Escrituras.​ Eusebio de Cesarea lo incluyó en su lista de los escritos disputados, conocidos como los Antilegomena, señalando que fue utilizado por los «hebreos» dentro de la Iglesia; cayendo en desuso cuando el canon del Nuevo Testamento fue codificado en el final del siglo IV.

Los eruditos modernos clasifican el Evangelio de los hebreos como uno de los tres evangelios judeocristianos, junto con el evangelio de los nazarenos y el evangelio de los ebionitas. Todos se conocen hoy en día solamente a partir de fragmentos que se conservan en citas de los Padres de la Iglesia. La relación entre los evangelios judeocristianas y un hipotético Evangelio hebreo original sigue siendo una especulación.

Origen y características
El Evangelio de los hebreos es el único evangelio judeocristiano al cual los Padres de la Iglesia se refieren por su nombre. El lenguaje de la composición se piensa que fue el griego. La procedencia se ha asociado con Egipto; probablemente comenzó a circular en Alejandría, en las primeras décadas del siglo II y fue utilizado por las comunidades judeocristianas de habla griega de allí.4​ Las comunidades a las que pertenecían eran tradicionales, cristianos conservadores que siguieron las enseñanzas de la iglesia cristiana primitiva en Jerusalén, la integración de su comprensión de Jesús con la estricta observancia de las costumbres y las leyes judías, que ellos consideraban esenciales para la salvación.  A pesar de esto, el Evangelio no muestra ninguna conexión con otra literatura judeocristiana, ni parece estar basada en el Evangelio de Mateo​ o los otros evangelios canónicos de lo que hoy es el cristianismo ortodoxo. En cambio, parece ser tomado de formas orales alternativas de las mismas tradiciones subyacentes. Algunos de los fragmentos sugieren una influencia gnóstica sincrética, mientras que otros apoyan estrechos vínculos con la literatura sapiencial judía tradicional.7

ContenidoEl Evangelio de los hebreos se conserva en fragmentos citados o resumidos por varios Padres de la Iglesia. La extensión total del evangelio original es desconocida; de acuerdo a una lista de obras canónicas y apócrifas elaboradas en el siglo IX, conocida como la Estequiometría de Nicéforo, el evangelio era 2.200 líneas, solo 300 líneas más corto que Mateo. Basándose en los fragmentos conservados, la estructura general del evangelio parece haber sido similar a la de los canónicos. Consistía en una narración de la vida de Jesús, que incluía su bautismo, la tentación, su transfiguración, su última cena, su crucifixión y su resurrección. El evangelio también contenía dichos de Jesús. Los acontecimientos de la vida de Jesús se han interpretado de una manera que refleja las ideas judías presentes en un entorno cultural helenístico.

Existe un amplio acuerdo sobre las siete citas mencionadas por Philipp Vielhauer en la crítica tercera edición alemana de la obra New Testament Apocrypha de Schneemelcher, traducida por George Ogg.​ Las traducciones siguientes siguen el orden de Vielhauer:

1. Cuando Cristo quiso venir sobre la tierra a los hombres, el buen Padre convocó a un gran poder en el cielo, que se llamaba Miguel, y encomendó a Cristo al cuidado de los mismos. Y el poder vino al mundo y fue llamado María y Cristo estuvo en su seno siete meses. (Cirilo de Jerusalén, Discurso sobre María Theotokos 12) El fragmento 1 identifica a Jesús como el hijo del Espíritu Santo; esta idea se encuentra también en la Epístola copta de Santiago, otra indicación del origen egipcio del evangelio.

2. Y aconteció que cuando el Señor llegó hasta fuera del agua, toda la fuente del Espíritu Santo descendió sobre él y descansó sobre él y le dijo: Hijo mío, en todos los profetas estaba yo esperando por ti para que tú vengas y yo pueda descansar en ti. Porque tú eres mi reposo; tú eres mi Hijo primogénito que reinas por siempre. (Jerónimo, Comentario de Isaías 4).El fragmento 2 utiliza el lenguaje de la literatura sapiencial judía, pero la aplica al Espíritu Santo: el Espíritu ha esperado en vano a través de todos los profetas por el Hijo. El «descanso» que el Espíritu Santo se encuentra en el Hijo pertenece a la idea gnóstica cristiana del preexistente Redentor que finalmente se encarna en Jesús.

3. Aun así hizo mi madre, el Espíritu Santo, me tomó por uno de mis cabellos y me llevó a la gran montaña Tabor. (Orígenes, Comentario de Juan 2.12.87).Los fragmentos 2 y 3 dan relatos del bautismo y la tentación o la transfiguración, la primavera del generalizado mito grecorromano del descenso de la Sabiduría divina de Jesús; esto subyace en los pasajes paralelos en los evangelios de Mateo (11:25-30), Lucas (7:18-35 y 11:49-51) y Juan (1:1-18), así como en el Evangelio de Tomás. Las diferencias entre el fragmento 3 y los evangelios canónicos ortodoxos son considerables: la narración en tercera persona lo ha convertido en un relato del mismo Jesús, Satanás es sustituido por el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo es identificado como la madre de Jesús.

4a. El que se admiró, reinará; y el que reinó, descansará. (Clemente, Stromata 2.9.45.5).
4b. El que pide, no cejará hasta que encuentre. Y en encontrando, se llenará de estupor; y en llenándose de estupor, reinará; y en reinando, descansará. (Clemente, Stromata 5.14.96.3).El fragmento 4 es una «cadena de dichos», buscar–encontrar–maravillarse–reinar–descansar, la descripción de los pasos hacia la salvación, donde «descansar» equivale al estado de la salvación. El dicho es similar a los temas que se encuentran en literatura sapiencial judía, y la similitud con un dicho en el Evangelio de Tomás sugiere que el texto puede haber sido influenciado por la enseñanza sabiduría gnóstica.

5. Y nunca estéis contentos sino cuando miréis a vuestro hermano con amor. (Jerónimo, Comentario de Efesios 3).

6. En el evangelio según los Hebreos, se cuenta entre los crímenes mayores: Él que ha causado tristeza al alma de su hermano. (Jerónimo, Comentario de Ezequiel 6).Los fragmentos 5 (sobre Efesios 5:4) y 6 (sobre Ezequiel 18:7) son dichos éticos de Jesús, lo que sugiere que estas enseñanzas forman una parte importante del evangelio.13

7. También el evangelio llamado según los Hebreos (...) refiere después de la resurrección lo siguiente: Mas el Señor, después de haber dado la sábana al criado del sacerdote, se fue hacia Jacobo y se le apareció. Porque Jacobo había hecho voto de no comer pan desde aquella hora en que bebió el cáliz del Señor hasta tanto que le fuera dado verle resucitado de entre los muertos. Y poco después el Señor le dijo: Traed la mesa y el pan. Y a continuación se añade: Tomó un poco de pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a Jacobo el Justo, diciéndole: Hermano mío, come tu pan, porque el Hijo del hombre ha resucitado de entre los muertos. (Jerónimo, De viris inlustribus 2).El fragmento 7 enfatiza la importancia de Jacobo, el hermano de Jesús y jefe del movimiento judeocristiano en Jerusalén después de la muerte de Jesús, testimoniando con ello el carácter judío de la comunidad del evangelio. Además de las citas directas, otras historias del Evangelio fueron resumidas o citadas por los Padres de la Iglesia. Las traducciones de abajo son de Vielhauer y Strecker (1991), excepto «b2», que es de Klauck (2003):

a. (La Escritura) parece llamar a Mateo «Leví» en el Evangelio de Lucas. Sin embargo, no se trata de una misma persona. Más bien Matías, que fue instalado (como apóstol) en lugar de Judas, y Levi son la misma persona con un nombre doble. Esto queda claro en el Evangelio de los hebreos. (Dídimo el Ciego, Comentario de los Salmos 184.9–10).El resumen de un pasaje del evangelio identifica Matías, en lugar de Mateo, como el nombre del cobrador de impuestos que fue llamado a seguir a Jesús.

b1. Y él (Papías) ha aportado otra historia de una mujer que fue acusada de muchos pecados delante del Señor, que está contenida en el Evangelio según los Hebreos. (Eusebio, Historia de la Iglesia 3.39.17).La citación por Eusebio de una historia que encontró en los escritos de Papías se cree que hace referencia a una versión alternativa del relato en el evangelio de Juan, acerca de Jesús y la mujer sorprendida en adulterio.
b2. Se relata en algunos evangelios que una mujer fue condenada por los judíos a causa de un pecado y fue llevada al lugar habitual de la lapidación, con el fin de que pudiera ser lapidada. Se nos dice que cuando el Salvador la vio y cuando vio que estaban listos para apedrearla, les dijo a los que querían lapidarla: El que no ha pecado, tome una piedra y lánzela. Si alguien está seguro de que no ha pecado, tome una piedra y golpee. Y nadie se atrevió a hacerlo. Cuando se examinaron a sí mismos, y reconocieron que ellos también llevaban la responsabilidad de ciertas acciones, no se atrevieron a apedrearla. (Dídimo el Ciego, Comentario de Eclesiastés 4.223.6–13).Aunque Dídimo no nombra a su fuente, se encontró con esta tradición independiente de la historia de la mujer pecadora en un evangelio no canónico en Alejandría, que pudo haber sido el Evangelio de los hebreos.

Cristología
La teología del evangelio está fuertemente influenciado por la enseñanza sapiencial judeocristiana. El Espíritu Santo es representado como una manifestación de la Sabiduría Divina que es llamada «madre». El aspecto femenino del Espíritu es una indicación de la influencia semítica en el lenguaje del Evangelio. El Espíritu lleva a Jesús al monte Tabor por solamente su cabello, haciéndose eco de los temas del Antiguo Testamento en las historias de Ezequiel (Ezequiel 8:3) y Habacuc (Daniel 14:36, LXX). El evangelio enfatiza el cumplimiento de la profecía de Isaías 11:2 en el bautismo de Jesús, pero también adopta elementos de la teología sapiencial judía. El Espíritu se ha reunido en un solo lugar en el momento del bautismo de Jesús, por lo que se ha convertido en el único Hijo del Espíritu en el que se ha encontrado «descanso» eterno y el reinado para siempre. El lenguaje «buscar–encontrar» y «reinar–descansar» también viene de la tradición sapiencial judía como etapas en el camino a la salvación en la que se anima al creyente a emular a la Sabiduría divina.

El «descanso» que el Espíritu Santo espera y finalmente encuentra en el Hijo también se encuentra en las especulaciones gnósticas. La sabiduría en la cadena de dichos que describe la progresión de buscar, maravillarse y buscar la salvación, es similar a la concepción hermética de la salvación que se encuentra en el alejandrino Corpus Hermetica. «Descanso» no solo debe entenderse como el fin último del que busca la verdad, lo que conduce a la salvación; también es descriptivo de una unidad con la sabiduría que se encuentra en el corazón de la Deidad. El «descanso» del Espíritu Santo en el momento del bautismo de Jesús también puede ser entendido en este sentido intemporal, como la unión y el descanso del Hijo preexistente con su Padre, de acuerdo con la concepción gnóstica de «descanso», como el mayor regalo de la salvación.

Recepción
Eusebio enumera el Evangelio de los hebreos entre los Antilegomena como uno de los escritos en disputa de la Iglesia primitiva. A pesar de ello, los Padres de la Iglesia de vez en cuando lo usaron, con reservas, como fuente para apoyar sus argumentos exegéticos. Eusebio informa que en el siglo II Hegesipo utiliza el Evangelio como fuente para escribir su Hypomneumata (Memorándum) en Roma (c. 175-180). Los Padres alejandrinos (Clemente, Orígenes y Dídimo el Ciego) dependían directamente del evangelio de proporcionar textos probatorios como un suplemento a los evangelios canónicos. Clemente cita del evangelio como parte de un discurso sobre la Sabiduría divina. Orígenes lo usó para comparar los diferentes puntos de vista de la relación entre el Verbo y el Espíritu Santo. Jerónimo afirmó haber utilizado el Evangelio como prueba textual, a pesar de que puede haber dependido en parte de extractos de los comentarios de Orígenes. Citó como prueba de la profecía basada en Isaías 11:2 para explicar cómo Jesús fue el cumplimiento de las expectativas mesiánicas. El Evangelio de los hebreos fue rechazado como herético por la Iglesia latina con el cierre del canon del Nuevo Testamento a finales del siglo IV, y dejó de ser citado como fuente en la literatura de la Iglesia.

Con posterioridad al cierre del canon, el evangelio es mencionado en una homilía Sobre la Virgen María atribuida a Cirilo de Jerusalén en una colección de historias apócrifas que se cree que fueron escritas en copto en la primera mitad del siglo VI. El autor (conocido por los estudiosos como Pseudo-Cirilo) se refiere al Evangelio de los hebreos en un diálogo polémico entre un monje y Cirilo sobre la naturaleza de María, sobre quien el monje sostiene que era un poder divino enviado del cielo. Cirilo condena la enseñanza del monje como una herejía, que el autor atribuye a Carpócrates, Satornilus y los ebionitas.​ No todas las menciones posteriores del evangelio eran polémicas; Beda (c. 673-735), después de enumerar algunos evangelios apócrifos rechazados por la Iglesia, incluye el Evangelio de los Hebreos entre las «historias eclesiásticas» y se refiere a su uso por Jerónimo

Relación con otros textos
Los primeros Padres de la Iglesia creían que solamente había un evangelio judeocristiano, tal vez en diferentes versiones; Sin embargo, los estudiosos han reconocido desde hace tiempo la posibilidad de que había al menos dos o tres. Las referencias de Jerónimo a un Evangelio de los Hebreos, o variantes de ese nombre, son particularmente problemáticas porque no está claro qué evangelio está utilizando como fuente de sus citas. Hegesipo, Eusebio y Jerónimo todos utilizan un evangelio arameo, que Jerónimo conoce como el evangelio utilizado por una secta judeocristiana conocida como los nazarenos. Evangelio de los nazarenos es el nombre adoptado por los estudiosos para describir los fragmentos de citas que se cree que se originan a partir de un evangelio arameo que se basa en tradiciones similares al Evangelio de Mateo. Un tercer evangelio fue conocido solo por Epifanio de Salamina, que atribuyó a un segundo grupo judeocristiano conocido como los ebionitas. Los estudiosos han denominado convencionalmente a siete fragmentos de una armonía del evangelio griego conservado en citas de Epifanio como Evangelio de los ebionitas. La existencia de tres evangelios judeocristianos independientes con distintas características ha sido considerada como un consenso establecido. Sin embargo, esta conclusión ha sido recientemente cuestionada con respecto a la composición del evangelio conocido como de los nazarenos y su relación con el Evangelio de los hebreos. La relación entre el Evangelio de los hebreos y los otros evangelios judeocristianos, así como una hipotética Evangelio hebreo original, es incierto y ha sido un tema constante de la investigación académica.

Evangelio de los ebionitas
El Evangelio de los ebionitas o Evangelio de los Doce es el nombre convencional dado por los estudiosos​ a un evangelio apócrifo existente sólo como siete citas breves en una heresiología conocida como el Panarion, de Epifanio de Salamina; se identificó erróneamente como el evangelio «hebreo», creyendo que era una versión truncada y modificada del Evangelio de Mateo. Las citas fueron incorporadas en una polémica al señalar las inconsistencias en las creencias y prácticas de una secta cristiana judía conocida como los ebionitas en relación con la ortodoxia nicena.

Los fragmentos conservados se derivan de una armonía de los evangelios sinópticos, compuesta en griego con varias expansiones y compendios que reflejan la teología del escritor. Las características distintivas incluyen la ausencia del nacimiento virginal y de la genealogía de Jesús; una cristología adopcionista, en la que Jesús es elegido para ser el Hijo de Dios en el momento de su bautismo; la abolición de los sacrificios judíos por Jesús; y una advocación al vegetarianismo. Se cree que fue compuesto en algún momento durante la mitad del siglo II en o alrededor de la región al este del río Jordán. Aunque se dice que el evangelio era utilizado por los «ebionitas» durante el tiempo de la iglesia primitiva, la identidad del grupo o grupos que lo utilizaron sigue siendo una cuestión de conjeturas.

El evangelio de los ebionitas es uno de varios evangelios judeocristianos, junto con el evangelio de los hebreos y el evangelio de los nazarenos; todos sobrevivieron solamente como fragmentos en las citas de los Padres de la Iglesia. Debido a su estado fragmentario, las relaciones, en su caso, entre los evangelios judeocristianos y una hipotético Evangelio hebreo original son inciertas y han sido un tema de investigación académica intensiva. El evangelio ebionita ha sido reconocido como distinto de los demás, y se ha identificado más estrechamente con el perdido Evangelio de los Doce. No muestra dependencia del Evangelio de Juan y es de naturaleza similar a las palabras del Evangelio armonizadas sobre la base de los evangelios sinópticos utilizados por Justino Mártir, aunque una relación entre ellos, en su caso, es incierta. Hay una similitud entre el evangelio y un documento de origen que figura dentro de los Reconocimientos Clementinos (1,27-71), denominados convencionalmente por los estudiosos como las Ascensiones de Santiago, con respecto a la orden de abolir los sacrificios judíos.

Trasfondo
Se cree que Epifanio tuvo en su posesión un evangelio que él atribuyó a los ebionitas cuando era obispo de Salamina, Chipre. Él es el único de los Padres de la Iglesia que identifica Chipre como una de las «raíces» de los ebionitas. El evangelio sobrevive sólo en siete breves citas por Epifanio en el capítulo 30 de su heresiología, Panarion, o «Botiquín», (c. 377) como una polémica contra los ebionitas. Sus citas son frecuentemente contradictorias y se piensa que están basadas en parte en sus propias conjeturas. Las diversas, a veces conflictivas, fuentes de información se combinaron para señalar las inconsistencias en las creencias y prácticas ebionitas en relación con la ortodoxia nicena, posiblemente para servir, de manera indirecta, como una polémica contra los arrianos de su tiempo.nota 

El término Evangelio de los ebionitas es una convención moderna; ningún documento que sobrevive de la iglesia primitiva menciona un evangelio con ese nombre. Epifanio identifica el evangelio sólo como «en el Evangelio utilizado por ellos, llamado ‹según Mateo›» y «lo llaman ‹el [evangelio] hebreo›».​ Ya en 1689, el sacerdote francés Richard Simon denominó al texto «Evangelio de los ebionitas». El nombre es utilizado por los eruditos modernos como una manera conveniente para distinguir un texto del Evangelio que probablemente fue utilizado por los ebionitas de la creencia errónea de Epifanio, quien pensaba que se trataba de una versión hebrea del Evangelio de Mateo. Su lugar de origen es incierto; se especula que fue compuesto en la región este del Jordán, donde se dice que los ebionitas estuvieron presentes, de acuerdo con los registros de los Padres de la Iglesia. Se cree que fue compuesto durante la mitad del siglo II, ya varias otras armonías del Evangelio se sabe que son de este período.

Composición
Según los estudiosos Oskar Skarsaune y Glenn Alan Koch, Epifanio incorpora extractos del texto del evangelio en una etapa tardía en la composición del Panarion 30, principalmente en los capítulos 13 y 20​ Como lo describe Epifanio, «El Evangelio que se encuentra entre ellos (...) no es completo, pero si falsificado y distorsionado» (13.1–2). En particular, carecía de algunos o todos los dos primeros capítulos de Mateo, que contienen el relato de la infancia del nacimiento virginal de Jesús y la genealogía de David a través de Salomón, «Ellos han eliminado las genealogías de Mateo (...)» (14.2–3). Hay un acuerdo general sobre las siete citas de Epifanio de la edición crítica de «Evangelios judeocristianos», por Philipp Vielhauer y Georg Strecker, traducido por George Ogg, en New Testament Apocrypha de Schneemelcher. Las traducciones de Bernhard Pick (1908), con la secuencia de los cuatro fragmentos dispuestos en el orden de Vielhauer y Strecker desde el principio del evangelio son las siguientes: Aconteció en los días de Herodes, rey de Judea, bajo el sumo sacerdote Caifás, que Juan vino y bautizó con bautismo de arrepentimiento en el río Jordán; de él se dice que es de la tribu de Aarón y un hijo de Zacarías, el sacerdote y de Isabel y todos fueron a él (13:6).

Y aconteció que cuando Juan bautizó, los fariseos se le acercaron y fueron bautizados, y toda Jerusalén también. Él tenía un vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos. Y su carne era miel silvestre, que sabía a maná, formada como las tortas de aceite (13:4).

Después de que las personas fueron bautizadas, Jesús también vino y fue bautizado por Juan; y cuando Jesús entró al agua los cielos se abrieron y se vio al Espíritu Santo como una paloma que descendía y entraba en él. Y luego una voz del cielo dijo: «Tú eres mi amado Hijo, estoy muy complacido contigo. Este día te he engendrado». E inmediatamente brilló sobre el lugar una gran luz, que cuando Juan la vio se preguntó: «¿Quién es usted, Señor?». Y de nuevo una voz del cielo le respondió: «Éste es mi amado Hijo de quien estoy muy complacido». Y entonces Juan cayó a sus pies y dijo: «Le pido que usted; Señor, me bautice». Pero él lo previno diciendo: «Súfrelo, porque así incumbe todas las cosas que deben ser cumplidas» (13.7).

Había un cierto hombre llamado Jesús, con aproximadamente treinta años de edad, quien nos escogió. Y yendo hacia Cafarnaúm, entró en la casa de Simón, llamado Pedro; y al abrir su boca dijo: «Cuando pasé por el lago de Tiberias, escogí a Juan y a Jacobo (los hijos de Zebedeo), a Simón, Andrés, Felipe, Bartolomé, Jacobo, a Tadeo, Simón el Celote y Judas Iscariote; y a usted Mateo, como indica la costumbre, le he llamado para que me siga. Por consiguiente, contigo serán doce apóstoles para testimonio de Israel» (13.2b–3).

Las tres citas por Epifanio en Panarion 30.13.6, 4 y 7, respectivamente, forman la apertura de la narración evangélica, incluyendo la misión de Juan el Bautista, su apariencia y dieta, y el bautismo de Jesús por Juan. El comienzo del evangelio (13.6) tiene paralelismos con el Evangelio de Lucas, pero en forma abreviada. El texto muestra una familiaridad con el relato de la infancia de Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 1, 5», a pesar de carecer de una narrativa del nacimiento propia. Citando el texto sobre la dieta de Juan (13.4), Epifanio denuncia que los ebionitas han falsificado el texto, sustituyendo la palabra «langosta» (akris, ἀκρίς, en Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 3, 4», por «pastel» (egkris, ἐγκρίς). La similitud de las palabras en griego ha llevado a los estudiosos a concluir que el griego era la lengua original de la composición. En el relato del bautismo de Jesús por Juan (13.7), la voz de Dios habla tres veces, en estrecho paralelismo con los evangelios de Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Marcos 1, 11». «Lucas 3, 23». (tipo textual occidental), y «Mateo 3, 17», respectivamente. La presencia de múltiples teofanías bautismales ha dado lugar a un consenso entre los estudiosos modernos que el texto citado por Epifanio es una armonía de los evangelios sinópticos. La aparición de una gran luz en el agua puede ser un eco de la conversión de Pablo o una armonización complementaria del Evangelio de los hebreos a este trabajo.

Epifanio comienza su descripción del texto evangélico (13.2b-3) con una cita que tiene la narración directamente al lector del apóstol Mateo. Jesús recuerda cómo fueron escogidos los doce apóstoles y aborda a Mateo en la segunda persona como «usted también Mateo». Aunque se mencionan a los doce apóstoles, sólo ocho son nombrados. Se dice que fue elegido por Jesús, «para testimonio de Israel». La frase «quien nos escogió» ha sido interpretada como evidencia de que el texto puede ser el perdido Evangelio de los Doce mencionado por Orígenes. Sin embargo, se discute la identificación del texto evangélico citado por Epifanio con este evangelio, por lo demás, desconocido. La posición sobre esta cita fue asignada provisionalmente sobre la base de un paralelo con los evangelios sinópticos.

La quinta y sexta citas (siguiendo el orden de Vielhauer y Strecker) se asocian a una controversia cristológica. Las polémicas de Epifanio, junto con sus citas del texto evangélico (en cursiva) se muestran en paralelo: Además niegan que él era un hombre, evidente en el terreno de la palabra que el Salvador dijo cuando se informó a él: «He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera», a saber: «¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: Estos son mis hermanos, madre y hermanas, que hacen la voluntad de mi Padre» (14.5).

Dicen que no fue engendrado de Dios Padre, sino creado como uno de los arcángeles [...] que gobierna sobre los ángeles y todas las criaturas de Dios; y que él vino y declaró su Evangelio, que se llama según los hebreos, que informa: «yo he venido para abolir los sacrificios, si así no dejan de sacrificar, la ira no cesará de ti» (16.4–5).

La quinta cita (14.5) parece ser una armonía de Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 12, 47-48». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). y sus paralelos sinópticos. Sin embargo, la proclamación final de Jesús indica una relación cercana a 2 Clemente 9:11 que con cualquiera de los sinópticos. La unidad de esta cita con el texto del evangelio en el capítulo 13 ha sido cuestionada. El mandamiento para abolir los sacrificios en la sexta cita (16.5) no tiene paralelo en los evangelios canónicos, y sugiere una relación con Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 5, 17». Biblia versión Reina-Valera. («No he venido a abolir la Ley») que hizo eco en la literatura clementina. En referencia a un pasaje paralelo en Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 22, 15». Biblia versión Reina-Valera. Epifanio se queja de que los ebionitas han falsificado de nuevo el texto del evangelio: Destruyeron el orden verdadero y cambiaron el pasaje [...] han expuesto que los discípulos dijeron: «¿Dónde quieres que preparemos para que comas la Pascua?». A lo que respondió: «No tengo ningún deseo de comer la carne de este cordero pascual con vosotros» (22.4). con lo que Jesús declara que él no comería carne durante la Pascua. El contexto inmediato sugiere la posible atribución de la cita a una fuente clementina; sin embargo, un vínculo entre los fragmentos del Evangelio y la literatura de Clemente sigue siendo incierto.

Cristología
Jesús llegó a ser uno con Dios por adopción en su bautismo, según el Evangelio de los ebionitas, cumpliendo una proclamación del Salmo 2:7: «Tú eres mi hijo, hoy yo te he engendrado».
La escena del bautismo del texto evangélico (13.7) es una armonía de los evangelios sinópticos, pero en la que se dice que el Espíritu Santo desciende a Jesús en forma de paloma, y entra en él. Esta elección divina en el momento de su bautismo se conoce como una cristología adopcionista, y se destaca por la cita del Salmo 2:7, como se encuentra en el «texto occidental» de Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 3, 22:». «Tú eres mi hijo, hoy yo te he engendrado». El Espíritu entra en Jesús y la gran luz en el agua se cree que está basada en las profecías de Isaías 61:1 y 9:1, respectivamente. Su filiación adopcionista se caracteriza por la creencia de que Jesús era un mero hombre, que, en virtud de su justicia perfecta, estaba imbuido de la divinidad del Cristo eterno a través de su bautismo, a fin de llevar a cabo la tarea profética para la cual había sido elegido.

La ausencia de cualquier referencia a una filiación davídica en el texto evangélico sugiere que Jesús ha sido elegido para ser el profeta de los últimos tiempos: el Escogido, enviado para abolir los sacrificios judíos. La cristología profética del texto evangélico citado por Epifanio coincide más con la literatura clementina que con la cristología de los ebionitas conocidos por Ireneo. Según los estudiosos Richard Bauckham Petri Luomanen, Jesús es entendido en este evangelio como habiendo venido a abolir los sacrificios en lugar de sustituirlos; por lo que es poco probable que contenía la misma institución de la Eucaristía como la practicada por cristianismo ortodoxo niceno. Sin embargo, los estudiosos aún no han alcanzado un consenso sobre el significado del sacrificio de la misión de Jesús como se muestra en el Evangelio ebionita.

Vegetarianismo
El cambio en la redacción del texto del evangelio de «langosta» (akris) por «torta» (egkris) para la dieta de Juan el Bautista (13.4) se ha interpretado como una evidencia del vegetarianismo judío. Sin embargo, la asociación de la dieta de Juan el Bautista con el vegetarianismo ha sido cuestionada. Epifanio no da ninguna indicación de la preocupación por el vegetarianismo en esta parte del texto del Evangelio, y en su lugar puede ser una alusión al maná en el desierto de Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Éxodo 16, 31»«Números 11, 8». o según el erudito Glenn Alan Koch, a Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Reyes 19, 6», donde Elías come pasteles en aceite.

Además se ha encontrado evidencia en la cita basada en Lucas 22:15 (22,4), donde el dicho ha sido modificado por la inserción de la palabra «carne» para proporcionar un fundamento para el vegetarianismo. El contexto inmediato de la cita sugiere que puede estar estrechamente relacionado con una fuente clementina, las Jornadas de Pedro. La lectura de la misma fuente, Epifanio afirma que los ebionitas se abstuvieron de «la carne con el alma en el mismo» (15.3), y atribuye esta enseñanza a interpolaciones ebionitas, «corrompiendo los contenidos y dejando algunos elementos genuinos». Debido a la estrecha relación de lo dicho con la literatura Clementina de los siglos III y IV, la práctica anterior del vegetarianismo por los ebionitas del siglo II conocidos por Ireneo ha sido cuestionada. El vegetarianismo estricto de los ebionitas conocido por Epifanio puede haber sido una reacción al cese de los sacrificios judíos y una salvaguardia contra el consumo de carne inmunda en un ambiente pagano.

Relación con otros textos
Epifanio se refiere incorrectamente al evangelio en su poder como el Evangelio de Mateo y el evangelio «según los Hebreos», tal vez apoyándose en y confundiendo los escritos de los primeros Padres de la Iglesia, Ireneo y Eusebio, respectivamente. Su colega del siglo IV Jerónimo comenta que tanto los nazarenos y los ebionitas usaron el Evangelio de los Hebreos, que fue considerado como el Mateo original de muchos de ellos. El informe de Jerónimo es consistente con los registros previos de Ireneo Eusebio.

La relación entre el Evangelio de los ebionitas, el Evangelio de los hebreos, y el Evangelio de los nazarenos no está clara. Todos los evangelios judeocristianos sobreviven sólo como fragmentos en citas, por lo que es difícil saber si se trata de textos independientes o variaciones de un mismo corpus literario. El académico Albertus Klijn estableció el consenso moderno, concluyendo que la armonía del evangelio compuesta en griego parece ser un texto distintivo conocido solamente por Epifanio. El estudioso Marie-Émile Boismard ha afirmado que el evangelio ebionita depende en parte de un evangelio hebreo hipotético como fuente; sin embargo, esta conjetura sigue siendo un punto de vista minoritario. Su supuesta relación con el texto del evangelio conocido por Orígenes como el Evangelio de los Doce sigue siendo un tema de debate académico.

El evangelio ebionita es un ejemplo de un tipo de armonía del evangelio que utiliza el Evangelio de Mateo como un texto base, pero que no incluye el Evangelio de Juan; se cree que es anterior al Diatessaron de Taciano (c. 170), que incluye los cuatro evangelios canónicos. El evangelio tiene un paralelismo con una cita en una homilía de mediados del siglo II, conocida como 2 Clemente, lo que sugiere que ambos pueden ser dependientes de una tradición de armonización de una fuente de principios del siglo II. Las fuentes de los dichos evangélicos armonizados utilizados por Justino Mártir para componer su Primera Apología y el Diálogo con Trifón se basaron igualmente en los evangelios sinópticos. Según el erudito George Howard, la armonización era un método de composición ampliamente utilizado en el período patrístico temprano. Muchas de las variantes heterodoxas que se encuentran en el Evangelio de los ebionitas pueden haber sido adoptadas de un mayor número de variantes que se encontraban en circulación; un ejemplo es la aparición de una gran luz que brilló durante el bautismo de Jesús, que también se encuentra en el Diatessaron.

Los Reconocimientos de Clemente contienen un documento fuente (Rec. 1,27-71), convencionalmente denominado por los estudiosos como las Ascensiones de Jacobo, que se cree que son de origen judeocristiano. Las Ascensiones comparten una similitud con el Evangelio de los ebionitas con respecto al bautismo de los fariseos por Juan (Pan 30.13.4; Rec. 1.54.6-7), y el mandamiento de abolir los sacrificios judíos, agregando que son sustituidos por el bautismo con agua cristiano para la remisión de los pecados. Sobre la base de estas similitudes, los académicos Richard Bauckham y F. Stanley Jones han postulado una dependencia directa de las Ascensiones de Jacobo sobre el Evangelio de los ebionitas.

Inferencias sobre los ebionitas
El evangelio que Epifanio atribuye a los ebionitas es una valiosa fuente de información que ofrece a los eruditos modernos conocimientos sobre las características distintivas de una ramificación desaparecida del cristianismo judío. Sin embargo, los estudiosos no están de acuerdo sobre si la información contenida dentro de los siete fragmentos conservados por Epifanio refleja fielmente las tradiciones de la secta ebionita del siglo II conocida por Ireneo, o si su sistema de creencias cambió, tal vez considerablemente, en un lapso de 200 años, frente a este grupo temprano. Los ebionitasnota conocidos por Ireneo (primero mencionados en Contra las herejías 1.26, escrito alrededor de 185) y otros Padres de la Iglesia antes de Epifanio los describieron como una secta judía que consideraba a Jesús como el Mesías, pero no tan divino. Insistieron en la necesidad de seguir la ley y los ritos judíos y utilizaron sólo el evangelio judeocristiano. Los ebionitas rechazaban las epístolas de Pablo de Tarso, a quien consideraban como un apóstata de la Ley.

En la polémica de Epifanio contra los ebionitas encontrada en Panarion 30, una imagen compleja surge de las creencias y prácticas de los ebionitas del siglo IV que no pueden separarse fácilmente por su método de combinar entre sí fuentes dispares. Mientras que estudiosos como Hans-Joachim Schoeps literalmente interpretan el registro de Epifanio como la descripción de un desarrollo sincrético posterior de ebionismo, más estudios recientes han encontrado que es difícil conciliar su informe con los de los Padres de la Iglesia anteriores, dando lugar a una conjetura por el erudito Petri Luomanen de la posible presencia de un segundo grupo de helenístico-samaritano de ebionitas. El rechazo de los sacrificios judíos y la implicación de una cristología de un profeta del tiempo del fin, debido a la falta de una narrativa del nacimiento, prestan apoyo a la asociación del Evangelio de los ebionitas con un grupo o grupos diferentes de los ebionitas conocidos por Ireneo.

La erudición en el área de estudios judeocristianos ha tendido a basarse en construcciones artificiales similares a las desarrolladas por los primeros heresiólogos cristianos, con el supuesto de que todas las creencias y prácticas de estos grupos se basaron en la teología. Esto ha llevado a la perpetuación de las definiciones ideológicas que no toman en cuenta la pluriformidad de estos grupos,​ lo que refleja las diferencias en la geografía, períodos de tiempo de la historia, y el origen étnico. Con respecto a Epifanio y los ebionitas, en particular, se ha prestado suficiente atención a la naturaleza altamente especulativa de sus construcciones teológicas y su mezcla conjunta de diferentes fuentes, incluyendo el uso de una armonía del evangelio que puede haber tenido nada que ver con la secta ebionita conocida a Ireneo. Al final, se presenta un cuadro enigmático de los ebionitas y su lugar en la historia del cristianismo primitivo. Estos fragmentos del Evangelio ofrecen uno de los pocos atisbos de su mundo.

Ver Evangelio de Tomas

Evangelio de Felipe
El Evangelio de Felipe es un escrito gnóstico de orientación valentiniana que forma parte de los denominados evangelios apócrifos. Suele datarse de los siglos II-III.1​ Estuvo perdido hasta que fue redescubierto por accidente en la segunda mitad del siglo XX en Egipto (copto original), encontrado en Nag Hammadi.

De modo similar al Evangelio de Tomás, es un evangelio oral, esto es, se trata de una colección de dichos de Jesús. Consta de 143 sentencias, proverbios y parábolas atribuidas a Jesús. Los Sacramentos, en particular el sacramento del matrimonio, son el tema principal. Este texto es modernamente famoso porque se ha dicho que es la primera fuente que sostiene la idea del matrimonio entre Jesús y María Magdalena, a pesar que esto no es afirmado en ningún momento en el propio documento. El título del texto es moderno; su única conexión con Felipe el Apóstol es que este es mencionado (73,8). El título no se refiere a la autoría, al contrario que ocurre con los evangelios canónicos. De cualquier modo hay que notar que un Felipe el evangelista es mencionado en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 21:8). [...] Fuimos a ver a Felipe, el evangelista, uno de los siete y nos quedamos con él.

Contradicciones con la Biblia
El evangelio de Felipe tiene contradicciones con los evangelios del nuevo testamento. De las contradicciones más importantes se aprecia lo siguiente: Sugiere que María Magdalena era su "compañera", de lo que se deduce era su pareja sentimental, ya que la palabra "compañera" era usada en esos tiempos para designar a una novia. Tres (eran las que) caminaban continuamente con el Señor: su madre María, la hermana de ésta y Magdalena, a quien se designa como su compañera. María es, en efecto, su hermana, su madre y su compañera.

Sugiere que Jesús no resucitó de la muerte, sino que tuvo una "resurrección" anterior a su muerte: Los que dicen que el Señor primero murió y resucitó, se engañan; pues primero resucitó y [luego] murió. Si uno no consigue primero la resurrección, <no> morirá; (tan verdad como que) Dios vive, éste [morirá]. Sugiere que María no concibió por obra del Espíritu Santo como dicta la tradición cristiana. El argumento que usa para ello es que Jesús muestra necesidad de especificar a Dios cuando se refiere a padre, pues si Dios fuera su padre no tendría necesidad de especificarlo. Algunos dicen que María ha concebido por obra del Espíritu Santo: éstos se equivocan, no saben lo que dicen. ¿Cuándo jamás ha concebido de mujer una mujer? María es la virgen a quien ninguna Potencia ha manchado. Ella es un gran anatema para los judíos, que son los apóstoles y los apostólicos. Esta virgen que ninguna Potencia ha violado, [... mientras que] las Potencias se contaminaron. El Señor no [hubiera] dicho: «[Padre mío que estás en] los cielos», de no haber tenido [otro] padre; sino que habría dicho simplemente: «[Padre mío]». Si bien es cierto que "compañera" en arameo significa "esposa", lo cierto es que este dicho evangelio está escrito en copto.

Ver Evangelio de Pedro

Nacimiento de la Virgen
El Nacimiento de la Virgen o Natividad de María es una de las trece fiestas marianas del calendario romano general de la Iglesia católica. Se celebra el 8 de septiembre, nueve meses después de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción que se celebra el 8 de diciembre.​ Esta fiesta se conoce en México con el nombre de Divina Infantita o Nuestra Señora de la Natividad.

Relato en los Evangelios apócrifos
El Nuevo Testamento no dice nada del lugar ni de la fecha del nacimiento de la Virgen María. Tampoco de quienes eran sus padres, ni de las circunstancias de su nacimiento. Las referencias más antiguas se encuentran en los evangelios apócrifos.

En el Protoevangelio de Santiago, escrito en el siglo II, los padres de María se llaman Joaquín y Ana. Ana era estéril. Joaquín afligido por el rechazo social al no tener descendencia, se retira a desierto donde ayuna 40 días. Ana reza a Dios lamentándose de su infertilidad. Un ángel se presenta ante ella y le dice que concebirá y dará a luz. Enseguida el ángel le comunica la noticia a Joaquín. Así el nacimiento de María se presenta como milagroso. Relatos análogos se encuentran en el Evangelio de la Natividad de María, en el pseudo-Mateo, y en el Evangelio armenio de la infancia.

Origen e historia de la festividad
Esta fiesta, como la de la Asunción, tiene su origen en Jerusalén. Comenzó en el siglo V como la fiesta de la Basilica Sanctae Mariae ubi nata est (= La Basílica donde nació Santa María), actualmente la Basílica de Santa Ana. La iglesia original se construyó sobre un lugar al lado de la piscina probática donde una tradición bizantina afirmaba estaba la casa donde nació la Virgen. La fiesta de la consagración de esta iglesia fue el 8 de Septiembre. En el siglo VII, la fiesta se celebraba por los bizantinos y en Roma como la fiesta del nacimiento de la Bienaventurada Virgen María y celebrada desde el papado de Sergio I. En el 722 el papa Gregorio II instituyó la vigilia de la Natividad de nuestra Señora. En 1243 Inocencio IV instituyó la octava. La fiesta también se celebra por los cristianos sirios el 8 de septiembre y por la mayoría de las comunidades anglicanas. Los cristianos coptos la celebran el 1 Bashans (esto es, el 9 de mayo).

Un dato importante es que sólo para
-Nuestro Señor Jesucristo, 25 de diciembre.
-Santísima Virgen María, 8 de septiembre.
-San Juan Bautista, 24 de junio.
-la Iglesia católica celebra su nacimiento.

Otros lugares posibles de la Natividad
Otras tradiciones localizan el nacimiento de María en Nazaret, Belén y Séforis. El apócrifo del siglo IX Libro sobre la Natividad de María, atribuido falsamente a San Jerónimo afirma que María nació en Nazaret. Tesis también defendida por Epifanio el Monje. San Juan Crisóstomo y San Cirilo de Alejandría afirmaban que tanto la Virgen María como José habían nacido en Belén. Otra teoría afirma que nació en Séforis pues el emperador Constantino construyó una iglesia allí por ser el lugar donde vivían los padres de la Virgen.
Continua en La Biblia VI: Apócrifos V
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