Apologetica-Teologia-Ciencias Biblicas

Filipenses 1:27 Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Dios V: Teofania y Epifanía

Josue pasando el Jordan con el Arca del Pacto por Benjamin West
Teofanía
El termino Teofanía tiene una connotacion trinitaria. Una Teofanía es una manifestación local (como una aparición visible) de Dios o una deidad a seres humanos. Una teofanía es una manifestación de Dios en la Biblia, que es tangible para los sentidos humanos. En su sentido más restrictivo, es una aparición visible de Dios en el período del Antiguo Testamento, con frecuencia, pero no siempre, en forma humana. Se llama Teofanía, (del griego antiguo Θεοφάνεια', theos= Dios, y faino = aparecer, manifestación) son las apariciones de Dios o de seres angélicos que se nos narran con frecuencia en el antiguo y en el nuevo testamento. 

A menudo los relatos teofánicos presentan la escena con riqueza de detalles descriptivos, poniéndola preferentemente en lo alto de un monte o enmarcándola en una nube. Con esto quieren decir que Dios está al mismo tiempo presente y oculto. Sin embargo una de las Teofanías más famosas, la de la anunciación (Evangelio de Lucas 1:26-38), no consta ningún rasgo descriptivo, sino que se subraya únicamente el mensaje traído por el ángel Gabriel a la Virgen María.

Teofanías en la Biblia Hebrea (Tanaj o Antiguo Testamento)
Un ejemplo temprano de Teofanía en la Torá (los primeros cinco libros de la Biblia) es la aparición de Dios a Moisés desde la zarza ardiente (Éxodo 3:4-6). Dios le pide a Moisés quitarse sus zapatos, pues el suelo que pisaba era sagrado. Moisés esconde su rostro porque tiene miedo de mirar a Dios.


A menudo, el término “la gloria del Señor” refleja una Teofanía, como en Éxodo 24:16-18; “la columna de nube” tiene una función similar en Éxodo 33:9. Una frecuente introducción para las teofanías puede verse en las palabras “descendió el Señor,” como en Génesis 11:5; Éxodo 34:5; Números 11:5; y 12:5.

Probablemente el mejor ejemplo conocido de Teofanía en el mundo occidental sea el de Dios dando los Diez Mandamientos a Moisés en una montaña llamada Sinaí u HorebEn ese momento, el pueblo de Israel queda advertido que si se acercan mucho a Dios, morirían (Éxodo 19:21). El pueblo no ve la forma de Dios (Deuteronomio 4:12), pero esta primera experiencia personal con Dios es obviamente terrorífica, ya que piden a Dios dejarlos y esperan morir si oyen directamente a Dios otra vez (Éxodo 20:18-19). Las Teofanías están usualmente indicadas en la Biblia diciendo que Dios se aparece a alguien. De igual manera, el Ángel del Señor es una expresión que en muchos contextos se refiere a una TeofaníaLas Teofanías ocurren muchas veces en la Biblia hebrea. Tan solo en la Torá, Dios se aparece a Abram (Génesis 17:1; 18:3), a Agar (Génesis 21:17-18), a Jacob (Génesis 28:10-18; 32:30; 35:9; 48:3) y a Moisés (Éxodo 3 etc.). Cuando la tienda del encuentro es construida por Moisés, la "gloria del Señor llenó la tienda" (Éxodo 40:3) y desde entonces Dios hablaba con Moisés desde esta tienda (Levítico 1:1).

Las Teofanías usualmente llenan a quienes las presencian de un sentimiento de terror o miedo, y ningún ser humano puede en realidad ver el rostro de Dios y vivir (Éxodo 33:20)Aun cuando Dios sólo aparece localmente en una Teofanía, la Biblia hebrea repetidamente indica que Dios no está limitado por esto para estar presente en un solo lugar. Esto está implicado por la creación de Dios de los cielos y la tierra (Génesis 1), así como por la creencia aceptada de que Dios escucha las oraciones de todos. La presencia universal de Dios queda explícita cuando, en su oración porque la presencia de Dios habite en el recién construido templo de Jerusalén, Salomón dice:

"¿Habitará Dios sobre esta tierra? Pero el cielo y el cielo de los cielos no pueden siquiera contenerte a ti. Mucho menos esta casa que te he construido.1 Reyes 8:27; (Vease Isaias 66:1; Jeremías 23:24; Salmos 139:7-16).

Por ejemplo, en el Libro del Profeta Isaías 6:1, la historia de la vocación de Isaías, cuando éste ve a Dios sentado sobre un trono es una Teofanía.

Libro del Profeta Isaías 6:1-4
1 En el año que murió el rey Uzíast vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 

Teofanías inter-testamentales 
Algunas tradiciones judías inter-testamentales personifican esta expresión de Dios como un ángel especial que tiene la tarea de representar a Dios ante los hombres. Este ángel es llamado el Ángel del Rostro, o el Ángel de la Presencia, o Metatron, o en hebreo anan o mal'ak, y segun la tradicion se dice que tiene el máximo lugar en el Cielo, junto a Dios, y que intercede por Israel.

De acuerdo al filósofo judío Filón de Alejandría (siglo I), Dios es puramente trascendente, así que sus interacciones con el mundo material se dan a través de una expresión de sí mismo: su Logos o palabra. Es a través de esta Palabra que, en Génesis 1, Dios crea el mundo. Los trabajos de Filón son anteriores por muy poco al Nuevo Testamento.

Cristofanías el Angel del SeñorA partir de las obras de Justino Mártir (que identificaba el "ángel del Señor" con el Logos), se identifican también Cristofanías en el Antiguo Testamento, como manifestaciones de Cristo pre-encarnado. Algunos comentaristas bíblicos creen que cada vez que alguien recibía una visita del “ángel del Señor,” éste era de hecho el Cristo pre-encarnado. Estas apariciones pueden ser vistas en Génesis 16:7-14; Génesis 22:11-18; Jueces 5:23; 2 Reyes 19:35; y otros pasajes. Otros comentaristas creen que estas fueron de hecho Angelofanías, o apariciones de ángeles. Mientras que no hay Cristofanías indisputables en el Antiguo Testamento, cada Teofanía en la que Dios adopta una forma humana, prefigura la encarnación, donde Dios tomó la forma de un hombre para vivir entre nosotros como Emanuel, “Dios con nosotros” (Mateo 1:23).

Teofanías en el Nuevo Testamento
En referencia a Génesis 1, cuando Dios crea todas las cosas a través de su Palabra, el evangelio de Juan comienza diciendo "En el principio, Dios creó todas las cosas a través de su Palabra" (Logos). El Evangelio luego dice que esta Palabra (que es Dios) vino a la tierra y tomó forma humana (Juan 1:1, 14), y habitó entre los hombres (como Jesús). Esto es lo que los cristianos llaman encarnación, y requiere lo que luego los teólogos llamarían una unión hipostática (‘sustancia individual o singular’, algo distinto de la naturaleza, physis, y la esencia, ousía, ‘ser de un modo verdadero’‘ser de un modo real’ o también ‘verdadera realidad’). Según muchos han notado, la rara palabra griega que Juan usa para "habitar" en este pasaje significa habitar como en una tienda, lo que es interpretado usualmente como un paralelismo a la tienda en la cual Dios hablaba con Moisés, en especial porque Juan se refiere a la "gloria" que también bajó a la tienda donde Moisés escuchaba a Dios, y que acompañaba a la presencia local de Dios. Por esta y otras razones, los cristianos creen en Jesús como completamente Dios y completamente humano, aunque manteniendo la distinción entre su divinidad y su humanidad. El evangelio de Juan enfatiza esta unión paradójica y esta distinción de naturalezas afirmando que "nadie ha visto a Dios" (Juan 1:18), aun cuando los hombres han visto a Jesús; y que "la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios" (Juan 1:1). 

Por este testimonio de Juan, la conclusión es que Dios se vuelve específicamente inmanente a través de la Teofanía física de Jesús, (del latín immănens), es un término que se utiliza en la filosofía para nombrar a aquello que es inherente a algún ser o que se encuentra unido, de manera inseparable, a su esencia, siendo el ente intrínseco del cuerpo, puede oponerse a la trascendencia ya que la acción inmanente tiene su fin en el mismo ser, y no es algo transitorio que implica la actuación de un principio exterior. 

El Bautismo
En el momento del bautismo de Jesús en el río Jordán, los evangelios describen la aparición simultánea de Jesús, el Espíritu Santo en la forma de una paloma, y la voz audible del Padre. Este evento en su totalidad se considera una Teofanía, y la habilidad de las tres formas de la deidad cristiana para aparecer a la vez pero también con funciones distintas soporta también el dogma cristiano de la Trinidad.

Cristofanías Neotestamentarias
Las Cristofanías son las manifestaciones de Jesucristo tras La Ascensión, como la ocurrida en la conversión de Pablo (llamada "cristofanía de Damasco"). El Apocalipsis abunda en descripciones enigmáticas, alguna de las cuales se identifica con pasajes del Antiguo Testamento, como las visiones Teofánicas de Isaías y Ezequiel.

En el siglo IVEusebio de Cesarea escribió un libro llamado Theophania, refiriéndose a la Encarnación de Jesús.

Según el cristianismo, una cristofanía es una aparición de Jesucristo preencarnado o después de su crucifixión. Estas teofanías son debatidas entre los teólogos y pueden ser interpretadas de diferentes formas.

Supuestas cristofanías
Génesis 14:18-20
Salmos 110:4
Hebreos 7
Génesis 16:7
Oseas 12:4
Josué 5:13-15
Daniel 3:25
Génesis 32:30

Deidad
Una deidad, o un dios, es un ser sobrenatural al que normalmente se le atribuyen poderes importantes (aunque a algunas deidades no se les atribuye poder alguno). Puede ser adorado, concebido como santo, divino, sagrado o inmortal, tenido en alta estima, respetado o temido por sus adeptos y seguidores. Las deidades se representan con gran variedad de formas, pero con frecuencia con forma humana o animal; se les asignan personalidades y conciencias, intelecto, deseos y emociones como los humanos. Se le atribuyen fenómenos naturales tales como rayos, inundaciones y tormentas, así como milagros. Pueden ser concebidos como las autoridades o controladores de cada aspecto de la vida humana (tales como el nacimiento, la muerte o la otra vida). Algunas deidades son consideradas las directoras del tiempo y el propio destino, los dadores de la moralidad y las leyes humanas, los jueces definitivos del valor y el comportamiento humanos y los diseñadores y creadores de la Tierra o el Universo. Sin embargo, en las religiones monoteístas abrahámicas se considera blasfemo imaginar a la deidad con cualquier forma concreta.

Etimología
La palabra española «deidad» procede del latín deitas, ‘naturaleza divina’. Al igual que el sánscrito deva, ‘ser celestial’ o ‘dios’, proviene de la raíz protoindoeuropea *deiwos, ‘brillar’. De esta misma raíz derivan varias palabras relacionadas con el cielo: dies, ‘día’ o divum, ‘cielo abierto’.

Relación con la humanidad
De algunas deidades se piensa que son invisibles o inaccesibles para los humanos (morando principalmente en lugares sobrenaturales, remotos o apartados y sagrados, tales como el Cielo, el Infierno, el firmamento, el inframundo, bajo el mar, en la cima de montañas altas, en bosques profundos o en un plano sobrenatural o esfera celestial; o incluso en la mente y/o el subconsciente humano), revelándose o manifestándose en raras pero escogidas veces a los humanos y dándose a conocer principalmente por sus efectos.

En el monoteísta suele creerse que un único dios que mora en el Cielo también es omnipresente e invisible.

En el politeísmo los dioses se conciben como un contrapunto a los humanos. En el reconstruido e hipotético protoindoeuropeo los humanos eran descritos como tkonion, ‘terrenales’, en oposición a los dioses, que eran deivos, ‘celestiales’. Esta relación casi simbiótica está presente en muchas culturas posteriores: los humanos son definidos por su posición de súbditos a los dioses, a los que nutren con sacrificios, y los dioses son definidos por su soberanía sobre los humanos, castigándoles y recompensándoles, pero también dependientes de su adoración y en ocasiones la gente trata a su dios como alguien que les sirve a ellos.

El límite entre humano y divino no es en modo alguno absoluto en la mayoría de las culturas. Los semidioses son la descendencia de la unión entre un humano y una deidad, y las mayoría de las casas reales de la Antigüedad reclamaban ascendencias divinas. Comenzando con Neferirkara (siglo XXV a. C.), los faraones del Antiguo Egipto se hacían llamar «Hijos de Ra». Algunos gobernantes humanos, tales como los faraones del Imperio Medio, los emperadores japoneses y algunos emperadores romanos, han sido deidades adoradas por sus súbditos incluso en vida. El primer gobernante de quien se sabe que reclamó su divinidad es Naram-Sin (siglo XXII a. C.). En muchas culturas se cree que gobernantes y otras personas prominentes o santas se transforman en deidades tras su muerte.

Se destaca también, que los panteones de diversas culturas cuentan tanto con deidades benefactoras como mundanas.

Zarza ardiente
Zarza ardiente es la denominación convencional de un episodio bíblico (Éxodo capítulo 3, versículos 2 a 4) que es utilizado con alguna frecuencia en el arte cristiano.

Pasaje bíblico
Moisés, tras huir por primera vez de la corte de Egipto, apacentaba el ganado de su suegro Jetro en las tierras de Madián cuando "llevó una vez el rebaño más allá del desierto" y llegó al monte Horeb o Sinaí, "la montaña de Dios". Allí vio una zarza que ardía sin consumirse, y "en la llama de fuego" "se le apareció el ángel del Señor". La voz de Dios salió de la zarza para ordenar a Moisés que no se acercara más y se descalzara, porque el suelo que pisaba era "una tierra santa", ante lo que Moisés obedece aterrorizado, cubriéndose el rostro para no ver el rostro divino.2​ Mientras se obran varios prodigios, el diálogo entre Dios y Moisés explica la misión que ha de emprender de vuelta en Egipto, ocupando el resto del capítulo y el comienzo del capítulo siguiente (3: 5-22 y 4: 1-17);3​ entre otras revelaciones, Dios se refiere a sí mismo con las fórmulas "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham,4​ el Dios de Isaac y el Dios de Jacob" (3:6) y "yo soy el que soy"5​ (אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה, ehyeh ašer ehyeh -expresión relacionada con Yahve, el tetragramaton o teónimo del Dios bíblico-, 3:14); que es la que le ordena usar ("Tú hablarás así a los israelitas: «Yo soy» me envió a ustedes" -3:14-), y se usa en otros pasajes donde Moisés se refiere a Dios como Ehyeh (אֶהְיֶה) o Ehyeh-Asher-Ehyeh (אהיה אשר אהיה), e incluso con la expresión "el que mora en la zarza" (sók'rii s'náéh),6​ como hace durante la bendición de las tribus de Israel (Deuteronomio 33:16).7​

La denominación "zarza" (סנה seneh en hebreo, origen del topónimo Sinaí, rubus en el latín de la Vulgata),8​ que en la Biblia es un hapax legomenon (sólo se emplea en ese contexto), es un término botánico vulgar que puede designar a muchas plantas espinosas de talla arbustiva; se ha propuesto su identificación con distintas plantas, por ejemplo, la zarzamora (Rubus fruticosus). Algunas de ellas, como las del género Acacia (shittim en hebreo -que también aparece citada en la Biblia en distintas ocasiones, y especialmente como la que Dios manda usar para fabricar el Arca de la Alianza y el mobiliario del Tabernáculo-), contienen sustancias psicoactivas (como triptamina o dimetiltriptamina - DMT) que podrían explicar su asociación con lo sobrenatural. En cuanto su condición de arder sin consumirse, se ha señalado que su parasitación por la planta Loranthus acaciae (o "muérdago de flores carmesí", también frecuente en la zona), que desarrolla frutos e inflorescencias rojas, le da un aspecto visual de estar cubierta de llamas.9​ También se ha propuesto que todo el pasaje sea en realidad una referencia a la propia condición "ardiente" del monte Sinaí (סיני).10​ Todo ello participa de un estilo bíblico denominado paronomasia. La exégesis y hermenéutica bíblica interpretan el episodio como una teofanía en que se mezclan las fuentes bíblicas elohísta y yahvista, que suelen visualizar a Dios con el fuego, con la deuteronomista, que lo hace con las nubes, para manifestar la renovación de la alianza de Dios con el hombre.

Se han encontrado similitudes simbólicas e icónicas entre la zarza ardiente y otros conceptos, como el árbol de la vida y la menorah (la lámpara ritual de siete velas), que permiten interpretar la escena como una transposición del Templo en el desierto.

Tabernáculo
Según relata la Biblia, el Tabernáculo, llamado en hebreo mishkán (מִשְׁכָּן, "morada"), fue el santuario móvil construido por los israelitas bajo las instrucciones dadas por Dios a Moisés en el Monte Sinaí. No debe ser confundido con el Templo de Jerusalén, construido en el siglo X a.C.

El Tabernáculo es también conocido como Tienda del Encuentro y fue un santuario itinerante dedicado a Yahveh.5​ Constituye el primer ejemplo de articulación de espacios sacros en la cultura hebrea, involucrando a su vez las primeras creaciones simbólicas de arte judío con carácter litúrgico unívocamente monoteísta.

Se lo ha denominado el "Santuario Terrenal" (Éxodo 25:8) y, según interpretación del cristianismo, se lo compara y contrasta con el "Santuario Celestial" de la Biblia cristiana.

Descripción
Las instrucciones para la elaboración del Tabernáculo, sus implementos y utensilios, así como también las vestimentas del Sumo Sacerdote de Israel son detalladas en el Libro de Éxodo, capítulos 25-31.

El tabernáculo era un espacio rectangular de 30 codos de largo (unos 13 metros) y 10 de ancho y de altura (unos 4 metros). Tenía dos divisiones: El Lugar Santo (heb. Makóm Kadósh), de 20 codos de largo, que contenía el candelabro de siete brazos (Menorá), la mesa de los panes de la proposición y el altar donde se quemaban los perfumes e inciensos.

El Lugar Santísimo o Sanctasanctórum (heb. Kodesh ha-Kodashím) era donde se preservaba el Arca de la Alianza (conocida también como "Arca del Pacto" o "Arca del Convenio") y donde se custodiaban las reliquias del Éxodo, es decir, las Tablas de la Ley, la vara de Aarón y el maná.
Un velo precioso suspendido de cuatro columnas de madera cubiertas de láminas de oro que separaba al Lugar Santo del Lugar Santísimo.

El espacio que rodeaba el tabernáculo se llamaba atrio. En éste, frente a la puerta del Tabernáculo, estaba el Altar de los holocaustos, donde se quemaba la carne de los animales sacrificados como ofrenda. Había además un gran recipiente lleno de agua y llamado fuente de bronce, en donde los sacerdotes se lavaban las manos y los pies antes de ejercer las funciones de su ministerio. El Tabernáculo poseía un atrio donde se ubicaban quienes acudían a adorar a Dios, ya fuesen o no originariamente parte de las Tribus de Israel.

Fiesta
La fiesta de los tabernáculos, llamada en hebreo "Sucot", es una de las principales solemnidades de los israelitas. Se celebra en el mes de Tishrei y dura siete días, durante los cuales se habita bajo tiendas y enramadas en memoria del tiempo en que los israelitas habían vivido bajo ellas, antes de entrar en la Tierra Prometida.

Baltasar de Babilonia
Baltasar o Belsasar3​ (formas castellanas del latín Baltassar o del griego Βαλτάσαρ -Baltásar o Balthasar-, ambas derivadas del nombre Bel-sharra-usur, que significa en acadio «Bēl -Baal- ha protegido al reino»;6​ mientras que en otros idiomas modernos se suele transcribir con las formas Balthazar, Belshazzar, Belsatzar u otras) fue un príncipe babilónico citado en la Biblia, protagonista del episodio de "la escritura sobre la pared".8​ Murió durante la caída de Babilonia en manos de Ciro II el Grande en el año 539 a. C.

Relato bíblico
Narra el Libro de Daniel en su capítulo quinto que, en un banquete, Baltasar profanó los vasos del templo de Jerusalén, que anteriormente habían sido traídos a Babilonia como botín, al mandarlos usar como servicio de mesa de sus cortesanos. En ese momento habría aparecido una misteriosa mano que dejó escritas sobre la pared unas palabras ininteligibles. Ningún sabio de la corte fue capaz de descifrarlas, sólo el profeta hebreo Daniel, quien entendía el idioma, anunció que tal soberbia sería castigada con la muerte de Baltasar y la caída de su reino. Curiosamente, al propio Daniel se le daba el nombre de Belteshazzar («Bēl -Baal- proteja al rey»), muy similar al del propio Baltasar.6​

Otros documentos
El texto bíblico lo considera hijo (descendiente) de Nabucodonosor II ("Escucha, rey: El Dios Altísimo dio a tu padre Nabucodonosor la realeza, y también magnificencia, gloria y majestad").9​ Hay otra importante fuente escrita sobre este personaje: el cilindro de Nabónido (un documento en escritura cuneiforme, hallado en 1881), que identifica a Belsasar como hijo mayor del rey Nabónido, el último de los babilónicos, quien era de origen asirio o arameo y probablemente no estaba emparentado directamente con Nabucodonosor10​11​ sino que estaba casado con Nitocris (hija de Nabucodonosor y una princesa egipcia de su harén) quien fue a su vez madre de Baltasar.

Aunque en la Biblia se le menciona como "rey" (Baltassar rex fecit grande convivium en la Vulgata -"el rey Baltasar hizo gran convite"-),13​14​ en realidad fue corregente de Babilonia,15​ con plenos poderes, durante un periodo de diez años en que su padre se hallaba ausente de la ciudad, en Arabia;6​ de ahí que ofreciera como recompensa a quien descifrara el enigmático mensaje que apareció escrito sobre los muros del palacio "el tercer puesto" en importancia en su gobierno,16​ ya que él mismo era el segundo después de su padre, y que no se le mencione extrabíblicamente como último rey antes de Ciro, el primer rey de Persia.

Baltasar aparece como jefe de su propia casa en distintos documentos fechados en los años primero, quinto y séptimo del reinado de Nabónido (556-539 a. C.); mientras que en transacciones legales fechadas en los años duodécimo y décimotercero de dicho reinado aparece como asociado a Nabónido en los juramentos hechos en sus nombres. También consta que Baltasar emitió un edicto sobre qué tipo de funcionarios debían controlar la renta de la tierra.

Iconografía
Con los nombres de "El festín de Baltasar" o "La cena de Baltasar" (Convivium Balthasaris en latín) el tema ha sido frecuentemente representado en el arte cristiano, en la tradición de otros festines bíblicos presididos por personajes malvados, como el "festín de Herodes" o el de "el rico Epulón y el pobre Lázaro".

Entre otros pintores, ha sido tratado por Bartholomäus Strobel el Joven, Frans Francken el Joven, Rembrandt, Juan Carreño de Miranda, Andrea Celesti, Sebastiano Ricci, Francesco Caccianiga o John Martin

Tema literario
El episodio bíblico ha tenido una importante recepción como tema literario. Calderón de la Barca y Agustín Moreto escribieron sendos autos sacramentales con el título "La cena del rey Baltasar", Lord Byron la oda To Belshazzar y Heinrich Heine la poesía Belsatzar (1822). La expresión "El festín de Baltasar" fue utilizada para titular un artículo de Arturo Uslar Pietri.

El nombre del libro en hebreo es bereshith (en el principio), que es la primera frase que se encuentra en 1:1 (en la antigüedad se acostumbraba usar la primera palabras o las posprimeras como título de un libro). El título de Génesis en castellano es de origen griego y proviene de la palabra genéseos, que es la forma como los traductores de la Septuaginta (o versión de los LXX) tradujeron la palabra que aparece por primera vez en 2:4. Dependiendo de su contexto, la palabra puede significar “historia”, “lista”, “genealogía”, generación” u “origen”. De modo que, tanto en hebreo como en griego, el titulo Génesis describe apropiadamente su contenido, ya que, ante todo es un libro de comienzos.

Gloria divina
Gloria (del latín gloria, "fama, renombre") o Gloria divina es un concepto teológico del judaísmo y el cristianismo para denotar la manifestación de la presencia de Dios. Dios es denominado "el más glorioso" de los seres. La creación del hombre "a su imagen y semejanza". implica que el hombre puede participar, imperfectamente, de la gloria divina como portador de su imagen.

La escatología cristiana sitúa el destino de los bienventurados2​ (primero sus almas inmortales, tras la muerte corporal de cada uno, y tras el juicio final tanto los cuerpos como las almas)3​ en el "cielo" o "paraíso", cuyo premio es el gozo eterno de la gloria de Dios.4​ En la Gloria, Dios Padre sienta a su derecha5​ a Jesucristo (Dios Hijo); y, según el dogma católico (no compartido por el protestantismo) acoge especialmente en su presencia a la Virgen María (asunta en cuerpo y alma) y a los santos, que interceden por los hombres (comunión de los santos). La interpretación de distintos pasajes bíblicos (particularmente las teofanías del Antiguo Testamento y el Apocalipsis en el Nuevo) y textos medievales (particularmente el Pseudo Dionisio) supone la presencia en la gloria divina de los coros angélicos, entre los que están los querubines (su nombre significa "los cercanos", como guardianes de la gloria de Dios), rodeando el trono de Dios;6​ mientras que los ángeles caídos, como consecuencia de su rebelión, están privados de ella, al igual que los condenados.

Etimología
"Gloria" es una de las palabras más comunes en la Biblia. En el Antiguo Testamento se usa para traducir varias palabras hebreas, como hod7​ (הוד) y kabod​ (כבד K-B-D); y en el Nuevo Testamento para traducir la palabra griega doxa (δόξα). La palabra hebrea kabod originalmente significaba "peso" o "gravedad". La misma palabra se usa para expresar "importancia", "honor" y "majestad". Las versiones griegas de la Biblia hebrea (Septuaginta) tradujeron este concepto con la palabra doxa, lo que explica que los autores del Nuevo Testamento la usaran a su vez. Doxa originalmente significaba "juicio" u "opinión", y por extensión "buena reputación", "honor". Asumiendo que estas diferentes palabras y usos se ajustaban a un concepto único, San Agustín lo entendió como clara notitia cum laude (en latín "brillante celebridad con alabanza").

Imago Dei
Imago Dei es una expresión latina usada en la teología cristiana para referirse al modo en que el hombre habría sido creado de acuerdo con la narración del libro del Génesis (cf. Gn 1, 26-27).

El texto dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen, como semejanza nuestra... Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra lo creó.

Y también, más adelante: El día en que Dios creó a Adán, lo hizo a imagen de Dios Gn 5, 1-3

Existen otros textos que recuerdan este ser imagen de Dios: Gn 9, 6; Sb 2, 24; Si 17, 3. Los dos últimos subrayan la semejanza con la naturaleza divina en cuanto al dominio. También se cita este versículo en St 3, 9.

El contexto parece dar a entender que tal imagen y semejanza se refiere al dominio concedido al hombre sobre las demás criaturas y a partir de allí a la dignidad del ser humano. Si además se toma en cuenta la forma de redacción se nota un paralelismo: lo creó a imagen de Dios con lo creó macho y hembra, lo que podría implicar que en su unión o capacidad de procrear, el ser humano es imagen de Dios.

Los Padres de la Iglesia dan nueva vida al texto a partir de interpretaciones platónicas de la palabra imagen. Se trataría de un don dado al hombre y exclusivo de él. En Ireneo se habla de una conformidad no perfecta (imagen) y de los dones de la gracia (semejanza). Para los de la Escuela de Alejandría la imagen era una connaturalidad que le permite ir asemejándose a Él.

Filón de Alejandría distingue entre “semejanza” e “imagen”. La semejanza implica una perfección especial de la imagen. La imagen es la del alma. Según Tomás de Aquino, todos los seres creados son semejantes a Dios. Ahora bien, las criaturas racionales lo son per ultimam differentiam, lo cual además de la semejanza añade la “imagen” (habla de “vestigios” cuando se refiere a las demás criaturas).2​ El hombre fue creado a imagen de Dios y Jesús es la imagen del Padre. La analogía se aplica de dos modos pues es evidente que las criaturas racionales no son Dios y por otro lado la perfección de esta imagen puede aumentar o disminuir de acuerdo con el obrar moral, con la gracia y con la gloria.

En general en la teología oriental se sostiene que la imagen se refiere a todos los dones naturales y sobrenaturales que son entregados al hombre por Dios. Estos dones son capacidades para poder actuar de acuerdo con su ser hijos de Dios. La teología protestante de corte calvinista, por su parte, considera tal imagen como el conjunto de dones que fueron dados al hombre antes del pecado, pero que fueron irremediablemente perdidos producto de la depravación total en que cayó. En la teología protestante de corte arminiano-wesleyano, el ser humano conserva la imago dei, a pesar de la depravación producida pòr el pecado.

El Concilio Vaticano II trató el tema de la imagen divina en el hombre en la Gaudium et Spes (núm. 12): retoma el sentido propio del contexto bíblico que relaciona la “imagen” con el dominio concedido al hombre sobre la creación.

La Epifania
La Epifanía, etimología, del griego: επιφάνεια "epiphaneia", que significa: "manifestación; un fenómeno milagroso") es un acontecimiento religioso.

Se trata del nombre de acción o cualidad el verbo επιφάνεια (hacer aparecer por encima, hacer aparecer en la superficie, mostrase), un compuesto de επι (por encima) y el verbo φάνεια (aparecer, verse, mostrarse). En el ámbito cristiano el vocablo epifanía hace referencia a la tradición de la adoración de los reyes magos al recién nacido Jesús. Para muchas culturas las Epifanías corresponden a revelaciones o apariciones en donde los profetas, chamanes, médicos, brujos u oráculos interpretaban visiones más allá de este mundo.

La Epifanía tiene una connotación cristológica. Es también una fiesta cristiana en la que Jesús toma una presencia humana en la tierra, es decir, Jesús se «da a conocer». La manifestación de Jesús a los Reyes Magos como Dios, es una manifestación para toda la humanidad, incluidos los paganos, es decir, fuera del pueblo elegido.

El término Epifanía puede ser entendido para traducir el concepto de "gloria de Dios" que indica las huellas de su paso o, más simplemente, su presencia.

En el Nuevo Testamento, en las cartas paulinas tardías, se refiere a la entrada de Cristo en el mundo, presentada como la del emperador que viene a tomar posesión de su reino (latín: adventus, de ahí el tiempo de Adviento como preparación a la Navidad). A partir de este significado, el término se usó en Oriente para indicar la manifestación de Cristo en la carne y a continuación, a partir del siglo IX, para designar la fiesta de la revelación de Jesús al mundo pagano. 

Diferencia entre Teofania y Epifanía
Tanto Epifanía como Teofanía son dos palabras de origen griego que comparten la misma etimología. Las dos tienen que ver con el significado de la manifestación o la aparición de Dios. Sin embargo, a lo largo de la historia de la Iglesia se han ido separando. Epifanía ha quedado como palabra ligada a la existencia histórica de Cristo y ha pasado a designar la fiesta litúrgica en la que se celebra que la divinidad se ha unido a la humanidad en Cristo. En cambio, la palabra Teofanía se mantiene como un nombre común utilizado para hablar de todas las manifestaciones de Dios, tanto si se habla del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Jesús es Teofania y Epifanía
En la narración de la Biblia Jesús se dio a conocer a diferentes personas y en diferentes momentos, pero el mundo cristiano celebra como epifanías tres eventos, a saber:

La Epifanía ante los Reyes Magos (tal y como se relata en el Evangelio de  Mateo 2:1-12.) 
La Epifanía a San Juan Bautista en el río Jordán.
La Epifanía a sus discípulos y comienzo de su vida pública con el milagro en Caná en el que inicia su actuación pública.

En la Filosofía
Epifanía también puede ser conceptualizada en el sentido filosófico, es una profunda sensación de realización en el sentido de comprender la esencia de las cosas. Es todo lo que puede estar en el corazón de las cosas o de las personas, es decir, constatar que a partir de ahora se siente como resuelto, solucionado, completado, lo que era muy difícil de lograr.

Epifanía puede ser un pensamiento ilustrado, una inspiración que parece ser una cosa de Dios, como que sólo a Él se le ocurriría tal cosa.

Conversión de San Pablo
Conversión de San Pablo o caída en el camino de Damasco son denominaciones de un episodio neotestamentario (Hechos de los apóstoles, 9:1-18;​ Primera epístola a los corintios 15:8-92​), muy representado en el arte. Eclesiásticamente, los católicos lo conmemoran como un evento similar a la Epifanía, o la Navidad (sólo como solemnidad, no como feria o fiesta cristiana), cuyo día se conmemora el 25 de enero.

Introducción
Pablo de Tarso había recibido el mandato de las autoridades judías de perseguir a los cristianos de Damasco. Mientras se dirigía a ese destino, un resplandor del cielo le hizo caer del caballo dejándolo ciego, mientras él y los que cabalgaban con él oían una voz que decía Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Saulo era su nombre hebreo y Pablo su nombre romano). Tras esta fuerte vivencia (Pablo la describe como un abortivo), Pablo se encuentra en Damasco con Ananías, que le impone las manos en nombre de Jesús, lo que le devuelve la vista. Inmediatamente, Pablo es bautizado.

Tradicionalmente se ha considerado este episodio como el que mejor representa el tema espiritual de la conversión, de modo que la expresión camino de Damasco ha pasado a ser sinónimo de "conversión".

Encarnación
Encarnación (del latín incarnatio, de incarnatum, incarnare) para los cristianos es el momento en que el Verbo de Dios1​ (Dios Hijo) se encarnó en la Virgen María, por el poder del Espíritu Santo, y asumió para siempre la naturaleza humana sin dejar su Naturaleza Divina, en obediencia a Dios Padre para reconciliar a la humanidad perdida por el pecado original.

Según la doctrina cristiana, la única Persona de Jesucristo tiene dos voluntades, dos inteligencias y dos naturalezas: la humana y la divina. El Concilio de Calcedonia convocado en el año 451, en la carta dogmática del papa León I, así, declara que después de la Encarnación, lo que era propio de cada naturaleza y sustancia en Cristo permaneció intacto y ambas se unieron en una sola persona, pero de manera que cada naturaleza actuaba de acuerdo a sus propias cualidades y características. Jesucristo es verdadero Hijo de Dios y verdadero Hijo de la Santísima Virgen María. Dada la importancia de este hecho la historia se divide en antes y después de Cristo.

Según Tertuliano "el rayo divino, que es el Verbo o el Logos, descendió a una virgen, tomó carne en su seno y nació, hombre y Dios a la vez". San Cirilo de Alejandría, por otra parte, lo explicaba así: "Jesús existió, fue engendrado por el Padre antes de todos los tiempos, y no obstante nació de la carne de una mujer".

El Catecismo de Iglesia Católica señala que la Iglesia llama "Encarnación" al hecho de que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra salvación, reconociendo que el Hijo de Dios Todopoderoso vino a habitar con los hombres. En un himno tomado de S. Pablo (Flp 2, 5-8), la Iglesia canta el misterio de la Encarnación:

Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. ; (cf. Liturgia de las Horas, cántico de vísperas del sábado)

La fe en la encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana: "Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios" (1 Jn 4, 2).

Los hermanos polacos del siglo XVII, vieron la encarnación de la palabra como la encarnación del plan de Dios, en un descendiente de Abraham, y no como la encarnación de una persona que existía en el cielo, antes de su nacimiento.

Hipóstasis
Hipóstasis es un término de origen griego usado a menudo, aunque imprecisamente, como equivalente de ser o sustancia, pero en tanto que realidad de la ontología. Puede traducirse como ‘ser de un modo verdadero’, ‘ser de un modo real’ o también ‘verdadera realidad’.

Griego: ὑπόστασις, ὑποστάσεως (ἡ), ‘fundamento, base; sustancia, materia; poso, sedimento; firmeza, confianza’ Derivada de: ὑφίστημι, poner debajo, en emboscada; detener; proponer; someterse, prometer; arrostrar compuesta de: preposición ὑπό > debajo, abajo; hacia abajo; atrás ἵστημι, poner, colocar; levantar, alzar; erigir; establecer; parar, detener sufijo -σις > valor de ‘acción’

Latín: hypostasis, hypostasis (f.): sustancia, esencia, personalidad principal

El término griego tiene como sentido fundamental (a) acción de situar debajo, (b) lo que se sitúa abajo, lo que está al fondo. A partir del segundo, se emplea para aludir a los cimientos de un edificio, a los depósitos o sedimento que puede dejar, por ejemplo, la orina, a los excrementos, al agua estancada; cobra, además de este valor físico, otro de tipo moral, empleándose entonces referido a lo que se encuentra en el fondo del alma, a la firmeza de carácter o al coraje, a lo que otorga fundamento a una obra o a un discurso, y, como término de filosofía, vendría a ser algo así como ‘sustancia’ individual, es decir, ‘realidad’ en oposición a φάντασμα ‘ilusión’. En latín, aparece tardíamente y sólo tiene ya el valor abstracto. En español, el DRAE admite sólo una acepción, con valor teológico.

Unión hipostática
En teología cristiana se emplea la palabra persona para referirse a la hipóstasis de la Santísima Trinidad, queriendo significar ‘sustancia individual o singular’, algo distinto de la naturaleza (physis) y la sustancia (ousía). En particular, en el cristianismo ortodoxo, se proclama que la Santísima Trinidad son tres personas distintas e inconfundibles, pero, cada una de ellas, hipóstasis de una misma esencia inmaterial (cfr. credo niceno sin cláusula Filioque).

La unión hipostática es un término técnico que designa la unión de las dos naturalezas, divina y humana, que en la teología cristiana se atribuye a la persona de Jesús. De esta manera, Cristo es Dios en la carne (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 1:1,14 ». Biblia; traducción Reina-Valera; Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Colosenses 2:9». Biblia; traducción Reina-Valera; Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 8, 58;10, 30-34 ». Biblia; traducción Reina-Valera; Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Hebreos 1:8 ». Biblia; traducción Reina-Valera, y es plenamente Dios y plenamente hombre (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Colosenses 2:9 ». Biblia; traducción Reina-Valera. Así, tiene dos naturalezas, la de Dios y la humana, y no es “mitad Dios, mitad hombre”. Nunca perdió su divinidad, ni hubiese podido hacerlo.

Continuó existiendo como Dios cuando se encarnó y agregó la naturaleza humana a su eterna naturaleza divina (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Filipenses 2:5-11». Biblia; traducción Reina-Valera. Consecuentemente, en Jesucristo está la “unión, en una sola persona, de una plena naturaleza humana y una plena naturaleza divina”.

Jesús como Dios: es adorado (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 2:2, 11;14:33 ». Biblia; traducción Reina-Valera, se le ora (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Hechos 7:59». Biblia; traducción Reina-Valera, no tuvo pecado (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Pedro 2:22 ». Biblia; traducción Reina-Valera; Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Hebreos 4:15». Biblia; traducción Reina-Valera, es omnisciente (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 21:17 ». Biblia; traducción Reina-Valera, da vida eterna (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 10:28 ». Biblia; traducción Reina-Valera y en él habita la plenitud de la Deidad (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Colosenses 2:9 ». Biblia; traducción Reina-Valera . Jesús como hombre: adoró al Padre (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 17 ». Biblia; traducción Reina-Valera, oró al Padre (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 17:1 ». Biblia; traducción Reina-Valera, fue tentado a pecar (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 4:1 ». Biblia; traducción Reina-Valera, creció en sabiduría (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 2:52 ». Biblia; traducción Reina-Valera, pudo morir (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 5:8 ». Biblia; traducción Reina-Valera y tiene un cuerpo de carne y hueso (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 24:39 ». Biblia; traducción Reina-Valera.

La unión hipostática es, según la teología cristiana, la unión entre el Verbo de Dios y una naturaleza humana en la única persona del Hijo de Dios. Esta es la base de la doctrina cristiana, en la Trinidad, el Dios único de la tradición judeocristiana, prosopon (persona), physis (naturaleza) en la unidad de una misma ousía (sustancia); el Verbo corresponde entonces a la segunda hipóstasis o persona, el Hijo. El calificativo de hipostática que se da a la unión, en Jesús de Nazaret, de la naturaleza humana y la divina alude al hecho de que se trata de una unión según la hipóstasis/persona del Verbo o Hijo de Dios; vale decir, si bien tanto la naturaleza divina como la humana mantienen todos los atributos que les son propios, de modo, por ejemplo, que se puede decir que, en Jesús de Nazaret, se dan dos voluntades, dos entendimientos y dos naturalezas (todas a la vez divinas y humanas), forman con todo, una sola persona, un único centro de imputación de conducta, y esta persona corresponde al Verbo de Dios encarnado, el Dios-hombre. Junto con la doctrina de la Trinidad, la de la Encarnación del Verbo constituye el núcleo de la la fe cristiana, que la distingue drásticamente de su tronco y raigambre hebrea; particularmente la Encarnación constituye el contenido neto de los textos neotestamentarios que, en la perspectiva cristiana continúa, interpreta y perfecciona la fe en el Dios de Israel.

La definición dogmática de Calcedonia parte de un único sujeto (Jesucristo) que es "uno y el mismo"; con verdadera divinidad y verdadera humanidad; consustancial tanto al Padre como a nosotros, la humanidad que asume es idéntica a la nuestra salvo en el pecado.

Utiliza cuatro adverbios (en griego) para decir que es sin transformación de una naturaleza en la otra; sin conversión de las dos en una tercera; sin separación y sin superposición. citando el Concilio de Calcedonia "En dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación"

La unión de las naturalezas, constituye una hipóstasis, de tal forma que no se puede decir que hay dos personas, sino sólo una. Las dos naturalezas son realidades que no se superponen ni se confunden con la unión, sino que, manteniendo cada una su consistencia óntica y dinámica, ambas constituyen la única hipóstasis o persona de Cristo.

Cláusula Filioque
En la teología cristiana la cláusula Filioque es una inserción en la versión latina del Símbolo Niceno-Constantinopolitano del Concilio de Constantinopla I (381). Esa inserción expresa la doctrina católica sobre que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. En latín el término Filioque significa: «y del Hijo». La inserción de esta cláusula en el Credo litúrgico de la Iglesia latina dio origen a una disputa entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa.

Doctrina
La doctrina de la Iglesia católica, afirmada dogmáticamente ya en el año 447 por el papa León I el Magno, se basa en el testimonio de los Padres de la Iglesia tanto latinos como alejandrinos​ y significa que el Espíritu Santo procede del Padre en cuanto Padre del Hijo. La Iglesia católica reconoce como justas tres maneras de hablar del origen del Espíritu Santo:

El Espíritu Santo procede del Padre (la fórmula en el texto original del Símbolo niceno-constantinopolitano)
El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (definición de, por ejemplo, el Concilio de Lyon II)
El Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo (definición de, por ejemplo, el Concilio de Florencia).

Inserción
La primera versión del Credo litúrgico se fijó en el Primer Concilio Ecuménico celebrado en Nicea en 325, por lo que es conocido como Credo niceno. En él se hacía no más que una simple mención del Espíritu Santo sin referencia a su origen, ya que lo que en ese momento se intentaba presentar, frente al arrianismo, era la doctrina de la Iglesia en lo referente a la figura de Jesucristo, por lo que se incluyeron frases como "engendrado, no creado" y "consubstancial al Padre".

El Primer Concilio de Constantinopla, concebido inicialmente como sínodo local, fue convocado en 381 por Teodosio I, entonces emperador sólo del Imperio romano de Oriente, con la participación de 150 obispos únicamente de su dominio, sin convocar a los obispos occidentales, entre ellos al de Roma, que sólo en el siglo VI reconoció este concilio como ecuménico. Este concilio amplió el Credo niceno, y declaró, siguiendo (con una pequeña variación: ἐκ en lugar de παρά) lo dispuesto en el Evangelio de Juan (15,26b), que el Espíritu Santo "procede del Padre" al decir:

«Πιστεύομεν εἰς ἕνα θεὸν ... καὶ εἰς τὸ Πνεῦμα τὸ Ἅγιον ... τὸ ἐκ τοῦ Πατρὸς ἐκπορευόμενον»
«Creemos en un solo Dios ... y en el Espíritu Santo ... que procede del Padre» Este nuevo texto, conocido como Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sin embargo, no tuvo carácter normativo hasta el Cuarto Concilio Ecuménico celebrado en Calcedonia en 451.

A menudo se atribuye la más temprana inserción de la cláusula Filioque en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano al III Concilio de Toledo (589), que mandó el canto del Credo en la misa, como ya era costumbre en el Oriente. Pero no todos los manuscritos de los actos del concilio meten esta cláusula en el texto del Símbolo, a la vez que todos la meten en la profesión de fe que los conversos del arrianismo debían pronunciar. Hay dudas también sobre la eventual discusión del Filioque en el Concilio de Gentilly en 767. Por lo tanto, el primer testimonio indiscutible de la inserción del Filioque en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano (a diferencia de otras profesiones de fe, como el Símbolo Quicumque, en la procesión del Espíritu Santo del Padre y del Hijo) se remonta sólo al Concilio de Cividale del Friuli en el año 796 o 797.

El Credo, con la cláusula Filioque, se extendió en el siglo VIII por el reino franco, y recibió el apoyo de Carlomagno, quien convocó en 809 un concilio en Aquisgrán, que ordenó la inserción. El papa León III declaró ortodoxo lo que la cláusula Filioque profesa, pero se opuso a la añadidura al Credo, diciendo que no es necesario exprimir todas las verdades en el Credo y sugiriendo seguir el ejemplo de Roma al no incluir el Credo en la celebración de la misa. También ordenó que el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sin la añadidura, fuera grabado sobre dos tablas de plata y expuesto en la Basílica de San Pedro. La cláusula Filioque siguió siendo utilizada en el reino franco y fue motivo de una de las acusaciones hechas por Focio contra los latinos por ocasión del cisma de 858–867.

En 1014 con motivo de su coronación como emperador del Sacro Imperio, Enrique II solicitó al papa Benedicto VIII la recitación del Credo en la misa. El papa accedió a su petición, con lo que por primera vez en la historia el Filioque se usó en Roma.

Situación actual
El teólogo ortodoxo​ A. Edward Siecienski señala que en las últimas décadas se ven pasos significativos hacia una situación en la que el Filioque ya no será un obstáculo para la plena comunión entre las Iglesias católica y ortodoxa. El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos publicó en 1995 la Nota Las tradiciones griega y latina en relación a la procesión del Espíritu Santo, en general bien recibida en los círculos ortodoxos, que clarifica la posición católica y explica su contexto. Luego, en 2003, una declaración conjunta de teólogos católicos y ortodoxos en los Estados Unidos, reiteró que para los católicos el Filioque se refiere no a la ἐκπόρευσις del Espíritu emitido del Padre, única fuente de la Trinidad, sino a su προϊέναι (processio) en la comunión consustancial del Padre y del Hijo, y además se preguntó si sería posible para la Iglesia ortodoxa aceptar esta interpretación de la processio del Espíritu Santo y para la Iglesia católica omitir el Filioque.

Steven R. Harmon destaca la atención dedicada en un simposio en la Ciudad del Vaticano en el año 1982 a la idea de omitir el Filioque, lo que concretamente hicieron algunos papas al recitar el Credo en griego. Él menciona también el hecho que el texto griego del Símbolo usado por los católicos en Grecia es idéntico al de los griegos ortodoxos. En la Encyclopedia of Eastern Orthodox Christianity Marcus Plested señala que los teólogos ortodoxos, mientras se oponen por unanimidad a la inclusión del Filioque en el Símbolo niceno-constantinopolitano, han encontrado posibilidades de conciliación en los campos fraseológico y doctrinal.​ Ya Serguéi Bulgákov (1871–1944) declaró que el Filioque no se debe considerar ni un dogma, ni una herejía, sino una "theologoumenon", es decir, una opinión teológica aceptable.25​ Karl Barth e Yves Congar dicen que la visión de Bulgákov es compartida por la mayoría de los teólogos ortodoxos.

No todos los teólogos ortodoxos comparten esta opinión. Además de muchas "palomas" hay también –lo dice el obispo ortodoxo Kallistos (Timothy) Ware​29​30​– los "halcones", para los que el Filioque es una herejía. Uno de los más destacados de estos fue Vladimir Lossky (1903–1958), el cual vio en el Filioque la raíz de todos los problemas de las relaciones dogmáticas entre Oriente y Occidente, y declaró que la cuestión de la procesión del Espíritu Santo es la única razón dogmática para la separación entre Oriente y Occidente: los otros desacuerdos doctrinales serían no más que el resultado de esta. Se puede mencionar también al teólogo ortodoxo Jean-Claude Larchet que ha producido una refutación minuciosa de los argumentos del documento del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos​.

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